Funcionalismo y Sistematismo

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El funcionalismo y el sistemismo son dos enfoques teóricos de la ciencia política que intentan comprender las relaciones, estructuras y procesos dentro de los sistemas políticos.

  • Funcionalismo: Este concepto se centra en los papeles y funciones que desempeñan los diversos elementos del sistema político para mantener la estabilidad y el equilibrio del sistema en su conjunto. Examina cómo contribuye cada parte a la estabilidad del sistema en su conjunto. En ciencia política, el funcionalismo puede utilizarse para analizar cómo contribuyen las distintas instituciones (como el poder legislativo, el ejecutivo, el judicial, etc.) a la estabilidad y el funcionamiento del sistema político en su conjunto.
  • Sistematismo: El sistematismo, o teoría de sistemas, es un enfoque que considera los fenómenos políticos como parte de un sistema más amplio. Se centra en las interacciones entre las diferentes partes del sistema y en cómo estas interacciones influyen en el sistema en su conjunto. El sistemismo intenta comprender el sistema político como un todo en lugar de centrarse únicamente en sus partes individuales.

Ambas teorías pueden utilizarse para comprender las relaciones de poder, las interacciones entre las distintas partes de un sistema político y cómo éstas contribuyen a la estabilidad o al cambio del sistema político.

El funcionalismo

Al igual que cada órgano del cuerpo humano tiene una función específica y contribuye al buen funcionamiento del organismo en su conjunto, cada institución o estructura de una sociedad tiene una función específica y contribuye a la estabilidad y el bienestar de la sociedad en su conjunto. El funcionalismo se basa en la idea de que la sociedad es un sistema complejo cuyas diferentes partes trabajan juntas para promover la solidaridad y la estabilidad. En ciencia política, este enfoque se utiliza para analizar cómo las distintas instituciones o estructuras, como el gobierno, la economía, la educación, los medios de comunicación, etc., contribuyen a la estabilidad y el funcionamiento de la sociedad en su conjunto.

La sociedad o la política se interpretan, por tanto, como un cuerpo vivo. Este enfoque antropomórfico, que compara la sociedad con un organismo vivo, nos ayuda a comprender cómo interactúan las distintas partes de la sociedad para crear un todo funcional. En esta analogía, las diferentes instituciones sociales y políticas se comparan con los órganos de un cuerpo. Por ejemplo, el gobierno podría verse como el cerebro, que proporciona directrices y decisiones al resto del cuerpo. La economía podría compararse con el sistema circulatorio, que distribuye los recursos (como la sangre y el oxígeno en un cuerpo) por toda la sociedad. Las escuelas y universidades podrían considerarse como el sistema nervioso, que proporciona la educación y la información (análogas a las señales nerviosas) que permiten el funcionamiento de la sociedad. Al igual que el cuerpo necesita todos sus órganos para funcionar correctamente, la sociedad necesita todas sus instituciones para mantener el equilibrio y la estabilidad. Además, al igual que los órganos del cuerpo interactúan y dependen unos de otros, las instituciones sociales y políticas también son interdependientes y sus interacciones repercuten en el funcionamiento general de la sociedad.

El funcionalismo se convirtió en una teoría dominante en la sociología y la ciencia política desde la década de 1930 hasta la de 1960, sobre todo en el mundo anglosajón. Sociólogos como Talcott Parsons y Robert K. Merton desempeñaron un papel crucial en el desarrollo de la teoría funcionalista. Talcott Parsons, en particular, suele considerarse uno de los principales contribuyentes a la teoría funcionalista. Su teoría de la acción social, que hace hincapié en la interdependencia de las partes de un sistema social y en el papel de las normas y los valores en la estabilidad social, tuvo una gran influencia en el funcionalismo. Robert K. Merton introdujo la noción de funciones manifiestas y latentes. Las funciones manifiestas son los efectos esperados e intencionados de las acciones sociales, mientras que las funciones latentes son los efectos no intencionados y a menudo no reconocidos.

En los años sesenta, el funcionalismo fue criticado por su énfasis en la estabilidad y el orden social y por no tener en cuenta el cambio y el conflicto sociales. En respuesta a estas críticas, empezaron a surgir nuevas teorías como el conflicto estructural y el interaccionismo simbólico. Sin embargo, el funcionalismo sigue siendo un enfoque importante en la sociología y la ciencia política, y sus conceptos siguen influyendo en la forma en que pensamos sobre las sociedades y los sistemas políticos.

Desde esta perspectiva, cada elemento de la sociedad, ya sea tangible o intangible, tiene un papel que desempeñar para mantener el equilibrio de todo el sistema. La estabilidad y el buen funcionamiento de la sociedad están garantizados por la interacción y la interdependencia de estos distintos elementos, cada uno de los cuales cumple sus funciones respectivas. Por ejemplo, en una sociedad, la producción de bienes y servicios es una función esencial que permite satisfacer las necesidades materiales de sus miembros. Las estructuras familiares y sociales garantizan la reproducción y socialización de nuevos miembros, contribuyendo así a la continuidad de la sociedad. Las instituciones políticas y jurídicas protegen y mantienen el orden, contribuyendo así a la estabilidad y seguridad de la sociedad. Del mismo modo, cada creencia, valor y norma social tiene un papel que desempeñar. Por ejemplo, las creencias religiosas pueden contribuir a la cohesión social proporcionando un marco de significado y valores compartidos. Las normas sociales regulan el comportamiento de los individuos y promueven la cooperación y la armonía dentro de la sociedad.

Según la teoría funcionalista, aunque toda sociedad debe cumplir ciertas funciones universales (como la producción de bienes y servicios, la reproducción y la protección de sus miembros), la forma en que se cumplen estas funciones puede variar de una sociedad a otra en función de sus instituciones culturales y sociales específicas. Aquí es donde entra en juego el concepto de "equivalentes funcionales". Diferentes instituciones o prácticas culturales pueden cumplir la misma función de diferentes maneras. Por ejemplo, la socialización -el proceso por el que los individuos aprenden e integran las normas y valores de su sociedad- puede tener lugar de distintas maneras en sociedades diferentes. En algunas sociedades, puede tener lugar principalmente a través de la imitación, donde los individuos aprenden las normas sociales observando e imitando a los demás. En otras sociedades, puede ser por fusión, cuando los individuos están inmersos en un grupo social y adoptan sus normas y valores. En otras sociedades, la socialización puede producirse por transmisión, cuando las normas y los valores se enseñan explícitamente y se transmiten de generación en generación. Estos distintos métodos de socialización son "equivalentes funcionales" en el sentido de que todos desempeñan la misma función -la socialización de los individuos-, pero de distintas maneras. Esto ilustra la flexibilidad y variabilidad de las sociedades en la forma en que desempeñan funciones universales.

El funcionalismo surgió de la antropología y recibió la influencia de varios pensadores importantes:

  1. Bronisław Malinowski: Antropólogo polaco-británico, Malinowski suele ser considerado el fundador de la antropología social británica y uno de los pioneros del funcionalismo. Introdujo la idea de que, para entender una cultura, hay que examinar cómo funcionan conjuntamente sus diferentes partes para satisfacer las necesidades humanas básicas. Malinowski también hizo hincapié en la importancia del trabajo de campo y la observación participante en el estudio de las sociedades.
  2. Alfred Radcliffe-Brown: Otro antropólogo británico, Radcliffe-Brown, desarrolló lo que denominó "estructural-funcionalismo". Consideraba la sociedad como un sistema orgánico, en el que cada parte tiene una función específica que contribuye a la supervivencia del sistema en su conjunto. Radcliffe-Brown se centró en el estudio de las relaciones sociales como sistema estructural.
  3. Talcott Parsons: Sociólogo estadounidense, Parsons desarrolló una versión compleja del funcionalismo conocida como "teoría de la acción social". Veía la sociedad como un sistema interconectado de partes que trabajan juntas para mantener un equilibrio. Parsons destacó el papel de las normas sociales y los valores culturales en el mantenimiento de la estabilidad social y argumentó que cualquier cambio social debe ser gradual para preservar este equilibrio.
  4. Robert K. Merton: Merton, también sociólogo estadounidense, introdujo varias modificaciones importantes en la teoría funcionalista. A diferencia de Parsons, Merton no creía que todo en la sociedad contribuyera a su estabilidad y bienestar. Introdujo los conceptos de funciones manifiestas y latentes, distinguiendo entre los efectos esperados y los inesperados o no reconocidos de las acciones sociales. Merton también reconoció la existencia de disfunciones, o los efectos negativos de las estructuras sociales en la sociedad.

