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El cambio climático es un ejemplo perfecto de la influencia de los procesos constructivistas en las normas internacionales. Durante mucho tiempo, la cuestión del calentamiento global fue controvertida y se cuestionaron las pruebas del impacto de la actividad humana en el clima. Sin embargo, gracias al compromiso sostenido de científicos, organizaciones no gubernamentales, ciudadanos y otros agentes no estatales, la comprensión y aceptación de la realidad del cambio climático ha ido evolucionando gradualmente. Este proceso ha implicado estrategias de persuasión, campañas de sensibilización, esfuerzos educativos y una serie de complejas interacciones en el seno de diversas instituciones y plataformas internacionales. Estos actores han utilizado las plataformas internacionales, como las conferencias de la ONU sobre el clima, para difundir información, compartir investigaciones y datos y promover un discurso sobre la necesidad de tomar medidas para mitigar el cambio climático. También han aprovechado estas oportunidades para crear redes y alianzas, influir en las políticas y presionar a favor de la acción climática. Con el tiempo, este proceso ha contribuido a crear una "comunidad de Estados" que comparten un entendimiento y una preocupación comunes por el cambio climático. Este es un buen ejemplo de cómo los procesos constructivistas pueden desempeñar un papel en la configuración de normas internacionales e influir en el comportamiento de los Estados. Dicho esto, es importante señalar que el proceso no ha terminado. A pesar de los avances logrados, sigue habiendo diferencias entre los Estados en cuanto a su respuesta al reto del cambio climático. Además, aunque la mayor concienciación sobre el problema ha llevado a compromisos más firmes para reducir las emisiones, queda por ver hasta qué punto se cumplirán estos compromisos. | El cambio climático es un ejemplo perfecto de la influencia de los procesos constructivistas en las normas internacionales. Durante mucho tiempo, la cuestión del calentamiento global fue controvertida y se cuestionaron las pruebas del impacto de la actividad humana en el clima. Sin embargo, gracias al compromiso sostenido de científicos, organizaciones no gubernamentales, ciudadanos y otros agentes no estatales, la comprensión y aceptación de la realidad del cambio climático ha ido evolucionando gradualmente. Este proceso ha implicado estrategias de persuasión, campañas de sensibilización, esfuerzos educativos y una serie de complejas interacciones en el seno de diversas instituciones y plataformas internacionales. Estos actores han utilizado las plataformas internacionales, como las conferencias de la ONU sobre el clima, para difundir información, compartir investigaciones y datos y promover un discurso sobre la necesidad de tomar medidas para mitigar el cambio climático. También han aprovechado estas oportunidades para crear redes y alianzas, influir en las políticas y presionar a favor de la acción climática. Con el tiempo, este proceso ha contribuido a crear una "comunidad de Estados" que comparten un entendimiento y una preocupación comunes por el cambio climático. Este es un buen ejemplo de cómo los procesos constructivistas pueden desempeñar un papel en la configuración de normas internacionales e influir en el comportamiento de los Estados. Dicho esto, es importante señalar que el proceso no ha terminado. A pesar de los avances logrados, sigue habiendo diferencias entre los Estados en cuanto a su respuesta al reto del cambio climático. Además, aunque la mayor concienciación sobre el problema ha llevado a compromisos más firmes para reducir las emisiones, queda por ver hasta qué punto se cumplirán estos compromisos. | ||
= | = Retos actuales de las relaciones internacionales = | ||
El mundo está asistiendo a un importante cambio en la dinámica del poder internacional con la aparición de Estados no occidentales en la escena mundial. Países como China e India, con sus economías en rápido crecimiento, están adquiriendo una influencia cada vez mayor y remodelando las relaciones de poder dentro de las estructuras internacionales existentes. Esto no tiene precedentes por varias razones. Históricamente, el poder en el sistema internacional ha estado dominado por los Estados occidentales, con instituciones y normas diseñadas y controladas en gran medida por ellos. La aparición de potencias no occidentales en este sistema podría conducir a una reevaluación y reforma de estas estructuras. | |||
El ascenso de estas potencias también plantea retos únicos. Por ejemplo, China, como potencia emergente, tiene un sistema político que difiere significativamente de los de los Estados occidentales dominantes. Esto puede provocar tensiones y conflictos en cuestiones de gobernanza mundial, derechos humanos y comercio. Además, el proceso de emergencia de estas nuevas potencias no es uniforme. Algunos países, como China, han realizado enormes progresos económicos y se han convertido en actores principales de la economía mundial, mientras que otros, como India, a pesar de su tamaño y potencial económico, siguen luchando contra retos internos como la pobreza y la desigualdad. Está claro que la aparición de estas nuevas potencias está transformando el sistema internacional. Esto puede ofrecer oportunidades para una mayor diversidad y una representación más equilibrada en la gobernanza mundial. Sin embargo, también plantea nuevos retos para la cooperación internacional y la gestión de los conflictos mundiales.[[Fichier:MKGI gravity center of world economy to 2015.png|vignette|centré]] | |||
Los datos de Maddison ofrecen una rica perspectiva histórica de la evolución de la economía mundial en los dos últimos milenios. Al cuantificar y comparar el producto interior bruto (PIB) de las distintas regiones del mundo a lo largo de la historia, es posible observar los cambios en las tendencias económicas mundiales y comprender cómo ha variado el equilibrio del poder económico con el paso del tiempo. Tomando la época romana como punto de partida, por ejemplo, podemos ver el ascenso y la caída de las distintas potencias económicas. Los datos podrían mostrar cómo, en determinados periodos, el Imperio Romano dominó la economía mundial, y luego cómo el centro de la economía mundial se desplazó gradualmente hacia el oeste, hacia Europa y Norteamérica, con la Revolución Industrial. Del mismo modo, los datos de Maddison podrían mostrar cómo, en las últimas décadas, el centro de la economía mundial ha empezado a desplazarse hacia el este, con la rápida aparición de las economías asiáticas. Esta tendencia se refleja claramente en los resultados económicos actuales de países como China e India. Estos datos, visualizados en forma de gráfico, pueden ayudar a poner en perspectiva las fluctuaciones históricas del poder económico mundial y anticipar posibles trayectorias futuras. Es una herramienta valiosa para comprender la dinámica de la economía mundial, tanto histórica como prospectivamente. | |||
El análisis de los datos históricos realizado por Maddison muestra que el centro de la economía mundial se situaba cerca de la frontera entre India y China hace 2.000 años. Aunque estas dos civilizaciones ya eran grandes potencias económicas en aquella época, su influencia no era absoluta, ya que el Imperio Romano también era una fuerza económica importante. El Imperio Romano, con su vasto territorio que abarcaba Europa, el norte de África y Oriente Próximo, ejercía un poder económico considerable. Por tanto, sus actividades económicas, incluido el comercio con otras regiones, contribuyeron a desplazar el centro de la economía mundial hacia Occidente. Este análisis demuestra la dinámica del poder económico mundial a lo largo de la historia. Las principales fuerzas económicas no son estáticas, sino que evolucionan en función del desarrollo de las civilizaciones, la innovación tecnológica, los recursos disponibles, las políticas económicas, el comercio internacional y muchos otros factores. Las tendencias pasadas no garantizan las posiciones futuras, lo que hace que el análisis de la economía mundial sea a la vez complejo y fascinante. | |||
La era de la Revolución Industrial, que se extendió desde 1820 hasta 1913, supuso un cambio significativo en la estructura económica mundial. Durante este periodo, las naciones occidentales realizaron avances tecnológicos sin precedentes que alteraron radicalmente sus modos de producción y, en consecuencia, su posición en la economía mundial. La Revolución Industrial marcó la transición de una economía basada principalmente en la agricultura y la artesanía a otra caracterizada por la producción industrial mecanizada en masa. Occidente, en particular países como Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, estuvieron a la vanguardia de estos cambios, desarrollando industrias textiles, siderúrgicas, carboneras y ferroviarias, entre otras. La modernización que acompañó a esta revolución dio a estas naciones occidentales una ventaja significativa en términos de producción industrial, poder económico y riqueza global. El resultado fue un desplazamiento significativo del centro de la economía mundial hacia Occidente. | |||
Tras la Segunda Guerra Mundial, la posición de Estados Unidos como primera potencia económica mundial empezó a consolidarse. Esto se atribuyó principalmente a su economía relativamente intacta tras el conflicto, a su dominio en muchas industrias clave y a su capacidad para innovar y adaptarse rápidamente a las nuevas tecnologías. En Europa, la posguerra estuvo marcada por un periodo de intensa reconstrucción y la creación de la Comunidad Económica Europea, precursora de la Unión Europea. Estas iniciativas contribuyeron a hacer de Europa un gran polo económico, atrayendo hacia el oeste el centro del poder económico. Sin embargo, con la introducción de reformas económicas en China a finales de la década de 1970, el centro del poder económico comenzó a desplazarse de nuevo hacia el este. Estas reformas, que condujeron a una mayor apertura económica y a la liberalización gradual de los mercados, transformaron a China en una gran potencia económica, con un rápido crecimiento y una creciente influencia en la economía mundial. Como consecuencia, el centro de la economía mundial, antaño firmemente anclado en Occidente, ha empezado a desplazarse hacia el Este, reflejando la aparición de nuevas potencias económicas en Asia. Esto subraya la naturaleza dinámica y en constante cambio de la economía mundial.[[Fichier:the economist contribution to world gdp.png|vignette|centré]] | |||
El crecimiento económico de China en las últimas décadas ha sido espectacular. Es uno de los países de más rápido crecimiento del mundo, transformando una economía socialista cerrada en una economía de mercado dinámica y abierta. En cambio, el crecimiento de Estados Unidos ha sido más estable, reflejo de la madurez de su economía. Otros mercados emergentes, como India, Brasil y Rusia, también han experimentado tasas de crecimiento relativamente altas, aunque suelen ser más volátiles. En cuanto a otros países ricos como Europa, Australia y Japón, su crecimiento económico ha sido en general más modesto, debido a la madurez de sus economías y a retos como el envejecimiento de la población. Sin embargo, estos países siguen siendo actores importantes en la economía mundial debido a su gran tamaño económico y a su influencia política y cultural. | |||
China ha disfrutado de un impresionante crecimiento económico desde principios de la década de 2000, gracias en parte a su política de reforma económica y a su creciente integración en la economía mundial. Su contribución al crecimiento mundial fue especialmente notable tras la crisis financiera mundial de 2008, cuando la mayoría de las economías desarrolladas se vieron duramente afectadas y el crecimiento en China se mantuvo relativamente sólido. Sin embargo, también es importante señalar que el poder económico no se traduce directamente en poder político o militar en la escena mundial. Si bien es cierto que China ha aumentado su influencia, sobre todo a través de iniciativas como la Iniciativa Belt and Road, también se enfrenta a una serie de retos, como el envejecimiento de la población, las desigualdades regionales y las tensiones con otros países. Además, aunque China ha superado a EE.UU. en términos de PIB en paridad de poder adquisitivo, EE.UU. sigue siendo la mayor economía en términos de PIB nominal y sigue a la cabeza en ámbitos como la innovación tecnológica y la influencia militar. Esto subraya la complejidad del concepto de "poder" en la escena mundial, que no puede medirse ni compararse plenamente en términos de tamaño económico.[[Fichier:introSP 2015 indicator of market power.png|vignette|centré]] | |||
Como una de las mayores economías del mundo, China tiene un impacto considerable en el comercio mundial. Su posición como gran importador significa que las fluctuaciones de su demanda interna pueden tener consecuencias mundiales, sobre todo para los países cuyas economías dependen en gran medida de las exportaciones a China. Además, China es también un gran exportador, lo que significa que sus decisiones en materia de producción y política comercial pueden influir en los mercados mundiales de diversos productos y servicios. La posición de China como gran potencia económica también le confiere un importante poder de negociación en los debates sobre política comercial internacional. Por ejemplo, puede influir en las reglas, normas y reglamentos del comercio mundial a través de foros como la Organización Mundial del Comercio. Además, como gran actor económico, China también tiene la oportunidad de promover sus propios intereses económicos y políticos a escala mundial. Dicho esto, el poder económico no se traduce directamente en influencia política o militar. A pesar de su tamaño económico, China sigue teniendo que navegar por un complejo panorama internacional y enfrentarse a considerables desafíos internos. | |||
En la teoría realista de las relaciones internacionales, el aumento del poder económico de un Estado suele considerarse el preludio de un aumento de su poder militar. Los realistas asumen que, en un sistema internacional anárquico, los Estados buscan siempre el poder y la seguridad. Como tal, un crecimiento económico sustancial ofrece los medios para invertir más en capacidades militares y, por tanto, para reforzar el poder y la seguridad del Estado. En lo que respecta a India, su rápido crecimiento económico podría, según una lógica realista, conducir a un aumento de su poder militar a largo plazo. Sin embargo, este proceso no será necesariamente lineal ni estará exento de obstáculos. Por ejemplo, India se enfrenta a importantes retos en términos de desarrollo y desigualdad social, que podrían ralentizar su crecimiento económico y, en consecuencia, su expansión militar. Sin embargo, el poder económico no se traduce automáticamente en poder militar. Otros factores, como las decisiones estratégicas, las capacidades tecnológicas, la voluntad política y la percepción de las amenazas, también influyen a la hora de determinar el poder militar de un Estado. Además, en el contexto actual, en el que la guerra económica, la influencia cultural y el poder blando se han convertido en elementos clave del juego internacional, el poder militar es sólo un aspecto del poder global de un Estado.[[Fichier:2015 the world largest defense budget.png|vignette|centré]] | |||
El gasto militar de China ha aumentado significativamente en los últimos años, reflejando su crecimiento económico y su ambición de incrementar su poder e influencia internacionales. Este es un aspecto de lo que se conoce como "realismo ofensivo" en las relaciones internacionales: la idea de que un Estado que está ganando poder económico tratará de utilizarlo para aumentar su poder militar y reforzar así su posición y seguridad en la escena internacional. Es importante señalar que el aumento del gasto militar no significa automáticamente un aumento correspondiente del poder militar. También entran en juego la forma en que se gasta ese dinero, la tecnología disponible, la formación y experiencia de las fuerzas armadas y muchos otros factores. | |||
También cabe mencionar que la comparación del gasto militar entre países puede ser engañosa debido a las diferencias en los costes laborales y otros factores. Por ejemplo, la misma cantidad de dinero podría emplear más soldados o construir más equipamiento en China que en Estados Unidos debido a las diferencias en los costes laborales. No obstante, la tendencia al aumento del gasto militar en China es un claro indicador de sus crecientes ambiciones en materia de defensa y seguridad, y así lo reconocen cada vez más otros actores internacionales. | |||
El realismo, como teoría de las relaciones internacionales, postula que los Estados están motivados por la búsqueda de sus propios intereses nacionales, y que el poder militar y económico es la clave de la seguridad e influencia de un Estado. Desde el prisma realista, el rápido aumento del poder económico y militar de China podría considerarse una amenaza potencial para otros Estados, especialmente para los que actualmente ostentan el mayor poder en el sistema internacional, como Estados Unidos. Según la teoría neorrealista, el sistema internacional es intrínsecamente anárquico, es decir, no tiene una autoridad superior que regule el comportamiento de los Estados. En un sistema así, los Estados desconfiarían naturalmente de otros Estados que estuvieran adquiriendo poder rápidamente, porque podrían utilizar ese poder para amenazar sus intereses. Por tanto, los Estados poderosos podrían intentar contrarrestar el ascenso de China por diversos medios, como reforzando sus propias capacidades militares, formando alianzas con otros Estados o aplicando políticas diseñadas para limitar la influencia económica y política de China. | |||
= | = Las tres perspectivas teóricas sobre los retos actuales = | ||
A continuación trataremos de aplicar estas teorías al ascenso de China. | |||
== | == El Neorrealismo == | ||
Le néoréalisme considère que les États sont les acteurs principaux et les plus importants sur la scène internationale. Selon cette vision, les institutions internationales sont souvent créées et formées par les États les plus puissants pour servir leurs propres intérêts. C'est dans ce contexte qu'intervient le concept de "dilemme de sécurité". Le dilemme de sécurité est une situation où les actions prises par un État pour augmenter sa propre sécurité (comme l'augmentation de ses capacités militaires) ont pour effet d'augmenter le sentiment d'insécurité chez d'autres États. Cela peut conduire à une spirale d'escalade, où chaque État se sent obligé de renforcer constamment sa propre sécurité en réponse aux actions des autres. | Le néoréalisme considère que les États sont les acteurs principaux et les plus importants sur la scène internationale. Selon cette vision, les institutions internationales sont souvent créées et formées par les États les plus puissants pour servir leurs propres intérêts. C'est dans ce contexte qu'intervient le concept de "dilemme de sécurité". Le dilemme de sécurité est une situation où les actions prises par un État pour augmenter sa propre sécurité (comme l'augmentation de ses capacités militaires) ont pour effet d'augmenter le sentiment d'insécurité chez d'autres États. Cela peut conduire à une spirale d'escalade, où chaque État se sent obligé de renforcer constamment sa propre sécurité en réponse aux actions des autres. | ||
Version du 4 juillet 2023 à 10:46
La pensée sociale d'Émile Durkheim et Pierre Bourdieu ● Aux origines de la chute de la République de Weimar ● La pensée sociale de Max Weber et Vilfredo Pareto ● La notion de « concept » en sciences-sociales ● Histoire de la discipline de la science politique : théories et conceptions ● Marxisme et Structuralisme ● Fonctionnalisme et Systémisme ● Interactionnisme et Constructivisme ● Les théories de l’anthropologie politique ● Le débat des trois I : intérêts, institutions et idées ● La théorie du choix rationnel et l'analyse des intérêts en science politique ● Approche analytique des institutions en science politique ● L'étude des idées et idéologies dans la science politique ● Les théories de la guerre en science politique ● La Guerre : conceptions et évolutions ● La raison d’État ● État, souveraineté, mondialisation, gouvernance multiniveaux ● Les théories de la violence en science politique ● Welfare State et biopouvoir ● Analyse des régimes démocratiques et des processus de démocratisation ● Systèmes Électoraux : Mécanismes, Enjeux et Conséquences ● Le système de gouvernement des démocraties ● Morphologie des contestations ● L’action dans la théorie politique ● Introduction à la politique suisse ● Introduction au comportement politique ● Analyse des Politiques Publiques : définition et cycle d'une politique publique ● Analyse des Politiques Publiques : mise à l'agenda et formulation ● Analyse des Politiques Publiques : mise en œuvre et évaluation ● Introduction à la sous-discipline des relations internationales
Exploraremos los fundamentos de la subdisciplina de las relaciones internacionales, centrándonos en conceptos cruciales. Discutiremos los elementos fundamentales que componen el sistema internacional de Estados y examinaremos cómo el proceso de internacionalización y la dinámica de la globalización están cambiando este sistema. También nos ocuparemos de la arquitectura interestatal, destacando su papel y funcionamiento en el contexto actual. Además, repasaremos las tres principales teorías o paradigmas de las relaciones internacionales, que nos proporcionan herramientas interpretativas para analizar los fenómenos que observamos a escala global.
La COP21 es un movimiento mundial de apoyo a un acuerdo internacional, un fenómeno especialmente notable porque tradicionalmente el papel de los ciudadanos y la sociedad civil en la política internacional ha sido relativamente poco discutido. A menudo se les ha marginado de la política, percibida como elitista. Sin embargo, las cuestiones climáticas y medioambientales son ámbitos en los que estamos observando una creciente presión desde las bases de la ciudadanía y la ciudadanía global en favor de políticas más eficaces. En la COP21 de París no sólo estuvieron presentes Estados y líderes mundiales, sino también muchos representantes de la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales. Se estaba negociando un marco global, centrado en la idea de un bien público mundial que requiere la cooperación más allá de las fronteras. Como subrayó Ban Ki Moon, las cuestiones medioambientales trascienden las fronteras nacionales y no llevan pasaporte, de ahí la necesidad de esta movilización.
Es crucial señalar que esta movilización no sólo implica a los gobiernos, sino también a la sociedad civil y al sector empresarial, incluidas las empresas directamente afectadas por cuestiones relacionadas con el uso de energías basadas en el carbono. Sorprendentemente, incluso los alcaldes de las ciudades han desempeñado un papel activo y han tratado de apoyar este proceso. Estamos asistiendo, por tanto, a la creación de una estructura a varios niveles que engloba a diversos agentes. Se están desarrollando medidas de cooperación que van más allá de simples acuerdos internacionales a escala mundial, con la participación activa de ONG y burocracias estatales. Así pues, está claro que la cooperación en el mundo actual ya no depende únicamente de los tratados internacionales.
Haremos un repaso de este tema, centrándonos principalmente en la gobernanza mundial. Examinaremos cómo se ha construido el sistema internacional, hasta qué punto ha evolucionado y cómo podemos interpretar este cambio desde un punto de vista teórico.
El sistema estatal y las relaciones internacionales
Los principios de los Tratados de Westfalia de 1648
La cuestión del nacimiento de los Estados nación es compleja y a menudo debatida entre historiadores y politólogos. Durante gran parte de la historia de la humanidad, la organización política dominante fue la de los imperios o reinos, y no la de los Estados nación tal y como los conocemos hoy en día. La estructura política que hoy llamamos "Estado" tiene su origen en la Europa moderna, en particular en el sistema westfaliano surgido de los Tratados de Westfalia de 1648. Estos tratados pusieron fin a la Guerra de los Treinta Años, un conflicto devastador que implicó a un gran número de potencias europeas y se centró en gran medida en cuestiones religiosas. Los Tratados de Westfalia introdujeron varios principios que se convirtieron en fundamentales para el concepto de Estado. En primer lugar, afirmaron el principio de soberanía, según el cual cada Estado tiene el derecho exclusivo de ejercer el poder político sobre su territorio y su población. En segundo lugar, establecieron el principio de igualdad jurídica entre los Estados, independientemente de su tamaño o poder.
Sin embargo, el sistema de Westfalia no condujo inmediatamente a la aparición de los Estados nacionales modernos. Durante varios siglos después de Westfalia, muchos territorios de Europa y otros lugares siguieron gobernados por imperios o reinos que no se correspondían con la estructura política del Estado nación. No fue hasta el siglo XIX cuando el concepto de Estado-nación empezó a adquirir una importancia predominante, con la aparición del nacionalismo como fuerza política de primer orden. En la actualidad, el Estado-nación sigue siendo la forma dominante de organización política en todo el mundo, aunque la globalización y otras fuerzas transnacionales desafían cada vez más la preeminencia del Estado-nación.
Un Estado se distingue por su territorialidad, como entidad social inextricablemente ligada a un territorio definido. Estos territorios son intrínsecamente exclusivos, ya que cada Estado ejerce un control jurídico completo sobre su propio territorio, sin reclamar jurisdicción sobre el territorio de otros Estados. Además, un Estado tiene soberanía interna, lo que significa que monopoliza el uso de la fuerza dentro de sus fronteras.
Según esta definición, un Estado se caracteriza por su territorialidad. Es una estructura social asociada a un territorio concreto. Estos territorios son mutuamente excluyentes, lo que significa que un Estado tiene jurisdicción sobre su propio territorio, pero no sobre el de otros Estados. La soberanía es otra característica crucial de un Estado. Significa que un Estado tiene el control último e incontestable sobre su territorio y su población. Tiene poder para promulgar leyes, hacerlas cumplir y castigar a quienes las infrinjan. En otras palabras, el Estado tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza física dentro de sus fronteras. Por lo general, es el Estado el que controla las fuerzas armadas, la policía y los tribunales, y tiene potestad para recaudar impuestos. Sin embargo, aunque los Estados tienen soberanía dentro de sus fronteras, también están obligados por el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, otra norma fundamental del sistema internacional derivada de los Tratados de Westfalia. En la práctica, por supuesto, la realidad puede ser más compleja. Por ejemplo, algunos Estados pueden no tener un control efectivo sobre todo su territorio, o su soberanía puede verse comprometida por una intervención extranjera, un conflicto interno u otros factores. No obstante, el concepto de Estado como entidad territorial soberana sigue siendo un principio básico de la política internacional.
La definición de Estado de Max Weber gira en torno a la monopolización legítima de los medios de fuerza, lo que significa que es aceptada por la población del Estado en cuestión. Sin embargo, el poder del Estado no se limita únicamente al monopolio de la fuerza. También abarca la autoridad legal exclusiva, que incluye la elaboración y aplicación de leyes y la recaudación de impuestos, otras dos características distintivas de un Estado. La moneda también forma parte de esta definición. Históricamente, estos conceptos ya estaban presentes en los tratados, donde encontramos los términos latinos que indican que el rey era el "imperator" en su reino, es decir, el que ostentaba el poder supremo.
