Los inicios del sistema internacional contemporáneo: 1870 - 1939
| Faculté | Lettres |
|---|---|
| Département | Département d’histoire générale |
| Professeur(s) | Ludovic Tournès[1][2][3] |
| Cours | Introducción a la historia de las relaciones internacionales |
Lectures
- Perspectivas sobre los estudios, temas y problemas de la historia internacional
- Europa en el centro del mundo: de finales del siglo XIX a 1918
- La era de las superpotencias: 1918 - 1989
- Un mundo multipolar: 1989 - 2011
- El sistema internacional en su contexto histórico: perspectivas e interpretaciones
- Los inicios del sistema internacional contemporáneo: 1870 - 1939
- La Segunda Guerra Mundial y la remodelación del orden mundial: 1939 - 1947
- El sistema internacional en la prueba de la bipolarización: 1947 - 1989
- El sistema tras la Guerra Fría: 1989 - 2012
Entre 1870 y 1939 surgió el sistema internacional contemporáneo, caracterizado por el auge del Estado-nación y el desarrollo de la diplomacia multilateral. Este periodo también se caracterizó por las crecientes tensiones entre las grandes potencias y los grandes conflictos, como la Primera Guerra Mundial. El Congreso de Viena de 1815 había establecido un sistema europeo de diplomacia multilateral que había conseguido mantener la paz en Europa durante más de medio siglo. Sin embargo, la guerra franco-prusiana de 1870 y el ascenso de Alemania marcaron el fin de este sistema. El sistema internacional que surgió después de 1870 estaba dominado por las grandes potencias europeas, especialmente Alemania, Francia, Gran Bretaña y Rusia. Estos Estados trataban de establecer alianzas y mantener un equilibrio de poder para evitar la guerra. Sin embargo, la aparición de Alemania como gran potencia provocó una carrera armamentística que acabó desembocando en la Primera Guerra Mundial. Tras la guerra, se creó la Sociedad de Naciones para preservar la paz internacional. Sin embargo, la debilidad de la Sociedad de Naciones, combinada con el auge de los regímenes totalitarios en Europa, condujo a la Segunda Guerra Mundial.
El orden de los Estados-nación
El orden de los Estados-nación es un sistema internacional en el que los Estados se consideran los principales actores de la escena internacional y se organizan como comunidades políticas distintas y soberanas. Este sistema surgió en el siglo XIX como resultado de las revoluciones liberales y nacionalistas en Europa y se consolidó con los Tratados de Westfalia en 1648, que establecieron el principio de soberanía estatal. En el orden del Estado-nación, cada Estado se considera igual ante la ley y soberano sobre su territorio. Esto significa que cada Estado tiene poder para tomar decisiones independientes sobre sus asuntos internos y externos, y que estas decisiones no pueden ser impugnadas por otros Estados. El orden Estado-nación se ha caracterizado por una fuerte competencia entre los Estados por el poder, la seguridad y los recursos, así como por la búsqueda de reconocimiento y legitimidad internacionales. Esta competencia ha provocado a menudo conflictos y guerras entre Estados. Sin embargo, el orden de los Estados-nación también ha fomentado la cooperación internacional, especialmente en el ámbito económico. Los Estados han creado organizaciones internacionales para regular el comercio y las relaciones económicas entre las naciones, como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El orden Estado-nación es un sistema internacional en el que los Estados son los principales actores, organizados en comunidades políticas distintas y soberanas. Aunque ha fomentado la competencia entre Estados, también ha permitido la cooperación internacional, sobre todo en el ámbito económico.
El sistema de Westfalia
El sistema de Westfalia se refiere a los Tratados de Westfalia firmados en 1648 al final de la Guerra de los Treinta Años en Europa. Estos tratados establecieron un nuevo orden político en Europa, caracterizado por el reconocimiento de la soberanía estatal y el establecimiento de un sistema de relaciones internacionales entre los Estados. Antes del sistema de Westfalia, Europa era un mosaico de reinos, imperios y principados, cada uno con fronteras cambiantes y a menudo en conflicto entre sí. El Tratado de Westfalia consagró el principio de soberanía estatal, reconociendo a cada Estado como una entidad independiente con un territorio, una población y un gobierno soberano. El sistema de Westfalia también estableció un sistema de relaciones internacionales basado en la diplomacia y la negociación entre Estados soberanos. Los Estados empezaron a establecer relaciones diplomáticas y a firmar tratados para regular sus relaciones mutuas, como tratados comerciales, tratados de paz y alianzas militares. Este sistema se consolidó con el nacimiento de los Estados-nación en el siglo XIX, que reforzaron la soberanía y la identidad nacional de los Estados. Así, el sistema de Westfalia se considera la base de las relaciones internacionales modernas, con la afirmación de los Estados-nación como principales actores de la escena internacional.