Bronislaw Malinovski (1884 - 1942): Funcionalismo antropológico o funcionalismo absoluto

Bronisław Malinowski es una de las figuras más importantes de la antropología del siglo XX. Nacido en Polonia, Malinowski comenzó sus estudios universitarios en la Universidad Jagellónica de Cracovia, donde estudió filosofía y física. Sin embargo, pronto se interesó por la antropología y decidió continuar sus estudios en este campo. Se trasladó a Londres, donde empezó a estudiar en la London School of Economics (LSE). En la LSE trabajó con el antropólogo C.G. Seligman y se doctoró en 1916. Su tesis, basada en su trabajo de campo en Melanesia, sentó las bases de su enfoque funcionalista de la antropología. Se embarcó en un extenso trabajo de campo en Melanesia, una región del Pacífico Sur que incluye muchas islas, como Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón, Vanuatu, Nueva Caledonia y otras. Su trabajo de campo sentó las bases del método de observación participante, que sigue siendo un método central en la antropología actual. Este método implica vivir en la comunidad estudiada durante un largo periodo de tiempo, aprender la lengua local y participar en la medida de lo posible en la vida cotidiana de la comunidad.

Su libro más famoso, "Los argonautas del Pacífico occidental", es un estudio detallado de los kula, un complejo sistema de comercio entre las distintas islas de Melanesia. En esta obra, Malinowski no sólo describió detalladamente el sistema kula, sino que también trató de comprender cómo funcionaba en el contexto más amplio de la sociedad melanesia, incluido su papel en la política, la religión y la vida social. La contribución de Malinowski a la teoría funcionalista se basa en su idea de que cada aspecto de una cultura -incluidos sus rituales, mitos, sistemas económicos y sociales- tiene una función específica que contribuye a satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes. Este enfoque tuvo una influencia duradera en la antropología y también contribuyó a la aparición de la teoría funcionalista en la sociología y la ciencia política.

Bronisław Malinowski es famoso por haber pasado varios años en las islas Trobriand (actualmente conocidas como islas Kiriwina, en Papúa Nueva Guinea) entre 1915 y 1918. Durante este periodo, vivió entre la población local y participó en sus actividades cotidianas, un método de estudio de campo conocido como observación participante. Una de las observaciones más importantes de Malinowski durante su estancia en las islas Trobriand fue el sistema de comercio conocido como Kula. Este complejo sistema de comercio entre diferentes islas consistía en el intercambio de collares de conchas rojas y brazaletes de conchas blancas, que se intercambiaban en direcciones opuestas alrededor de un círculo de islas. Malinowski sostenía que el sistema Kula no era sólo una forma de intercambio económico, sino también un medio para que los individuos establecieran y mantuvieran relaciones sociales y políticas.

El planteamiento de Malinowski fue revolucionario en su momento e influyó enormemente en el desarrollo de la antropología. Demostró que sólo se puede tener un conocimiento completo y preciso de una cultura viviendo en ella y participando en sus actividades cotidianas. De este modo, se obtiene una perspectiva desde dentro de cómo las distintas partes de la cultura -economía, política, religión, etc.- trabajan juntas para satisfacer las necesidades del pueblo. - trabajan conjuntamente para satisfacer las necesidades de la población.

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El sistema kula, observado por Bronisław Malinowski en las islas Trobriand, es un sistema de intercambio ritual en el que se entregan objetos preciosos sin esperar un pago inmediato, pero con la obligación implícita de que acabarán siendo devueltos. Hay dos tipos principales de objetos intercambiados en el Kula: collares de conchas rojas, llamados soulava, que circulan en el sentido de las agujas del reloj alrededor de un círculo de socios comerciales, y pulseras de conchas blancas, llamadas mwali, que circulan en sentido contrario a las agujas del reloj. Estos objetos no tienen valor utilitario en sí mismos, pero son preciosos por su historia y su significado simbólico. Los participantes en el Kula a veces recorren largas distancias para intercambiar estos objetos. Cuando se recibe un objeto, se guarda durante cierto tiempo y luego se entrega a otro socio comercial en un intercambio posterior. Al participar en el Kula, los individuos establecen y refuerzan lazos sociales y políticos, adquieren prestigio y navegan por complejas relaciones de reciprocidad y obligación. El trabajo de Malinowski sobre el kula ha sido muy influyente y ha contribuido a conformar nuestra comprensión de la economía, la política y la cultura en las sociedades no occidentales. También desempeñó un papel clave en el desarrollo de la teoría funcionalista en antropología, que considera que las diferentes partes de una cultura están interconectadas y trabajan juntas para satisfacer las necesidades de la sociedad.

El kula es un sistema ritual de intercambio que no se corresponde con los modelos económicos occidentales tradicionales. Los objetos que se intercambian en el Kula - collares de conchas soulava y pulseras de conchas mwali - no tienen valor intrínseco como bienes materiales, pero adquieren una gran importancia simbólica y social en el contexto del Kula. Lo que resulta especialmente interesante del Kula es que no se trata de un intercambio puntual, sino de un sistema continuo de intercambio. Un objeto recibido en el marco del Kula no se conserva permanentemente, sino que debe entregarse a otro socio comercial en un intercambio posterior. De este modo, los objetos Kula están en constante movimiento, circulando de un individuo a otro y de una isla a otra. Además, los intercambios Kula van acompañados de complejos rituales y ceremonias, y la participación en el Kula confiere prestigio y estatus social. El Kula es, por tanto, mucho más que un simple sistema de intercambio económico: es un complejo fenómeno social y cultural que refuerza los lazos sociales, establece relaciones recíprocas y estructura la vida política y social de las islas Trobriand. Al estudiar el Kula, Malinowski demostró que, para comprender realmente un fenómeno social o cultural, es necesario estudiarlo en su contexto y entender cómo encaja en el funcionamiento general de la sociedad. Este es uno de los principios fundamentales de la antropología y la teoría funcionalista.

El Kula es un sistema de intercambio que, aunque no implica elementos financieros en el sentido tradicional del término, tiene una importancia crucial para la cohesión social y para mantener los vínculos entre las distintas comunidades de las islas. Los objetos que se intercambian en el Kula son bienes simbólicos que sirven para reforzar las relaciones entre las personas y mantener cierta forma de estabilidad y continuidad en la sociedad. El Kula es también un proceso muy ritualizado y regulado. Existen normas específicas sobre quién puede participar en el Kula, qué objetos pueden intercambiarse y cómo deben intercambiarse. Además, los intercambios Kula suelen ir acompañados de rituales mágicos y religiosos, lo que subraya aún más su importancia social y cultural.

El planteamiento de Malinowski de analizar las prácticas culturales desde el punto de vista de sus funciones dentro de la sociedad es una característica clave de la teoría funcionalista. En el caso de los kula, Malinowski demostró que lo que puede parecer un simple sistema de intercambio de bienes es en realidad un elemento crucial de la estructura social y política de las islas Trobriand.

La visión funcionalista de Bronisław Malinowski considera las prácticas e instituciones culturales no como elementos aislados, sino como partes integrantes de un sistema social más amplio que funciona para satisfacer las necesidades de la sociedad. En el caso del Kula, la función de este sistema de intercambio no es principalmente económica, sino más bien social y política. El Kula sirve para reforzar los lazos sociales entre individuos y comunidades, para establecer y mantener relaciones recíprocas y para estructurar las relaciones sociales y políticas. Al obligar a la gente a reunirse e intercambiar ideas regularmente, el Kula fomenta la paz y la cooperación entre las distintas comunidades de las islas Trobriand.

Esta visión funcionalista tiene importantes implicaciones para la forma en que entendemos y analizamos los sistemas políticos y sociales. Sugiere que, para comprender plenamente una institución o práctica cultural, debemos examinar su función en el contexto de la sociedad en su conjunto. Este enfoque puede ayudarnos a comprender cómo las distintas instituciones y prácticas contribuyen a la cohesión social, la estabilidad política y otros aspectos del funcionamiento de la sociedad.

Alfred Radcliffe-Brown: 1881 - 1955

Alfred Radcliffe-Brown, antropólogo británico, desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del estructuralismo y el funcionalismo en el campo de la antropología. Se le conoce sobre todo por sus estudios sobre las sociedades aborígenes de Australia.

Radcliffe-Brown propuso la idea de que las sociedades pueden entenderse como sistemas estructurados de interacción social, donde cada parte de la sociedad tiene una función específica que contribuye a la estabilidad y supervivencia del conjunto. Comparó la sociedad con un organismo biológico, donde cada órgano tiene una función específica que contribuye al bienestar de todo el cuerpo. En su libro Structure and Function in Primitive Society, Radcliffe-Brown exploró estas ideas en detalle. Sostenía que las sociedades primitivas, como las de los aborígenes australianos, tienen complejas estructuras sociales, políticas y espaciales que son en gran medida invisibles para el ojo inexperto, pero que pueden revelarse mediante un análisis cuidadoso. Radcliffe-Brown también destacó la importancia de los rituales y los mitos en estas sociedades, que consideraba herramientas clave para mantener el orden social y garantizar la cohesión del grupo. Para él, estos elementos culturales no son meras supersticiones, sino elementos funcionales esenciales de la sociedad.

La contribución de Radcliffe-Brown a la antropología y a la teoría funcionalista ha sido enormemente influyente. Su obra sentó las bases de muchos estudios posteriores sobre la estructura social y los sistemas políticos en diversos contextos culturales.

Radcliffe-Brown fusionó las ideas del estructuralismo y el funcionalismo para crear la teoría estructural-funcional.