Además de la soberanía interna, que se manifiesta en la monopolización de la fuerza y la autoridad legal, otro aspecto clave es la soberanía externa. La soberanía externa se refiere a las relaciones entre Estados, e incluye el principio fundamental de la autonomía estatal, el reconocimiento mutuo y el respeto a la no injerencia. Esta norma, crucial en el sistema internacional, no sólo asegura la supervivencia de los Estados, sino que también garantiza su autonomía para dirigir sus políticas nacionales sin intervención exterior. De este modo, protege a cada Estado contra cualquier injerencia extranjera en sus asuntos internos.
La soberanía exterior, también conocida como soberanía internacional, es un aspecto central del sistema internacional de Estados. Se refiere a la independencia de un Estado respecto al mundo exterior y a su libertad para dirigir sus propias políticas sin injerencias extranjeras. El concepto de soberanía exterior se basa en varios principios importantes:
- Autonomía: Cada Estado tiene derecho a gestionar sus asuntos internos como considere oportuno, sin injerencias de otros Estados. Esto incluye la capacidad de tomar decisiones políticas, económicas y sociales independientes.
- Reconocimiento mutuo: los Estados deben reconocer la existencia y legitimidad de otros Estados. Esto implica el respeto de las fronteras y la soberanía de cada Estado, y la no intervención en los asuntos internos de otro Estado.
- No injerencia: es el principio según el cual ningún Estado tiene derecho a intervenir, directa o indirectamente, en los asuntos internos de otro Estado. Es un principio fundamental del derecho internacional y está consagrado en la Carta de las Naciones Unidas.
Estos principios de soberanía exterior contribuyen a mantener la estabilidad y el equilibrio del sistema internacional, impidiendo la intervención arbitraria y la injerencia en los asuntos de otros Estados. Sin embargo, a menudo son puestos a prueba por cuestiones como las intervenciones humanitarias, los conflictos internacionales y las presiones de fuerzas transnacionales como la globalización y las organizaciones internacionales.
El principio de no injerencia es fundamental en la Carta de las Naciones Unidas y en la Sociedad de Naciones, y sigue desempeñando un papel crucial en la gobernanza internacional. Sin embargo, este principio se está transformando por la creciente aparición de normas internacionales cada vez más vinculantes. Estas normas, que pueden proceder de tratados internacionales, convenciones u otras formas de acuerdo, pueden imponer límites a la forma en que un Estado puede ejercer su soberanía interna y externa. Por ejemplo, los acuerdos internacionales sobre derechos humanos, medio ambiente o comercio pueden exigir a los Estados que adopten determinadas medidas o se abstengan de ciertas acciones, aunque ello pueda interferir con su autonomía interna o su política exterior. Además, el concepto de "responsabilidad de proteger", que ha cobrado importancia en los últimos años, sugiere que la comunidad internacional tiene el deber de intervenir en determinadas situaciones, como el genocidio o los crímenes contra la humanidad, aunque ello implique una violación de la soberanía estatal. Estos avances ponen de relieve las tensiones entre la soberanía estatal y los imperativos internacionales, y plantean cuestiones difíciles sobre el equilibrio entre los derechos de los Estados y las responsabilidades globales. También ilustran cómo evolucionan las normas internacionales en respuesta a las cambiantes preocupaciones y prioridades mundiales.
Estos tres principios -autonomía estatal, reconocimiento mutuo y no injerencia- son los pilares fundamentales sobre los que se ha construido el orden internacional. Estos principios se codificaron por primera vez en los Tratados de Westfalia de 1648, que marcaron el nacimiento del sistema de Estados soberanos que conocemos hoy.
- La autonomía estatal significa que cada Estado tiene derecho a gestionar sus propios asuntos internos sin injerencias externas, lo que le permite tomar sus propias decisiones políticas, económicas y sociales.
- El reconocimiento mutuo entre Estados implica el respeto de las fronteras de cada Estado y su derecho a la soberanía. Esto significa que cada Estado debe ser reconocido y tratado como un igual por los demás Estados.
- La no injerencia en los asuntos internos de otro Estado es un principio central del derecho internacional que protege la soberanía y la independencia de cada Estado.
En conjunto, estos principios han configurado el desarrollo del sistema internacional de Estados soberanos y siguen influyendo en la forma en que los Estados interactúan entre sí en la escena internacional. Sin embargo, como ya se ha mencionado, estos principios se cuestionan y adaptan constantemente en respuesta a las nuevas realidades y a los retos mundiales.
La "globalización" del sistema estatal
¿Cómo surgieron los Estados? En 1648 se firmó el Tratado de Westfalia, pero en Europa se tardó mucho más en crear Estados y abolir los imperios. Desde una perspectiva global, este proceso llevó mucho más tiempo.
La formación de Estados como entidades políticas diferenciadas fue un proceso largo y complejo que se prolongó durante varios siglos. En Europa, el Tratado de Westfalia de 1648 se cita a menudo como un punto de partida importante, ya que codificó los principios de soberanía estatal y no injerencia. Sin embargo, la transición de los imperios y reinos a los Estados nación modernos, tal y como los conocemos hoy, llevó mucho más tiempo. En el contexto europeo, este proceso se vio facilitado por diversos factores, como la aparición de la burguesía, las revoluciones nacionales, el auge del nacionalismo y el debilitamiento de las estructuras feudales. Fue un proceso gradual, marcado por guerras, revoluciones y negociaciones diplomáticas. Finalmente, el concepto de Estado soberano se convirtió en el principal modelo de organización política en Europa hacia el siglo XIX. A escala mundial, la formación de los Estados fue un proceso aún más largo y complejo. En muchas partes del mundo, el concepto de Estado soberano fue introducido por el colonialismo europeo. Tras la descolonización, a mediados del siglo XX, surgieron muchos Estados nuevos, a menudo con fronteras trazadas arbitrariamente por las antiguas potencias coloniales. Estos nuevos Estados tuvieron que superar una serie de retos para establecer su soberanía y legitimidad, como la diversidad étnica y lingüística, el subdesarrollo económico y los conflictos internos y externos.
El sistema de las Naciones Unidas fue fundado en 1945 por 51 países decididos a preservar la paz mediante la cooperación internacional y la seguridad colectiva. La Carta de las Naciones Unidas, que es el documento fundacional de la ONU, se firmó el 26 de junio de 1945 en San Francisco al término de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, y entró en vigor el 24 de octubre de 1945. Estos 51 Estados Miembros originales aceptaron las obligaciones de la Carta de las Naciones Unidas y se comprometieron a respetar sus principios. De este modo, sentaron las bases de la organización actual, cuyo objetivo es mantener la paz y la seguridad internacionales, promover el respeto de los derechos humanos, fomentar el desarrollo social y económico, proteger el medio ambiente y proporcionar ayuda humanitaria en épocas de hambruna, catástrofes naturales y conflictos armados. Desde su creación, la ONU ha crecido y evolucionado para reflejar los cambios políticos y geográficos del mundo. En 2023, la ONU contará con 193 Estados miembros, lo que refleja el aumento del número de Estados soberanos desde 1945 y el papel central de la ONU como foro para la cooperación internacional.
La idea de Estado está en constante evolución y el número de Estados en el mundo sigue cambiando. La creación de un Estado no es un proceso fijo y definido, sino que viene determinado por una combinación de factores históricos, políticos, sociales y culturales. En 1945, cuando se fundó la ONU, había 51 Estados miembros. Sin embargo, el número de Estados miembros de la ONU ha crecido considerablemente desde entonces, hasta los 193 actuales. Además, hay entidades que tienen algún tipo de gobierno autónomo y se consideran a sí mismas Estados, pero no están reconocidas como tales por la comunidad internacional. Estas entidades, como Kosovo, Palestina y Taiwán, se encuentran a menudo en una compleja situación de reconocimiento parcial o impugnado. Esto nos recuerda que la soberanía y el reconocimiento internacional son procesos políticos complejos que dependen no sólo de las estructuras internas de un territorio, sino también de cómo otros Estados y organizaciones internacionales perciben estos territorios e interactúan con ellos. En resumen, la existencia y el reconocimiento de los Estados evolucionan constantemente y están sujetos a una negociación permanente. Esto subraya la complejidad y fluidez del sistema internacional, y el hecho de que la condición de Estado es un proceso dinámico y en constante evolución.
El aumento del número de Estados soberanos a lo largo del tiempo puede atribuirse en gran medida a dos grandes procesos históricos: la descolonización y la caída de los regímenes autoritarios y los imperios. La descolonización, que tuvo lugar principalmente en las décadas de 1960 y 1970, condujo a la creación de muchos nuevos Estados soberanos en África, Asia y el Caribe. Estos nuevos Estados nacieron de la lucha por la independencia de los pueblos colonizados contra las potencias coloniales europeas. Después, con el colapso de la Unión Soviética y Yugoslavia en la década de 1990, aparecieron muchos otros Estados en la escena internacional. Estos acontecimientos marcaron el final de la Guerra Fría y reconfiguraron las fronteras políticas y geográficas de Europa y Asia Central. Sin embargo, este proceso no ha terminado. Todavía hay regiones del mundo en las que la condición de Estado es discutida o incierta. Además, el propio concepto de Estado soberano está en constante evolución, en respuesta a los cambios políticos, económicos, tecnológicos y culturales. Por consiguiente, aunque el sistema internacional ha evolucionado considerablemente desde el Tratado de Westfalia, seguimos viviendo en un mundo de Estados en flujo, donde la soberanía y la autonomía nunca se adquieren definitivamente, sino que son siempre objeto de negociación y conflicto.
Implicaciones del modelo de Estado westfaliano para las relaciones internacionales
¿Qué representa o implica esta división del mundo en Estados soberanos para las relaciones internacionales?
La división del mundo en Estados soberanos tiene profundas implicaciones para las relaciones internacionales. Esencialmente, crea un sistema internacional que a menudo se describe como anárquico. Esto no quiere decir que sea un caos total, sino que no existe una autoridad mundial superior que pueda imponer normas o leyes a los Estados. Cada Estado tiene su propia autoridad interna y ningún Estado tiene autoridad oficial sobre otro. Esto significa que los Estados son los principales actores en la escena internacional. Tienen capacidad para hacer la guerra, celebrar tratados, reconocer a otros Estados y entablar relaciones diplomáticas. En la práctica, sin embargo, su libertad de acción suele estar limitada por factores como el poder económico y militar, las alianzas y las obligaciones derivadas del Derecho internacional. Esto significa también que la cooperación internacional es a menudo difícil de lograr. A falta de una autoridad mundial, los Estados deben acordar voluntariamente reglas y normas comunes. Aquí es donde entran en juego organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, que proporcionan un marco para negociar y desarrollar estas normas comunes. Por último, esto también puede dar lugar a conflictos de intereses entre los Estados, ya que cada uno trata de proteger y promover sus propios intereses. Estos conflictos pueden gestionarse a través de la diplomacia, pero también pueden, en determinadas circunstancias, desembocar en un conflicto militar. En resumen, la división del mundo en Estados soberanos crea un sistema internacional complejo y dinámico, en el que tanto la cooperación como el conflicto son posibles, y en el que el poder y la influencia están constantemente en juego.
En las primeras fases del desarrollo del derecho internacional, el énfasis principal se puso en la coexistencia de los Estados y la resolución de disputas mediante la fuerza militar, más que a través de mecanismos jurídicos internacionales. Esto incluía el "derecho de guerra" (jus ad bellum y jus in bello), que regulaba cuándo un Estado tenía derecho a declarar la guerra y cómo debía comportarse durante ella. En este contexto, el principal objetivo del derecho internacional era prevenir o limitar los conflictos estableciendo normas de comportamiento aceptables para los Estados. Por ejemplo, las leyes que rigen las declaraciones de guerra, la neutralidad y el trato a los prisioneros pretendían proporcionar cierto grado de previsibilidad y estabilidad en un sistema internacional que, de otro modo, sería anárquico.
Sin embargo, la ausencia de una autoridad internacional superior significaba que la aplicación de estas leyes dependía en última instancia de la voluntad de los Estados y de su capacidad para hacer cumplir estas normas por la fuerza. En otras palabras, a menudo prevalecía la ley del más fuerte. Con el tiempo, sin embargo, el derecho internacional ha evolucionado y se ha ampliado para abarcar una gama mucho más amplia de cuestiones, como el comercio internacional, los derechos humanos, el medio ambiente y el derecho del mar, entre otras. Además, se han creado instituciones internacionales para facilitar la aplicación de estas leyes y la resolución de disputas. Estos avances han contribuido a la creación de un orden jurídico internacional más complejo y sofisticado, aunque siguen existiendo muchos retos a la hora de garantizar la aplicación efectiva del derecho internacional.
Las estructuras tradicionales del orden internacional
Este diagrama muestra la idea de anarquía a escala internacional.
La estructura clásica del orden internacional distingue entre una jerarquía dentro de los Estados y una anarquía entre ellos.
Dentro de un Estado, se observa claramente una jerarquía estructural. El gobierno, actuando en nombre del Estado, ejerce autoridad sobre la sociedad. Esta autoridad es generalmente aceptada por los ciudadanos, en una forma de consentimiento mutuo o "soberanía compartida", especialmente notable en los sistemas democráticos. El Estado, a través de su control de las fuerzas del orden y del ejército, garantiza el respeto de la ley y mantiene el orden, estableciendo así una clara jerarquía sobre la sociedad.
A escala internacional, sin embargo, no existe un sistema jerárquico comparable entre Estados. Ningún Estado tiene jurisdicción o autoridad reconocida sobre otro, y ningún organismo supranacional ejerce un poder absoluto sobre todos los Estados. Por tanto, hablamos de "anarquía" en el sistema internacional. En este contexto, las relaciones entre Estados se rigen por el poder, la negociación y, en algunos casos, el derecho internacional, y no por una autoridad superior reconocida.
En este marco de anarquía, los Estados ejercen su soberanía exterior, respetando la norma de no injerencia y actuando de forma autónoma en la escena internacional. Las interacciones se producen principalmente a través de la diplomacia y la negociación, aunque a veces pueden predominar los conflictos y las rivalidades de poder.
Es importante señalar que, aunque la anarquía describe la ausencia de una autoridad mundial central, no significa que el sistema internacional carezca de estructura u orden. Los tratados, las convenciones, las organizaciones internacionales y otros mecanismos de cooperación desempeñan un papel crucial a la hora de estructurar las interacciones entre los Estados y contribuyen a la relativa estabilidad del sistema internacional.
La "internacionalización" del sistema internacional
La "internacionalización" del sistema internacional puede describirse como el proceso por el cual los Estados se han vuelto cada vez más interconectados e interdependientes a nivel internacional. Esta tendencia comenzó mucho antes de 1945, pero se aceleró bruscamente en la posguerra. La formación de las Naciones Unidas en 1945 marcó un importante punto de inflexión en la internacionalización del sistema internacional. Con la creación de la ONU, los Estados intentaron resolver sus diferencias por medios pacíficos y colaborar en asuntos de interés común, contribuyendo así a una mayor interconexión y cooperación internacional. Sin embargo, es importante señalar que el proceso de internacionalización no se limitó a la creación de la ONU. También ha estado marcado por los avances tecnológicos, el crecimiento del comercio mundial, la aparición de organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales y la expansión de las comunicaciones globales. Estos factores han contribuido a derribar las barreras entre los Estados y a aumentar su interdependencia.
La internacionalización también se ha visto favorecida por acontecimientos importantes como la descolonización, que provocó la aparición de nuevos Estados y la redefinición de las relaciones internacionales de poder. Además, la evolución de las normas internacionales, como los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, también ha contribuido a configurar el sistema internacional actual. Por tanto, es esencial comprender que la internacionalización es un proceso dinámico, que sigue evolucionando y configurando el sistema internacional. Los Estados soberanos, al tiempo que conservan su autonomía, deben ahora tener en cuenta sus obligaciones y responsabilidades internacionales, lo que refleja la creciente interconexión e interdependencia que caracterizan al sistema internacional moderno.
El establecimiento del sistema internacional actual puede atribuirse a una serie de momentos históricos clave. Sin embargo, una fecha especialmente significativa es 1945, con la creación de las Naciones Unidas al final de la Segunda Guerra Mundial. Este momento representa un punto de inflexión en el que los Estados del mundo, profundamente afectados por la devastación de dos guerras mundiales, se unieron para crear una organización que pretendía evitar conflictos semejantes en el futuro. La adopción de la Carta de las Naciones Unidas por 51 países, que establecía principios de cooperación internacional, resolución pacífica de conflictos y respeto de los derechos humanos, marcó el inicio de un nuevo orden mundial basado en normas. Sin embargo, el actual sistema internacional no se detuvo ahí. Muchos otros momentos clave han configurado su evolución, como la descolonización de posguerra, que vio surgir muchos nuevos Estados soberanos, o el final de la Guerra Fría, que marcó una nueva era de cooperación y conflicto entre naciones.
1945 marcó un punto de inflexión especialmente significativo para el sistema internacional con la fundación de las Naciones Unidas. Sin embargo, un análisis de los acontecimientos históricos anteriores revela que la soberanía estatal ya se estaba transformando antes de este periodo de modernización. La transformación de la soberanía estatal comenzó mucho antes de 1945, sobre todo con el desarrollo del comercio internacional y el nacimiento del derecho internacional. En el siglo XIX, por ejemplo, la expansión del imperialismo y la colonización ya habían creado redes de interdependencia internacional. Los tratados comerciales establecieron normas y reglas para las relaciones entre Estados, erosionando ciertos aspectos de su soberanía. Además, las Conferencias de Paz de La Haya de 1899 y 1907 marcaron importantes pasos preliminares en la regulación de los conflictos internacionales y el establecimiento de ciertas normas de comportamiento internacional. Así pues, aunque 1945 marca una etapa crucial en la estructuración del sistema internacional tal y como lo conocemos hoy en día, el proceso de erosión y transformación de la soberanía estatal ya había comenzado mucho antes de esa fecha, a través del desarrollo de las relaciones internacionales y el surgimiento gradual de una comunidad internacional interconectada.
Estos procesos se han acelerado en los últimos años a tres niveles. Se ha producido una internacionalización del orden internacional a través de :
- Globalización y difusión de los valores liberales: Las interconexiones globales entre sociedades y poblaciones son cada vez más intensas. Esto se debe principalmente a la globalización, donde el aumento de las transacciones sociales está dando lugar a un nivel de interdependencia sin precedentes. Además, la difusión de los valores liberales, que fomentan la libre circulación de ideas, bienes y personas, facilita y refuerza este proceso de globalización. La globalización es un fenómeno polifacético que influye profundamente en nuestro mundo contemporáneo. Es un proceso que intensifica las interacciones y la interdependencia entre Estados, sociedades y poblaciones de todo el mundo. Por una parte, este proceso se ve impulsado por un aumento significativo de las transacciones sociales. Gracias a los avances tecnológicos y a los modernos medios de comunicación, los individuos, grupos y organizaciones están cada vez más en contacto unos con otros. Ya sea a través del comercio, los viajes, la educación, la inmigración o las redes sociales, las personas y las sociedades interactúan y son interdependientes a una escala nunca vista. Estas crecientes interacciones están dando lugar a una convergencia de culturas, ideas y estilos de vida, haciendo el mundo cada vez más pequeño. La globalización también se ve facilitada por la difusión de valores liberales. Estos valores, que incluyen principios como la igualdad, la libertad, los derechos humanos, la democracia y el capitalismo de libre mercado, han sido ampliamente promovidos y adoptados en todo el mundo, sobre todo desde el final de la Guerra Fría. La difusión de estos valores liberales no sólo ha allanado el camino para una mayor interconexión e interdependencia entre las sociedades, sino que también ha creado un entorno propicio para la globalización. Al promover la apertura, el intercambio y la cooperación, estos valores fomentan la cooperación internacional y la creación de redes más allá de las fronteras nacionales. De este modo, la globalización y la difusión de los valores liberales son dos procesos interdependientes que, juntos, han contribuido a una mayor integración e interdependencia entre las sociedades de todo el mundo.
- Organizaciones e instituciones internacionales: Otro aspecto de la internacionalización del sistema internacional es la aparición y el fortalecimiento de organizaciones e instituciones internacionales a través de las cuales los Estados cooperan y coordinan sus acciones. La observación de este fenómeno no sólo es interesante por el crecimiento numérico de estas entidades, sino también por los cambios cualitativos que se han producido, sobre todo desde finales del siglo XX. Una tendencia notable es la creciente judicialización de algunas de estas organizaciones internacionales. En otras palabras, cada vez más entidades han desarrollado mecanismos jurídicos que les permiten ejercer una autoridad jurídica supranacional y emitir decisiones vinculantes para los Estados miembros. Esto supone un alejamiento del principio tradicional de soberanía estatal en el sentido de que los Estados están ahora obligados a respetar las decisiones de estas organizaciones internacionales, incluso cuando puedan ir en contra de sus intereses nacionales. Paralelamente a este proceso de judicialización, también hemos asistido a un considerable desarrollo de la integración regional. Los ejemplos de integración regional van mucho más allá de Europa y de la Unión Europea. Podemos pensar en organizaciones como la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), todas las cuales han tratado de promover una mayor cooperación e integración entre sus Estados miembros.
- Relaciones transgubernamentales y transnacionales: El tercer nivel de internacionalización del sistema internacional se encuentra en la aparición de las relaciones transgubernamentales y transnacionales. Las relaciones transgubernamentales se refieren a las interacciones entre distintas partes del gobierno - burócratas, especialistas técnicos y otros funcionarios - más que a las relaciones formales entre los propios gobiernos. Por ejemplo, los responsables de la política medioambiental o financiera pueden establecer redes entre sí, compartir información y buenas prácticas e influir así en las políticas nacionales. Este fenómeno, conocido como transgubernamentalismo, ha sido especialmente acusado en las últimas décadas. Por otro lado, las relaciones transnacionales se refieren a las interacciones entre agentes no gubernamentales, como organizaciones no gubernamentales (ONG), empresas multinacionales y otras entidades de la sociedad civil, que desempeñan un papel cada vez más importante en la política internacional. Estos actores pueden influir en las políticas y normas internacionales, participar en actividades transfronterizas e incluso negociar directamente con gobiernos y organizaciones internacionales. En resumen, el sistema internacional ya no se limita a las interacciones entre Estados soberanos. Con el aumento de las relaciones transgubernamentales y transnacionales, las fronteras entre los asuntos internos y externos de los Estados son cada vez más porosas, y una multitud de actores no estatales participan activamente en la política internacional.
Estos acontecimientos son testimonio de un panorama internacional en constante cambio, en el que la soberanía de los Estados se erosiona y se rearticula.
La globalización de los intercambios sociales, la interdependencia y la teoría del liberalismo
No existen definiciones sencillas del fenómeno de la globalización. La globalización es un concepto complejo y multidimensional que no puede resumirse fácilmente en una única definición. Sin embargo, puede entenderse como un proceso cada vez más rápido de integración e interdependencia entre países de todo el mundo, debido al crecimiento del comercio internacional y los movimientos de capital, así como a la rápida difusión de la información y la tecnología.
La definición propuesta por Anthony Giddens en Dimensiones de la globalización hace hincapié en la creciente interconexión de las sociedades de todo el mundo.[1] Según él, la globalización es "la intensificación de las relaciones sociales globales que vinculan localidades distantes de tal manera que los acontecimientos locales están moldeados por acontecimientos que ocurren a kilómetros de distancia y viceversa."
Esta definición destaca dos aspectos clave de la globalización:
- La intensificación de las relaciones sociales globales: se refiere al aumento de las interacciones e interconexiones entre individuos, grupos, organizaciones y Estados de todo el mundo. Esto puede adoptar la forma de comercio, flujos de información, movimientos migratorios, etc.
- La influencia mutua de los acontecimientos locales y mundiales: significa que los acontecimientos o las decisiones tomadas en una parte del mundo pueden tener efectos significativos en otras regiones, y viceversa. Por ejemplo, una decisión tomada por una multinacional en un país puede repercutir en las condiciones de vida de la población de otro. Del mismo modo, los problemas medioambientales locales pueden tener repercusiones mundiales, como es el caso del cambio climático.
Dans l'ensemble, la définition de Giddens souligne la nature interconnectée de notre monde contemporain et comment les événements, les décisions et les processus à différents niveaux (local, national, régional et global) sont de plus en plus interdépendants.