La Guerra de los Treinta Años fue un periodo de declive para el Sacro Imperio Romano Germánico, que era entonces el imperio dominante en Europa Central. La guerra debilitó considerablemente al Sacro Imperio Romano Germánico, que perdió gran parte de su territorio y población, y vio disminuir su poder político y militar. El Sacro Imperio Romano Germánico fue establecido en el año 962 d.C. por el emperador Otón I, que pretendía restaurar el poder del Imperio Romano en Europa Occidental. La ambición del imperio era convertirse en una monarquía universal, uniendo a todos los pueblos de Europa bajo un único gobernante. Sin embargo, esta ambición chocó con la realidad política de la Europa medieval, caracterizada por un alto grado de fragmentación política y la existencia de numerosos reinos y principados independientes. El Sacro Imperio Romano Germánico tuvo que hacer frente a esta realidad y se convirtió en una confederación de territorios soberanos, encabezados por un emperador elegido. La Guerra de los Treinta Años fue un punto de inflexión en la historia del Sacro Imperio Romano Germánico, ya que reveló los límites de su poder e influencia. Al final de la guerra, el emperador Fernando II se vio obligado a reconocer la independencia de Suiza y de las Provincias Unidas, y tuvo que conceder mayor autonomía a los príncipes alemanes. Esto marcó el fin de la idea de una monarquía universal en Europa y allanó el camino para la aparición de los Estados-nación, que se convirtieron en los principales actores de la escena internacional a partir del siglo XIX. Así pues, la Guerra de los Treinta Años contribuyó a configurar la historia de Europa y a sentar las bases del sistema internacional contemporáneo.
El Sacro Imperio Romano Germánico siguió existiendo hasta 1806, cuando fue disuelto por Napoleón Bonaparte. Sin embargo, en el siglo XVII, el imperio ya había perdido gran parte de su poder e influencia política. Durante este periodo, el imperio se enfrentó a muchos retos, como los conflictos religiosos entre católicos y protestantes, las rivalidades entre los príncipes alemanes y el ascenso de Francia bajo Luis XIV. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico también perdió gran parte de su poder y autoridad, y a menudo se vio reducido a un papel simbólico. Los estados alemanes comenzaron a afirmarse como entidades políticas independientes, reforzando su soberanía y autonomía respecto al imperio. Esto condujo a una fragmentación política de Alemania, con muchos estados soberanos, cada uno con su propio gobierno y política. Esta fragmentación dificultó el establecimiento de una política exterior coherente para Alemania y favoreció la aparición de potencias extranjeras como Francia y Gran Bretaña. Aunque el Sacro Imperio Romano Germánico siguió existiendo hasta el siglo XIX, perdió gran parte de su influencia política en el siglo XVII, dejando espacio para la aparición de nuevas entidades políticas en Europa.
El final de la Guerra de los Treinta Años en 1648 y la firma de los Tratados de Westfalia marcaron el comienzo de un periodo de declive del poder temporal de la Iglesia Católica. En la Edad Media, la Iglesia Católica ejercía una influencia considerable en la vida política y social de Europa, y era considerada la segunda potencia universal después del Imperio Romano. La Iglesia era un actor clave en las relaciones internacionales y desempeñaba un papel importante en la resolución de conflictos entre Estados. Sin embargo, la Reforma protestante del siglo XVI había desafiado la autoridad de la Iglesia católica, proponiendo la idea de una religión basada únicamente en la Biblia y rechazando la jerarquía católica. La Reforma condujo a la división de Europa en países católicos y protestantes y debilitó a la Iglesia Católica. El final de la Guerra de los Treinta Años en 1648 marcó el comienzo de un periodo de declive para la Iglesia Católica. Los Tratados de Westfalia confirmaron la separación de la Iglesia y el Estado y pusieron fin a la guerra religiosa en Europa. Esta separación limitó el poder temporal de la Iglesia, confinándola a un papel principalmente religioso. Además, el periodo de la Ilustración en el siglo XVIII desafió la autoridad de la Iglesia, haciendo hincapié en la razón y la ciencia más que en la religión. Las ideas de la Ilustración condujeron a una secularización gradual de la sociedad y debilitaron aún más la influencia política de la Iglesia. Así, desde el final de la Guerra de los Treinta Años en 1648, el papel político de la Iglesia católica disminuyó gradualmente y volvió a centrarse en su función religiosa. Esta evolución contribuyó a la aparición del Estado-nación moderno, en el que la religión ya no desempeña un papel central en la vida política y social.