Desde esta perspectiva, una sociedad se considera un sistema de estructuras interconectadas, cada una con una función específica que contribuye a la estabilidad e integridad del sistema en su conjunto. Estas estructuras son el resultado de prácticas e interacciones sociales, no de factores biológicos o arbitrarios. Son producto de la actividad humana, pero existen fuera de los individuos e influyen en ellos. El estructuralismo insiste en la necesidad de examinar las sociedades en su conjunto y comprender cómo encajan las distintas partes para formar un todo coherente. El funcionalismo, por su parte, se centra en analizar las funciones específicas que cumple cada parte de una sociedad en el contexto del sistema social más amplio.

El estructural-funcionalismo combina estos dos enfoques centrándose tanto en cómo las estructuras sociales son creadas por funciones sociales específicas como en cómo estas estructuras contribuyen a la estabilidad y cohesión de la sociedad en su conjunto. Este enfoque se ha utilizado ampliamente en la antropología y la sociología para analizar una amplia variedad de sociedades y culturas.

En el estructural-funcionalismo, las estructuras de la sociedad no se ven simplemente como entidades rígidas e inmutables, sino como elementos dinámicos e interactivos que desempeñan un papel activo en la organización de la vida social. Estas estructuras pueden adoptar muchas formas, como instituciones sociales, normas culturales, sistemas de creencias, rituales e incluso formas de comunicación. Cada estructura cumple una función específica que contribuye a la estabilidad y el orden de la sociedad. Por ejemplo, una institución como el matrimonio puede tener la función de regular las relaciones sexuales, proporcionar un marco para la crianza de los hijos y definir las funciones y responsabilidades de hombres y mujeres en la sociedad. Estas estructuras también funcionan como mecanismos reguladores que ayudan a mantener el equilibrio social y evitan el caos o el desorden. Promueven la cooperación y la armonía entre individuos y grupos estableciendo reglas y normas comunes de comportamiento. En resumen, en la perspectiva estructural-funcionalista, las estructuras de la sociedad se consideran elementos esenciales que permiten a las personas convivir de forma ordenada y funcional.

El estructural-funcionalismo reconoce que las sociedades no son estáticas, sino dinámicas y capaces de adaptarse y evolucionar en respuesta a diversos factores. Esta adaptabilidad puede manifestarse a varios niveles:

  1. Ecológico: Las sociedades pueden adaptarse a su entorno físico y ecológico cambiando sus medios de vida, tecnologías o prácticas medioambientales en respuesta a los cambios de su entorno.
  2. Institucionales: Las instituciones sociales, políticas y económicas pueden cambiar y adaptarse en respuesta a factores internos o externos. Por ejemplo, una sociedad puede reformar sus instituciones políticas en respuesta a la presión social en favor de una mayor democracia o justicia social.
  3. Culturales: Los valores, normas y creencias de una sociedad también pueden evolucionar y adaptarse con el tiempo. Por ejemplo, una sociedad puede cambiar sus actitudes hacia determinados comportamientos o grupos sociales en respuesta a cambios culturales o ideológicos más amplios.

Estos distintos niveles de adaptabilidad pueden interactuar y reforzarse mutuamente, dando lugar a profundas transformaciones en la estructura y la función de la sociedad. Sin embargo, incluso en el contexto de estos cambios, el estructural-funcionalismo sugiere que las sociedades mantendrán cierta coherencia y estabilidad, porque las nuevas estructuras y funciones que surjan servirán para mantener el orden y la cohesión sociales.

Con el concepto de sistema social en la perspectiva estructuralofuncionalista. La sociedad se considera un organismo complejo formado por elementos interdependientes -individuos, grupos, instituciones- todos ellos conectados por relaciones sociales. Ninguno de estos elementos existe de forma aislada; todos forman parte de un todo mayor y contribuyen a su funcionalidad y estabilidad. En este sentido, el "sistema social" no es simplemente un conjunto de individuos, sino una entidad organizada con sus propias estructuras y funciones. Estas estructuras no sólo están determinadas por la interacción de los individuos, sino que también influyen en su comportamiento y actitudes. Crean un marco de normas, valores y reglas que guían el comportamiento de los individuos y contribuyen a mantener el orden y la cohesión sociales. En este sentido, los valores colectivos desempeñan un papel central en el sistema social. Proporcionan una base común de comprensión e identificación que une a los individuos y facilita la cooperación y la armonía social. Estos valores pueden incorporarse a las instituciones y prácticas culturales de una sociedad, contribuyendo a configurar la forma en que los individuos interactúan y se comportan entre sí.

a noción de sistema social es fundamental para la sociología y la ciencia política, sobre todo desde las perspectivas estructuralista y funcionalista. Un sistema social es un conjunto organizado de interacciones sociales estructuradas en torno a normas, valores e instituciones compartidas. Es un marco que organiza y regula el comportamiento de individuos y grupos dentro de la sociedad. En un sistema social, las instituciones desempeñan un papel crucial. Las instituciones son estructuras duraderas que establecen normas y procedimientos para la interacción social. Incluyen organizaciones formales como el gobierno, las escuelas y las empresas, así como normas y valores culturales informales. Las instituciones ayudan a estructurar el comportamiento social, crean previsibilidad y orden, y facilitan la cooperación y la coordinación entre individuos y grupos. Al adherirse a las normas y valores de un sistema social, los individuos contribuyen a la estabilidad y continuidad de ese sistema. Sin embargo, los sistemas sociales también son dinámicos y pueden cambiar y evolucionar en respuesta a factores internos y externos. La sociología, como disciplina, se ocupa del estudio de estos sistemas sociales: cómo están estructurados, cómo funcionan y cómo cambian y se desarrollan con el tiempo.

A.R. Radcliffe-Brown, en su enfoque estructural-funcionalista, hizo hincapié en el concepto de adaptabilidad, la capacidad de un sistema social para ajustarse y cambiar en respuesta a limitaciones internas y externas. Según Radcliffe-Brown, la sociedad es un sistema integrado de instituciones, cada una con una función específica que cumplir para mantener el conjunto. Esta idea, tomada de la biología, postula que una sociedad, como un organismo, es un sistema de elementos interdependientes que trabajan juntos por la supervivencia y el equilibrio del sistema global. Cada institución o estructura social tiene una función que cumplir en este sistema: debe contribuir a la estabilidad y cohesión de la sociedad. En cuanto al vínculo entre estructura y función, Radcliffe-Brown veía la estructura como una disposición de partes interdependientes, cada una con una función específica que desempeñar. Según él, la función de una institución o práctica social debe entenderse en términos de su papel en el mantenimiento de la estructura social global. En cuanto a la adaptabilidad, Radcliffe-Brown sostenía que las sociedades tienen capacidad para adaptarse y modificarse en respuesta a los cambios medioambientales y sociales. Esto puede implicar cambios en las instituciones sociales, las normas, los valores, etc., con el fin de mantener el equilibrio y la estabilidad del sistema social en su conjunto. Así concebía Radcliffe-Brown la dinámica entre estructura, función y adaptabilidad en una sociedad.

Talcott Parsons: 1902 - 1979

Talcott Parsons.

Talcott Parsons es uno de los teóricos más influyentes de la sociología y la teoría social del siglo XX. Talcott Parsons comenzó sus estudios de biología en el Amherst College antes de dedicarse a la sociología y la economía. Estudió en la London School of Economics, donde recibió la influencia de varias figuras destacadas de la sociología y la economía, como Harold Laski, R.H. Tawney, Bronislaw Malinowski y Leonard Trelawny Hobhouse. Posteriormente se doctoró en sociología y economía en la Universidad de Heidelberg (Alemania).

Parsons realizó una importante contribución a la teoría funcionalista, centrándose en cómo las distintas partes de la sociedad contribuyen a su integración y estabilidad. Su trabajo influyó enormemente en el desarrollo del funcionalismo estructural, que considera la sociedad como un sistema de interacciones interdependientes.

En Política y estructura social, Parsons exploró cómo la estructura social y política afecta a las acciones individuales y colectivas. Sugirió que las acciones se rigen por normas y valores compartidos dentro de la sociedad, que a su vez están influidos por la estructura social y política. En "Los sistemas sociales y la evolución de la teoría de la acción", Parsons desarrolló su teoría de la acción, centrada en la idea de que la acción humana está dirigida y regulada por normas y valores culturales. Sostuvo que las acciones individuales están vinculadas a sistemas sociales más amplios y que estos sistemas evolucionan y cambian con el tiempo. Por último, en "La teoría de la acción y la condición humana", Parsons desarrolló aún más su teoría de la acción, centrándose en cómo las acciones están influidas por las condiciones humanas, como las necesidades fisiológicas y psicológicas, las capacidades cognitivas y las relaciones sociales.