Giddens conceptualiza la globalización como un proceso por el que una actividad realizada en una región distante tiene un impacto inmediato y perceptible en otra región distinta. El ejemplo del cambio climático es una ilustración perfecta de cómo las acciones emprendidas en una parte del mundo pueden tener repercusiones significativas en otros lugares. Las emisiones de gases de efecto invernadero, ya se produzcan en el Norte o en el Sur, tienen consecuencias globales porque contribuyen al calentamiento global, que afecta al planeta en su conjunto. Del mismo modo, los conflictos, las crisis políticas o económicas y las catástrofes naturales pueden desencadenar movimientos migratorios que tienen repercusiones mucho más allá de las fronteras del país afectado. Por ejemplo, una guerra civil en un país puede desencadenar una afluencia de refugiados a los países vecinos e incluso más allá, afectando a la estabilidad y los recursos de estos países. La globalización ha amplificado estas interdependencias. Debido a la mayor facilidad para viajar y comunicarse, y a la creciente interdependencia económica, los problemas locales pueden convertirse rápidamente en globales. Al mismo tiempo, los problemas globales requieren cada vez más soluciones globales, lo que exige una mayor cooperación internacional.
Según Robert Gilpin, la globalización es el proceso por el cual las economías nacionales se integran e interconectan cada vez más, dando lugar a una economía mundial unificada.[2] Esto significa que las decisiones y actividades económicas de un país pueden tener importantes repercusiones en las de otros países, incluso a miles de kilómetros de distancia. La globalización económica, tal y como la define Gilpin, tiene varias facetas, como el comercio internacional, la inversión extranjera directa, la migración laboral y el movimiento de capitales. Por ejemplo, una empresa con sede en Estados Unidos puede hacer fabricar sus productos en China, venderlos en Europa e invertir los beneficios en mercados emergentes de África. Este proceso de integración económica mundial se ha visto facilitado en gran medida por los avances tecnológicos (sobre todo en telecomunicaciones, transporte y tecnologías de la información), la adopción de políticas económicas liberales que favorecen el libre comercio y la liberalización financiera, y el auge de instituciones internacionales como la Organización Mundial del Comercio.
La globalización ha modificado profundamente la forma en que se producen y distribuyen los bienes y servicios. Las cadenas de producción están cada vez más fragmentadas y repartidas entre distintos países, una realidad que a veces se denomina "cadenas de valor mundiales". Un ejemplo de este fenómeno es la producción de un producto tecnológico, como un teléfono inteligente. Los distintos componentes del teléfono pueden fabricarse en diferentes países del mundo. Por ejemplo, los chips pueden fabricarse en Japón, el ensamblaje puede llevarse a cabo en China y el diseño y el desarrollo del software pueden realizarse en Estados Unidos. El producto acabado se distribuye y vende en todo el mundo. Al mismo tiempo, los mercados financieros también están cada vez más interconectados. Las inversiones pueden realizarse casi instantáneamente a través de fronteras y divisas, y el impacto de las decisiones económicas en un país puede sentirse en todo el mundo. Esta integración de los procesos de producción y de los mercados financieros ha dado lugar a una mayor eficiencia y a una reducción de los costes, pero también a una mayor interdependencia económica. Esto significa que las crisis económicas o financieras pueden propagarse rápidamente de un país a otro, como vimos durante la crisis financiera mundial de 2008. En general, la globalización ha llevado a una mayor interconexión e interdependencia de las economías del mundo, con implicaciones tanto positivas como negativas.
Jan Aart Scholte, investigador holandés de relaciones internacionales, ofrece una perspectiva diferente de la globalización al definirla como desterritorialización, o crecimiento de las relaciones supraterritoriales entre individuos.[3] La desterritorialización se refiere al debilitamiento de los vínculos entre la cultura, la política, la economía y el territorio físico. En el contexto de la globalización, la desterritorialización significa que las fronteras y distancias geográficas pierden relevancia en las interacciones sociales, económicas y políticas. Por ejemplo, en la economía digital actual, muchas transacciones e interacciones pueden tener lugar independientemente de la ubicación física de los participantes. Los individuos y las organizaciones pueden colaborar en proyectos, intercambiar información e ideas y realizar negocios juntos a pesar de las importantes diferencias de ubicación geográfica. Además, el concepto de relaciones supraterritoriales implica que las personas, las organizaciones y los gobiernos interactúan y se influyen mutuamente más allá de las fronteras nacionales y regionales. Las organizaciones internacionales, las redes transnacionales y las comunidades en línea ilustran estas relaciones supraterritoriales. Es importante señalar que la desterritorialización no elimina la importancia del territorio y del Estado nación, pero complica y transforma estas relaciones. Así, desde la perspectiva de Scholte, la globalización representa un avance hacia un mundo más interconectado y menos arraigado en territorios concretos.
La desterritorialización se refiere al debilitamiento de las limitaciones geográficas de las interacciones sociales, culturales y económicas. Con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, en particular Internet y las redes sociales, las interacciones y transacciones pueden tener lugar de forma instantánea e independientemente de la ubicación geográfica. Esto es especialmente evidente en el mundo digital, donde la información y las ideas se propagan a través de las fronteras nacionales y regionales a la velocidad del rayo. Redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram, así como plataformas de comunicación como Zoom o Teams, permiten a las personas comunicarse e intercambiar ideas independientemente de su ubicación geográfica. Esta desterritorialización tiene profundas implicaciones para las relaciones internacionales. Hace más difícil que los Estados controlen la información, fomenta el intercambio de ideas y culturas y puede acelerar el cambio social y político. Sin embargo, también puede acarrear desafíos, como la propagación de la desinformación, la aparición de ciberataques o la explotación de las tecnologías digitales por grupos extremistas.
David Harvey, destacado geógrafo británico, considera la globalización como una "compresión espacio-temporal".[4] Esta concepción se refiere principalmente al modo en que los avances tecnológicos, sobre todo en el transporte y las comunicaciones, han acortado las distancias y acelerado las interacciones entre personas y lugares de todo el mundo. Por ejemplo, basta un clic para enviar un correo electrónico a la otra punta del mundo, lo que hace unas décadas habría llevado días o incluso semanas por correo postal. Del mismo modo, los avances en el transporte aéreo han reducido el tiempo necesario para viajar de un continente a otro. Esta compresión del espacio y el tiempo ha facilitado e intensificado las interacciones e intercambios globales, acercando a personas y lugares. Por tanto, ha desempeñado un papel fundamental en la globalización. Sin embargo, al igual que la desterritorialización, la compresión espacio-temporal también puede plantear retos en términos de relaciones internacionales, como la rápida propagación de enfermedades o la gestión de la información a escala mundial.
Esta definición global de la globalización ilustra bien cómo está cambiando nuestro mundo. Pone de relieve la transición de una realidad en la que las entidades (los Estados y sus sociedades nacionales) eran distintas e interactuaban con cierto grado de independencia, a un mundo en el que ahora existe un espacio social compartido, gracias en gran parte a la tecnología, los viajes internacionales y la interconexión económica. En este contexto, los problemas, retos y oportunidades ya no son únicamente nacionales, sino que tienen una dimensión internacional. Por ejemplo, las cuestiones medioambientales, de seguridad, económicas e incluso sociales se abordan cada vez más en un contexto global. Esto exige una mayor cooperación internacional, al tiempo que plantea nuevos retos en materia de gobernanza, derechos humanos, equidad y desarrollo sostenible.
Una exploración del liberalismo
El liberalismo ha desempeñado un papel central en la promoción y facilitación de la globalización. Es una filosofía política y económica que defiende la libertad individual, la democracia representativa, los derechos humanos, la propiedad privada y la economía de mercado. En un contexto internacional, el liberalismo apoya la interdependencia entre naciones y fomenta la libre circulación de personas, bienes, servicios e ideas. Esta visión se refleja en la promoción del comercio internacional, la apertura de fronteras, el apoyo a las organizaciones internacionales, la cooperación multilateral y el respeto del derecho internacional. En cuanto a la globalización, la difusión de las ideas liberales ha facilitado la creación de instituciones internacionales, el establecimiento de normas comerciales mundiales y la formación de una cultura global. Esto ha fomentado la conectividad y la interdependencia entre las sociedades de todo el mundo.
El libre comercio es un principio fundamental del liberalismo económico que apoya la minimización de las barreras comerciales y la intervención gubernamental en el intercambio internacional de bienes y servicios. Esto significa que no hay aranceles, cuotas, subsidios ni restricciones impuestas por el gobierno a las importaciones o exportaciones. En las últimas décadas, este principio ha sido ampliamente adoptado a escala mundial, gracias en parte a instituciones internacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), que promueven el libre comercio entre países. Esto ha dado lugar a una mayor integración económica e interdependencia entre las economías nacionales, un fenómeno que suele asociarse con la globalización.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) desempeña un papel fundamental en el mantenimiento y la expansión del sistema mundial de libre comercio. La OMC, que reúne a casi todos los Estados del mundo en calidad de miembros u observadores, facilita las negociaciones comerciales, resuelve litigios comerciales y trabaja para reducir las barreras al comercio internacional. La pertenencia a la OMC implica la adhesión a los principios del libre comercio, así como a una serie de reglas y normas diseñadas para hacer que el comercio internacional sea más predecible y equitativo. Esto incluye reducir o eliminar los aranceles y otras barreras al comercio, garantizar la transparencia y previsibilidad de los regímenes comerciales y respetar los derechos de propiedad intelectual, entre otras obligaciones. Los Estados con estatuto de observador suelen estar en proceso de adhesión a la OMC. Este estatus les permite participar en los debates y reuniones de la OMC, al tiempo que les da tiempo para prepararse para la adhesión plena. Estos países suelen trabajar para alinear sus políticas y normativas comerciales con las normas de la OMC, con el objetivo último de convertirse en miembros de pleno derecho. Dicho esto, aunque la tarjeta verde representa a la gran mayoría de los Estados del mundo, es importante señalar que la pertenencia a la OMC y la práctica del libre comercio no están exentas de desafíos o críticas. Algunas voces cuestionan la equidad del sistema comercial mundial, sugiriendo que favorece a los países más ricos y poderosos, y puede exacerbar las desigualdades económicas tanto entre los países como dentro de ellos.
El estatus de observador en la Organización Mundial del Comercio (OMC) suele ser un paso previo a la adhesión de pleno derecho. Por lo general, los países observadores son aquellos que han expresado su interés en adherirse a la OMC y están en proceso de alinear sus políticas comerciales nacionales con las normas y reglamentos de la OMC. Durante este periodo, pueden asistir a las reuniones de la OMC y participar en los debates, pero no pueden votar en las decisiones. Es importante señalar que el proceso de adhesión a la OMC puede ser complejo y llevar mucho tiempo. Los países candidatos deben negociar con los miembros existentes y demostrar su compromiso con los principios del libre comercio y las normas de la OMC. Estas negociaciones pueden abarcar una amplia gama de cuestiones, desde aranceles hasta normas sanitarias y fitosanitarias y derechos de propiedad intelectual. En términos de cobertura geográfica, la OMC es verdaderamente una organización global, con miembros en casi todas las regiones del mundo. Sin embargo, como ya se ha mencionado, la OMC y el sistema de libre comercio que promueve son objeto de críticas y debates. Algunas voces señalan los retos asociados a la globalización y el libre comercio, sobre todo en relación con la desigualdad económica, los derechos de los trabajadores y el medio ambiente.
Según la teoría liberal de las relaciones internacionales, el comercio y la interdependencia económica entre naciones pueden contribuir a la estabilidad internacional y reducir el riesgo de conflicto. Esto se conoce a veces como la "teoría de la paz democrática" o la hipótesis de la "paz a través del comercio". La idea básica es que cuando los países están económicamente vinculados entre sí, tienen un interés financiero en mantener relaciones pacíficas. Como resultado, el coste económico de la guerra se volvería prohibitivo, desalentando el conflicto. Además, la interdependencia económica puede fomentar la cooperación internacional y la resolución pacífica de disputas. Es más probable que los Estados resuelvan sus disputas mediante la negociación y el diálogo, en lugar de la fuerza, cuando mantienen relaciones comerciales sólidas y mutuamente beneficiosas.
También existe un proyecto de paz vinculado a la idea de abrir los mercados económicos. Esta noción suele denominarse "teoría del comercio pacífico" o "teoría liberal de la paz". Esta teoría sugiere que el aumento de los vínculos comerciales entre las naciones puede reducir la probabilidad de conflicto porque los costes económicos de la guerra serían demasiado elevados. En otras palabras, los países que comercian mucho entre sí tienen más que perder en caso de conflicto, lo que les haría menos proclives a luchar. Los defensores de esta teoría suelen señalar que el comercio no sólo puede hacer que la guerra sea más costosa, sino que también puede ayudar a crear vínculos interpersonales e interculturales, promover el entendimiento mutuo y fomentar la cooperación internacional. También subrayan que el comercio puede contribuir a la prosperidad económica y, por tanto, a la estabilidad política, lo que también podría reducir las posibilidades de conflicto.
La segunda transformación, sobre todo desde los años 90, ha sido el triunfo de la democracia. Desde el final de la Guerra Fría en la década de 1990, la democracia ha ido predominando cada vez más a escala mundial. Varios factores han contribuido a esta tendencia, entre ellos el fin de la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que allanó el camino para importantes cambios políticos en muchos países. Tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, muchos países de Europa del Este adoptaron formas democráticas de gobierno. En América Latina, África y Asia se produjeron transiciones similares, con la caída de muchos regímenes autoritarios y su sustitución por gobiernos democráticos. En muchos casos, estas transiciones han ido acompañadas de reformas económicas destinadas a abrir las economías a la competencia mundial.
El final de la Guerra Fría y la caída del comunismo en muchos países ha dado lugar a una ola de optimismo sobre el potencial de la democracia y la cooperación internacional. El "Fin de la Historia" de Francis Fukuyama simboliza esta era, sugiriendo que la democracia liberal podría ser la culminación de la evolución sociopolítica humana. El aumento del número de Estados democráticos, ilustrado por la línea azul, sugiere una creciente aceptación de principios democráticos como elecciones libres y justas, separación de poderes y respeto de los derechos humanos. Al mismo tiempo, ha disminuido el número de Estados autoritarios, como ilustra la línea roja. No cabe duda de que esta evolución ha creado nuevas oportunidades para la cooperación internacional, incluido el intercambio de conocimientos especializados y la resolución conjunta de los retos mundiales. Las democracias, en general, tienden a estar más abiertas a la cooperación internacional y al respeto de las normas y reglas internacionales.
Francis Fukuyama, en su famoso libro El fin de la historia y el último hombre, sostenía que el final de la Guerra Fría representaba el triunfo final de la democracia liberal sobre otras ideologías políticas, especialmente el comunismo y el fascismo.[5] En su opinión, esto marcó el final de la evolución ideológica de la humanidad y la culminación definitiva del progreso humano hacia una forma de gobierno universalmente aceptable. Fukuyama preveía un mundo en el que la mayoría de los países adoptaran una forma de gobierno democrática y respetaran los derechos humanos y los principios del libre mercado. También preveía un aumento de la cooperación internacional a través de organizaciones supranacionales, lo que contribuiría a un mundo más estable y próspero.
La globalización y la creciente interdependencia de los Estados han traído consigo numerosos retos y movimientos en contra. Entre ellos, el auge del nacionalismo y el proteccionismo, la desconfianza en las instituciones internacionales y la polarización social y política exacerbada por la difusión de las redes sociales y la información falsa. Al mismo tiempo, nos enfrentamos a acuciantes problemas globales, como el cambio climático, las pandemias, la desigualdad económica y la migración masiva, que requieren una mayor cooperación internacional. La cuestión es cómo equilibrar estas tendencias contradictorias y configurar un orden mundial que sea a la vez equitativo y estable. Las teorías de las relaciones internacionales pueden ofrecernos herramientas para comprender estas dinámicas. Por ejemplo, el realismo hace hincapié en los conflictos de intereses y la lucha por el poder entre los Estados, mientras que el liberalismo subraya la importancia de la cooperación internacional y la gobernanza mundial. En última instancia, la dirección que tome el sistema mundial dependerá de las opciones políticas y las acciones de los principales actores de la escena internacional.
Hemos hablado de la internacionalización del sistema internacional, de la globalización y de la expansión del liberalismo, pero también tenemos que hablar de la proliferación de organizaciones internacionales y del creciente recurso a los tribunales.
El papel de las organizaciones internacionales, la judicialización y la integración regional
Este cuadro es un resumen cuantitativo de la proliferación de organizaciones internacionales. Los datos proceden de la Unión de Organizaciones Internacionales, que proporciona estadísticas sobre estas cuestiones. El número de organizaciones internacionales, tanto intergubernamentales como no gubernamentales, ha aumentado con el tiempo. Ello se debe en parte a la globalización y a la creciente necesidad de coordinación y cooperación internacional en una variedad de temas, que van desde la economía y el comercio hasta el medio ambiente, la salud y los derechos humanos. Las OIG, como la ONU, la OMC, la UE, la OTAN, la OMS y otras, desempeñan un papel crucial a la hora de facilitar la cooperación entre Estados. Por otro lado, las ONG, como Amnistía Internacional, Médicos Sin Fronteras, Greenpeace y otras, desempeñan un papel importante en la defensa de determinadas causas y aportan conocimientos especializados y presión para el cambio a escala mundial. El crecimiento de estas organizaciones refleja tanto la creciente complejidad del sistema internacional como la diversidad de los problemas mundiales que deben abordarse.
Quizá el aspecto más apasionante no sea simplemente la creación y proliferación de organizaciones internacionales y ONG, sino la influencia real que pueden ejercer estas instituciones. La cuestión es si surgen como fuerzas políticas autónomas o si, en el caso de las organizaciones intergubernamentales, siguen siendo simplemente plataformas en las que negocian los Estados. En el caso de las ONG, la cuestión se refiere a su papel: ¿son entidades que alzan la voz sin tener ningún impacto político sustancial? El problema reside entonces en evaluar la influencia real de estos actores internacionales.
Medir el impacto de las organizaciones internacionales y las ONG puede hacerse de varias maneras, y dependerá en gran medida del objetivo específico de la organización en cuestión.
- Influir en políticas y leyes: algunas organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Fondo Monetario Internacional (FMI), tienen un impacto significativo en las políticas y normativas de los países miembros. Del mismo modo, algunas ONG, sobre todo las grandes organizaciones internacionales, pueden influir en las políticas llevando a cabo campañas de promoción y facilitando información e investigación sobre cuestiones concretas.
- Resolución de problemas y conflictos: organizaciones como la ONU desempeñan un papel crucial en la resolución de conflictos y la prevención de crisis humanitarias. Su impacto puede evaluarse examinando su capacidad para resolver o mitigar conflictos y prestar ayuda humanitaria cuando es necesario.
- Desarrollo y ayuda humanitaria: Muchas ONG internacionales participan en actividades de desarrollo y ayuda humanitaria. Su impacto puede evaluarse examinando los avances en los ámbitos específicos a los que se dirigen, como la reducción de la pobreza, la mejora del acceso a la educación, la sanidad, etc.
- Participación de las partes interesadas: Las organizaciones internacionales y las ONG también pueden influir movilizando a la opinión pública, sensibilizándola sobre los temas que defienden y estimulando el diálogo y el debate sobre los mismos.
El aspecto potencialmente más significativo no es sólo la aparición y expansión de organizaciones internacionales y ONG. También reside en el impacto concreto que pueden tener estas instituciones. La cuestión es si se convierten en fuerzas políticas independientes o, en el caso de las organizaciones intergubernamentales, sirven simplemente de plataformas para las negociaciones interestatales. En cuanto a las ONG, la cuestión es si son simples actores que hacen oír su voz, sin influir realmente en el panorama político. El reto consiste, pues, en medir el impacto real de estos actores en la escena internacional.
El poder y el impacto de las organizaciones internacionales y las ONG a nivel político es objeto de debate. Por un lado, algunos observadores creen que estas entidades ejercen una influencia sustancial en las políticas mundiales, mientras que otros sostienen que son meros instrumentos en manos de los Estados. En el caso de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas o la Organización Mundial del Comercio, algunos las consideran fuerzas políticas autónomas que pueden dar forma a la política e influir en las decisiones políticas de los Estados miembros. Tienen el potencial de establecer normas, proponer políticas y arbitrar disputas entre Estados. Sin embargo, estas organizaciones se ven a menudo limitadas por su naturaleza intergubernamental, lo que significa que su poder procede en última instancia de los Estados miembros y suele estar limitado por el consenso necesario entre estos para tomar decisiones. Por su parte, las ONG desempeñan un papel cada vez más importante en la gobernanza mundial, que va desde el activismo a la prestación de servicios esenciales, pasando por la defensa de políticas específicas. Sin embargo, su capacidad para influir en las políticas suele ser indirecta. Pueden presionar a gobiernos y empresas, poner de relieve problemas globales y, en ocasiones, aportar soluciones, pero en general no tienen poder para tomar decisiones vinculantes.
El concepto de judicialización se desarrolló para analizar la influencia y el poder de las organizaciones internacionales. Se basa en la idea de que el Derecho y las instituciones judiciales desempeñan un papel cada vez más importante en los asuntos internacionales. Esto puede observarse en la aparición de cortes y tribunales internacionales, así como en el creciente uso del derecho y los procedimientos judiciales en las negociaciones internacionales. Por lo que respecta a las organizaciones intergubernamentales, la judicialización puede evaluarse examinando hasta qué punto las normas internacionales elaboradas por estas organizaciones son vinculantes. En otras palabras, se trata de medir en qué medida estas normas son respetadas por los Estados miembros y cuáles son las consecuencias en caso de incumplimiento. Pensemos, por ejemplo, en las decisiones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si un Estado miembro de la OMC incumple sus normas, puede ser objeto de sanciones comerciales. Esto demuestra cierto grado de judicialización, ya que las normas de la OMC son jurídicamente vinculantes y su incumplimiento tiene consecuencias tangibles.
Para evaluar el grado de obligación que las normas internacionales imponen a los Estados, que son sus principales destinatarios, pueden considerarse tres aspectos distintos:
- El nivel de obligación: En otras palabras, ¿hasta qué punto son vinculantes las normas para los gobiernos? ¿Están formuladas en términos firmes y vinculantes, o tienen más bien la forma de recomendaciones o directrices? El primer aspecto, el "nivel de obligación", se refiere al carácter vinculante de estas normas internacionales para los Estados. No todos los instrumentos internacionales son explícitamente vinculantes. Por ejemplo, la Declaración de los Derechos Humanos de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1948 es explícitamente no vinculante. Sin embargo, algunas normas han adquirido el estatus de "ius cogens", es decir, de derecho vinculante para los Estados, aunque no hayan ratificado el tratado en cuestión. Es el caso, por ejemplo, de las normas que prohíben el genocidio y la tortura, o de la regla de no devolución, que prohíbe devolver a un refugiado a un territorio donde su vida o su libertad estarían amenazadas. A pesar de las violaciones, esto no cuestiona su legitimidad y validez. Entre estos dos extremos, existen diferentes grados de obligaciones vinculadas a las normas internacionales.
- Proliferación de normas internacionales: Se trata de determinar cuántas normas internacionales existen en un ámbito determinado. Una proliferación de normas puede indicar un alto nivel de regulación internacional, pero también puede significar que las normas son complejas y potencialmente contradictorias. El segundo aspecto se refiere a la "proliferación de normas internacionales" y su grado de judicialización y precisión. Se trata de evaluar si estas normas son lo suficientemente generales como para dejar a los Estados un amplio margen de maniobra en su aplicación, o si son tan precisas que pueden aplicarse tal cual, sin necesidad de transposición a nivel nacional. Para ilustrar este punto, tomemos el ejemplo de las negociaciones sobre el clima. El Protocolo de Kioto no imponía ninguna obligación a los países en desarrollo, incluidas las grandes potencias emergentes como China e India. Estados Unidos, aunque firmante de la Convención Marco, no estaba obligado por las normas del Protocolo de Kioto. Las normas del Protocolo eran bastante vagas, ya que sólo especificaban un nivel de emisiones de gases de efecto invernadero para cada Estado signatario, sin indicar cómo debía lograrse esa reducción ni establecer mecanismos de seguimiento y evaluación para verificar el cumplimiento de esas obligaciones. Así pues, el marco establecido por el Protocolo de Kioto era bastante impreciso y dejaba un gran margen de maniobra a los Estados.