Los principios del sistema westfaliano se basan en varios fundamentos que han garantizado la estabilidad del sistema internacional durante varios siglos.
- El primero de estos principios es el del equilibrio de las grandes potencias. El objetivo es mantener un equilibrio de poder en Europa, de modo que una potencia no intente dominar a las demás. Esto implica que las potencias europeas deben equilibrarse mutuamente en términos de poder militar, económico y político.
- El segundo principio es el de la inviolabilidad de la soberanía nacional. Este principio está simbolizado por la fórmula "cuius regio, eius religio" ("como príncipe, como religión"). Según este principio, cada príncipe es libre de decidir la religión de su Estado, y la población adopta la religión de su príncipe. Este principio también implica que cada Estado es soberano sobre su propio territorio, y que los demás Estados no tienen derecho a interferir en sus asuntos internos.
- El tercer principio es el de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados. Los Estados son soberanos en su propio territorio, y no tienen derecho a interferir en los asuntos internos de otros Estados. Este principio sustenta la idea de soberanía nacional, que es uno de los principios fundamentales del sistema de Westfalia.
Los principios del sistema de Westfalia se basan en el equilibrio de las grandes potencias, la inviolabilidad de la soberanía nacional y la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados. Estos principios han garantizado la estabilidad del sistema internacional durante varios siglos, y siguen siendo ampliamente respetados en la actualidad.
El Tratado de Westfalia marcó un punto de inflexión en la historia europea al poner fin a la Guerra de los Treinta Años y sentar las bases del sistema internacional moderno. El tratado reconoció a los Estados como actores principales en la escena internacional, poniendo fin a la idea de una monarquía universal encarnada por el Sacro Imperio Romano Germánico. Además, se redujo considerablemente el papel político de la Iglesia Católica Romana y se hizo hincapié en la soberanía nacional y la inviolabilidad de las fronteras estatales. Así pues, el Tratado de Westfalia marcó el fin de la supremacía de la Iglesia en los asuntos políticos y reforzó el papel de los Estados en las relaciones internacionales. El Tratado de Westfalia fue un momento clave en la historia europea, que marcó el nacimiento del sistema estatal y el declive de las ambiciones de la Iglesia y el Sacro Imperio Romano Germánico. El tratado sentó las bases de un sistema internacional basado en el respeto de la soberanía nacional y el equilibrio de poder, que ha perdurado hasta nuestros días.
El Tratado de Westfalia marcó un punto de inflexión en la historia europea al poner fin a la Guerra de los Treinta Años y sentar las bases del sistema internacional moderno. El tratado reconoció a los Estados como actores principales de la escena internacional, poniendo fin a la idea de una monarquía universal encarnada por el Sacro Imperio Romano Germánico. Además, se redujo considerablemente el papel político de la Iglesia Católica Romana y se hizo hincapié en la soberanía nacional y la inviolabilidad de las fronteras estatales. Así pues, el Tratado de Westfalia marcó el fin de la supremacía de la Iglesia en los asuntos políticos y reforzó el papel de los Estados en las relaciones internacionales. El Tratado de Westfalia fue un momento clave en la historia europea, que marcó el nacimiento del sistema estatal y el declive de las ambiciones de la Iglesia y el Sacro Imperio Romano Germánico. El tratado sentó las bases de un sistema internacional basado en el respeto de la soberanía nacional y el equilibrio de poder, que ha perdurado hasta nuestros días.
A partir del Tratado de Westfalia de 1648, la razón de Estado se convirtió en un principio fundacional de las relaciones internacionales. La razón de Estado es la idea de que los Estados deben tomar decisiones en función de sus propios intereses nacionales, y no de principios morales o religiosos. Este principio implica que los Estados pueden actuar de forma egoísta y tratar de maximizar su propio poder y riqueza, aunque ello pueda tener consecuencias negativas para otros Estados. Esta lógica del Estado-nación ha prevalecido durante siglos y ha influido en la política exterior de muchos países, incluidas las grandes potencias europeas.