Talcott Parsons es uno de los sociólogos más importantes del siglo XX, entre otras cosas por su enfoque sistémico de la acción social. Para él, la acción no es sólo un acto individual, sino que está integrada en un sistema de acción. Este sistema de acción es un conjunto interdependiente de comportamientos encaminados a alcanzar un determinado objetivo. Por lo tanto, no sólo debemos comprender la acción individual, sino también cómo encaja esa acción en un conjunto más amplio de relaciones e instituciones sociales. En este contexto, el gobierno, las políticas públicas y las instituciones no son sólo el resultado de la acción de individuos aislados, sino que forman parte de un complejo sistema de interacciones sociales. Esto pone de relieve la importancia de la estructura social a la hora de determinar el comportamiento de los individuos, y cómo las acciones individuales contribuyen a reproducir o transformar dicha estructura. Por ejemplo, la política gubernamental puede entenderse como el producto de un sistema de acción compuesto por políticos, burócratas, grupos de interés y ciudadanos, cada uno de los cuales actúa según sus propias motivaciones, pero todos contribuyen a la aplicación de la política en el marco de estructuras sociales específicas. Este enfoque sistémico de la acción social ha tenido una gran influencia en la sociología y la ciencia política, sobre todo en el análisis de las instituciones, las políticas públicas y el poder.

En el pensamiento de Talcott Parsons, un sistema de acción es un conjunto de unidades de acción interdependientes. Cada unidad de acción se guía por normas y valores que dirigen su comportamiento hacia objetivos específicos. Estas unidades de acción pueden ser individuos, pero también grupos, organizaciones o sociedades enteras. En este sistema, las acciones de las distintas unidades están vinculadas entre sí para formar un todo coherente. De este modo, las decisiones individuales se ven influidas por el sistema de acciones en su conjunto y, a su vez, contribuyen a conformar dicho sistema. Por ejemplo, en una organización como una empresa, las acciones de los empleados individuales se coordinan para alcanzar los objetivos de la empresa. Cada empleado actúa de acuerdo con su papel específico en la organización, pero sus acciones también contribuyen a la consecución de los objetivos generales de la empresa.

Lo importante en esta perspectiva es que las acciones individuales no están determinadas simplemente por las preferencias personales de los individuos, sino que también están influidas por las normas, valores y objetivos del sistema de acción en su conjunto. De este modo, las elecciones individuales se ven influidas por el sistema de acción global e influyen en él.

Talcott Parsons conceptualizó lo que denominó "teoría del sistema de acción" (o el "esquema AGIL" - Adaptación, Consecución de Objetivos, Integración, Latencia) para explicar cómo las sociedades (o cualquier sistema social) intentan mantener el equilibrio y el orden sociales. Cada una de las cuatro funciones de este diagrama es esencial para la supervivencia de un sistema social. Todas trabajan juntas y, si una de ellas falla, el sistema puede estar en peligro.

  1. Adaptación: se refiere a la capacidad de un sistema social para reunir y utilizar los recursos de su entorno con el fin de sobrevivir y prosperar. Se trata básicamente de la relación del sistema con su entorno y de cómo se adapta a él.
  2. Consecución de objetivos: Se refiere a la capacidad del sistema para definir y perseguir objetivos. En una sociedad, esto podría considerarse el papel del gobierno, que establece objetivos políticos y aplica políticas para alcanzarlos.
  3. Integración: Esta función se refiere a la gestión de las relaciones entre las distintas partes del sistema social para mantener el orden y evitar conflictos. Es el aspecto de la cohesión social, el modo en que las distintas partes de un sistema colaboran para mantener la unidad.
  4. Latencia: Esta función se refiere al mantenimiento y renovación de las motivaciones, valores y normas que sustentan el sistema. Es el "pegamento" cultural que une a las personas y mantiene el sistema en funcionamiento.

Estas cuatro funciones interactúan entre sí y son necesarias para la supervivencia de un sistema social.

En realidad, rara vez se consigue un respeto perfecto de estas cuatro funciones. Los sistemas sociales son complejos y dinámicos, y están sujetos a muchas presiones internas y externas que pueden perturbar su funcionamiento.

  1. Adaptación: Los sistemas sociales pueden no adaptarse adecuadamente a los cambios de su entorno. Por ejemplo, una empresa puede no ser capaz de adaptarse rápidamente a una nueva tecnología, lo que podría llevarla a la quiebra. Del mismo modo, una empresa puede tener dificultades para adaptarse a cambios rápidos, como los provocados por la globalización o el cambio climático.
  2. Persecución de objetivos: Los sistemas sociales también pueden fracasar a la hora de definir y alcanzar sus objetivos. Por ejemplo, un gobierno puede fracasar en la consecución de sus objetivos en materia de reducción de la pobreza, desempleo, educación, sanidad, etc.
  3. Integración: En un sistema social pueden surgir tensiones y conflictos que amenacen su integridad. Por ejemplo, las divisiones sociales, étnicas, religiosas o políticas pueden amenazar la estabilidad de una sociedad.
  4. Latencia: Por último, los sistemas sociales pueden experimentar dificultades para mantener y renovar los valores, normas y motivaciones que sustentan su existencia. Por ejemplo, puede producirse una crisis de valores cuando se cuestionan las normas tradicionales o cuando las personas se sienten desconectadas de los valores dominantes de la sociedad.

A menudo, estos problemas están interconectados y pueden reforzarse mutuamente, creando importantes retos para la estabilidad y sostenibilidad de los sistemas sociales. Por ello, comprender estas funciones y cómo pueden apoyarse y reforzarse es crucial para la gestión y resolución de los problemas sociales.

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El paradigma funcional de Parsons del sistema de acción es circular y dinámico. Cada función, o fase, del ciclo - Adaptación, Búsqueda de objetivos, Integración, Latencia - no es sólo la consecuencia de la fase anterior, sino también la condición para la siguiente.

En otras palabras, cada función debe realizarse no sólo para satisfacer las necesidades inmediatas del sistema, sino también para prepararlo para realizar la siguiente función. Por ejemplo, la adaptación (la capacidad del sistema de utilizar los recursos del entorno para satisfacer sus necesidades) es necesaria no sólo para la supervivencia inmediata del sistema, sino también para permitirle definir y perseguir sus objetivos. Del mismo modo, la consecución de los Objetivos es un requisito previo para la Integración (la coordinación y cohesión del sistema), que a su vez prepara al sistema para la fase de Latencia (la generación y conservación de energía o motivación para la acción).

De este modo, el sistema de acción está siempre en movimiento, pasando de una fase a otra en un bucle continuo. Este modelo de ciclo dinámico refleja la complejidad e interdependencia de los procesos sociales en los sistemas de acción.

Robert King Merton (1910 - 2003): funcionalismo medio

Robert King Merton.

Robert King Merton était un sociologue américain renommé et influent. Né le 4 juillet 1910 et décédé le 23 février 2003, Merton est surtout connu pour avoir développé des concepts fondamentaux en sociologie, tels que la théorie des fonctions manifestes et latentes, l'anomie, la prophétie autoréalisatrice, le rôle modèle, et l'effet Matthieu. Merton a également apporté une contribution significative à la sociologie de la science avec son analyse du phénomène dit de "priorité" dans la découverte scientifique. Il a également étudié l'impact de certaines structures sociales sur la conduite de la science. Son travail sur les fonctions manifestes et latentes a été particulièrement influent. Les fonctions manifestes sont les conséquences prévues et reconnues d'un phénomène social ou d'une action, tandis que les fonctions latentes sont les conséquences non intentionnelles et souvent non reconnues. Par exemple, dans le cas de l'éducation, une fonction manifeste serait l'acquisition de connaissances et de compétences, tandis qu'une fonction latente pourrait être la socialisation des individus dans certaines normes et valeurs sociétales. Son travail a profondément influencé la sociologie et continue d'être largement cité et utilisé dans la recherche sociologique contemporaine.

Robert Merton a apporté une perspective plus nuancée à la théorie fonctionnaliste, en reconnaissant que les individus jouent un rôle actif dans la société et que le dysfonctionnement social est une réalité inhérente à toute organisation sociale.

  1. Le rôle des individus : Merton a souligné que, bien que les structures sociales exercent une forte influence sur le comportement des individus, ces derniers ne sont pas simplement passifs face à ces structures. Au contraire, ils sont capables d'interpréter leur environnement social et d'agir de manière créative et souvent imprévisible. En d'autres termes, Merton a reconnu que les individus sont à la fois influencés par le système social et capables de l'influencer en retour.
  2. L'anomie et le dysfonctionnement social : Merton a également souligné que toutes les parties d'un système social ne fonctionnent pas toujours harmonieusement ensemble. Il a introduit le concept d'anomie pour décrire un état de confusion, de désordre ou de manque de règles claires, ce qui peut se produire lorsque les structures sociales changent rapidement ou lorsque les attentes culturelles sont en conflit. De plus, Merton a souligné que les dysfonctionnements sociaux, tels que la déviance et le crime, sont souvent une réponse à l'anomie.