- La existencia de un organismo encargado de hacer cumplir las normas: es decir, ¿existe una institución u organización responsable de velar por que los Estados cumplan las normas? Este organismo también puede estar facultado para imponer sanciones en caso de incumplimiento. El tercer aspecto se refiere a la aplicación de las normas internacionales. En otras palabras, ¿hasta qué punto existe un organismo responsable de aplicar y hacer cumplir estas normas si los Estados las incumplen? A escala mundial, no existe ningún tribunal internacional comparable a un tribunal nacional. Aunque existe el Tribunal Internacional de Justicia, sólo puede intervenir si los dos Estados implicados en una disputa acuerdan someterse a un proceso legal; de lo contrario, el Tribunal carece de jurisdicción. Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a un aumento del uso de más procesos legales de resolución de conflictos. Por ejemplo, la Organización Mundial del Comercio (OMC) cuenta con un elaborado sistema que incluye también mecanismos de sanción para los Estados que incumplan las normas comerciales de la OMC. Del mismo modo, el Tribunal Penal Internacional es otro ejemplo de institución jurídicamente fuerte en el ámbito de los derechos humanos, capaz de condenar a individuos por crímenes contra la humanidad como el genocidio y la tortura sistemática. En cuanto a la cuestión climática, cabe preguntarse qué mecanismos se utilizarán para aplicar las nuevas obligaciones de los Estados. ¿Habrá un sistema de presentación de informes entre Estados, en el que cada Estado documente sus medidas a nivel internacional, y estos informes se evalúen después y se hagan recomendaciones? ¿O existirá la posibilidad de imponer sanciones en caso de incumplimiento de determinadas obligaciones y, en tal caso, quién las impondrá? ¿Será un organismo independiente el que tenga esta autoridad? En general, puede decirse que en los últimos veinte años hemos asistido a una tendencia hacia una mayor judicialización de las organizaciones internacionales. Es cierto que muchas organizaciones están bloqueadas, como la OMC por ejemplo, pero este bloqueo también puede deberse al hecho de que estas organizaciones se han vuelto más restrictivas y que los Estados están menos dispuestos a atarse las manos. Tal vez los Estados quieran conservar su flexibilidad, y esto podría indicar una evolución hacia un mayor papel de las organizaciones internacionales.
En cuanto al proceso de toma de decisiones y la fijación de la agenda, es posible aplicar a las relaciones internacionales conceptos similares a los del ciclo político. La fijación de la agenda consiste en determinar qué miembros de una organización tienen capacidad para proponer nuevas normas. Por ejemplo, en la Unión Europea, la Comisión Europea, que funciona independientemente de los Estados miembros, tiene esta capacidad. Se trata de un signo de judicialización avanzada y de supranacionalidad, que no se da sistemáticamente en todas las organizaciones internacionales.
El segundo aspecto se refiere al propio proceso de toma de decisiones. Hay que determinar si las decisiones se toman por consenso, por unanimidad de los Estados o por los Estados solos. Si éste es el caso, puede decirse que la organización internacional produce normas que reflejan la voluntad individual de cada Estado. En este sentido, estas normas son compatibles con el concepto de soberanía de los Estados, ya que cada Estado ha dado voluntariamente su acuerdo a estas normas.
Cuando existe un sistema de votación por mayoría, como ocurre en la Unión Europea o en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, los Estados pueden quedar vinculados por una decisión aunque hayan votado en contra. De este modo, estas instituciones internacionales adquieren un carácter más supranacional, ya que pueden de hecho establecer normas vinculantes para sus miembros, incluso en ausencia de su acuerdo explícito.
Esto plantea una serie de cuestiones interesantes e importantes sobre el funcionamiento de la gobernanza mundial y las tensiones entre soberanía nacional y cooperación internacional. Por ejemplo, ¿es aceptable que un Estado quede vinculado por una decisión a la que se ha opuesto? ¿Cómo se puede proteger a los Estados minoritarios en un sistema así? Esto también puede dar lugar a conflictos entre Estados miembros, especialmente si la decisión adoptada tiene consecuencias importantes para los intereses nacionales. Al mismo tiempo, también es una forma eficaz de tomar decisiones y avanzar en cuestiones complejas y globales.
Al permitir que las decisiones se tomen por mayoría y no por unanimidad, estas instituciones pueden superar los vetos de un pequeño número de Estados y tomar medidas sobre cuestiones urgentes. Esto puede ser especialmente importante en situaciones en las que la inacción o el retraso podrían tener graves consecuencias, como en el caso del cambio climático o las cuestiones de seguridad mundial. Sin embargo, también requiere controles y equilibrios para evitar abusos y garantizar que se tienen en cuenta los intereses de todos los Estados miembros.
La Unión Europea es un buen ejemplo de esta tensión. Las decisiones tomadas por la Comisión Europea y el Parlamento Europeo pueden tener profundos efectos en los Estados miembros, incluso si han votado en contra de esas decisiones. Esto ha dado lugar a debates sobre la soberanía y el poder de estas instituciones, y sobre cómo los Estados miembros pueden influir en las decisiones tomadas a este nivel. El caso del Consejo de Seguridad de la ONU es ligeramente diferente, ya que sus cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) tienen derecho de veto sobre las resoluciones. Esto significa que estos países pueden bloquear cualquier decisión, aunque todos los demás miembros estén de acuerdo. Esto ha sido criticado a menudo por injusto y representativo de una era pasada de la política mundial. Sin embargo, también sirve para proteger los intereses de estas grandes potencias y evitar grandes conflictos. En resumen, la toma de decisiones por mayoría en las organizaciones internacionales es un elemento clave de la cooperación internacional, pero también plantea importantes cuestiones sobre soberanía, representación y equidad.
En el sistema de la Unión Europea (UE), la complejidad se ve agravada por el hecho de que la toma de decisiones no recae únicamente en los Estados miembros reunidos en el Consejo de la Unión Europea, sino que también interviene el Parlamento Europeo, institución colegisladora independiente del Consejo. El Parlamento Europeo es elegido directamente por los ciudadanos de los Estados miembros de la UE, lo que refuerza su legitimidad democrática y su independencia de los gobiernos nacionales. Esto convierte a la Unión Europea en una entidad supranacional única. Ninguna otra organización internacional comparte una estructura de gobierno semejante en la que los ciudadanos tengan un papel directo en la toma de decisiones supranacionales. En este sentido, la UE destaca por su capacidad para trascender la soberanía nacional en determinadas medidas políticas y legislativas.
Relaciones transgubernamentales y transnacionales
La creciente interdependencia de las sociedades y la aparición de problemas transfronterizos han suscitado un interés cada vez mayor por las soluciones conjuntas. Cuanto más globalizadas están las sociedades, más problemas trascienden las fronteras estatales, lo que exige una cooperación más amplia. En consecuencia, la creación de organizaciones internacionales y el desarrollo de normas internacionales son esenciales para hacer frente a estos retos compartidos. Estas organizaciones y normas internacionales permiten no sólo regular los ámbitos de actividad transfronterizos, sino también armonizar las políticas y prácticas de los distintos países. De este modo, contribuyen a una gestión más eficaz de los problemas mundiales, ya se trate del cambio climático, las migraciones, la salud mundial o el comercio internacional. Dicho esto, su eficacia depende de la voluntad de los Estados miembros de cumplir las normas internacionales y adoptar medidas de aplicación a nivel nacional. Sin embargo, la complejidad de las cuestiones globales y la diversidad de los contextos nacionales hacen que esta sea una tarea difícil, lo que subraya la importancia del compromiso continuo de los Estados, las organizaciones internacionales y la sociedad civil a la hora de abordar estos retos globales.
Hemos asistido a una tendencia hacia una mayor judicialización de las organizaciones y normas internacionales. Esta judicialización, es decir, la tendencia a utilizar el derecho y los procedimientos jurídicos para resolver los problemas internacionales, no es uniforme en todos los ámbitos y organizaciones. Sin embargo, el fenómeno está presente y es notable. Desde 1945, hemos asistido no sólo a un aumento del número de organizaciones internacionales y tratados multilaterales, sino también a una tendencia a hacerlos más vinculantes. El objetivo es establecer una disciplina colectiva y reforzar el respeto de los compromisos adquiridos a escala internacional. Sin embargo, la aplicación de estas normas y acuerdos puede variar en función de la adhesión de los países a los mismos, de su capacidad para cumplir los compromisos y de los mecanismos de aplicación y control existentes. A pesar de las importantes dificultades, este avance hacia una mayor judicialización es un signo alentador del esfuerzo mundial por gestionar los problemas internacionales mediante la cooperación y el Derecho internacional.
Otro fenómeno notable en la organización política de los Estados, además de su cooperación en organizaciones intergubernamentales, es la integración regional. En todo el mundo proliferan las iniciativas de integración regional. Por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) representa una iniciativa de este tipo. Sin embargo, este acuerdo es esencialmente económico y se limita a la creación de una zona de libre comercio, sin mayores ambiciones, a diferencia de la Unión Europea, que se extiende a diversas políticas de todo tipo. Es importante señalar que la integración regional puede variar considerablemente en términos de ambición y alcance. Mientras que algunos acuerdos pueden centrarse principalmente en cuestiones económicas, otros, como la Unión Europea, pueden aspirar a una integración más profunda que abarque una amplia gama de políticas y ámbitos de cooperación.
En el sur de América Latina se encuentra MERCOSUR, una organización que reúne a Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela y Bolivia. Aunque también es una zona de libre comercio, MERCOSUR tiene mayores ambiciones. Sus miembros aspiran a una unión aduanera, un mercado común y, posiblemente, una moneda común en el futuro, aunque todavía no es el caso. El MERCOSUR es ambicioso; sus países miembros han desarrollado políticas comunes en materia de medio ambiente, derechos sociales y derechos laborales para sus ciudadanos. El ascenso de los gobiernos de izquierda en los últimos años ha propiciado un giro hacia la esfera social. Sin embargo, con los recientes cambios políticos, especialmente en Argentina y Brasil, este enfoque podría cambiar. No obstante, MERCOSUR sigue siendo una organización consolidada y funcional.
La Unión Africana (UA), creada a principios del nuevo milenio en 2002, es también una importante organización regional. Su predecesora, la Organización para la Unidad Africana, se centró principalmente en la descolonización. La Unión Africana, en cambio, tiene ambiciones mucho más amplias. Se apoya en organizaciones subregionales, como la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO). La UA aspira a una mayor integración económica y política entre sus Estados miembros, inspirándose en parte en el modelo de la Unión Europea. Varias organizaciones subregionales africanas comparten un plan de acción similar, dirigido principalmente a liberalizar el comercio entre sus Estados miembros con vistas a crear un mercado común y, en última instancia, una moneda común. En algunas partes de África ya existen uniones monetarias, aunque a menudo se trata de un legado de la época colonial. La Unión Africana también prevé la unificación de estos diversos mercados comunes subregionales en un mercado común para toda África. Sin embargo, se han producido retrasos en la aplicación de estos planes. Algunos organismos subregionales son más eficaces que otros, pero es interesante observar esta tendencia hacia la organización regional. La Unión Africana no sólo actúa en el ámbito económico, sino también en el de la seguridad. Cuenta con un Consejo de Seguridad que, de forma muy similar al Consejo de Seguridad de la ONU, puede prever la intervención militar en el territorio de sus Estados miembros en caso de crisis, un fenómeno bastante reciente. Así pues, estamos asistiendo a una réplica del sistema de la ONU a escala africana, con distintos grados de eficacia. Este importante fenómeno va más allá de lo que hace la Unión Europea en materia de seguridad.
En el sudeste asiático también encontramos la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), una red de Estados que se han unido para crear un mercado común. Aunque el objetivo inicial era crear esta zona para 2015, aún se está lejos de conseguirlo. Sin embargo, tienen un plan para integrarse no sólo económicamente, sino también cultural y socialmente. Están desarrollando actividades conjuntas, incluido un sistema de intercambios universitarios. El concepto de intercambios culturales y sociales se fomenta mucho en la ASEAN.
También existe el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), una organización de Estados del Golfo que también aspira a establecer una unión monetaria. Además, Vladimir Putin ha lanzado más recientemente la Unión Euroasiática, que reúne a Rusia y a varios antiguos Estados de la URSS. Esta unión aduanera aspira a rivalizar con la Unión Europea, especialmente en el contexto del conflicto ucraniano. La ambición rusa es incluir a Ucrania en esta organización y en este proceso de integración económica dominado por Rusia. Esto sería incompatible con un acuerdo de asociación profunda con la Unión Europea. Por tanto, está claro que estas organizaciones regionales también pueden competir entre sí.
El fenómeno del regionalismo, caracterizado por la aparición y multiplicación de organizaciones regionales, es relativamente reciente y se remonta esencialmente a los años noventa. Es una respuesta a la creciente globalización y a los retos transfronterizos. Las organizaciones regionales proporcionan un marco para que los Estados colaboren y coordinen sus esfuerzos para abordar problemas comunes y transnacionales, ya sean económicos, políticos, medioambientales o relacionados con la seguridad. La idea que subyace al regionalismo es que los países que comparten vínculos geográficos, históricos, culturales o económicos pueden beneficiarse de una cooperación más estrecha. Esto puede traducirse en el establecimiento de mercados comunes, la aplicación de políticas coordinadas o incluso, en algunos casos, la adopción de una moneda única. Es importante señalar que el grado de integración y la naturaleza de los acuerdos varían considerablemente de una organización regional a otra. Por ejemplo, la Unión Europea representa un nivel de integración muy elevado, con una moneda común y una gobernanza supranacional en muchos ámbitos. Otras organizaciones, como ASEAN o MERCOSUR, están menos integradas, pero persiguen objetivos de cooperación económica y política. Sin embargo, a pesar de su crecimiento y potencial, las organizaciones regionales se enfrentan a numerosos retos, sobre todo en lo que respecta a la coordinación entre los Estados miembros, el cumplimiento de los compromisos y la gestión de los conflictos.
A pesar del aumento general de la judicialización y la integración a través de las organizaciones internacionales, existe un cierto hastío con el actual sistema multilateral. Organizaciones como la OMC y la ONU encuentran a menudo dificultades para hacer avanzar sus programas debido a los bloqueos y conflictos entre los Estados miembros. Al mismo tiempo, sin embargo, estamos asistiendo a un aumento de la cooperación a un nivel más micro, a menudo denominada "diplomacia de redes" o "diplomacia de segunda vía". Se trata de la interacción y colaboración directas entre tecnócratas, burocracias y departamentos administrativos de distintos países. Por ejemplo, los ministerios de medio ambiente o educación de distintos países pueden colaborar directamente en iniciativas concretas, independientemente de las posiciones oficiales de sus respectivos gobiernos. Estos tipos de colaboración pueden ser a menudo más ágiles y eficaces para resolver problemas concretos, debido a su naturaleza más tecnocrática y menos politizada.
Existe una tendencia creciente a la colaboración entre diversas entidades no gubernamentales, como organizaciones no gubernamentales (ONG), organismos de investigación, empresas e incluso particulares. Estos actores trabajan juntos en problemas internacionales comunes, a menudo de manera informal y flexible, intercambiando información, buenas prácticas y recursos. Este tipo de cooperación, a veces denominada "diplomacia de la sociedad civil", puede ser una parte crucial de la arquitectura internacional. Estas redes internacionales, ya sean formales o informales, son importantes porque permiten que un abanico más amplio de actores participe en la resolución de problemas internacionales. También pueden proporcionar plataformas para el intercambio de información, la creación de consenso y la aplicación de políticas a un nivel que las organizaciones intergubernamentales formales tal vez no puedan alcanzar. No obstante, hay que subrayar que estas redes no son una panacea. Aunque pueden desempeñar un papel importante en la resolución de problemas internacionales, no pueden sustituir por completo el papel de los Estados y las organizaciones internacionales formales. Estas entidades tienen poder legal para tomar decisiones vinculantes, aplicar normas y adoptar sanciones que van más allá de lo que pueden hacer las redes no gubernamentales.
El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea es un excelente ejemplo de organización transnacional que ejerce una influencia considerable sobre la regulación de las finanzas internacionales. Fundado en 1974 por los bancos centrales de los países del G10, el Comité de Basilea emite recomendaciones sobre regulación bancaria con el objetivo de mejorar la estabilidad del sistema financiero mundial. Elaboró los Acuerdos de Basilea, una serie de recomendaciones sobre regulación bancaria y normas de supervisión. Aunque estas normas no son jurídicamente vinculantes, tienen una influencia considerable, ya que suelen ser adoptadas por los bancos centrales y los reguladores nacionales de todo el mundo. El Comité de Basilea desempeñó un papel clave en la respuesta a la crisis financiera mundial de 2008. En respuesta, desarrolló las normas conocidas como Basilea III, que endurecieron los requisitos de capital y liquidez de los bancos e introdujeron nuevas regulaciones para mejorar la gestión del riesgo bancario. Sin embargo, la pertenencia al Comité de Basilea se ha limitado tradicionalmente a los bancos centrales de los países desarrollados. Esto ha dado lugar a críticas sobre la representatividad y equidad del comité, aunque se han hecho esfuerzos para incluir a representantes de países en desarrollo, como China. El ejemplo del Comité de Basilea ilustra el importante papel que pueden desempeñar las organizaciones transnacionales en la regulación de asuntos internacionales, pero también los retos a los que se enfrentan en términos de representatividad y legitimidad.
Estas normas suelen describirse como "derecho indicativo", que no tiene la fuerza jurídica vinculante del "derecho duro". Sin embargo, aunque no son jurídicamente vinculantes, estas normas pueden ejercer una fuerte presión política y social sobre los Estados para que las adopten y apliquen. Estas normas, elaboradas en redes transgubernamentales como el Comité de Basilea, pueden llegar a ser muy influyentes, sobre todo en ámbitos en los que la cooperación internacional es esencial para resolver problemas comunes. Por ejemplo, además de la regulación financiera, también podemos ver este tipo de normas en ámbitos como el medio ambiente, la salud pública y las normas laborales. Estas normas informales pueden desempeñar un papel clave en la regulación internacional. Por ejemplo, pueden servir de base para la elaboración de tratados internacionales más formales. Además, incluso en ausencia de un tratado formal, estas normas pueden contribuir a crear un consenso internacional sobre determinadas cuestiones y orientar el comportamiento de los Estados.
La cooperación internacional y las relaciones interestatales han evolucionado mucho más allá de la interacción diplomática formal entre Estados. Ahora implican a una multitud de actores, como organizaciones no gubernamentales, empresas multinacionales, organizaciones internacionales y redes políticas transnacionales. Estos actores operan a menudo al margen de los canales diplomáticos formales, pero pueden desempeñar un papel importante en la resolución de problemas globales y en el establecimiento de la agenda política internacional. También es importante señalar el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación en la cooperación internacional. Internet y los medios sociales han permitido a individuos y grupos de todos los tamaños y ubicaciones geográficas participar en los debates políticos internacionales. Esto ha llevado a una democratización parcial de la política internacional, ya que los ciudadanos de a pie pueden ahora influir en las decisiones políticas internacionales. En resumen, para comprender la complejidad de la cooperación internacional y las relaciones interestatales en la actualidad, es crucial mirar más allá de las interacciones diplomáticas tradicionales y considerar la multitud de actores y procesos que configuran el mundo político internacional.
La forma en que las nuevas potencias emergentes se integran en el sistema internacional es una cuestión de crucial importancia. Estos países no son simples participantes pasivos en la escena internacional, sino que son cada vez más activos a la hora de establecer la agenda mundial. Lo hacen no sólo a través de canales diplomáticos formales, sino también a través de redes transgubernamentales informales, donde a veces pueden encontrar oportunidades de cooperación más productivas. Estas relaciones transgubernamentales pueden ser más matizadas y complejas que las relaciones diplomáticas formales, ya que implican a un abanico mucho más amplio de actores. A veces pueden ser más cordiales y productivas, ya que permiten una forma de diálogo más informal y técnica. Sin embargo, también suelen ser fragmentarias y depender de la cuestión específica o del área técnica de que se trate. Es esencial comprender que los Estados ya no están simplemente representados por sus dirigentes o ministros de Asuntos Exteriores en la escena internacional. En su lugar, actúan cada vez más a través de sus subunidades, como ministerios especializados, agencias gubernamentales e incluso agentes no estatales. Esta tendencia hacia una participación más descentralizada y diversificada en la gobernanza mundial refleja la creciente complejidad del sistema internacional y la necesidad de un enfoque más multidimensional de la cooperación internacional.
Hoy en día, la gestión de los asuntos internacionales va mucho más allá de los intercambios diplomáticos formales. Muchos actores dentro de los Estados -incluidos diversos organismos gubernamentales, reguladores, autoridades locales e incluso parlamentos- participan activamente en los asuntos internacionales. Por ejemplo, los parlamentos pueden participar en foros internacionales, mientras que las agencias gubernamentales pueden colaborar con sus homólogos extranjeros en cuestiones técnicas específicas. Este proceso de desagregación refleja la creciente complejidad del mundo moderno. Muchos de los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día -como el cambio climático, el terrorismo o las pandemias- no pueden ser resueltos por un solo Estado que actúe en solitario. Al contrario, requieren la cooperación transnacional e implican a multitud de actores. Además, esto también refleja la creciente interdependencia de los Estados en nuestro mundo globalizado. Las medidas adoptadas en un país pueden tener un impacto significativo en otros países, lo que hace necesaria la coordinación y la cooperación internacionales.
Evaluar la influencia de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG)
El término "relaciones transnacionales" o "transnacionalismo" hace referencia a la multiplicación e intensificación de los intercambios entre actores no gubernamentales a través de las fronteras nacionales. Estos actores pueden ser empresas multinacionales, ONG, movimientos sociales, redes científicas o incluso individuos. En el contexto del transnacionalismo, los Estados ya no son los únicos actores de la escena internacional. Los actores no gubernamentales desempeñan un papel cada vez más importante en la definición y aplicación de las políticas internacionales. Por ejemplo, las ONG pueden influir en las políticas internacionales sobre cuestiones como los derechos humanos o el cambio climático presionando a los gobiernos y las organizaciones internacionales, organizando campañas de sensibilización y aportando conocimientos técnicos.
El transnacionalismo también puede darse junto a las relaciones interestatales tradicionales. Por ejemplo, las empresas multinacionales pueden llevar a cabo actividades comerciales más allá de las fronteras nacionales al tiempo que se rigen por acuerdos comerciales internacionales negociados entre Estados. Del mismo modo, las ONG pueden trabajar a escala internacional al tiempo que colaboran con gobiernos y organizaciones internacionales. Esto significa que la gestión de los asuntos internacionales es cada vez más compleja y requiere comprender las interacciones entre una gran variedad de actores a distintos niveles.
La terminología "ONG" (Organización No Gubernamental) es bastante amplia y puede abarcar multitud de organizaciones con diferentes objetivos, estructuras y métodos de trabajo. En general, una ONG es una organización sin ánimo de lucro que opera con independencia del gobierno. Las ONG pueden actuar en muchos campos, como los derechos humanos, la educación, la sanidad, el desarrollo sostenible, etc. La ONU ha establecido una serie de criterios para acreditar a las ONG. Estos criterios suelen estar relacionados con la misión, los objetivos y el funcionamiento de la organización. Por ejemplo, para ser reconocida por la ONU, una ONG debe generalmente:
- Tener objetivos y metas coherentes con los de la ONU.
- Operar de forma transparente y democrática
- tener un impacto a escala nacional o internacional
- Tener una estructura organizativa definida
- Tener fuentes de financiación transparentes
Una vez acreditada, una ONG puede asistir a determinadas reuniones de la ONU, presentar declaraciones escritas u orales, participar en debates, colaborar con los Estados miembros y otros actores, y tener acceso a la información y los recursos de la ONU. La acreditación de una ONG por parte de la ONU no significa necesariamente que la ONU apoye o apruebe las acciones de la ONG. Es simplemente un reconocimiento de la capacidad de la ONG para contribuir a los debates y procesos de la ONU.[[File:Lavenex intro SP measure influence NGO that is not ong.png|400px|thumbnail|focused|¿Quién no es una ONG?]
La diversidad de organizaciones que pueden alcanzar el estatus de ONG refleja la complejidad y variedad de problemas a los que se enfrenta el mundo. Incluye organizaciones centradas en temas como el desarrollo, la salud, la educación, los derechos humanos, el medio ambiente, etc. Sin embargo, es importante subrayar que no todas las organizaciones de la lista, como la Yakuza o Nestlé, tienen estatus de ONG. La Yakuza, por ejemplo, es una organización criminal y Nestlé es una multinacional. Estas entidades son muy diferentes de las típicas organizaciones sin ánimo de lucro que constituyen la mayoría de las ONG. La ONU tiene un estricto procedimiento de acreditación de ONG, que garantiza que las organizaciones reconocidas como tales realizan actividades que cumplen los objetivos y principios de la ONU. En cualquier caso, esta observación pone de manifiesto la variedad de actores en la escena internacional, así como la complejidad de las relaciones e interacciones entre estos diferentes actores. También muestra la importancia de estas organizaciones en el proceso internacional de toma de decisiones, y cómo pueden influir en las políticas y normas a escala mundial.