Las guerras y los conflictos han sido una característica de la historia europea. Sin embargo, a partir del siglo XIX, este sistema experimentó importantes limitaciones y desafíos, sobre todo con el auge de los nacionalismos y las rivalidades entre las grandes potencias europeas. La Primera Guerra Mundial supuso un punto de inflexión en la historia de las relaciones internacionales, ya que puso en tela de juicio los cimientos mismos del sistema de Westfalia. Los Estados movilizaron a toda su población y sus recursos para la guerra, lo que provocó considerables pérdidas humanas y materiales. Tras la guerra, los Estados intentaron reconstruir un sistema de relaciones internacionales basado en nuevos principios, como la cooperación, el desarme y el derecho internacional. Esto condujo a la creación de la Sociedad de Naciones, que sin embargo fracasó en su misión de mantener la paz mundial.
El fin del sistema westfaliano al término de la Primera Guerra Mundial no significó que los Estados desaparecieran de la escena internacional. Al contrario, los Estados siguieron siendo actores estructurales de la comunidad internacional e incluso reforzaron sus prerrogativas, sobre todo en materia de soberanía y control sobre su territorio. Con la creación de la Sociedad de Naciones, los Estados buscaron una mayor cooperación internacional y la resolución pacífica de los conflictos. Sin embargo, el nacionalismo creciente y las tensiones entre las grandes potencias acabaron desembocando en la Segunda Guerra Mundial, que modificó profundamente el orden internacional. Tras la guerra, la comunidad internacional trató de establecer un nuevo orden mundial, basado en principios como la cooperación internacional, el respeto de los derechos humanos y el desarrollo económico. Esto condujo a la creación de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, que se ha convertido en la institución central del sistema internacional contemporáneo. Por tanto, los Estados siguen siendo actores principales de la comunidad internacional, aunque su papel e influencia han cambiado con el tiempo.
Los Estados siguen siendo actores principales y fundamentales del sistema internacional contemporáneo. Como entidades políticas soberanas, los Estados son los principales titulares del poder y la autoridad sobre su territorio, lo que les confiere un lugar central en las relaciones internacionales. Los Estados pueden negociar tratados y acuerdos con otros Estados, emprender acciones militares o diplomáticas y participar en organizaciones internacionales. También pueden ejercer su soberanía regulando asuntos internos, como la seguridad, la justicia, la salud pública y la economía. Los Estados pueden dividirse en diferentes categorías según su tamaño, riqueza, poder militar, influencia cultural y posición geopolítica. Sin embargo, independientemente de su posición relativa, todos los Estados son actores importantes en la escena internacional y tienen un papel que desempeñar en la configuración del orden mundial.
Fortalecimiento de la diplomacia nacional
Con el declive del sistema de Westfalia, los Estados han reforzado sus prerrogativas y ha aumentado su acción diplomática. La diplomacia nacional pasó a ocupar un lugar central en la gestión de las relaciones internacionales, representando los intereses de su Estado en el extranjero y negociando acuerdos y tratados con otros Estados. Los diplomáticos son expertos en relaciones internacionales, con un profundo conocimiento de la cultura, la política y los intereses de su país y de otros Estados. A menudo participan en complejas negociaciones diplomáticas, que pueden abarcar cuestiones como la seguridad, el comercio, el medio ambiente, los derechos humanos y la resolución de conflictos. Los diplomáticos nacionales también han desarrollado redes de contactos e influencia en todo el mundo para defender los intereses de su Estado y promover su política exterior. Esto puede incluir la participación en organizaciones internacionales, el establecimiento de relaciones bilaterales con otros Estados o la movilización de la opinión pública en el extranjero.
A mediados del siglo XIX, el aparato diplomático de las potencias europeas consistía principalmente en delegaciones encargadas de representar a su país ante otros Estados. Estas delegaciones solían estar compuestas por un embajador, uno o varios consejeros diplomáticos, secretarios y agregados. Se encargan de negociar tratados, proporcionar información sobre asuntos exteriores y representar a su país en conferencias internacionales. Sin embargo, a pesar de su número relativamente reducido, estos diplomáticos desempeñan un papel crucial en el fortalecimiento de las prerrogativas nacionales de sus Estados. En efecto, su presencia permite a los Estados comprender mejor las intenciones y políticas de otros Estados y defender sus intereses en las negociaciones internacionales. La diplomacia nacional es, por tanto, una forma que tienen los Estados de proyectar su poder e influencia en el extranjero y de reforzar su estatus como miembros de pleno derecho de la comunidad internacional.