Robert Merton a été influencé par Émile Durkheim, un des pères fondateurs de la sociologie moderne. Durkheim a développé la théorie fonctionnaliste, qui se concentre sur la manière dont les différents éléments d'une société travaillent ensemble pour maintenir l'ordre et la stabilité. L'influence de Durkheim sur Merton est particulièrement évidente dans les concepts de l'anomie et du dysfonctionnement social. Durkheim a introduit le concept d'anomie pour décrire un état de désintégration sociale où les individus ne se sentent plus guidés par les normes et les valeurs communes. Il a soutenu que l'anomie résulte d'un manque de régulation sociale et peut conduire à des problèmes tels que le suicide et la criminalité. Merton a repris ce concept et l'a développé en analysant les causes et les conséquences de l'anomie dans le contexte de la société américaine. Il a également intégré les idées de Durkheim sur les fonctions et les dysfonctions sociales dans sa propre théorie fonctionnaliste. En somme, Merton a contribué à étendre et approfondir la théorie fonctionnaliste en s'appuyant sur les travaux de Durkheim et en les adaptant à de nouveaux contextes et problèmes sociaux. Ces contributions de Merton à la théorie fonctionnaliste ont permis de rendre cette approche plus dynamique et plus apte à rendre compte de la complexité de la vie sociale.

Dans la théorie de l'anomie de Merton, l'anomie est perçue comme un état de déséquilibre causé par la discordance entre les objectifs culturels et les moyens institutionnalisés pour les atteindre. En d'autres termes, lorsqu'une société impose à ses membres des attentes ou des aspirations qu'ils ne peuvent pas atteindre par des moyens légitimes, cela peut entraîner une anomie, ou un sentiment d'aliénation et de désorientation. L'anomie, selon cette perspective, peut se manifester de plusieurs façons, par exemple par des comportements déviants, comme le crime ou la rébellion contre les normes sociales établies. Cela peut également mener à une désorganisation sociale, à des conflits et à des tensions au sein de la société. Il est important de souligner que pour Merton, l'anomie n'est pas simplement une absence de normes, mais plutôt une rupture ou une incohérence dans le système normatif de la société. Cela peut résulter de changements rapides et profonds dans la société, ou de l'incapacité des institutions sociales à s'adapter ou à répondre à de nouvelles conditions ou exigences. Dans tous les cas, l'anomie représente une forme de dysfonctionnement social, où les structures et les processus normaux de la société sont perturbés ou mis en échec.

Le concept d'anomie reflète une situation dans laquelle les normes sociales qui régissent le comportement des individus sont affaiblies ou confuses. Cela peut survenir lorsque la société subit des changements rapides et profonds, ou lorsqu'il y a une discordance significative entre les aspirations culturelles d'une société et les moyens légitimes disponibles pour atteindre ces aspirations. Dans ce contexte, l'anomie peut être perçue comme une sorte de "zone grise" entre un ancien ordre social et un nouvel ordre qui n'a pas encore été clairement défini ou accepté. C'est une période de transition potentiellement problématique, pendant laquelle les individus peuvent se sentir perdus, déboussolés ou incertains quant à la façon de se comporter. L’anomie est décrite non seulement comme une structure sociale qui ne fonctionne plus, mais du coup comme des individus en attente de sens perdu et qui dans l’attente de ce sens perdu peuvent redéfinir des comportements spécifiques notamment des comportements de violence ou de déviance. La déviance étant un comportement qui ne répond plus aux comportements et aux aspirations de la société. La déviance surviendrait au moment où il y a disproportion entre les flux culturels considérés comme valables et les moyens légitimes auxquels les individus peuvent avoir accès pour atteindre ces buts. Par ailleurs, il convient de noter que Merton utilise le concept d'anomie pour expliquer la déviance et le crime dans la société. Selon lui, lorsque les individus ne peuvent atteindre leurs objectifs par des moyens légitimes (par exemple, en raison de la pauvreté ou de la discrimination), ils peuvent être tentés de recourir à des moyens illégitimes, ce qui peut conduire à des comportements déviants ou criminels.

Selon Merton, la déviance est un symptôme d'un dysfonctionnement ou d'une désorganisation au sein d'un système social. Quand il y a un écart entre les objectifs culturellement valorisés dans une société et les moyens socialement acceptés pour atteindre ces objectifs, cela crée une tension ou une pression qui peut conduire à la déviance. Dans le cadre de la mafia, si une société valorise la richesse et le succès économique, mais que les moyens légitimes pour atteindre ces objectifs (par exemple, l'éducation, le travail acharné, l'entrepreneuriat) sont inaccessibles à certains groupes de personnes (en raison de la pauvreté, de la discrimination, etc.), alors ces personnes peuvent être tentées de recourir à des moyens illégitimes (comme le crime organisé) pour atteindre ces objectifs. En ce sens, la déviance peut être vue non seulement comme un symptôme d'un dysfonctionnement social, mais aussi comme une réponse créative ou adaptative à ce dysfonctionnement. Cependant, cette réponse peut en elle-même créer de nouveaux problèmes et défis, comme la criminalité, la violence et l'instabilité sociale.

Dans "Contemporary Social Problems: An Introduction to the Sociology of Deviant Behavior and Social Disorganization", Merton et Nisbet analysent la manière dont les structures sociales et culturelles peuvent à la fois produire des comportements conformes et déviants. Merton a développé une théorie appelée "théorie de la déviance structurelle" qui analyse comment la structure sociale et culturelle d'une société peut conduire à la déviance. Selon cette théorie, lorsque la structure sociale d'une société met en place des buts culturels, mais ne fournit pas à tous ses membres les moyens légitimes pour atteindre ces buts, certains individus peuvent recourir à la déviance pour atteindre ces buts. De plus, Merton a également introduit le concept de "désorganisation sociale" pour décrire une situation où les normes sociales et les règles de comportement sont faibles ou inexistantes, ce qui peut conduire à un niveau élevé de comportements déviants. La théorie de Merton a eu une influence considérable sur la sociologie de la déviance et reste une référence majeure dans ce domaine.

Dans leur analyse de la désorganisation sociale, Merton et Nisbet ont identifié plusieurs facteurs clés qui peuvent contribuer à la désorganisation d'un système social :

  1. Les conflits institutionnels : Ils se produisent lorsque les institutions d'une société entrent en conflit les unes avec les autres. Par exemple, dans une société où les valeurs économiques priment sur les valeurs familiales, un individu peut être tiraillé entre le besoin de travailler de longues heures pour réussir économiquement et le désir de passer du temps avec sa famille. Ces types de conflits peuvent créer du stress, de la confusion et de la désorganisation au sein de la société.
  2. La mobilité sociale : Une mobilité sociale excessive ou insuffisante peut également contribuer à la désorganisation sociale. Par exemple, dans une société où la mobilité sociale est très faible, les individus peuvent se sentir piégés et frustrés, ce qui peut mener à la déviance et à la désorganisation sociale. Inversement, dans une société où la mobilité sociale est très élevée, les individus peuvent se sentir déconnectés de leur communauté et de leurs racines, ce qui peut également mener à la désorganisation sociale.
  3. L'anomie : L'anomie, un concept que Merton a emprunté à Durkheim, se réfère à une situation dans laquelle les normes sociales sont faibles ou confuses, ce qui peut mener à la déviance et à la désorganisation sociale. Dans une société anomic, les individus peuvent se sentir perdus et désorientés, ne sachant pas comment se comporter ou quels sont les objectifs qu'ils devraient poursuivre.

Le fonctionnalisme est une approche qui examine les fonctions des phénomènes sociaux et comment ils contribuent à la stabilité et à la continuité de la société dans son ensemble. Le fonctionnalisme se concentre sur l'interdépendance des différentes parties de la société et sur la manière dont elles s'articulent pour former un tout cohérent. La Kula est un excellent exemple de ce genre de phénomène. La Kula est un système complexe d'échanges rituels pratiqué par les habitants des îles Trobriand en Papouasie-Nouvelle-Guinée. Bien que ces échanges impliquent des objets de valeur, leur véritable fonction, selon les anthropologues comme Bronislaw Malinowski, n'est pas économique mais sociale. Le système Kula crée des liens entre différentes communautés, favorise la coopération, renforce les statuts sociaux et prévient les conflits. De cette façon, il contribue à la stabilité et à l'ordre de la société dans son ensemble. Ainsi, même si les échanges individuels peuvent sembler irrationnels ou inefficaces d'un point de vue économique, ils sont en fait fonctionnels pour la société en tant que système. C'est cet aspect du fonctionnalisme - l'idée que les institutions et les pratiques sociales peuvent avoir des fonctions sociales importantes, même si elles ne sont pas immédiatement évidentes - qui a été particulièrement influent dans la sociologie et l'anthropologie.

Dans une perspective fonctionnaliste, les individus sont considérés comme des parties intégrantes d'un système social plus vaste. Leur comportement, leurs valeurs et leurs normes sont censés soutenir le fonctionnement global et la stabilité de ce système. C'est ce qu'on appelle souvent l'intégration sociale - le processus par lequel les individus sont amenés à accepter et à adhérer aux normes et valeurs du système social dans lequel ils vivent. Cependant, il peut y avoir des variations dans le degré d'intégration des individus. Certains peuvent adhérer étroitement aux normes et valeurs dominantes, tandis que d'autres peuvent s'en écarter. Ces écarts par rapport à la norme sont souvent appelés "déviations". La déviance n'est pas nécessairement négative ou destructrice pour le système social. Parfois, elle peut être un moteur de changement et d'évolution. Par exemple, les comportements déviants peuvent remettre en question les normes et les valeurs existantes, ce qui peut conduire à leur réévaluation et à leur changement. Dans d'autres cas, la déviance peut renforcer les normes et les valeurs en fournissant un exemple de ce qu'il ne faut pas faire. Néanmoins, une déviance excessive ou destructrice peut menacer la stabilité du système social. C'est là qu'interviennent les mécanismes de contrôle social, qui visent à décourager la déviance et à encourager la conformité aux normes et aux valeurs du système. Ces mécanismes peuvent prendre de nombreuses formes, allant des sanctions formelles (comme la punition légale) aux sanctions informelles (comme la désapprobation sociale). En résumé, dans une perspective fonctionnaliste, les individus sont à la fois des produits et des producteurs du système social. Leur comportement peut soutenir ou défier le système, et le système, à son tour, cherche à réguler leur comportement pour maintenir son propre équilibre et sa stabilité.