Los criterios mencionados son esenciales para garantizar que las organizaciones no gubernamentales (ONG) reconocidas por la ONU cumplen unas normas mínimas de gobernanza, independencia e integridad. También garantizan que estas organizaciones tienen una misión y unos objetivos acordes con los de la ONU, lo que permite una colaboración fructífera. Además, estos criterios establecen una importante distinción entre las ONG y otros tipos de organizaciones, como las empresas con ánimo de lucro y las entidades gubernamentales. También garantizan que las ONG rindan cuentas y sean transparentes en sus operaciones, respetando al mismo tiempo los principios democráticos. Aunque estos criterios son útiles para la acreditación de la ONU, no se aplican necesariamente a todas las ONG del mundo. La definición y el estatuto de las ONG pueden variar de un país a otro, en función de la legislación nacional. En cualquier caso, la diversidad de ONG que operan en todo el mundo, en términos de tamaño, alcance y misión, es una ilustración de la complejidad y variedad de los problemas globales a los que nos enfrentamos. Cada ONG desempeña un papel crucial aportando su experiencia única y trabajando en temas específicos, contribuyendo al esfuerzo global por mejorar la vida de las personas en todo el mundo.
Si partimos de la base de que las organizaciones no gubernamentales (ONG) ejercen una influencia significativa en la política internacional, resulta interesante examinar las distintas fases del proceso político en las que estas organizaciones pueden intervenir. Con el fin de poner de relieve un tema o iniciar un debate sobre una cuestión concreta, estas organizaciones pueden actuar tanto fuera como dentro del marco político formal. Externamente, las ONG pueden organizar actos o campañas de sensibilización para llamar la atención del público y de los medios de comunicación sobre un tema determinado. Además, pueden participar en actividades educativas e informativas para ampliar la comprensión pública de cuestiones concretas. En la esfera política, pueden recurrir a grupos de presión y a la presentación de investigaciones, estudios e informes en profundidad a los responsables políticos. Estos esfuerzos pueden contribuir a configurar la política, influir en la opinión de los responsables políticos y orientar las decisiones en una dirección coherente con sus objetivos y misiones.
En la fase de elaboración de políticas y normas, la experiencia de las ONG puede desempeñar un papel clave a la hora de influir en estos procesos. De hecho, la Carta de las Naciones Unidas y los estatutos del ECOSOC (Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas) ofrecen a las ONG diversas oportunidades de contribuir, tanto por escrito como oralmente. También pueden participar como parte de las delegaciones nacionales, lo que significa que los representantes oficiales de las ONG tienen acceso a casi todos los foros y procesos de toma de decisiones. También es habitual que las ONG ayuden a financiar las delegaciones nacionales y apoyen a las delegaciones de países que no disponen de medios para participar plenamente en las negociaciones internacionales. Esto es especialmente relevante para los países en desarrollo, donde el coste de viajar a las negociaciones internacionales puede ser prohibitivo, por no hablar de los conocimientos necesarios para participar eficazmente. Por ello, las ONG pueden desempeñar un papel importante en la fase de elaboración de políticas, reforzando la capacidad negociadora de las delegaciones nacionales.
En la fase de toma de decisiones, el papel de las ONG se manifiesta principalmente a través de los grupos de presión. También ejercen una influencia indirecta a través de su representación en las delegaciones nacionales. Desempeñan un papel aún más crucial en la fase de aplicación de las políticas, en particular mediante la elaboración de informes sobre el cumplimiento de las normas internacionales. Muchas ONG son conocidas por su experiencia en la redacción de estos informes y disponen de recursos muy específicos. Por ejemplo, Amnistía Internacional, como organización no estatal, tiene acceso a determinadas instituciones y personas que serían inaccesibles para los Estados. Amnistía Internacional puede, por ejemplo, obtener autorización para visitar prisiones en terceros países a fin de verificar el respeto de los derechos humanos en cuanto a las condiciones de detención y examinar en qué medida se recurre o no a la tortura en esas instituciones. Esto sería impensable para otro Estado, como una visita a una prisión en Afganistán, ya que violaría el principio de no injerencia. Aunque el acceso a estos recursos siempre se negocia, a los actores privados generalmente les resulta más fácil obtenerlos y, por tanto, disponen de recursos muy específicos para cumplir su misión.
El proceso de "nombrar y avergonzar", utilizado a menudo por las ONG en su labor de defensa, consiste en denunciar públicamente a los Estados u otras entidades que violan las normas u obligaciones internacionales. El objetivo de este enfoque es presionar a los infractores para que cambien su comportamiento. Al exponer sus acciones a la opinión pública, se pretende provocar la vergüenza suficiente para impulsar el cambio. Tomemos el ejemplo de las violaciones de los derechos humanos. Si un Estado es constantemente identificado y criticado por no respetar los derechos humanos, la presión internacional y la atención mediática resultantes pueden obligarle a revisar sus prácticas. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch utilizan a menudo esta estrategia en su trabajo. Sin embargo, la eficacia de este método depende en gran medida de una serie de factores. Por ejemplo, un Estado puede ser más sensible a la vergüenza si su imagen internacional es importante para él. Además, el impacto de este método también depende del peso de los medios de comunicación y de la opinión pública del país en cuestión. Además, las ONG desempeñan un papel clave en la evaluación de las prácticas estatales. Pueden llevar a cabo investigaciones y estudios independientes, presentar informes detallados sobre los problemas detectados y vigilar de cerca el cumplimiento de las normas internacionales por parte de los Estados. Esto contribuye a mantener la transparencia y a exigir a los Estados que rindan cuentas de sus actos. En conclusión, el papel de las ONG en la denuncia y la evaluación es crucial para defender las normas internacionales. Sin embargo, la eficacia de estos esfuerzos depende de muchos factores, como la sensibilidad de los Estados hacia su reputación internacional y el peso de los medios de comunicación y la opinión pública.
Estudio de caso: Acceso de las ONG a las organizaciones internacionales de 1950 a 2010 en distintos ámbitos
La interacción entre las organizaciones internacionales (OI) y las organizaciones no gubernamentales (ONG) ha suscitado un gran interés en la investigación sobre relaciones internacionales. Esta interacción ha evolucionado con el tiempo, tanto en cantidad como en calidad, sobre todo desde los años cincuenta. En las primeras décadas posteriores a 1950, la mayoría de las ONG tenían estatuto de observador en las OI. Su función principal era proporcionar información y conocimientos valiosos a los gobiernos. Por lo general, se les consultaba sobre cuestiones concretas, pero no tenían poder de decisión. Sin embargo, a partir de los años ochenta y, sobre todo, de los noventa, las ONG empezaron a desempeñar un papel mucho más activo en la gobernanza internacional. Su número aumentó considerablemente y empezaron a participar de forma más directa y sustancial en los procesos de toma de decisiones de las OI. Hoy en día, las ONG pueden influir en las OI de varias maneras. Por ejemplo, pueden contribuir a la formulación de políticas proporcionando información, análisis y recomendaciones. También pueden participar en la elaboración de normas internacionales, proponiendo enmiendas o participando en grupos de trabajo. Además, algunas ONG han adquirido considerables conocimientos técnicos y jurídicos, lo que les permite contribuir de manera significativa a las negociaciones internacionales. También pueden ayudar a supervisar la aplicación de las decisiones tomadas por las OI, por ejemplo denunciando las violaciones de las normas internacionales.
El artículo de Jonas Tallberg, "Governance Problems, Policy Approaches, and Institutional Design", ofrece un análisis en profundidad de cómo las ONG obtuvieron un acceso cada vez mayor a las organizaciones internacionales (OI) en diversos ámbitos políticos entre 1950 y 2010.[6] El artículo ofrece una interesante visión general de las tendencias, los retos y las oportunidades de la participación de las ONG en la gobernanza mundial. Tallberg señala que el acceso de las ONG a las OI ha cambiado significativamente a lo largo de este periodo. En 1950, las ONG tenían un acceso muy limitado a las OI. Sin embargo, con el tiempo este acceso se ha ido ampliando gradualmente, tanto en lo que se refiere al número de ONG participantes como a la diversidad de ámbitos políticos en los que actúan. El artículo también examina los retos y obstáculos a los que se enfrentan las ONG cuando intentan influir en la política internacional. Por ejemplo, a pesar de su mayor acceso, las ONG pueden seguir encontrando resistencia por parte de los Estados miembros de la OI, que pueden ver su participación como una amenaza para su propia influencia. Por último, Tallberg ofrece algunas ideas sobre cómo podría mejorarse en el futuro el acceso de las ONG a las OI. Sugiere que el diseño institucional de las OI podría modificarse para facilitar una participación más activa de las ONG. Por ejemplo, las OI podrían adoptar normas más transparentes e inclusivas para la participación de las ONG, o establecer mecanismos específicos para facilitar su participación. El artículo de Tallberg proporciona un valioso análisis de la evolución de la relación entre las ONG y las OI, y ofrece elementos de reflexión para el futuro de la gobernanza mundial.
Este gráfico es una herramienta útil para visualizar la evolución de la participación de las ONG en distintos ámbitos de la política internacional desde 1950 hasta 2010. Ofrece una visión general de cómo se ha ampliado el alcance de la participación de las ONG en diversos sectores a lo largo del tiempo. El eje horizontal, que representa la línea temporal de 1950 a 2010, nos permite seguir las tendencias a lo largo del tiempo. El eje vertical aparece dividido en distintas categorías que representan los diversos sectores políticos, desde la seguridad y el medio ambiente hasta el comercio y el desarrollo. Por ejemplo, el sector del desarrollo podría incluir a las ONG que trabajan en cuestiones como la reducción de la pobreza, la educación y la sanidad en los países en desarrollo. El sector del medio ambiente podría incluir ONG que se centran en cuestiones como el cambio climático, la conservación de la biodiversidad o la sostenibilidad. Del mismo modo, el sector del comercio podría incluir ONG centradas en cuestiones de política comercial, mientras que el sector de la seguridad podría incluir ONG centradas en cuestiones como el desarme, la no proliferación o la resolución de conflictos. Este gráfico ofrece una visión general de la evolución de la participación de las ONG en los distintos sectores. Permite identificar tendencias clave, como el aumento de la participación de las ONG en determinados ámbitos o la aparición de nuevas áreas de compromiso para las ONG a lo largo del tiempo.
También han contabilizado y analizado las condiciones de acceso de las ONG a estas organizaciones, estableciendo un índice que puede tomar un valor máximo de 2,5. El índice, que puede alcanzar un valor máximo de 2,5, es una herramienta cuantitativa utilizada para medir el nivel de acceso de las ONG a diferentes organizaciones internacionales. Este índice puede determinarse en función de varios criterios, como la capacidad de las ONG para participar en reuniones, presentar documentos, intervenir en reuniones o tomar parte en procesos formales de toma de decisiones. Un índice más alto significaría un acceso más amplio y profundo de las ONG a una determinada organización internacional, mientras que un índice más bajo indicaría un acceso limitado. Analizando estos índices en diferentes organizaciones y sectores políticos, y a lo largo de un periodo de tiempo, los investigadores pueden identificar tendencias clave y hacer valiosas observaciones sobre el cambiante papel de las ONG en la gobernanza internacional. Es importante señalar que el acceso no siempre se traduce en influencia. Aunque el acceso puede permitir a las ONG hacer oír su voz y compartir sus perspectivas y conocimientos, el impacto real de sus contribuciones en las decisiones políticas puede variar en función de diversos factores, como la apertura de la organización a las opiniones de las ONG, la pertinencia y calidad de las contribuciones de las ONG y el contexto político más amplio.
La participación activa de las organizaciones no gubernamentales (ONG) es especialmente marcada en el ámbito de los derechos humanos. Estas ONG desempeñan un papel crucial a la hora de poner de relieve las violaciones de los derechos humanos, defender a las víctimas e influir en las políticas y normas internacionales. De hecho, la creciente presencia de las ONG en el ámbito de los derechos humanos puede explicarse por varios factores. En primer lugar, las violaciones de los derechos humanos suelen ser el resultado de políticas estatales, y las ONG pueden actuar como un importante contrapeso, poniendo de relieve estos abusos y presionando para que se produzcan cambios. En segundo lugar, el ámbito de los derechos humanos es de alcance universal, pues afecta a todas las personas independientemente de su nacionalidad o estatus. Esto confiere a las ONG legitimidad y relevancia mundiales.
En cambio, en el ámbito del medio ambiente, aunque importante, la participación de las ONG en las organizaciones internacionales ha sido menor. Esto puede deberse a diversas razones, como la complejidad científica y técnica de los problemas medioambientales, los conflictos de intereses económicos y políticos o la dificultad de conciliar los intereses y perspectivas de las distintas partes interesadas. Sin embargo, dada la creciente urgencia de problemas medioambientales como el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, cabe esperar una mayor implicación de las ONG en este campo en el futuro.
El papel de las ONG en el ámbito medioambiental es a veces menos visible dentro de las organizaciones internacionales formales. Esto se debe a varias razones. En primer lugar, hay menos organizaciones internacionales con un amplio mandato medioambiental. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), por ejemplo, tiene un papel más consultivo que regulador. En segundo lugar, las cuestiones medioambientales suelen tratarse en el marco de tratados internacionales específicos, como el Acuerdo de París sobre el Clima, y no a través de organizaciones internacionales permanentes. Esto significa que el papel de las ONG puede consistir más en influir en la formulación de estos tratados, abogar por su aplicación y supervisar su cumplimiento. En tercer lugar, muchos de los problemas medioambientales más acuciantes son complejos y requieren enfoques multidisciplinares y multisectoriales. Por ello, las ONG de medio ambiente suelen actuar en diversas organizaciones y foros, desde locales hasta internacionales, y pueden colaborar con agentes de distintos sectores, como el empresarial, el académico y el gubernamental. Por último, las ONG medioambientales también pueden desempeñar un papel importante fuera de las estructuras formales, por ejemplo sensibilizando a la opinión pública, presionando a gobiernos y empresas y trabajando directamente sobre el terreno en proyectos de conservación y sostenibilidad. Aunque esto puede no reflejarse en su presencia en las organizaciones internacionales, no disminuye en absoluto la importancia de su contribución a la gobernanza medioambiental mundial.
Conclusión: Transformación del sistema internacional
Para resumir esta sección sobre la internacionalización y el sistema internacional, en la cúspide de la pirámide tenemos las relaciones intergubernamentales formales y diplomáticas. Se trata de interacciones entre representantes de Estados que trabajan para desarrollar el Derecho internacional. En los últimos años, hemos asistido a una cierta judicialización de estos procesos, con un énfasis cada vez mayor en la aplicación de la ley y la resolución de conflictos a través de mecanismos jurídicos. Por debajo de este nivel, encontramos una miríada de interacciones transgubernamentales y transnacionales. Las relaciones transgubernamentales implican a actores estatales que actúan de forma más independiente, al margen de los canales diplomáticos tradicionales, mientras que las relaciones transnacionales implican a actores no estatales, como organizaciones no gubernamentales y empresas. Aunque estos niveles se presentan jerárquicamente, no están aislados unos de otros, sino que están interconectados y a menudo se solapan. Por ejemplo, las ONG pueden influir en las negociaciones intergubernamentales a través de grupos de presión y la difusión de información, mientras que las decisiones adoptadas a nivel intergubernamental pueden, a su vez, dar forma a las actividades de los actores transgubernamentales y transnacionales. En conjunto, esta estructura ilustra la complejidad y diversidad de las interacciones dentro del sistema internacional moderno.
Para comprender plenamente el sistema internacional contemporáneo, es imprescindible no sólo centrarse en las relaciones interestatales formales, sino también tener en cuenta las relaciones transgubernamentales y transnacionales. Las relaciones transgubernamentales se refieren a las interacciones entre partes de distintos Estados, a menudo a nivel de burocracias, que actúan con mayor independencia de sus dirigentes políticos centrales. Por ejemplo, reguladores, funcionarios o agencias gubernamentales de distintos países pueden colaborar informalmente para resolver problemas comunes o coordinar políticas. Del mismo modo, las relaciones transnacionales se refieren a las interacciones entre entidades no gubernamentales que operan más allá de las fronteras nacionales, como empresas multinacionales, organizaciones no gubernamentales, grupos de la sociedad civil e incluso particulares. Ambos tipos de relaciones desempeñan un papel cada vez más importante en la gobernanza internacional, y a menudo intervienen en ámbitos clave como las normas mundiales, la protección del medio ambiente o los derechos humanos, entre otros. Por tanto, para entender cómo funciona el sistema internacional contemporáneo, necesitamos ampliar nuestra mirada para incluir estas formas de interacción además de las relaciones tradicionales entre Estados.
Las tres grandes perspectivas teóricas sobre el sistema internacional
Existe una pluralidad de opiniones y teorías en el ámbito de las relaciones internacionales sobre el efecto de la internacionalización en el principio de soberanía estatal. Estas perspectivas tratan de determinar si esta tendencia global representa un desafío sustancial para la soberanía estatal tradicional. También se preguntan si estamos asistiendo a una transformación en la que la soberanía se comparte gradualmente a través de las instituciones internacionales, y si esto podría conducir a la aparición de una especie de sociedad global. Estos puntos de vista son variados y constituyen la base de las principales nociones de los tres grandes paradigmas teóricos de las relaciones internacionales.
Neorrealismo
John Mearsheimer, un importante teórico del neorrealismo, exploró en profundidad los límites de las instituciones internacionales en su artículo de 1994, "La falsa promesa de las instituciones internacionales" [7] En este ensayo, Mearsheimer articula la visión neorrealista de que las instituciones internacionales son esencialmente herramientas al servicio de los Estados más poderosos: "Los realistas... reconocen que los Estados a veces operan a través de instituciones. Sin embargo, creen que esas normas reflejan cálculos estatales de interés propio basados principalmente en la distribución internacional del poder. Los Estados más poderosos del sistema crean y dan forma a las instituciones para poder mantener su cuota de poder mundial, o incluso aumentarla. Desde este punto de vista, las instituciones son esencialmente "escenarios para representar relaciones de poder"... las instituciones reflejan en gran medida la distribución de poder en el sistema". Destaca las limitaciones de las instituciones internacionales".
Mearsheimer admite que los Estados actúan a veces a través de las instituciones. Sin embargo, en su opinión, estas normas e interacciones reflejan principalmente los cálculos de interés propio de los Estados, basados en gran medida en la distribución internacional del poder. En otras palabras, los Estados más poderosos crean y dan forma a las instituciones internacionales para mantener, o incluso aumentar, su cuota de poder mundial. Desde esta perspectiva, Mearsheimer considera que las instituciones internacionales son esencialmente "arenas de juego de las relaciones de poder". Reflejan la distribución del poder en el sistema internacional, en lugar de ser entidades independientes capaces de influir o regular eficazmente el comportamiento de los Estados. Este punto de vista ofrece una crítica incisiva de la idea de que las instituciones internacionales pueden ser un vehículo para el orden mundial cooperativo o un medio para superar la anarquía fundamental del sistema internacional. Por el contrario, según Mearsheimer, los Estados poderosos las instrumentalizan en gran medida para promover sus propios intereses, lo que limita su capacidad para actuar como factores de equilibrio o estabilización en las relaciones internacionales.
Los pensadores realistas, aunque aceptan la existencia de instituciones internacionales, consideran que son ante todo un reflejo de la jerarquía de poder mundial, o de la distribución del poder entre los Estados. Estas instituciones, según la perspectiva realista, permanecen en gran medida bajo el control de los Estados más poderosos, que las apoyan mientras sirvan a sus intereses. Cuando dejan de ser útiles, estos Estados poderosos pueden optar por no respetarlas más, porque no existe ninguna fuerza internacional vinculante capaz de garantizar que se respeten una vez que estos Estados ya no están satisfechos con ellas. Así pues, desde un punto de vista realista, la pertinencia y la influencia de las organizaciones internacionales dependen del apoyo de las grandes potencias. Por otra parte, los Estados dominantes pueden utilizar estas instituciones internacionales como palancas para imponer ciertas normas a los Estados menos poderosos. Estas normas suelen ser las que favorecen los intereses de las potencias dominantes. De este modo, las instituciones internacionales pueden convertirse en una herramienta a través de la cual los Estados influyentes pueden ejercer su poder y moldear el mundo según sus propios intereses. El impacto de las organizaciones internacionales depende en gran medida del apoyo de las grandes potencias que las respaldan. Las instituciones no son independientes, sino más bien herramientas a merced de Estados influyentes, listas para ser utilizadas para hacer avanzar sus agendas globales.
Es observable que los Estados se desentienden de ciertos debates cuando no sirven a sus intereses. Tomemos, por ejemplo, el caso de Estados Unidos, que decidió no participar en el Protocolo de Kioto. Esta decisión se debió en gran medida al hecho de que las naciones emergentes no se veían constreñidas por este marco institucional. En consecuencia, Estados Unidos previó los efectos negativos y los costes que tendría si participaba. En consecuencia, optó por no participar en este proceso. En el caso de la Corte Penal Internacional (CPI), Estados Unidos también manifestó su oposición. Su reticencia se debe a la negativa a someterse a una entidad supranacional que podría incriminar a ciudadanos estadounidenses por crímenes contra la humanidad. Este es otro ejemplo de cómo los Estados poderosos pueden optar por no cumplir con las instituciones internacionales cuando perciben que su participación podría ir en contra de sus intereses nacionales.
La decisión de las grandes potencias de participar o no en las instituciones internacionales se basa en una evaluación estratégica de sus propios intereses. Estos intereses pueden ser políticos, económicos o de seguridad. Esta perspectiva coincide con el realismo en las relaciones internacionales, que ve a los Estados como actores racionales que persiguen sus intereses nacionales en un entorno anárquico. Por ejemplo, un país poderoso puede optar por participar en una organización internacional si ello le permite ejercer influencia sobre otros países, configurar las reglas y normas internacionales en su beneficio o cosechar beneficios económicos. Al mismo tiempo, dicha participación también puede proporcionar un mecanismo para resolver disputas con otros Estados de forma pacífica y estructurada. Por otro lado, si una institución internacional se percibe como contraria a los intereses de una gran potencia, ésta puede optar por no participar o incluso oponerse a ella. Este es el caso de Estados Unidos, que decidió no participar en el Protocolo de Kioto y oponerse a la Corte Penal Internacional, por temor a que estas instituciones perjudicaran sus intereses nacionales. Pero la abstención o la oposición a las instituciones internacionales también pueden tener consecuencias, sobre todo en términos de imagen internacional, relaciones diplomáticas o presión de la comunidad internacional. Por ello, las grandes potencias deben sopesar constantemente las ventajas e inconvenientes de su participación en las instituciones internacionales.
Liberalismo
El liberalismo en las relaciones internacionales se centra en la noción de interdependencia entre Estados y sostiene que esta creciente interdependencia fomenta una cooperación mutuamente beneficiosa. Esta cooperación se considera racional y beneficiosa para todos los Estados, ya que puede generar ganancias mutuas y ayudar a resolver problemas transfronterizos. Por ejemplo, en el ámbito del comercio, una mayor cooperación puede facilitar el libre comercio, lo que puede estimular el crecimiento económico y crear beneficios para todos los participantes. Del mismo modo, ante retos medioambientales como el cambio climático, la acción colectiva es necesaria para lograr resultados efectivos, ya que estos retos no pueden ser resueltos por un solo Estado. Además, los liberales sostienen que las instituciones internacionales desempeñan un papel clave a la hora de facilitar esta cooperación, proporcionando un marco para las negociaciones, estableciendo reglas y normas de comportamiento y ayudando a resolver disputas. Así pues, el liberalismo considera que las instituciones internacionales no son instrumentos de poder de los Estados más fuertes, sino actores importantes por derecho propio, capaces de configurar las relaciones internacionales y fomentar la cooperación entre los Estados.