A mediados del siglo XIX, la política exterior de los Estados estaba dirigida principalmente por pequeñas élites diplomáticas, formadas por unas pocas docenas de personas. Los embajadores y otros diplomáticos en las capitales extranjeras eran los principales actores de la política exterior de los Estados, y desempeñaban un papel central en la negociación de tratados, acuerdos y alianzas. Esto refuerza las prerrogativas nacionales, ya que la diplomacia nacional tiene una gran influencia en las decisiones de las relaciones internacionales. La diplomacia es un medio para que los Estados defiendan y promuevan sus intereses en la escena internacional. Al reforzar su aparato diplomático, los Estados han consolidado su poder e influencia en las relaciones internacionales. Los embajadores y diplomáticos han desempeñado un papel clave en la negociación de tratados y acuerdos internacionales, la gestión de crisis y conflictos y la representación de sus países en el extranjero. Esto reforzó la soberanía nacional y la autonomía de los Estados en la dirección de su política exterior.
Hoy en día, el aparato diplomático de los Estados se ha convertido en una auténtica burocracia, con estructuras cada vez más complejas y grandes. Las misiones diplomáticas en el extranjero, por ejemplo, suelen tener grandes presupuestos y personal, con secciones especializadas en áreas como asuntos económicos, culturales, científicos, medioambientales, etc. Los ministerios de asuntos exteriores de los Estados también son instituciones importantes, que desempeñan un papel crucial en la formulación y aplicación de la política exterior. Las instituciones diplomáticas y los ministerios de asuntos exteriores son cada vez más activos y profesionalizados. Son responsables de aplicar la política exterior de los Estados, negociar acuerdos internacionales, mantener relaciones con otros Estados y organizaciones internacionales, promover los intereses nacionales y proteger a los ciudadanos y los intereses económicos de los Estados en el extranjero. Estas instituciones también han desarrollado capacidades para analizar la evolución internacional, evaluar los riesgos y las oportunidades y asesorar a los responsables políticos.
Hasta mediados del siglo XIX, la diplomacia europea estaba monopolizada en gran medida por los aristócratas. Los embajadores y enviados especiales solían ser elegidos en función de su posición social más que de su competencia. Sin embargo, con el tiempo, la profesionalización de la diplomacia ha llevado a una diversificación del origen social de los diplomáticos, así como a un mayor énfasis en la formación y la experiencia. Hoy en día, la mayoría de los países cuentan con academias diplomáticas o programas de formación para diplomáticos. Con el tiempo, el aparato diplomático ha evolucionado hacia una mayor profesionalización, con la adopción de la contratación competitiva y la promoción de la inclusión social. Esto ha llevado a una diversificación de los perfiles y a una mayor especialización técnica en los ámbitos de la diplomacia, la política exterior y la cooperación internacional. Además, la globalización y la creciente complejidad de las cuestiones internacionales han provocado un aumento del personal de los servicios diplomáticos para hacer frente a estos retos. Con la profesionalización de la diplomacia, la sociología de la comunidad diplomática ha experimentado un cambio significativo. Mientras que en el pasado los puestos diplomáticos solían atribuirse a miembros de la nobleza o de la alta burguesía, hoy en día la contratación está abierta a todos y a menudo se basa en oposiciones. Además, la diplomacia se ha convertido en una profesión por derecho propio, con una formación específica en las facultades de ciencias políticas o en las escuelas diplomáticas. Esto ha provocado una apertura social y una diversificación de los perfiles de los diplomáticos, que ahora son contratados en función de su competencia y sus méritos más que de su origen social.
En las últimas décadas, los campos de acción de la diplomacia se han ampliado considerablemente. Los diplomáticos intervienen cada vez más en seguridad, comercio, desarrollo, derechos humanos, migración, medio ambiente, sanidad y muchos otros ámbitos. Por ejemplo, en seguridad, los diplomáticos desempeñan un papel importante en la negociación de tratados de desarme, lucha contra el terrorismo, prevención de conflictos y mantenimiento de la paz. En comercio, participan en la negociación de acuerdos comerciales y normativas comerciales internacionales. En el ámbito del desarrollo, trabajan en proyectos de ayuda humanitaria, reconstrucción posconflicto y desarrollo económico. La diplomacia se ha convertido en una herramienta crucial para resolver problemas internacionales complejos y promover la cooperación entre Estados.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la práctica de la diplomacia se ha hecho cada vez más intensa, con la entrada de cada vez más Estados en la escena internacional. Tras la descolonización, se han creado muchos nuevos Estados en Asia, África y América Latina. Esto ha provocado un aumento de la complejidad de las relaciones internacionales y una multiplicación de los actores diplomáticos. Las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas (ONU), también han desempeñado un papel importante en la ampliación del alcance de la diplomacia.