La théorie systémique

La théorie systémique, est une façon d'aborder l'action sociale ou humaine qui tient compte de différents niveaux ou systèmes d'interaction. Ces systèmes peuvent être compris comme suit :

  • Système biologique : Il s'agit du niveau le plus élémentaire de l'action humaine, qui comprend les besoins et motivations physiques de base d'un individu, tels que la faim, la soif, le sommeil et l'évitement de la douleur. Ce système est généralement influencé par la génétique et la biologie de l'individu.
  • Système de la personnalité : Ce système se réfère à la structure psychologique de l'individu, y compris ses traits de personnalité, ses attitudes, ses valeurs et ses motivations plus complexes. Ce système est influencé par les expériences individuelles de la personne, y compris son apprentissage, son socialisation et ses expériences de vie.
  • Système social : Ce système englobe les interactions et relations de l'individu avec d'autres personnes et avec les institutions sociales. Il comprend les structures sociales comme la famille, l'école, le lieu de travail, les communautés et la société dans son ensemble.
  • Système culturel : Ce système comprend l'ensemble des valeurs, normes, croyances et symboles qui sont partagés par un groupe ou une société. La culture influence la façon dont les individus perçoivent et interprètent le monde autour d'eux, et elle fournit un cadre pour comprendre et donner un sens à leur comportement.

Dans cette perspective, l'action humaine est vue comme le produit d'une interaction complexe entre ces différents systèmes. Chaque système influence et est influencé par les autres, créant un réseau dynamique et interdépendant d'influences qui façonnent le comportement humain.

Quelle est la différence entre une approche de politique traditionnelle et une approche systémique ?

L'approche systémique de l'analyse politique diffère de l'approche traditionnelle de plusieurs façons importantes.

Dans l'approche traditionnelle, l'accent est souvent mis sur les acteurs individuels et leurs décisions. Les politiciens, les partis politiques, les bureaucrates, les électeurs, les groupes d'intérêt, etc., sont analysés comme des entités distinctes qui prennent des décisions en fonction de leurs intérêts, de leurs idéologies ou de leurs motivations personnelles.

En revanche, l'approche systémique met l'accent sur les interactions entre ces acteurs et la façon dont ils sont influencés par les structures plus larges du système politique. Les acteurs sont vus non pas comme des entités isolées, mais comme des parties d'un système interconnecté qui agissent en fonction des contraintes et des opportunités offertes par le système. Dans cette perspective, les ressources, la puissance et les avantages sociaux ne sont pas simplement possédés par des acteurs individuels, mais sont distribués et négociés à travers le système. Les acteurs acquièrent leur puissance et leurs avantages non seulement grâce à leurs propres actions, mais aussi grâce à leurs relations avec d'autres acteurs et à leur position dans le système. En outre, l'approche systémique tient compte des conflits et des compétitions entre les acteurs. Au lieu de supposer que tous les acteurs partagent les mêmes intérêts ou objectifs, cette approche reconnaît que les acteurs peuvent avoir des intérêts divergents et peuvent entrer en conflit les uns avec les autres pour obtenir des ressources ou du pouvoir.

En somme, l'analyse systémique offre une perspective plus holistique et dynamique de la politique, qui met l'accent sur les interconnexions, les relations de pouvoir et les processus de changement.

Dans l'analyse systémique, le système est considéré comme un tout cohérent, même si ce dernier est composé de nombreux sous-systèmes et acteurs individuels. Chaque élément du système est considéré en relation avec les autres et non de manière isolée. L'accent est mis sur la cohérence du système dans son ensemble, plutôt que sur les actions ou les caractéristiques de ses composants individuels. La notion de rétroaction est également essentielle dans l'analyse systémique. Les systèmes sont vus comme des entités dynamiques qui sont constamment en train de changer et de s'ajuster en réponse à diverses forces internes et externes. Ce processus d'ajustement implique une forme de rétroaction, où les résultats des actions antérieures influencent les actions futures.

Dans ce contexte, la prise de décision n'est pas perçue comme un processus linéaire, mais plutôt comme un processus cyclique et récursif. Les décisions sont prises, mises en œuvre, évaluées, puis révisées en fonction de leur efficacité. Cela peut conduire à des changements dans les objectifs, les stratégies, les politiques, etc. C'est ce qu'on appelle souvent une "causalité non linéaire", où les effets ne sont pas simplement proportionnels aux causes, mais peuvent être influencés par une variété de facteurs interdépendants. Cela rend l'analyse systémique particulièrement utile pour étudier des situations complexes et dynamiques où il y a de nombreuses variables en jeu.

David Easton (1917 - 2014) : la théorie systémique en sciences politiques

David Easton est un politologue canadien reconnu pour sa contribution à la théorie politique et à la méthodologie de la recherche en sciences politiques. Né en 1917 et décédé en 2014, Easton a été l'un des pionniers de l'approche systémique en sciences politiques.

Dans son œuvre "A Framework for Political Analysis" (1965), Easton a proposé un modèle de système politique qui est devenu fondamental dans la théorie politique. Son approche systémique a défini le système politique comme une entité complexe qui reçoit des intrants (inputs) de la société environnante, les transforme à travers un "processus de conversion politique" et produit des extrants (outputs) sous forme de politiques publiques. Selon Easton, les intrants dans le système politique incluent les demandes et les soutiens de la part des citoyens et d'autres acteurs de la société. Ces intrants sont transformés par le système politique à travers une série de processus, notamment la formulation des politiques, la prise de décision, la mise en œuvre des politiques et l'évaluation des politiques. Les extrants du système politique sont les politiques publiques et les actions qui en résultent. Ces extrants ont un impact sur la société et peuvent à leur tour générer de nouvelles demandes et soutiens, créant ainsi une boucle de rétroaction. La théorie des systèmes politiques d'Easton a été largement influente dans le domaine des sciences politiques et a fourni un cadre conceptuel pour l'étude de la politique comme un système complexe d'interactions entre divers acteurs et processus.

David Easton est connu pour avoir appliqué la théorie des systèmes à l'étude de la politique. Dans cette perspective, il a conceptualisé le système politique comme un processus d'entrées (inputs), de conversions et de sorties (outputs). Les entrées comprennent les demandes et les soutiens. Les demandes proviennent des individus, des groupes et des institutions de la société qui veulent que le système politique agisse d'une certaine manière. Les soutiens sont les ressources que les individus, les groupes et les institutions sont prêts à donner au système politique pour qu'il fonctionne. Les conversions représentent le processus politique lui-même - comment le système politique traite les demandes et les soutiens, prend des décisions et crée des politiques. Les sorties sont les décisions et actions du système politique qui affectent la société. Selon Easton, il y a également des boucles de rétroaction dans ce système. Les sorties du système politique affectent les entrées, car les actions du système politique peuvent modifier les demandes et les soutiens. Cela crée un cycle continu d'entrées, de conversions et de sorties. Cette approche systémique a permis à Easton de considérer la politique comme un ensemble interconnecté d'activités plutôt que comme une série d'événements isolés. Cela a permis une analyse plus complexe et nuancée du fonctionnement du politique.

Dans son ouvrage The Political System publié en 1953 David Easton a adopté une perspective universelle dans son approche de la politique. Selon lui, tous les systèmes politiques, qu'ils soient démocratiques, autoritaires, totalitaires ou autres, partagent des caractéristiques communes qui permettent de les étudier de manière comparative. L'approche d'Easton se distingue de celle de l'anthropologie, qui met souvent l'accent sur la diversité et la singularité des cultures et des systèmes politiques. L'anthropologie tend à adopter une perspective relativiste, affirmant qu'il n'y a pas de normes universelles par lesquelles évaluer les cultures et les systèmes politiques, mais que chaque culture ou système doit être compris dans son propre contexte. Cependant, Easton considérait que son approche systémique offrait une base pour l'analyse comparative. Il soutenait que, bien que les systèmes politiques puissent différer en surface, ils partagent tous des processus fondamentaux similaires d'entrées, de conversions et de sorties. En se concentrant sur ces processus communs, Easton croyait qu'il était possible de tirer des conclusions générales sur le fonctionnement de la politique. Cela ne signifie pas que l'approche d'Easton négligeait les différences entre les systèmes politiques. Au contraire, il reconnaissait que la manière dont ces processus se déroulent peut varier considérablement d'un système à l'autre. Cependant, il estimait que ces variations pouvaient être comprises à travers le prisme de sa théorie systémique.