A pesar de la creciente interdependencia y del interés mutuo por la cooperación, ésta no se produce de forma espontánea ni fácil. Hay una serie de obstáculos a la cooperación, como intereses divergentes, problemas de comunicación, dificultades de coordinación y el riesgo de comportamientos oportunistas o de "parasitismo" en los que un Estado se beneficia de los esfuerzos de otros sin contribuir él mismo. Aquí es donde entran en juego las instituciones internacionales. Pueden ayudar a superar estos obstáculos y facilitar la cooperación. Por ejemplo, pueden proporcionar un foro para la negociación y el diálogo, ayudar a crear confianza entre los Estados, promover la transparencia y la responsabilidad, coordinar la acción colectiva y establecer mecanismos para resolver conflictos y garantizar el cumplimiento de los acuerdos. De este modo, las instituciones internacionales se consideran herramientas valiosas para facilitar la cooperación, en lugar de simples instrumentos de poder para los Estados poderosos. Según la perspectiva liberal, su papel e influencia en las relaciones internacionales van mucho más allá de reflejar simplemente la distribución del poder entre los Estados.
El fenómeno descrito suele denominarse el problema del "beneficiario gratuito". En el contexto de las relaciones internacionales, se refiere a la tendencia de un Estado a beneficiarse de los esfuerzos colectivos sin contribuir equitativamente. Esto puede comprometer el éxito de la acción colectiva, ya que si todos los Estados actúan de forma egoísta, no se consigue el bien común. Las instituciones internacionales desempeñan un papel crucial para superar este problema. Al establecer normas comunes, facilitar la coordinación y supervisar el cumplimiento de las obligaciones, pueden animar a los Estados a cooperar en lugar de actuar de forma egoísta. Por ejemplo, un tratado internacional puede especificar las obligaciones de cada Estado, mientras que los mecanismos de supervisión y aplicación pueden garantizar que cada Estado cumpla sus compromisos. En caso de incumplimiento, las instituciones internacionales también pueden proporcionar mecanismos de resolución de conflictos. Además, estas instituciones pueden fomentar la cooperación promoviendo la transparencia y la información. Al proporcionar información sobre las acciones y políticas de los Estados, pueden contribuir a fomentar la confianza y disuadir de comportamientos de "parasitismo".
Para Robert Keohane en International Institutions: Two Approaches publicado en 1988, "...Este programa de investigación ... asume ... racionalidad por parte de los actores. Parte de la premisa de que si en la política mundial no hubiera beneficios potenciales de los acuerdos ... no habría necesidad de instituciones internacionales específicas. ... A la inversa, si la cooperación fuera fácil ... no habría necesidad de instituciones que facilitaran la cooperación ... Es la combinación del valor potencial de los acuerdos y la dificultad de realizarlos lo que hace que los regímenes internacionales sean significativos. Para cooperar en la política mundial de forma más que esporádica, los seres humanos tienen que recurrir a las instituciones.... Incluso en ausencia de autoridad jerárquica, las instituciones proporcionan información (a través de la supervisión) y estabilizan las expectativas. También pueden hacer factible la aplicación descentralizada, por ejemplo creando condiciones en las que pueda funcionar la reciprocidad...".[8].
Robert Keohane subraya la importancia de las instituciones internacionales para facilitar la cooperación entre Estados. Parte de la base de que los actores son racionales y ven el valor potencial de los acuerdos internacionales. Sin embargo, también reconoce que la cooperación es difícil de lograr debido a los retos que plantea el anárquico sistema internacional. Para Keohane, las instituciones internacionales desempeñan un papel clave para superar estos retos. En primer lugar, proporcionan información, sobre todo a través de mecanismos de supervisión, que pueden ayudar a los Estados a evaluar el comportamiento de los demás y a desarrollar expectativas estables. Esta información puede reducir la incertidumbre, fomentar la confianza y disuadir de comportamientos oportunistas. En segundo lugar, las instituciones internacionales pueden facilitar la aplicación descentralizada de los acuerdos. Por ejemplo, pueden crear condiciones favorables para la reciprocidad, un principio clave de la cooperación internacional. Según este principio, si un Estado respeta sus compromisos, es más probable que los demás hagan lo mismo, y viceversa. Al facilitar la reciprocidad, las instituciones internacionales pueden animar a los Estados a cumplir sus compromisos y cooperar de forma más regular. Sin embargo, como señala Keohane, el valor y la eficacia de las instituciones internacionales dependen en última instancia de la voluntad de los Estados de cooperar y cumplir sus compromisos. Aunque las instituciones pueden facilitar la cooperación, no pueden garantizarla.
La perspectiva liberal subraya la importancia de las instituciones internacionales como facilitadoras de la cooperación entre Estados. Dicha cooperación puede ser difícil de lograr en un sistema internacional caracterizado por la anarquía, en el que ningún poder supremo impone el orden. En tal contexto, los Estados pueden mostrarse reacios a cooperar por temor a que otros exploten sus esfuerzos en beneficio propio, un problema conocido como el "dilema del prisionero" en la teoría de juegos. Las instituciones internacionales ayudan a superar estos retos de varias maneras. En primer lugar, pueden fomentar la transparencia difundiendo información sobre el comportamiento de los Estados. Esto puede ayudar a los Estados a evaluar la credibilidad de los compromisos de los demás y a tomar decisiones informadas sobre su propio comportamiento. En segundo lugar, las instituciones internacionales pueden ayudar a estabilizar las expectativas estableciendo normas y reglas claras para el comportamiento de los Estados. Esto puede reducir la incertidumbre y fomentar la confianza, facilitando así la cooperación. En tercer lugar, las instituciones internacionales pueden facilitar la aplicación de los acuerdos proporcionando mecanismos de resolución de conflictos y supervisando el cumplimiento de los compromisos. Esto puede disuadir del comportamiento oportunista y animar a los Estados a respetar sus compromisos. Sin embargo, como subraya la perspectiva realista, la voluntad y el interés de los Estados siguen siendo factores cruciales para la cooperación internacional. Las instituciones internacionales pueden facilitar la cooperación, pero no garantizarla. Los Estados siguen siendo los principales actores de la escena internacional y su comportamiento viene determinado en gran medida por sus propios cálculos del interés nacional.
En el marco del liberalismo, los Estados se perciben como racionales y orientados a la consecución de sus objetivos nacionales. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas a los que se enfrentan los Estados son a menudo transnacionales y requieren cooperación y coordinación internacionales. Las instituciones internacionales se crean para facilitar esta cooperación. Los Estados se adhieren a estas instituciones y cumplen sus normas no porque les obligue a ello una autoridad superior, sino porque reconocen los beneficios de la cooperación y el cumplimiento de las normas reconocidas internacionalmente. En otras palabras, consideran que el cumplimiento de las normas de estas instituciones redunda en su propio interés a largo plazo. Las instituciones internacionales pueden utilizar distintos mecanismos para fomentar el cumplimiento. Por ejemplo, pueden supervisar las acciones de los Estados miembros y hacer público cualquier incumplimiento de las normas, lo que puede repercutir en la reputación internacional del Estado en cuestión. Además, algunas instituciones también disponen de mecanismos de resolución de litigios para resolver disputas entre Estados miembros de forma pacífica y ordenada. Además, algunas instituciones también pueden imponer sanciones a los Estados que incumplan sus normas. Estas sanciones pueden ser económicas, diplomáticas o incluso militares. Sin embargo, la eficacia de estas sanciones depende en gran medida de la voluntad de los demás Estados miembros de aplicarlas. Es importante señalar que, aunque las instituciones internacionales pueden ejercer cierta presión sobre los Estados para que cumplan las normas internacionales, la soberanía de los Estados sigue siendo primordial. Los Estados conservan el derecho a retirarse de una institución internacional si consideran que pertenecer a ella ya no redunda en su interés nacional.
Las instituciones internacionales desempeñan un papel crucial a la hora de configurar el comportamiento de los Estados en la escena mundial. Al establecer normas y reglas claras, estas instituciones proporcionan un marco a los Estados, guiando sus acciones y políticas. La idea básica es que, al adherirse a estas instituciones, los Estados se comprometen a respetar ciertas normas de conducta. Una vez que han aceptado estas normas, puede resultar política y socialmente costoso incumplirlas. Además, el incumplimiento de estas normas puede acarrear sanciones, que van desde el aislamiento diplomático a penalizaciones económicas, lo que crea un incentivo para cumplirlas. Es importante señalar, sin embargo, que aunque las instituciones internacionales pueden ejercer cierta influencia sobre las acciones de los Estados, por lo general no disponen de medios coercitivos para obligar a un Estado a actuar de una determinada manera. El poder de estas instituciones reside a menudo en su capacidad para coordinar las acciones de los Estados, facilitar el diálogo y la cooperación, y poner en marcha mecanismos de resolución de disputas cuando surgen conflictos. No obstante, el poder de estas instituciones depende siempre de la voluntad de los Estados miembros de respetar las normas y cumplir las reglas, ya que estas instituciones son, por definición, entidades intergubernamentales que dependen de la cooperación de sus miembros para funcionar eficazmente.
Constructivismo
El constructivismo es otro paradigma importante en la teoría de las relaciones internacionales. A diferencia del realismo y el liberalismo, que se centran respectivamente en el poder y la interdependencia económica entre Estados, el constructivismo hace especial hincapié en las ideas, las normas y las identidades en la política mundial. El constructivismo se ocupa de cómo los actores internacionales, incluidos los Estados, se perciben a sí mismos e interpretan el mundo que les rodea. Sugiere que estas percepciones e interpretaciones conforman el comportamiento de estos actores. En otras palabras, el constructivismo sostiene que el comportamiento de los actores internacionales no viene dictado simplemente por intereses materiales o cálculos de poder, sino que también está influido por sus creencias, valores e identidades. Por ejemplo, un constructivista podría examinar cómo se establecen y evolucionan con el tiempo las normas internacionales, como la norma contra el uso de armas químicas o nucleares. Estas normas son construidas en gran medida por los propios actores internacionales y, una vez establecidas, pueden influir en el comportamiento de dichos actores. En este sentido, el constructivismo ofrece una perspectiva diferente sobre el papel de las instituciones internacionales. En lugar de verlas simplemente como arenas de competición por el poder (como hace el realismo) o como facilitadoras de la cooperación económica (como hace el liberalismo), el constructivismo ve las instituciones internacionales como actores importantes en la creación y el mantenimiento de normas internacionales. Es importante señalar que el constructivismo, como paradigma, no está unificado e incluye una variedad de perspectivas y enfoques diferentes. Por ejemplo, algunos constructivistas hacen más hincapié en el papel de las ideas y las normas, mientras que otros se centran en el papel de las identidades y las culturas. Sin embargo, todos comparten la idea básica de que las estructuras sociales y las ideas tienen un impacto significativo en el comportamiento de los actores internacionales.
El constructivismo concede gran importancia a las fuerzas sociales y culturales que trascienden las fronteras nacionales, lo que encaja bien con el fenómeno de la globalización. Este paradigma considera que nuestro mundo interconectado no sólo permite un flujo creciente de bienes y servicios, sino también un intercambio de ideas, normas, valores e identidades. Estos intercambios culturales e ideológicos pueden tener un impacto significativo en la política mundial, según los constructivistas. Las ONG, por ejemplo, son agentes no estatales que desempeñan un papel crucial en la elaboración de normas internacionales y la promoción de ideas sobre cuestiones que van desde los derechos humanos al cambio climático. A menudo operan más allá de las fronteras nacionales y pueden influir en la política tanto nacional como internacional. Del mismo modo, las redes sociales y otros medios de comunicación tradicionales contribuyen a la rápida difusión de información, ideas y normas a través de las fronteras. Pueden amplificar las voces de los grupos marginados, concienciar sobre los problemas e influir en la opinión pública y en las decisiones políticas. El constructivismo hace hincapié en estas interacciones dinámicas y complejas, argumentando que nuestra comprensión de las relaciones internacionales es incompleta si no tenemos en cuenta estos factores sociales y culturales. En resumen, este paradigma pone de relieve el modo en que los intercambios culturales y las comunicaciones transfronterizas, acentuados por la globalización, están configurando el panorama político mundial.
El constructivismo concede gran importancia al aspecto de socialización que ofrecen las organizaciones internacionales. Estas instituciones, según los constructivistas, no son sólo arenas de negociación de intereses materiales o lugares de cooperación basados en cálculos racionales, sino también lugares de socialización donde los actores estatales y no estatales pueden influir en las identidades, normas y valores de los demás. Al ser miembro de una organización internacional, un Estado está frecuentemente en contacto con otros Estados y, por tanto, puede verse influido por sus normas y valores. Por ejemplo, al adherirse a una organización internacional como la ONU, un país puede verse alentado a respetar determinadas normas internacionales sobre derechos humanos o protección del medio ambiente. Del mismo modo, una organización económica internacional como la OMC puede fomentar la adopción de normas económicas y comerciales liberales entre sus miembros. Esta socialización también puede tener lugar a través de la interacción con otros agentes no estatales de la organización, como ONG, empresas multinacionales o grupos de reflexión, todos los cuales pueden desempeñar un papel en la promoción de determinadas normas y valores. Así pues, según la visión constructivista, las organizaciones internacionales pueden tener un efecto profundo y duradero en el comportamiento de los Estados, moldeando sus identidades, intereses y acciones a través de procesos de socialización.
La participación en organizaciones internacionales como la ONU, o en sus subórganos como el Consejo de Derechos Humanos o las negociaciones sobre el clima, puede tener un impacto significativo en la forma en que los responsables políticos perciben y responden a los problemas mundiales. En estos foros, los responsables políticos están expuestos a diversos puntos de vista y enfoques de resolución de problemas, que a veces pueden cuestionar sus propias creencias y métodos. Esta exposición a la diversidad y las diferencias puede fomentar una forma de socialización, en la que los responsables políticos empiezan a desarrollar una comprensión compartida de los problemas y a adoptar valores y objetivos comunes. Por ejemplo, en las negociaciones sobre el clima, políticos de distintos países se reúnen para debatir y negociar soluciones a los problemas medioambientales mundiales. Con el tiempo, esta interacción continua puede conducir a una mayor comprensión y aceptación de los problemas medioambientales y de la necesidad de tomar medidas para resolverlos. Del mismo modo, la participación en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU puede hacer que los responsables de la toma de decisiones se familiaricen más con las normas internacionales de derechos humanos y las integren en sus propias políticas nacionales. Dicho esto, hay que señalar que este proceso de socialización no es automático y puede variar en función de muchos factores, entre ellos la apertura de los responsables de la toma de decisiones a nuevas ideas, la presión de grupo dentro de la organización y el contexto político y social de su país de origen.
El cambio climático es un ejemplo perfecto de la influencia de los procesos constructivistas en las normas internacionales. Durante mucho tiempo, la cuestión del calentamiento global fue controvertida y se cuestionaron las pruebas del impacto de la actividad humana en el clima. Sin embargo, gracias al compromiso sostenido de científicos, organizaciones no gubernamentales, ciudadanos y otros agentes no estatales, la comprensión y aceptación de la realidad del cambio climático ha ido evolucionando gradualmente. Este proceso ha implicado estrategias de persuasión, campañas de sensibilización, esfuerzos educativos y una serie de complejas interacciones en el seno de diversas instituciones y plataformas internacionales. Estos actores han utilizado las plataformas internacionales, como las conferencias de la ONU sobre el clima, para difundir información, compartir investigaciones y datos y promover un discurso sobre la necesidad de tomar medidas para mitigar el cambio climático. También han aprovechado estas oportunidades para crear redes y alianzas, influir en las políticas y presionar a favor de la acción climática. Con el tiempo, este proceso ha contribuido a crear una "comunidad de Estados" que comparten un entendimiento y una preocupación comunes por el cambio climático. Este es un buen ejemplo de cómo los procesos constructivistas pueden desempeñar un papel en la configuración de normas internacionales e influir en el comportamiento de los Estados. Dicho esto, es importante señalar que el proceso no ha terminado. A pesar de los avances logrados, sigue habiendo diferencias entre los Estados en cuanto a su respuesta al reto del cambio climático. Además, aunque la mayor concienciación sobre el problema ha llevado a compromisos más firmes para reducir las emisiones, queda por ver hasta qué punto se cumplirán estos compromisos.
Retos actuales de las relaciones internacionales
El mundo está asistiendo a un importante cambio en la dinámica del poder internacional con la aparición de Estados no occidentales en la escena mundial. Países como China e India, con sus economías en rápido crecimiento, están adquiriendo una influencia cada vez mayor y remodelando las relaciones de poder dentro de las estructuras internacionales existentes. Esto no tiene precedentes por varias razones. Históricamente, el poder en el sistema internacional ha estado dominado por los Estados occidentales, con instituciones y normas diseñadas y controladas en gran medida por ellos. La aparición de potencias no occidentales en este sistema podría conducir a una reevaluación y reforma de estas estructuras.
El ascenso de estas potencias también plantea retos únicos. Por ejemplo, China, como potencia emergente, tiene un sistema político que difiere significativamente de los de los Estados occidentales dominantes. Esto puede provocar tensiones y conflictos en cuestiones de gobernanza mundial, derechos humanos y comercio. Además, el proceso de emergencia de estas nuevas potencias no es uniforme. Algunos países, como China, han realizado enormes progresos económicos y se han convertido en actores principales de la economía mundial, mientras que otros, como India, a pesar de su tamaño y potencial económico, siguen luchando contra retos internos como la pobreza y la desigualdad. Está claro que la aparición de estas nuevas potencias está transformando el sistema internacional. Esto puede ofrecer oportunidades para una mayor diversidad y una representación más equilibrada en la gobernanza mundial. Sin embargo, también plantea nuevos retos para la cooperación internacional y la gestión de los conflictos mundiales.
Los datos de Maddison ofrecen una rica perspectiva histórica de la evolución de la economía mundial en los dos últimos milenios. Al cuantificar y comparar el producto interior bruto (PIB) de las distintas regiones del mundo a lo largo de la historia, es posible observar los cambios en las tendencias económicas mundiales y comprender cómo ha variado el equilibrio del poder económico con el paso del tiempo. Tomando la época romana como punto de partida, por ejemplo, podemos ver el ascenso y la caída de las distintas potencias económicas. Los datos podrían mostrar cómo, en determinados periodos, el Imperio Romano dominó la economía mundial, y luego cómo el centro de la economía mundial se desplazó gradualmente hacia el oeste, hacia Europa y Norteamérica, con la Revolución Industrial. Del mismo modo, los datos de Maddison podrían mostrar cómo, en las últimas décadas, el centro de la economía mundial ha empezado a desplazarse hacia el este, con la rápida aparición de las economías asiáticas. Esta tendencia se refleja claramente en los resultados económicos actuales de países como China e India. Estos datos, visualizados en forma de gráfico, pueden ayudar a poner en perspectiva las fluctuaciones históricas del poder económico mundial y anticipar posibles trayectorias futuras. Es una herramienta valiosa para comprender la dinámica de la economía mundial, tanto histórica como prospectivamente.
El análisis de los datos históricos realizado por Maddison muestra que el centro de la economía mundial se situaba cerca de la frontera entre India y China hace 2.000 años. Aunque estas dos civilizaciones ya eran grandes potencias económicas en aquella época, su influencia no era absoluta, ya que el Imperio Romano también era una fuerza económica importante. El Imperio Romano, con su vasto territorio que abarcaba Europa, el norte de África y Oriente Próximo, ejercía un poder económico considerable. Por tanto, sus actividades económicas, incluido el comercio con otras regiones, contribuyeron a desplazar el centro de la economía mundial hacia Occidente. Este análisis demuestra la dinámica del poder económico mundial a lo largo de la historia. Las principales fuerzas económicas no son estáticas, sino que evolucionan en función del desarrollo de las civilizaciones, la innovación tecnológica, los recursos disponibles, las políticas económicas, el comercio internacional y muchos otros factores. Las tendencias pasadas no garantizan las posiciones futuras, lo que hace que el análisis de la economía mundial sea a la vez complejo y fascinante.
La era de la Revolución Industrial, que se extendió desde 1820 hasta 1913, supuso un cambio significativo en la estructura económica mundial. Durante este periodo, las naciones occidentales realizaron avances tecnológicos sin precedentes que alteraron radicalmente sus modos de producción y, en consecuencia, su posición en la economía mundial. La Revolución Industrial marcó la transición de una economía basada principalmente en la agricultura y la artesanía a otra caracterizada por la producción industrial mecanizada en masa. Occidente, en particular países como Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, estuvieron a la vanguardia de estos cambios, desarrollando industrias textiles, siderúrgicas, carboneras y ferroviarias, entre otras. La modernización que acompañó a esta revolución dio a estas naciones occidentales una ventaja significativa en términos de producción industrial, poder económico y riqueza global. El resultado fue un desplazamiento significativo del centro de la economía mundial hacia Occidente.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la posición de Estados Unidos como primera potencia económica mundial empezó a consolidarse. Esto se atribuyó principalmente a su economía relativamente intacta tras el conflicto, a su dominio en muchas industrias clave y a su capacidad para innovar y adaptarse rápidamente a las nuevas tecnologías. En Europa, la posguerra estuvo marcada por un periodo de intensa reconstrucción y la creación de la Comunidad Económica Europea, precursora de la Unión Europea. Estas iniciativas contribuyeron a hacer de Europa un gran polo económico, atrayendo hacia el oeste el centro del poder económico. Sin embargo, con la introducción de reformas económicas en China a finales de la década de 1970, el centro del poder económico comenzó a desplazarse de nuevo hacia el este. Estas reformas, que condujeron a una mayor apertura económica y a la liberalización gradual de los mercados, transformaron a China en una gran potencia económica, con un rápido crecimiento y una creciente influencia en la economía mundial. Como consecuencia, el centro de la economía mundial, antaño firmemente anclado en Occidente, ha empezado a desplazarse hacia el Este, reflejando la aparición de nuevas potencias económicas en Asia. Esto subraya la naturaleza dinámica y en constante cambio de la economía mundial.
El crecimiento económico de China en las últimas décadas ha sido espectacular. Es uno de los países de más rápido crecimiento del mundo, transformando una economía socialista cerrada en una economía de mercado dinámica y abierta. En cambio, el crecimiento de Estados Unidos ha sido más estable, reflejo de la madurez de su economía. Otros mercados emergentes, como India, Brasil y Rusia, también han experimentado tasas de crecimiento relativamente altas, aunque suelen ser más volátiles. En cuanto a otros países ricos como Europa, Australia y Japón, su crecimiento económico ha sido en general más modesto, debido a la madurez de sus economías y a retos como el envejecimiento de la población. Sin embargo, estos países siguen siendo actores importantes en la economía mundial debido a su gran tamaño económico y a su influencia política y cultural.
China ha disfrutado de un impresionante crecimiento económico desde principios de la década de 2000, gracias en parte a su política de reforma económica y a su creciente integración en la economía mundial. Su contribución al crecimiento mundial fue especialmente notable tras la crisis financiera mundial de 2008, cuando la mayoría de las economías desarrolladas se vieron duramente afectadas y el crecimiento en China se mantuvo relativamente sólido. Sin embargo, también es importante señalar que el poder económico no se traduce directamente en poder político o militar en la escena mundial. Si bien es cierto que China ha aumentado su influencia, sobre todo a través de iniciativas como la Iniciativa Belt and Road, también se enfrenta a una serie de retos, como el envejecimiento de la población, las desigualdades regionales y las tensiones con otros países. Además, aunque China ha superado a EE.UU. en términos de PIB en paridad de poder adquisitivo, EE.UU. sigue siendo la mayor economía en términos de PIB nominal y sigue a la cabeza en ámbitos como la innovación tecnológica y la influencia militar. Esto subraya la complejidad del concepto de "poder" en la escena mundial, que no puede medirse ni compararse plenamente en términos de tamaño económico.
Como una de las mayores economías del mundo, China tiene un impacto considerable en el comercio mundial. Su posición como gran importador significa que las fluctuaciones de su demanda interna pueden tener consecuencias mundiales, sobre todo para los países cuyas economías dependen en gran medida de las exportaciones a China. Además, China es también un gran exportador, lo que significa que sus decisiones en materia de producción y política comercial pueden influir en los mercados mundiales de diversos productos y servicios. La posición de China como gran potencia económica también le confiere un importante poder de negociación en los debates sobre política comercial internacional. Por ejemplo, puede influir en las reglas, normas y reglamentos del comercio mundial a través de foros como la Organización Mundial del Comercio. Además, como gran actor económico, China también tiene la oportunidad de promover sus propios intereses económicos y políticos a escala mundial. Dicho esto, el poder económico no se traduce directamente en influencia política o militar. A pesar de su tamaño económico, China sigue teniendo que navegar por un complejo panorama internacional y enfrentarse a considerables desafíos internos.
En la teoría realista de las relaciones internacionales, el aumento del poder económico de un Estado suele considerarse el preludio de un aumento de su poder militar. Los realistas asumen que, en un sistema internacional anárquico, los Estados buscan siempre el poder y la seguridad. Como tal, un crecimiento económico sustancial ofrece los medios para invertir más en capacidades militares y, por tanto, para reforzar el poder y la seguridad del Estado. En lo que respecta a India, su rápido crecimiento económico podría, según una lógica realista, conducir a un aumento de su poder militar a largo plazo. Sin embargo, este proceso no será necesariamente lineal ni estará exento de obstáculos. Por ejemplo, India se enfrenta a importantes retos en términos de desarrollo y desigualdad social, que podrían ralentizar su crecimiento económico y, en consecuencia, su expansión militar. Sin embargo, el poder económico no se traduce automáticamente en poder militar. Otros factores, como las decisiones estratégicas, las capacidades tecnológicas, la voluntad política y la percepción de las amenazas, también influyen a la hora de determinar el poder militar de un Estado. Además, en el contexto actual, en el que la guerra económica, la influencia cultural y el poder blando se han convertido en elementos clave del juego internacional, el poder militar es sólo un aspecto del poder global de un Estado.
El gasto militar de China ha aumentado significativamente en los últimos años, reflejando su crecimiento económico y su ambición de incrementar su poder e influencia internacionales. Este es un aspecto de lo que se conoce como "realismo ofensivo" en las relaciones internacionales: la idea de que un Estado que está ganando poder económico tratará de utilizarlo para aumentar su poder militar y reforzar así su posición y seguridad en la escena internacional. Es importante señalar que el aumento del gasto militar no significa automáticamente un aumento correspondiente del poder militar. También entran en juego la forma en que se gasta ese dinero, la tecnología disponible, la formación y experiencia de las fuerzas armadas y muchos otros factores.
También cabe mencionar que la comparación del gasto militar entre países puede ser engañosa debido a las diferencias en los costes laborales y otros factores. Por ejemplo, la misma cantidad de dinero podría emplear más soldados o construir más equipamiento en China que en Estados Unidos debido a las diferencias en los costes laborales. No obstante, la tendencia al aumento del gasto militar en China es un claro indicador de sus crecientes ambiciones en materia de defensa y seguridad, y así lo reconocen cada vez más otros actores internacionales.
El realismo, como teoría de las relaciones internacionales, postula que los Estados están motivados por la búsqueda de sus propios intereses nacionales, y que el poder militar y económico es la clave de la seguridad e influencia de un Estado. Desde el prisma realista, el rápido aumento del poder económico y militar de China podría considerarse una amenaza potencial para otros Estados, especialmente para los que actualmente ostentan el mayor poder en el sistema internacional, como Estados Unidos. Según la teoría neorrealista, el sistema internacional es intrínsecamente anárquico, es decir, no tiene una autoridad superior que regule el comportamiento de los Estados. En un sistema así, los Estados desconfiarían naturalmente de otros Estados que estuvieran adquiriendo poder rápidamente, porque podrían utilizar ese poder para amenazar sus intereses. Por tanto, los Estados poderosos podrían intentar contrarrestar el ascenso de China por diversos medios, como reforzando sus propias capacidades militares, formando alianzas con otros Estados o aplicando políticas diseñadas para limitar la influencia económica y política de China.
Las tres perspectivas teóricas sobre los retos actuales
A continuación trataremos de aplicar estas teorías al ascenso de China.
El Neorrealismo
Le néoréalisme considère que les États sont les acteurs principaux et les plus importants sur la scène internationale. Selon cette vision, les institutions internationales sont souvent créées et formées par les États les plus puissants pour servir leurs propres intérêts. C'est dans ce contexte qu'intervient le concept de "dilemme de sécurité". Le dilemme de sécurité est une situation où les actions prises par un État pour augmenter sa propre sécurité (comme l'augmentation de ses capacités militaires) ont pour effet d'augmenter le sentiment d'insécurité chez d'autres États. Cela peut conduire à une spirale d'escalade, où chaque État se sent obligé de renforcer constamment sa propre sécurité en réponse aux actions des autres.
En ce qui concerne la Chine, certains États pourraient percevoir son augmentation rapide du pouvoir économique et militaire comme une menace pour leur propre sécurité. En réponse à cette perception, ces États pourraient chercher à renforcer leurs propres capacités militaires, ce qui pourrait à son tour conduire la Chine à renforcer davantage ses propres capacités, et ainsi de suite. Selon le néoréalisme, cette dynamique pourrait rendre la coopération internationale plus difficile, car chaque État serait principalement préoccupé par sa propre sécurité plutôt que par la résolution de problèmes communs. Cela pourrait potentiellement limiter l'efficacité des institutions internationales, si elles sont perçues comme servant les intérêts des États les plus puissants plutôt que ceux de la communauté internationale dans son ensemble.
Le néoréalisme affirme que la création et le fonctionnement des institutions internationales reflètent la distribution du pouvoir dans le système international. Ainsi, selon ce point de vue, si un État comme la Chine augmente en puissance, il pourrait chercher à créer ou à influencer des institutions internationales qui reflètent et servent mieux ses propres intérêts. C'est ce que nous pouvons observer avec la création par la Chine d'institutions telles que la Nouvelle Banque de développement (également connue sous le nom de Banque des BRICS) et la Banque asiatique d'investissement pour les infrastructures (AIIB). Ces institutions peuvent être vues comme des tentatives de la part de la Chine de contester le rôle dominant joué par des institutions occidentales telles que la Banque mondiale et le Fonds monétaire international dans la finance et le développement internationaux. De plus, ces institutions peuvent également aider la Chine à promouvoir sa propre vision du développement et des relations internationales. Par exemple, la Nouvelle Banque de développement et l'AIIB mettent l'accent sur le financement des infrastructures, ce qui est en ligne avec l'initiative "Belt and Road" de la Chine visant à développer des infrastructures et des liens commerciaux dans le monde entier. Bien que ces nouvelles institutions puissent contester les institutions existantes, elles ne les remplacent pas nécessairement. Par exemple, de nombreux pays sont membres à la fois de la Banque mondiale et de l'AIIB. De plus, ces nouvelles institutions peuvent également travailler en partenariat avec les institutions existantes dans certains cas. Il s'agit donc d'une évolution de la structure des institutions internationales qui reflète l'évolution de la distribution du pouvoir dans le système international.
Selon la perspective réaliste, la nature anarchique du système international signifie que les États ne peuvent jamais être sûrs des intentions des autres. Les États sont perçus comme étant principalement préoccupés par leur propre sécurité et cherchant à maximiser leur pouvoir relatif. Dans ce contexte, les institutions internationales sont souvent vues comme étant de peu d'utilité pour garantir la sécurité, car elles sont en fin de compte subordonnées aux intérêts et au pouvoir des États souverains. Dans ce contexte, devenir un hégémon, ou la puissance dominante dans le système international, est considéré comme le moyen le plus sûr de garantir sa propre sécurité. L'hégémonie donne à un État le pouvoir de façonner les règles et les normes du système international à son avantage, et réduit la vulnérabilité de cet État aux actions des autres.
La perspective réaliste tend à s'attendre à ce que les grandes puissances soient en concurrence constante pour le pouvoir et l'influence. Selon cette vision, à mesure que la Chine se développe et renforce son pouvoir économique et militaire, elle cherchera probablement à étendre son influence en Asie et à contester la position dominante des États-Unis dans la région. Cela pourrait entraîner une augmentation des tensions entre les États-Unis et la Chine, et potentiellement même un conflit, si les États-Unis cherchent à maintenir leur position de superpuissance mondiale et à contrecarrer l'ascension de la Chine. La doctrine Monroe, énoncée pour la première fois en 1823, affirmait que toute intervention européenne sur le continent américain serait considérée comme un acte d'agression nécessitant une intervention des États-Unis. C'était une déclaration claire de l'intention des États-Unis de devenir la puissance dominante dans l'hémisphère occidental. C'est un exemple classique de réalisme dans la politique étrangère, avec les États-Unis cherchant à maximiser leur propre sécurité et leur influence en limitant l'influence des autres grandes puissances dans leur voisinage immédiat. Aujourd'hui, certains observateurs font valoir que la Chine pourrait chercher à établir une sorte de "doctrine Monroe" en Asie de l'Est, en cherchant à évincer les États-Unis en tant que puissance dominante dans la région et à établir sa propre sphère d'influence. Cela pourrait expliquer certaines des actions de la Chine, comme ses revendications territoriales en mer de Chine méridionale et ses efforts pour isoler Taiwan.
Selon la théorie du réalisme offensif, la structure anarchique du système international oblige les États à chercher le pouvoir et à anticiper le conflit. Dans ce contexte, l'émergence de la Chine en tant que superpuissance mondiale pourrait inévitablement conduire à un conflit avec les États-Unis, car chaque pays cherche à maximiser sa propre sécurité en augmentant sa puissance relative. Selon Mearsheimer, la situation actuelle entre les États-Unis et la Chine est un exemple de ce qu'il appelle le "piège de Thucydide" : lorsque la puissance d'une nation en pleine croissance menace celle d'une puissance établie, le conflit est presque inévitable.
Les réalistes voient les institutions internationales non pas comme des acteurs autonomes ayant leur propre pouvoir, mais plutôt comme des outils au service des États les plus puissants. Selon cette vision, les institutions reflètent l'équilibre du pouvoir mondial et sont utilisées par les grandes puissances pour promouvoir leurs propres intérêts. Dans le contexte actuel, cela signifierait que la Chine pourrait chercher à créer ou à remodeler les institutions internationales pour mieux refléter et promouvoir ses propres intérêts, surtout si elle perçoit que les institutions actuelles sont fortement influencées par les États-Unis ou d'autres puissances occidentales.
Les constructivistes et les libéraux voient les institutions internationales de manière fondamentalement différente des réalistes. Pour les constructivistes et les libéraux, les institutions servent coopérer avec l’autre.
Les libéraux affirment que les institutions internationales jouent un rôle crucial dans la facilitation de la coopération entre les États. Ils soutiennent que, même dans un système international où chaque État poursuit ses propres intérêts, les institutions peuvent aider à surmonter les problèmes de confiance et d'incertitude qui, autrement, pourraient entraver la coopération. Les institutions internationales peuvent servir de forums où les États peuvent négocier des accords, échanger des informations, surveiller le respect des accords et résoudre les différends. Par exemple, l'Organisation mondiale du commerce fournit un cadre pour les négociations commerciales et la résolution des litiges commerciaux. De même, le Protocole de Kyoto et l'Accord de Paris sur le changement climatique ont fourni un cadre pour la coopération internationale en matière d'environnement. Ces institutions peuvent également aider à créer de la transparence et à réduire les incertitudes, en fournissant des informations sur les politiques et les comportements des États. Cela peut aider à surmonter le "dilemme de la sécurité" dans lequel les États peuvent être incités à adopter des politiques agressives par crainte des intentions hostiles des autres.
Les constructivistes voient les institutions internationales comme des espaces où les idées, les normes et les valeurs sont discutées, négociées et contestées. Selon cette perspective, les institutions peuvent influencer les intérêts et les identités des États par le biais de processus de socialisation, de persuasion et de diffusion des normes. Les institutions peuvent donc jouer un rôle actif dans la formation des comportements et des politiques des États, et ne sont pas simplement des outils au service des États les plus puissants. Les libéraux, quant à eux, soutiennent que les institutions internationales peuvent favoriser la coopération en réduisant les incertitudes, en fournissant des informations et en facilitant la résolution des conflits. Pour eux, les institutions peuvent être des acteurs neutres qui facilitent la coopération entre les États, même si elles peuvent aussi être influencées par les États les plus puissants. Les réalistes, en revanche, voient les institutions internationales comme des instruments au service des États les plus puissants. Selon eux, les institutions reflètent la distribution du pouvoir dans le système international et sont utilisées par les États puissants pour promouvoir leurs propres intérêts.
Selon la théorie réaliste, l'influence des États sur les institutions internationales est largement déterminée par leur puissance relative. Les États les plus puissants sont susceptibles de contrôler et de façonner les institutions selon leurs propres intérêts. Si un autre État devient suffisamment puissant, il pourrait être en mesure de prendre le contrôle de certaines institutions ou d'en créer de nouvelles qui reflètent ses propres intérêts. Cela peut conduire à des rivalités institutionnelles, où différentes institutions sont contrôlées par différents États et promeuvent des agendas différents. Par exemple, si la Chine devient de plus en plus influente au niveau mondial, elle pourrait chercher à promouvoir ses intérêts à travers des institutions comme la Banque asiatique d'investissement pour les infrastructures, tandis que les États-Unis et l'Europe continuent à exercer une influence considérable à travers des institutions comme la Banque mondiale et le Fonds monétaire international. Cependant, il est également important de noter que même les États les plus puissants ne peuvent pas contrôler entièrement les institutions internationales. Ces institutions ont leurs propres règles, procédures et normes qui peuvent résister à la manipulation par un seul État. En outre, les institutions internationales ont souvent besoin de la coopération de nombreux États pour fonctionner efficacement, ce qui peut limiter l'ampleur de l'influence qu'un seul État peut exercer.
Les réalistes et les néoréalistes considèrent que les institutions internationales ne sont pas indépendantes et reflètent plutôt la distribution du pouvoir au sein du système international. En d'autres termes, les États les plus puissants, selon cette perspective, sont en mesure de façonner les institutions selon leurs propres intérêts et de les utiliser comme outils pour exercer leur influence. C'est pourquoi, dans le cadre d'une montée en puissance de la Chine, on pourrait s'attendre, selon une perspective réaliste, à ce que la Chine cherche à gagner en influence au sein des institutions existantes ou à en créer de nouvelles qui sont plus alignées sur ses propres intérêts. Cependant, d'autres théories des relations internationales ont des perspectives différentes. Par exemple, les libéraux et les constructivistes tendent à voir les institutions internationales comme des acteurs importants en soi, qui peuvent jouer un rôle dans la facilitation de la coopération entre les États et ont le potentiel de modérer certains comportements agressifs ou conflictuels. Les libéraux, par exemple, croient que les institutions internationales peuvent aider à faciliter la coopération en réduisant l'incertitude et en rendant les engagements plus crédibles. Pour les constructivistes, les institutions peuvent être des lieux importants de socialisation et de formation de l'identité, où les États peuvent être amenés à adopter certaines normes et pratiques internationales.
Le Conseil de sécurité de l'ONU est un bon exemple de comment les institutions internationales peuvent refléter la distribution du pouvoir dans le système international. Pendant la Guerre froide, lorsque le système était clairement bipolaire, avec deux superpuissances (les États-Unis et l'URSS), le Conseil de sécurité était souvent paralysé par des désaccords entre ces deux acteurs. Après la fin de la Guerre froide, le monde est devenu unipolaire avec les États-Unis comme seule superpuissance, et pendant cette période, le Conseil de sécurité de l'ONU a été plus actif. C'est pendant cette période que le Conseil de sécurité a autorisé un certain nombre d'interventions militaires, par exemple en Irak (1991), en Somalie (1992) ou en Libye (2011). Cependant, à mesure que le système international devient de plus en plus multipolaire, avec l'émergence de nouvelles puissances comme la Chine, on observe à nouveau des blocages au sein du Conseil de sécurité. Cela reflète les tensions croissantes entre ces puissances majeures et montre comment les institutions internationales peuvent être influencées par les relations de pouvoir entre les États.
Le Libéralisme
Les libéraux voient les institutions internationales comme des arènes d'information et de communication. Ces institutions, selon eux, peuvent faciliter la coopération en réduisant les incertitudes et en augmentant la transparence entre les États. Les institutions internationales peuvent fournir des informations précieuses qui aident à comprendre les intentions et les actions des autres États. Par exemple, elles peuvent fournir des informations sur les politiques économiques, les dépenses militaires, les engagements en matière de droits de l'homme, etc. Cela peut aider à construire la confiance et à faciliter la coopération entre les États. Les institutions peuvent également aider à résoudre les problèmes de coordination et de coopération en établissant des normes et des règles communes. Par exemple, des institutions comme l'Organisation mondiale du commerce ou le Fonds monétaire international établissent des règles pour le commerce international et la politique économique qui peuvent aider à coordonner les actions des États et à résoudre les conflits. Enfin, les institutions internationales peuvent également jouer un rôle dans le renforcement de la crédibilité des engagements des États. Lorsqu'un État prend un engagement dans le cadre d'une institution internationale, il est plus difficile pour lui de revenir sur cet engagement sans subir de conséquences. Cela peut aider à renforcer la confiance et la coopération entre les États. Dans l'ensemble, les libéraux voient les institutions internationales comme un moyen important de faciliter la coopération et de gérer les relations internationales de manière plus pacifique et stable.
Les libéraux soutiennent que les institutions internationales jouent un rôle crucial dans la réduction de l'incertitude dans les relations internationales. Selon eux, ces institutions peuvent faciliter la coopération en fournissant des informations sur les intentions et les actions des autres États, en établissant des normes de comportement acceptées internationalement, et en offrant des mécanismes pour résoudre les conflits. En fournissant un forum pour la communication et la négociation, les institutions internationales peuvent aider à clarifier les intentions des États, à réduire les malentendus et à minimiser le risque de conflit. De plus, elles peuvent aider à promouvoir la transparence en exigeant des États qu'ils divulguent des informations sur leurs politiques et leurs actions, ce qui peut contribuer à renforcer la confiance et à faciliter la coopération. En outre, en établissant des normes et des règles de comportement, les institutions internationales peuvent aider à stabiliser les attentes et à rendre les comportements des États plus prévisibles. Cela peut également contribuer à renforcer la crédibilité des engagements des États et à faciliter la coopération. Enfin, en offrant des mécanismes pour résoudre les conflits, les institutions internationales peuvent aider à gérer les différends entre les États de manière pacifique. Elles peuvent faciliter le processus de négociation, fournir des mécanismes d'arbitrage et de médiation, et même imposer des sanctions pour non-respect des accords. Ainsi, contrairement à la perspective réaliste de Mearsheimer, la perspective libérale voit un rôle actif et bénéfique pour les institutions internationales dans la gestion des relations internationales.
Du point de vue libéral, les institutions internationales, comme l'Organisation mondiale du commerce (OMC), servent plusieurs fonctions importantes qui peuvent faciliter la coopération entre les États et minimiser les conflits. Elles peuvent servir à :
- Fournir des informations : Les institutions internationales peuvent aider à réduire l'incertitude en fournissant des informations précieuses sur les intentions, les capacités et les actions des autres États. Par exemple, l'OMC exige de ses membres qu'ils publient leurs politiques commerciales, ce qui contribue à rendre ces politiques plus transparentes et prévisibles.
- Établir des règles et des normes : Les institutions internationales jouent un rôle crucial dans l'établissement de règles et de normes de comportement qui sont acceptées par la communauté internationale. Ces règles et normes peuvent aider à stabiliser les attentes, rendre les comportements des États plus prévisibles et minimiser les risques de conflit.
- Faciliter la résolution des différends : Les institutions internationales offrent souvent des mécanismes pour résoudre pacifiquement les différends entre les États. Par exemple, l'OMC dispose d'un mécanisme de règlement des différends qui permet aux États de résoudre leurs différends commerciaux de manière pacifique et ordonnée.
- Promouvoir la coopération : En facilitant la communication et la négociation entre les États, les institutions internationales peuvent aider à promouvoir la coopération sur une variété de questions, du commerce à l'environnement en passant par la sécurité.
En ce sens, même les grandes puissances comme la Chine ont intérêt à participer à ces institutions et à se conformer à leurs règles, car cela peut leur permettre de protéger leurs intérêts, de gérer leurs relations avec d'autres États de manière plus prévisible et stable, et de résoudre pacifiquement les différends.
Les libéraux soutiennent que les institutions internationales peuvent aider à créer des conditions qui facilitent la coopération en clarifiant les règles du jeu, en établissant des normes de comportement, en fournissant des informations précieuses et en aidant à résoudre les différends. En outre, les libéraux croient également que les institutions internationales peuvent influencer le comportement des États en créant des incitations à la coopération et des coûts pour le non-respect des règles. Par exemple, si un État ne respecte pas les règles commerciales de l'OMC, il peut être soumis à des sanctions commerciales. De plus, le non-respect des règles peut endommager la réputation de l'État et nuire à sa crédibilité, ce qui peut le dissuader de violer les règles à l'avenir. Toutefois, contrairement aux constructivistes, les libéraux ne soutiennent pas nécessairement que les institutions internationales peuvent changer fondamentalement les intérêts d'un État. Au lieu de cela, ils se concentrent davantage sur la manière dont les institutions peuvent aider à coordonner les actions des États pour réaliser leurs intérêts existants de manière plus efficace et pacifique. Donc, dans le cadre de l'école de pensée libérale, l'importance des institutions réside dans leur capacité à promouvoir la coopération et à stabiliser les relations internationales, plutôt que dans leur capacité à transformer les intérêts fondamentaux des États.
Examinant la position internationale de la Chine à travers le prisme de la théorie libérale, nous nous trouvons face à un tableau intrigant. La Chine a réussi à s'insérer de manière significative dans le paysage des institutions internationales, malgré le fait qu'elle n'ait pas participé à leur création et qu'elle demeure en dehors de certaines entités clés, comme l'Organisation de Coopération et de Développement Économiques (OCDE). La question centrale ici est de comprendre pourquoi la Chine a choisi d'adhérer à ces institutions, sachant qu'elles sont dominées, pour la plupart, par les États-Unis et d'autres puissances occidentales. La réponse à cette interrogation réside dans les principes fondamentaux du libéralisme, qui soutient que les institutions internationales favorisent la coopération et aident à surmonter les dilemmes de la coopération en réduisant l'incertitude et les coûts de transaction. Ainsi, la Chine a intégré ces institutions non pas parce qu'elle est nécessairement en accord avec leur structure ou leur direction, mais parce qu'elle reconnaît les avantages potentiels de leur participation. Même si ces institutions sont dominées par d'autres puissances, la Chine peut utiliser leur plateforme pour promouvoir ses intérêts, avoir accès à des informations précieuses et participer activement à l'élaboration des règles qui régissent les relations internationales. Un exemple clair de cette stratégie est la participation active de la Chine au Comité de Bâle, une institution internationale dédiée à la supervision bancaire. Malgré l'influence prédominante des banques centrales occidentales, la Banque populaire de Chine collabore activement avec les autres membres pour élaborer des règles communes. Cela lui permet d'anticiper et d'influencer les réglementations financières internationales et d'adapter sa propre politique en conséquence. En somme, du point de vue libéral, l'implication de la Chine dans les institutions internationales n'est pas un signe de conformité aux normes occidentales, mais une stratégie pragmatique visant à naviguer, à influencer et à tirer parti de la gouvernance mondiale.
La théorie libérale offre une vision plus optimiste des relations internationales. Elle considère le conflit non pas comme une fatalité, mais comme un défi que les États peuvent surmonter par le biais de la coopération et du dialogue. Dans cette optique, les institutions internationales jouent un rôle crucial. Elles offrent des espaces où les États peuvent négocier, débattre et chercher des solutions communes à leurs différends. Les règles et les mécanismes de ces institutions aident à structurer ces interactions, à réduire l'incertitude et à faciliter la prise de décision collective. De plus, les institutions internationales créent des réseaux de coopération qui transcendent les frontières. Ces réseaux peuvent comprendre non seulement les États, mais aussi une variété d'autres acteurs, tels que les organisations non gouvernementales, les entreprises multinationales et les institutions financières. Ces réseaux peuvent faciliter le partage d'informations, renforcer la confiance mutuelle et favoriser la coopération sur une gamme de questions, allant du commerce international à la protection de l'environnement. Donc, de la perspective libérale, il est tout à fait possible pour la Chine et les États-Unis, ou tout autre duo de grandes puissances, de gérer leurs différends et de coopérer pour le bien commun. Cela nécessite cependant une volonté politique de chaque côté, ainsi qu'une utilisation efficace des institutions internationales et des mécanismes de coopération.
Le Constructivisme
Les constructivistes croient que les institutions internationales jouent un rôle fondamental non seulement en structurant l'interaction entre les États, mais aussi en façonnant leur identité et leurs intérêts. Selon le constructivisme, les interactions au sein des institutions peuvent changer la manière dont les États se perçoivent eux-mêmes et les autres. Par le biais de dialogues et de négociations, les États peuvent modifier leurs intérêts, apprendre à comprendre les points de vue des autres, et même adopter de nouvelles normes et valeurs. Cette transformation des perceptions et des intérêts peut, à son tour, affecter leur comportement sur la scène internationale. C'est pourquoi, du point de vue constructiviste, la diplomatie et le dialogue sont d'une importance primordiale. En offrant des forums pour le débat et la négociation, les institutions internationales peuvent aider les États à surmonter leurs différends, à forger un consensus, et même à transformer leurs relations de manière positive. Ainsi, le constructivisme offre une vision plus dynamique et évolutive des relations internationales, où le changement est non seulement possible, mais aussi le produit de l'interaction sociale.