David Easton a proposé une approche systémique pour étudier la politique, suggérant que les phénomènes politiques pourraient être mieux compris si on les analysait comme des systèmes interconnectés. Il croyait que la société contemporaine, bien que complexe, pouvait être organisée et comprise en termes de systèmes. Selon Easton, un système politique comprend un ensemble d'interactions qui convertissent les entrées (demandes et soutiens de la part des citoyens) en sorties (décisions et actions politiques). Ces sorties ont ensuite des effets sur la société, qui produisent de nouvelles entrées, créant ainsi un cycle continu. Easton a également souligné l'importance de l'environnement d'un système politique, qui comprend d'autres systèmes sociaux, tels que l'économie, la culture, le système juridique, etc. Il a reconnu que ces systèmes peuvent influencer et être influencés par le système politique. Ainsi, l'approche d'Easton a cherché à fournir une vision globale de la politique, qui prend en compte à la fois les processus internes des systèmes politiques et leurs interactions avec d'autres systèmes sociaux. Cette perspective systémique a été influente dans le domaine des sciences politiques et continue d'être utilisée par de nombreux chercheurs aujourd'hui.

David Easton a souligné l'importance de ces fonctions dans l'élaboration d'une théorie politique. Expliquons un peu plus en détail :

  1. Proposer des critères pour identifier les variables à analyser : cela signifie déterminer quels éléments ou caractéristiques d'un système politique sont les plus importants à étudier. Cela pourrait inclure des choses comme les structures de gouvernance, les processus décisionnels, les politiques publiques, etc.
  2. Établir des relations entre ces variables : une fois que les variables pertinentes ont été identifiées, la prochaine étape est de comprendre comment elles sont liées les unes aux autres. Par exemple, comment les structures de gouvernance influencent-elles les processus décisionnels ? Comment les processus décisionnels influencent-ils les politiques publiques ?
  3. Expliquer ces relations : après avoir identifié les relations entre les variables, la prochaine étape est d'expliquer pourquoi ces relations existent. Quels mécanismes ou facteurs sous-jacents expliquent ces relations ?
  4. Élaborer un réseau de généralisation : cela implique de tirer des conclusions générales à partir des données et des analyses spécifiques. Par exemple, si une certaine relation entre les variables a été observée dans plusieurs systèmes politiques différents, il peut être possible de généraliser cette relation à tous les systèmes politiques.
  5. Découvrir de nouveaux phénomènes : enfin, l'élaboration d'une théorie politique peut aussi impliquer la découverte de nouveaux phénomènes ou tendances au sein des systèmes politiques. Cela pourrait être le résultat d'une analyse approfondie des données, ou cela pourrait découler de l'application de la théorie à de nouveaux contextes ou situations.

Ces fonctions forment ensemble un cadre pour l'élaboration de théories politiques robustes et utiles. Easton a soutenu que l'application de ce cadre pourrait aider à organiser et à clarifier notre compréhension des systèmes politiques.

La théorie systémique, telle que présentée par David Easton, propose une approche globale pour analyser les systèmes politiques. Elle ne se limite pas à l'étude des institutions politiques ou des comportements individuels, mais cherche plutôt à comprendre les systèmes politiques comme des ensembles interconnectés de structures, de processus et de relations. Les différentes composantes d'un système politique - telles que le gouvernement, les groupes d'intérêt, les citoyens, etc. - sont considérées comme faisant partie d'un même système global. Ces composantes sont interdépendantes et interagissent les unes avec les autres de manière complexe. De plus, la théorie systémique peut également être utilisée pour comparer et classifier les différents types de régimes politiques. Par exemple, on pourrait utiliser cette approche pour distinguer entre les démocraties libérales, les régimes autoritaires, les monarchies constitutionnelles, etc., en fonction de la manière dont leurs différents sous-systèmes sont organisés et interagissent. La théorie systémique offre un cadre analytique puissant pour étudier les systèmes politiques. Elle permet une compréhension plus nuancée et intégrée de la complexité et de la dynamique des systèmes politiques.

Jean-William Lapierre (1921 - 2007)

Jean-William Lapierre était un sociologue et politologue français. Il est connu pour ses travaux sur la théorie politique et la sociologie du pouvoir. Au cours de sa carrière, il a également occupé plusieurs postes universitaires, notamment à l'Université Paris 8 et à l'Institut d'études politiques de Paris.

Lapierre a développé une approche unique de la théorie politique, qu'il a appelée "analyse stratégique". Selon cette approche, le pouvoir est considéré comme un phénomène relationnel et stratégique, qui implique des interactions complexes entre différents acteurs sociaux. Cette perspective s'écarte de certaines approches plus traditionnelles de la théorie politique, qui tendent à concevoir le pouvoir comme une propriété ou une ressource détenue par certains acteurs. Dans ses travaux, Lapierre a également mis l'accent sur l'importance des conflits sociaux et des luttes pour le pouvoir dans la formation et le fonctionnement des sociétés politiques. Il a souligné le rôle de la domination, de la résistance et de la négociation dans ces processus. Lapierre a eu une influence considérable dans le domaine des sciences politiques et sociales, et ses idées continuent d'être discutées et débattues aujourd'hui.

Jean-William Lapierre soutenait que tous les systèmes politiques, quels que soient leur culture ou leur contexte historique, peuvent être analysés en utilisant une approche systémique. Selon lui, tous les systèmes politiques partagent certaines caractéristiques fondamentales et fonctionnent selon des principes communs, malgré leurs différences apparentes. L'approche systémique de Lapierre implique l'observation et l'analyse des relations et interactions entre les différentes parties d'un système politique, ainsi que la manière dont ces parties contribuent à la fonction globale du système. Il a insisté sur le fait que l'analyse systémique doit prendre en compte non seulement les structures et les processus politiques, mais aussi les comportements et les attitudes des acteurs au sein du système. Dans son livre "L'analyse des systèmes politiques", Lapierre a développé cette approche en détail, expliquant comment elle peut être utilisée pour comprendre une variété de phénomènes politiques, y compris le pouvoir, la résistance, la domination, et la négociation. Il a également souligné l'importance de la prise en compte des conflits et des tensions au sein des systèmes politiques, qui jouent un rôle clé dans leur dynamique et leur évolution.

Jean-William Lapierre envisageait les systèmes politiques comme des systèmes de transformation d'informations, une idée centrale dans l'approche systémique. Cette transformation d'informations se déroule en deux étapes principales : l'input (entrée) et l'output (sortie).

  • Input : Cette étape concerne le recueil et le traitement des informations et des demandes provenant de la société. Cela peut comprendre les opinions publiques, les demandes des citoyens, les problèmes sociaux, les défis économiques, etc. Ces informations sont recueillies par divers moyens, tels que les sondages d'opinion, les consultations publiques, les protestations, les groupes de pression, etc.
  • Output : Cette étape concerne la réponse du système politique aux informations et aux demandes recueillies lors de l'étape de l'input. Cela peut comprendre l'élaboration de nouvelles politiques, la mise en œuvre de programmes, la modification de lois, la prise de décisions judiciaires, etc. L'output est le résultat visible du fonctionnement du système politique.

Selon cette perspective, l'efficacité d'un système politique peut être mesurée par sa capacité à transformer efficacement les inputs en outputs appropriés. C'est-à-dire, sa capacité à répondre efficacement aux demandes et aux besoins de la société. Il est également à noter que les outputs du système politique peuvent à leur tour influencer les inputs, créant ainsi une boucle de rétroaction. Par exemple, une nouvelle politique (output) peut provoquer des réactions de la part du public (input), ce qui peut à son tour influencer l'élaboration de politiques futures.

L'analyse systémique, telle que développée par des chercheurs comme Jean-William Lapierre, peut nous aider à comprendre des événements historiques comme la Révolution française. Dans ce cas, le système politique de la monarchie absolue a été incapable de traiter efficacement les inputs de la société française, en particulier les signaux de mécontentement croissant et de crise économique.

Louis XIV a construit Versailles dans un but politique : centraliser son pouvoir et affirmer son contrôle sur la noblesse. En invitant les nobles à résider à Versailles, il a pu les garder sous sa surveillance, minimisant ainsi leur capacité à comploter ou à se rebeller contre lui. Cependant, en établissant la cour à Versailles, Louis XIV s'est également éloigné de Paris, le centre politique, économique et culturel de la France. Cela pourrait avoir limité sa capacité à comprendre et à répondre efficacement aux problèmes de la population parisienne et, plus largement, du peuple français. Vesrsailles en tant qu'extraterritorialité est une interprétation possible du concept d'input et d'output dans le contexte de l'analyse systémique. L'input pourrait être considéré comme l'information ou les signaux venant de la société, tandis que l'output est la réponse ou l'action du système politique en réponse à ces signaux. Le roi Louis XVI, comme ses prédécesseurs, s'est éloigné des réalités de la vie de ses sujets, en particulier ceux de Paris. En se retirant à Versailles, il a perdu une partie de sa capacité à recevoir et à comprendre les inputs de la société parisienne. Il n'a pas réussi à comprendre et à répondre aux signaux d'agitation sociale croissante et aux problèmes économiques causés par les mauvaises récoltes et les épidémies. Lorsque la crise a atteint son paroxysme, le système politique de la monarchie a été incapable de produire les outputs nécessaires pour résoudre la crise. La réponse inadéquate du roi à la crise, notamment sa résistance aux réformes, a conduit à un mécontentement encore plus grand et finalement à la révolution. Nous pouvons noter ce bref échange entre Louis XVI et La Rochefoucauld : « -monsieur le roi, il s’est passé quelque chose. –c’est une révolte ?, -non sire, c’est une révolution ! »[1]. Cette analyse souligne l'importance pour un système politique de pouvoir traiter efficacement les inputs de la société et de produire des outputs appropriés. Si un système politique ne peut pas le faire, il peut être confronté à une instabilité et à des bouleversements, comme ce fut le cas pendant la Révolution française.