L'approche constructiviste offre des outils pour comprendre comment les acteurs mondiaux, tels que Gorbatchev, ont pu changer de perspective et adopter des approches plus libérales. En effet, le constructivisme considère que les normes, les idées, et les croyances peuvent évoluer à travers les interactions et les dialogues. Ainsi, la fin de la Guerre froide, marquée par le rapprochement entre les États-Unis et l'URSS et l'adoption de réformes libérales par cette dernière, peut être interprétée à travers le prisme constructiviste. Cela implique que Gorbatchev, par le biais de diverses interactions au niveau international, a été influencé par les idées libérales et a commencé à les incorporer dans sa propre vision du monde et sa politique. Dans une perspective réaliste ou libérale, ce changement d'orientation politique pourrait être plus difficile à expliquer, étant donné que ces approches mettent l'accent respectivement sur le pouvoir et les bénéfices matériels comme principaux moteurs de la politique internationale. Le constructivisme, en revanche, met en lumière l'importance des idées et des normes partagées dans le façonnement du comportement des acteurs internationaux.
Le constructivisme met l'accent sur le rôle des idées, des valeurs, des normes et des perceptions dans la façon dont nous comprenons et interprétons le monde, y compris la nature des menaces. En ce qui concerne le changement climatique, il est un exemple parfait de la façon dont nos perceptions d'une menace peuvent évoluer avec le temps. Il y a quelques décennies, le changement climatique était largement ignoré ou considéré comme un problème marginal. Cependant, grâce à des années de recherche scientifique, d'activisme et de diplomatie, il est maintenant reconnu comme une menace globale majeure qui nécessite une action collective. Le travail des organisations non gouvernementales (ONG), des experts et des scientifiques a été essentiel pour changer la perception de cette menace. Ces acteurs ont contribué à diffuser des informations, à sensibiliser le public et à exercer des pressions sur les décideurs politiques pour qu'ils prennent au sérieux le problème du changement climatique. Cet exemple illustre le rôle important des idées et des normes dans le façonnement de notre compréhension des menaces et de nos réponses à ces menaces. Selon la perspective constructiviste, nos perceptions de ce qui constitue une menace peuvent être modelées et modifiées par le dialogue, l'interaction et l'échange d'idées.
Le constructivisme insiste sur le fait que la sécurité et les menaces ne sont pas des réalités objectives, mais sont plutôt définies par nos perceptions et notre interprétation de la réalité. Dans le contexte des relations sino-américaines, cela signifie que la manière dont la Chine et les États-Unis perçoivent et interprètent les actions de l'autre peut avoir un impact significatif sur leur relation. Par exemple, si les États-Unis voient l'expansion économique et militaire de la Chine comme une menace à leur hégémonie, ils peuvent adopter des politiques de contrebalancement et de dissuasion. De même, si la Chine perçoit les actions des États-Unis dans la région Asie-Pacifique comme une tentative de contenir sa montée, elle peut adopter une posture plus agressive. Cependant, selon le constructivisme, ces perceptions ne sont pas fixes et peuvent être modifiées par le dialogue, l'échange d'informations et l'interaction. Par exemple, si les États-Unis et la Chine parviennent à se comprendre mutuellement et à construire une confiance mutuelle par le biais de discussions et de négociations, ils peuvent arriver à voir les actions de l'autre d'une manière moins menaçante. Ainsi, le constructivisme nous incite à ne pas prendre pour acquis les perceptions de la sécurité et des menaces, mais à reconnaître qu'elles peuvent être modelées et modifiées par le dialogue et l'interaction.
Le constructivisme soutiendrait que le sens que nous attribuons à un événement, comme la construction par la Chine d'îles artificielles en mer de Chine méridionale, est le résultat de notre interprétation de cet événement et non pas une caractéristique inhérente de l'événement lui-même. Dans le cas de la construction des îles artificielles, par exemple, on peut interpréter cela comme une démarche purement défensive de la part de la Chine, qui chercherait à renforcer sa sécurité en établissant un contrôle plus fort sur son environnement régional. De cette perspective, la construction des îles n'est pas nécessairement une menace pour d'autres pays, à moins qu'ils n'interprètent cela comme une tentative de la Chine d'étendre son influence ou de perturber l'équilibre du pouvoir en Asie. Inversement, si on considère que la Chine cherche à contester le leadership régional des États-Unis ou à revendiquer unilatéralement des territoires contestés, alors la construction des îles pourrait être perçue comme une menace. Il est important de noter que ces interprétations sont construites et façonnées par un éventail de facteurs, y compris les croyances préexistantes, les intérêts stratégiques, l'histoire des relations sino-américaines et les discours politiques en cours. C'est pourquoi une approche constructiviste de la sécurité internationale mettrait l'accent sur la nécessité d'un dialogue et d'une communication ouverte pour démystifier les intentions de chacun et pour minimiser les malentendus et les perceptions erronées de menace.
Dans les théories néoréalistes et libérales, la menace est généralement perçue comme quelque chose de tangible et objectif, souvent liée à l'équilibre des pouvoirs militaires et économiques entre les États. Ainsi, des tanks à la frontière, dans ces cadres théoriques, sont généralement interprétés comme un indicateur clair de menace potentielle. Cependant, la perspective constructiviste insiste sur le fait que la perception de la menace est subjectivement construite et est façonnée par une variété de facteurs, y compris l'histoire, la culture, les normes sociales et le discours politique. Les tanks à la frontière, par exemple, pourraient être interprétés non pas comme une menace imminente, mais comme une mesure défensive ou préventive, en fonction du contexte. Dans cette optique, la perception de la menace n'est pas fixe, mais peut évoluer en fonction de l'évolution des discours et des perceptions collectives. L'ennemi n'est pas une entité figée, mais une construction sociale qui peut changer en fonction des relations et des discours entre les acteurs. C'est ce qui distingue la perspective constructiviste des perspectives néoréalistes et libérales.
La théorie constructiviste souligne l'importance du discours, de la perception et de la construction sociale des relations internationales. Au début de la guerre froide, les États-Unis et l'Union soviétique étaient alliés dans la lutte contre l'Axe pendant la Seconde Guerre mondiale. Cependant, après la guerre, leurs relations ont rapidement dégénéré en une rivalité intense, malgré le fait qu'il n'y ait eu aucun changement majeur dans leurs capacités matérielles respectives. Pour expliquer cela, les constructivistes pointent vers les transformations majeures dans le discours et les perceptions qui ont eu lieu pendant cette période. Les deux pays ont commencé à se percevoir mutuellement comme des menaces idéologiques et sécuritaires, et ces perceptions ont été renforcées par des discours politiques, des récits médiatiques et des représentations culturelles qui ont peint l'autre comme l'ennemi. Ces perceptions et ces discours ont eu des effets réels sur la politique mondiale, alimentant la méfiance et l'hostilité, et finalement conduisant à des décennies de guerre froide. Ainsi, selon le constructivisme, la nature changeante des relations américano-soviétiques ne peut pas être pleinement comprise simplement en termes de pouvoir ou de stratégie, mais doit également tenir compte de ces processus sociaux et discursifs.
Les trois théories, le réalisme, le libéralisme et le constructivisme, abordent la situation sous des angles différents, mettant en évidence différentes facettes des relations internationales. Le réalisme se concentre sur l'aspect de pouvoir et de sécurité, mettant en avant l'idée que l'intérêt national primaire est d'obtenir et de maintenir le pouvoir. Ainsi, la rivalité entre les États-Unis et l'Union soviétique est perçue comme une lutte inévitable pour le pouvoir et l'hégémonie. Le libéralisme, en revanche, met en avant l'idée que la coopération internationale et les institutions peuvent aider à atténuer les conflits et favoriser la paix. Ainsi, les libéraux pourraient expliquer la guerre froide comme un échec à résoudre les divergences d'intérêts par des moyens pacifiques et institutionnels, comme des accords de désarmement. Le constructivisme, cependant, se concentre sur la manière dont les acteurs internationaux construisent et modifient leurs perceptions et leurs discours sur les autres. Ainsi, pour un constructiviste, l'aspect clé de la guerre froide serait la manière dont les États-Unis et l'Union soviétique ont construit l'image de l'autre comme une menace, ce qui a eu des conséquences profondes sur leurs relations et leurs politiques. L’analyse de ces discours offre une vision plus nuancée et plus riche des relations internationales qui peut compléter, voire contester, les perspectives plus traditionnelles du réalisme et du libéralisme.
Du point de vue constructiviste, les perceptions et les identités des acteurs internationaux sont fluides et susceptibles de changer au fil du temps. Cela peut rendre les prédictions difficiles. Néanmoins, cette perspective met également l'accent sur le rôle crucial des institutions dans la structuration des interactions internationales et la définition des normes de comportement. Les institutions internationales, telles que l'ONU, l'UE, l'OMC, et bien d'autres, fournissent des cadres pour la coopération, le dialogue et la résolution des conflits. En promouvant des normes et des valeurs communes, elles peuvent influencer la manière dont les acteurs internationaux se perçoivent et interagissent les uns avec les autres. Par exemple, les institutions peuvent contribuer à renforcer des normes de non-agression et de respect des droits de l'homme, ce qui peut aider à atténuer les perceptions de menace et à promouvoir la paix. De même, elles peuvent aider à favoriser le dialogue et la compréhension mutuelle, ce qui peut faciliter la résolution pacifique des conflits et atténuer les tensions internationales. Donc, bien que les prédictions précises puissent être difficiles à faire du point de vue constructiviste, cette perspective peut encore offrir des insights précieux sur les dynamiques potentielles des relations internationales et le rôle que les institutions peuvent jouer dans leur façonnement.
L'école anglaise du constructivisme, aussi appelée "International Society" ou "English School", a développé le concept de la "protosociété internationale". Ce terme est utilisé pour décrire une phase d'évolution dans les relations internationales où des États commencent à partager certains intérêts et valeurs communes, mais sans nécessairement se constituer en une société internationale complète et pleinement intégrée. Selon les théoriciens de l'école anglaise, l'institutionnalisation croissante des relations internationales et le développement de forums et de processus partagés aident à favoriser cette convergence des perceptions et des intérêts. Les États peuvent commencer à voir certaines questions de manière plus similaire en raison de leur participation continue à ces forums et processus partagés. Ainsi, par exemple, des institutions et des organisations internationales telles que les Nations Unies, l'Organisation mondiale du commerce ou le Fonds monétaire international peuvent jouer un rôle important dans la formation de cette protosociété internationale, en offrant un espace pour le dialogue et la négociation entre États, ainsi qu'en promouvant certaines normes et valeurs communes. Cela étant dit, les théoriciens de l'école anglaise soulignent également que cette protosociété internationale est loin d'être uniforme ou cohérente, et qu'elle est sujette à des tensions et des contradictions. Les différents États peuvent interpréter et appliquer les normes et valeurs partagées de manière différente, et il peut y avoir des conflits entre ces interprétations et applications.
Pour les constructivistes, les organisations non gouvernementales (ONG) jouent un rôle crucial dans la dynamique des relations internationales. Contrairement aux théories libérales et réalistes qui mettent l'accent principalement sur les États comme acteurs principaux, les constructivistes voient une plus grande variété d'acteurs sur la scène internationale, y compris les ONG, les mouvements sociaux, les organisations internationales et d'autres acteurs non étatiques. Les constructivistes mettent en avant l'idée que les ONG ont le pouvoir d'influencer le discours international, de former l'opinion publique, et de changer les perceptions et les croyances à travers des campagnes de sensibilisation, du plaidoyer et d'autres activités. Cela leur permet d'influencer la politique et les décisions prises par les États. Par exemple, une ONG qui travaille sur les questions environnementales peut contribuer à faire du changement climatique une question centrale de l'agenda politique international en mettant en évidence les risques associés et en poussant pour des politiques plus durables. De la même manière, une ONG travaillant sur les droits de l'homme peut aider à mettre en évidence les abus des droits de l'homme dans certaines régions du monde, influencer l'opinion publique et pousser les États à prendre des mesures pour résoudre ces problèmes. Il est important de noter que, bien que les ONG puissent jouer un rôle important dans la formation du discours et des perceptions, elles n'ont pas le pouvoir formel de prendre des décisions sur la politique internationale, ce pouvoir restant principalement entre les mains des États. Cependant, leur influence sur les idées, les normes et les perceptions peut avoir un impact significatif sur la façon dont les États et d'autres acteurs internationaux agissent.
Étude de Cas : Les Enjeux autour de la Mer de Chine Méridionale
Dans une perspective néoréaliste, l'extension de la présence de la Chine en mer de Chine méridionale par la construction d'îles artificielles pourrait être vue comme une démarche stratégique pour accroître sa puissance et son influence régionale. En effet, les néoréalistes partent du principe que les États agissent principalement en fonction de leurs intérêts de sécurité et de puissance dans un système international anarchique. En construisant ces îles, la Chine est perçue comme cherchant à étendre son influence et à sécuriser ses revendications territoriales dans une région stratégiquement importante. C'est une démonstration de sa puissance et une tentative d'affirmer sa souveraineté sur une zone contestée qui est riche en ressources et qui est une voie de navigation clé pour le commerce international. Cela pourrait également être perçu comme une tentative de la Chine de contester la présence et l'influence des États-Unis dans la région, un peu à la manière de la Doctrine Monroe des États-Unis au 19ème siècle, qui affirmait la domination américaine sur l'hémisphère occidental. Enfin, du point de vue néoréaliste, la Chine pourrait être perçue comme utilisant ces îles artificielles comme un outil de dissuasion ou comme un moyen de projeter sa puissance militaire, renforçant ainsi sa position stratégique dans la région.
Dans une perspective libérale, le différend en mer de Chine méridionale peut être considéré sous l'angle des normes internationales et des institutions qui régissent le droit de la mer. L'un de ces cadres est la Convention des Nations Unies sur le droit de la mer (UNCLOS). Cette convention, souvent décrite comme une "constitution pour les océans", définit les droits et responsabilités des nations en ce qui concerne l'utilisation des océans du monde, en établissant des directives pour les entreprises, l'environnement et la gestion des ressources marines. En 2016, la Cour permanente d'arbitrage de La Haye a rendu une décision dans une affaire portée par les Philippines contre la Chine, affirmant que la revendication expansive de la Chine sur la mer de Chine méridionale était contraire à l'UNCLOS. Cependant, la Chine a rejeté la décision, affirmant qu'elle n'a pas de force juridique contraignante. Cela souligne l'un des défis des approches libérales : la dépendance à l'égard de la volonté des États d'adhérer aux normes internationales et d'accepter la juridiction des institutions internationales. En outre, l'absence de ratification de l'UNCLOS par les États-Unis, qui sont une puissance maritime majeure, peut également entraver l'efficacité de ces institutions en créant des incohérences dans leur application et leur respect. Néanmoins, les libéraux soutiennent que ces problèmes ne démontrent pas nécessairement l'échec des institutions internationales, mais plutôt la nécessité de leur amélioration et de leur renforcement. Ils soulignent également le rôle que ces institutions peuvent jouer dans la facilitation du dialogue, la résolution des conflits et la promotion de la coopération entre les États.
Dans une perspective libérale, les conflits comme le cyberespionnage entre les États-Unis et la Chine peuvent être résolus par la coopération et le dialogue institutionnalisé. Récemment, un accord a été trouvé pour créer un groupe de travail transgouvernemental pour faciliter la communication entre ces deux puissances. Le but est de favoriser une meilleure compréhension des intentions de chaque partie et de prévenir les malentendus qui pourraient conduire à des tensions. Ces arrangements institutionnels peuvent aider à construire la confiance et à stabiliser les relations en fournissant des mécanismes pour l'échange d'informations et la résolution des différends. Ils peuvent également définir des règles communes et normes de comportement acceptables dans des domaines émergents tels que le cyberespace, où le manque de clarté sur les attentes et les responsabilités peut mener à des conflits. Cependant, l'efficacité de ces mécanismes dépend de la volonté des parties concernées de s'engager de bonne foi et de respecter les accords conclus. C'est ici que les libéraux voient le rôle crucial des institutions internationales : en tant que gardiens de la règle de droit internationale, en facilitant la coopération et en fournissant un forum pour le règlement pacifique des différends.
Du point de vue constructiviste, la perception d'une menace ou non dépend beaucoup de la façon dont elle est construite discursivement. Dans le cas des îles artificielles en mer de Chine méridionale, les États-Unis peuvent choisir d'interpréter les actions de la Chine comme une menace à leur présence en Asie, ou comme un problème régional que l'Association des nations de l'Asie du Sud-Est (ASEAN) pourrait gérer. Selon cette approche, ces deux interprétations différentes peuvent mener à des conséquences très différentes en termes de relations internationales. Si les États-Unis considèrent l'action de la Chine comme une menace, cela pourrait conduire à une escalade des tensions entre les deux pays. D'un autre côté, s'ils voient cela comme un problème régional qui peut être géré par l'ASEAN, cela pourrait conduire à une solution plus pacifique et coopérative au conflit. C'est pourquoi, du point de vue constructiviste, le discours - la façon dont les situations sont décrites et interprétées - est si important. Il ne s'agit pas seulement de comprendre les actions des autres États, mais aussi de comprendre comment ces actions sont perçues et interprétées, et comment ces perceptions et interprétations peuvent influencer le comportement d'un État.
Sous l'angle réaliste, la lutte contre le changement climatique peut être perçue comme un dilemme de type "prisonnier". Dans ce scénario, chaque pays a un intérêt personnel à continuer à émettre des gaz à effet de serre pour soutenir sa croissance économique, tout en espérant que les autres pays réduiront leurs émissions pour résoudre le problème du changement climatique. C'est ce que l'on appelle le problème du "passager clandestin" : chaque pays a intérêt à laisser les autres pays supporter les coûts de la réduction des émissions, tout en bénéficiant des avantages de ces réductions. Si tous les pays agissent de cette manière, le résultat est un échec collectif à résoudre le problème du changement climatique. Pour la Chine, en tant que plus grand émetteur de CO2, la décision de réduire ou non ses émissions a des implications importantes pour le régime international de lutte contre le changement climatique. Si la Chine choisit de ne pas réduire ses émissions, elle pourrait bénéficier économiquement à court terme, mais cela pourrait compromettre les efforts mondiaux de lutte contre le changement climatique à long terme. C'est là que le rôle des institutions internationales, comme l'accord de Paris sur le climat, peut être crucial. Elles peuvent aider à coordonner les actions des différents pays et à établir des règles et des mécanismes pour inciter les pays à réduire leurs émissions, afin de surmonter le problème du "passager clandestin".
Depuis la perspective réaliste, l'écologie et, en particulier, le changement climatique, s'avèrent être des problématiques complexes à aborder. Néanmoins, si nous adoptons des approches libérales ou constructivistes, l'espoir de trouver des solutions s'illumine. Par exemple, les négociations de Paris fournissent un cadre institutionnel adéquat pour le partage d'idées. La finance est également un sujet majeur. En particulier, la tentative de la Chine d'internationaliser sa monnaie pourrait être interprétée comme un défi au dollar, qui occupe une position centrale dans l'économie mondiale. En ce qui concerne les investissements, ils peuvent être envisagés de la même manière. Chacun de ces sujets peut être éclairé en utilisant les lentilles des trois théories principales des relations internationales : réaliste, libérale et constructiviste. Ces différentes perspectives peuvent aider à mieux comprendre les dynamiques complexes à l'œuvre dans ces domaines clés.
Voici comment ces trois théories pourraient analyser certains de ces sujets :
- Changement climatique :
- Réaliste : Le changement climatique pourrait être considéré comme un problème de sécurité à part entière, avec des pays qui cherchent à minimiser leurs propres coûts économiques tout en maximisant les bénéfices.
- Libéral : Les accords internationaux comme l'Accord de Paris sont nécessaires pour faciliter la coopération et résoudre le problème du changement climatique. Ils peuvent créer un environnement dans lequel les États sont incités à coopérer pour résoudre un problème commun.
- Constructiviste : Les États, les ONG et les institutions internationales peuvent jouer un rôle dans la construction sociale du changement climatique en tant que problème mondial qui nécessite une action collective.
- L'internationalisation de la monnaie chinoise :
- Réaliste : La Chine pourrait chercher à internationaliser sa monnaie pour augmenter sa puissance relative sur la scène internationale, en défiant la domination du dollar américain.
- Libéral : L'internationalisation de la monnaie chinoise pourrait être facilitée par des institutions internationales telles que le FMI. Cela pourrait créer un système plus diversifié et stable sur le plan monétaire.
- Constructiviste : L'internationalisation de la monnaie chinoise pourrait être perçue comme une menace ou une opportunité en fonction de la manière dont elle est discursivement construite par les acteurs internationaux.
- Investissements :
- Réaliste : Les investissements pourraient être vus comme un moyen d'accroître la puissance et l'influence d'un État.
- Libéral : Les institutions internationales peuvent faciliter les investissements en créant un environnement stable et prévisible, et en réglementant les conflits.
- Constructiviste : Les investissements peuvent être considérés comme une forme de soft power, façonnant les relations internationales par le biais de la diffusion d'idées et de valeurs culturelles.
Chaque théorie offre une perspective unique qui peut enrichir notre compréhension de ces questions complexes. la complexité des phénomènes internationaux fait qu'aucune théorie ne peut prétendre à une compréhension complète et univoque. Chaque perspective – réaliste, libérale ou constructiviste – apporte son propre éclairage, révèle certaines dynamiques tout en laissant d'autres dans l'ombre. L'utilisation de plusieurs théories peut donc aider à construire une compréhension plus riche et nuancée d'un phénomène donné. Il est également crucial de reconnaître que chaque théorie a ses propres limites et qu'il existe toujours des aspects d'un problème ou d'un phénomène qui peuvent rester inexpliqués ou mal compris, même avec l'application de plusieurs perspectives. L'interdisciplinarité est donc essentielle pour comprendre pleinement la complexité des relations internationales et de la politique mondiale. Il s'agit de combiner diverses approches théoriques, méthodologiques et disciplinaires pour offrir une vue d'ensemble plus complète et plus nuancée des enjeux mondiaux.
Nous assistons actuellement à une transformation en cours de l'ordre international, caractérisée par un mélange d'intégration et de désintégration. D'une part, la Chine se positionne de plus en plus au sein du système international existant, comme en témoigne son adhésion à de nombreuses institutions internationales. Cela démontre une volonté d'intégration et d'adhésion aux normes et règles mondiales établies. D'autre part, la Chine crée de nouvelles institutions, comme l'Initiative Belt and Road et la Banque asiatique d'investissement pour l'infrastructure, ce qui pourrait être interprété comme un signe de désintégration ou, du moins, de remise en question de l'ordre international existant. Il est important de souligner que ce processus est en cours et que l'impact à long terme de ces développements est encore incertain. Le parallélisme de ces tendances d'intégration et de désintégration révèle la complexité de la dynamique mondiale actuelle, ainsi que l'équilibre délicat entre la coopération et la compétition sur la scène internationale. Il souligne aussi l'importance de surveiller de près ces évolutions pour comprendre les transformations futures de l'ordre mondial.
Le choix de la théorie à utiliser dépend souvent de la question spécifique que l'on cherche à comprendre. Chaque théorie des relations internationales possède sa propre lentille, mettant l'accent sur différents facteurs et mécanismes, et peut donc offrir une explication plus convaincante pour certains phénomènes par rapport à d'autres. Par exemple, si l'on s'intéresse à la question de la montée en puissance de la Chine et de ses implications pour la sécurité régionale, le néoréalisme avec son accent sur l'équilibre des pouvoirs pourrait fournir une perspective particulièrement utile. Si, en revanche, on examine les efforts internationaux pour lutter contre le changement climatique, une approche libérale qui souligne l'importance de la coopération internationale et des institutions pourrait être plus éclairante. Enfin, si l'on s'intéresse à la manière dont les normes internationales évoluent et sont interprétées, le constructivisme, qui met l'accent sur les idées, les discours et les normes sociales, pourrait offrir des insights précieux. Il est donc essentiel de choisir la théorie la plus pertinente en fonction de la question spécifique à laquelle on s'intéresse. Cependant, il peut aussi être utile de prendre en compte plusieurs perspectives pour obtenir une compréhension plus complète et nuancée des problèmes complexes et multidimensionnels qui caractérisent les relations internationales.
Anexos
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