Dans une perspective systémique, la gestion du politique est perçue comme un équilibre dynamique entre les inputs (informations ou ressources entrantes) et les outputs (actions ou décisions politiques). Les inputs sont les informations, demandes ou ressources que le système politique reçoit de l'environnement social, économique et culturel. Ils peuvent inclure des choses comme les opinions publiques, les attentes sociales, les ressources économiques, etc. En revanche, les outputs sont les réponses ou actions du système politique à ces inputs. Ils peuvent inclure des choses comme les politiques publiques, les lois, les règlements, les décisions judiciaires, etc. L'objectif est de créer des outputs qui répondent aux inputs de manière efficace et appropriée. Cependant, si le système politique ne reçoit pas d'inputs adéquats ou s'ils sont mal interprétés, les outputs peuvent ne pas correspondre aux besoins ou aux attentes de la société. Par exemple, si un gouvernement ne reçoit pas d'informations précises sur les besoins de sa population, il peut prendre des décisions qui sont hors de propos ou inadéquates. C'est pourquoi une gestion efficace des inputs et des outputs est cruciale pour le bon fonctionnement d'un système politique.

Jean-William Lapierre a mis en avant le caractère décisionnel du système politique dans son approche systémique. Il considère que le système politique est un système complexe qui doit constamment prendre des décisions et agir en fonction des informations et des ressources qu'il reçoit de son environnement (les inputs). Lapierre souligne également que même si un système politique peut être guidé par des idéologies ou des principes politiques particuliers, il doit toujours tenir compte de la réalité de la situation et adapter ses décisions en conséquence. En d'autres termes, un système politique ne peut pas se permettre de faire abstraction de la réalité sociale, économique et culturelle dans laquelle il opère. Cela signifie que le système politique doit constamment évaluer et réévaluer ses actions et ses décisions (les outputs) en fonction des informations et des ressources qu'il reçoit (les inputs). C'est ce processus d'évaluation et de réévaluation qui permet au système politique de rester adapté à son environnement et de répondre efficacement aux besoins et aux attentes de la société.

La notion de système décisionnel est centrale : un système politique doit prendre des décisions sur la base des informations dont il dispose, aussi incomplètes ou incertaines soient-elles. C'est ce processus de prise de décision qui donne lieu à des outputs, c'est-à-dire des actions, des politiques ou des règles. Mais un système politique n'est pas simplement un automate qui suit un programme prédéfini. Il doit constamment s'adapter et évoluer en réponse à son environnement. Les inputs (informations, ressources, demandes de la société, etc.) sont constamment en flux, et le système politique doit être capable d'ajuster ses outputs en conséquence. Il est également important de noter que cette théorie met en avant l'idée que le politique est une activité qui ne se réduit pas à la seule prise de décision. Il s'agit aussi de gérer les tensions et les conflits, d'arbitrer entre les différents intérêts, de construire du consensus, etc. En ce sens, la théorie systémique du politique offre une vision très dynamique et complexe de ce qu'est l'activité politique.

La vision de Lapierre concernant le système politique est bien celle d'un système d'action qui fonctionne dans un environnement incertain et avec des informations incomplètes. L'accent est mis sur la nécessité de gérer ces incertitudes et de prendre des décisions malgré elles. Dans ce cadre, un système politique doit constamment évaluer et réévaluer les ressources disponibles (qui peuvent être matérielles, humaines, informationnelles, etc.) et les contraintes (qui peuvent être des règles, des normes, des attentes sociales, etc.) qui s'appliquent à lui. Il doit également être capable d'anticiper les conséquences potentielles de ses actions, bien qu'il ne puisse jamais avoir une certitude absolue à ce sujet. Cela implique une capacité à être flexible et adaptable, à apprendre de l'expérience et à ajuster constamment les actions en fonction des retours d'information (ou feedback). C'est une vision du politique qui est à la fois réaliste et dynamique, et qui met en avant l'importance de la gestion de l'incertitude et de l'information dans l'action politique.

L'essence de la gestion politique peut souvent être réduite à la recherche du "moins mal" possible. Les décideurs politiques doivent constamment jongler avec des ressources limitées, des demandes conflictuelles, des incertitudes sur le futur et une multitude d'autres contraintes et défis. Ils doivent donc souvent faire des compromis, parfois difficiles, et choisir parmi des options qui sont toutes loin d'être parfaites. Leur objectif est alors de minimiser les inconvénients et les coûts de ces compromis, tout en maximisant les bénéfices potentiels pour la société. C'est dans ce sens que l'on peut dire qu'ils cherchent à gérer le "moins mal" possible. Cette perspective réaliste sur la gestion politique met en lumière la complexité et la difficulté de prendre des décisions politiques dans un monde incertain et toujours en mouvement.

Les limites de ces deux approches

Limites de l’approche fonctionnaliste

L'approche fonctionnaliste a fait l'objet de nombreuses critiques pour diverses raisons. Voici quelques-unes de ses limites principales :

  1. Réductionnisme : Le fonctionnalisme peut être accusé de réductionnisme car il tend à voir la société comme une machine bien huilée où chaque pièce a une fonction spécifique. Cette vision peut ignorer la complexité et l'interdépendance des phénomènes sociaux et la possibilité de conflits ou de tensions au sein de la société.
  2. Incapacité à expliquer le changement social : Le fonctionnalisme est souvent critiqué pour son incapacité à expliquer le changement social. Il est souvent concentré sur l'équilibre et la stabilité de la société, et a du mal à expliquer pourquoi et comment la société change.
  3. Néglige l'agentivité individuelle : L'approche fonctionnaliste tend à privilégier une vision macroscopique de la société, négligeant souvent l'agentivité des individus. Il peut donc avoir du mal à expliquer comment les individus peuvent influencer la société et comment leurs actions peuvent conduire à des changements sociaux.
  4. Conservatisme : Le fonctionnalisme a été critiqué pour son conservatisme implicite. En se concentrant sur le maintien de l'équilibre et de la stabilité, il peut sembler justifier l'ordre social existant et résister à l'idée de changement social. Cela peut parfois conduire à une justification implicite des inégalités sociales.

Malgré ces limites, le fonctionnalisme a joué un rôle important dans la sociologie et a apporté de précieuses contributions à notre compréhension de la société. Cependant, il est important de prendre en compte ces critiques lors de l'utilisation de l'approche fonctionnaliste pour analyser la société.

Limites de l’approche systémique

L'approche systémique, bien qu'elle offre de nombreux avantages pour comprendre les organisations et les interactions politiques, présente également certaines limites. Voici quelques-uns de ces défis :

  1. Sur-simplification : L'approche systémique peut parfois simplifier excessivement les phénomènes sociaux et politiques en les décomposant en systèmes et sous-systèmes. La réalité est souvent beaucoup plus complexe et désordonnée que les modèles systémiques ne le suggèrent.
  2. Manque de considération pour le contexte : Les systèmes politiques sont profondément ancrés dans des contextes sociaux, culturels et historiques spécifiques. L'approche systémique peut parfois négliger ces contextes en se concentrant sur l'analyse des inputs et des outputs du système.
  3. Comparabilité : L'approche systémique peut donner l'impression que tous les systèmes politiques sont comparables. Cela peut conduire à des généralisations trompeuses et à des jugements de valeur inappropriés.
  4. Négligence des dynamiques de pouvoir : En se concentrant sur les processus systémiques, cette approche peut négliger les dynamiques de pouvoir, d'inégalité et de conflit qui sont souvent au cœur des systèmes politiques.
  5. Difficulté à gérer le changement : L'approche systémique peut avoir du mal à expliquer comment les systèmes politiques changent et évoluent au fil du temps. Elle est généralement plus efficace pour analyser l'état actuel des systèmes politiques que pour prévoir ou expliquer le changement.

Ces limites ne signifient pas que l'approche systémique est sans valeur, mais elles suggèrent que les chercheurs doivent l'utiliser avec précaution et en combinaison avec d'autres approches pour obtenir une compréhension plus complète des phénomènes politiques.

Anexos

Referencias

  1. Guy Chaussinand-Nogaret, La Bastille est prise, Paris, Éditions Complexe, 1988, p. 102.