Hasta el siglo XIX, la diplomacia se consideraba efectivamente una política de poder, una defensa de intereses y una lucha por la influencia que a veces podía desembocar en un conflicto armado. Los Estados intentaban proteger sus intereses económicos, territoriales, políticos, culturales y religiosos en el extranjero y ampliar su influencia mediante alianzas, tratados, negociaciones y maniobras diplomáticas. Las guerras solían iniciarse para resolver disputas fronterizas, rivalidades comerciales, enemistades dinásticas, ambiciones territoriales o aspiraciones nacionalistas. Sin embargo, con el auge de las ideologías políticas y la concienciación sobre los problemas mundiales, la diplomacia ha evolucionado para incluir preocupaciones como los derechos humanos, el medio ambiente, la seguridad internacional, la cooperación económica, la regulación del comercio mundial, la salud pública, la cultura, etc. Hasta el siglo XIX, la diplomacia era fundamentalmente una herramienta de la política de poder para defender los intereses nacionales e influir en las decisiones internacionales. Esta práctica podía llegar hasta la guerra, que a menudo se consideraba una prolongación de la diplomacia. Tras este periodo, la diplomacia sigue siendo una importante herramienta de política exterior, pero está evolucionando hacia un enfoque más multilateral, en el que los Estados tratan de cooperar y resolver los conflictos mediante la negociación en lugar de la fuerza militar. La diplomacia también se está volviendo más compleja, con la aparición de actores no estatales, como las organizaciones internacionales y la sociedad civil, cada vez más implicados en los asuntos internacionales. La diplomacia moderna implica, por tanto, una serie de competencias como la comunicación, la mediación, la negociación, la resolución de conflictos y la cooperación multilateral.
Si se observa la evolución a largo plazo, se puede observar una expansión de los campos de acción de la diplomacia, especialmente con la aparición de la diplomacia cultural y la diplomacia económica. La diplomacia cultural consiste en utilizar los intercambios culturales y artísticos entre países para promover el entendimiento y las relaciones entre ellos. Esta forma de diplomacia surgió en el siglo XX como respuesta al auge de la globalización y la comunicación internacional. Se ha convertido en una parte importante de la diplomacia contemporánea, con organizaciones como la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y numerosos programas de cooperación cultural entre países. La diplomacia económica, por su parte, se convirtió en una importante prerrogativa de los Estados a partir de finales del siglo XIX, cuando los países empezaron a buscar formas de promover sus intereses económicos en el extranjero. El objetivo de la diplomacia económica es promover el comercio, la inversión extranjera y la cooperación económica entre países. A menudo la llevan a cabo embajadas y organismos gubernamentales especializados, como los ministerios de comercio y asuntos exteriores.
A finales del siglo XIX, la globalización económica creció rápidamente, impulsada en particular por la expansión del comercio y la inversión internacionales. Las economías nacionales se integraron cada vez más en un sistema económico mundial en evolución. En este contexto, la conquista de nuevos mercados extranjeros se convirtió en un reto importante para los Estados que pretendían reforzar su poder económico. A partir de finales del siglo XIX, surgieron negociaciones comerciales multilaterales con el objetivo de regular los intercambios económicos entre Estados. Este fue el caso, en particular, de la firma del Tratado de Libre Comercio entre Francia y Gran Bretaña en 1890, que marcó el inicio de un periodo de negociaciones comerciales internacionales encaminadas a reducir las barreras arancelarias y promover el libre comercio. Este movimiento se vio reforzado tras la Primera Guerra Mundial con la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1919 y la Organización Internacional del Comercio (OIC) en 1948, que se convirtió en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995. Estas organizaciones multilaterales pretenden regular el comercio económico internacional promoviendo el libre comercio y reduciendo las barreras arancelarias y no arancelarias entre los Estados miembros. La diplomacia económica ha cobrado importancia desde finales del siglo XIX. Los Estados empezaron a darse cuenta de la importancia de los intercambios económicos internacionales para su prosperidad y poder. Esto condujo a un aumento de los esfuerzos diplomáticos para promover las exportaciones, atraer la inversión extranjera y negociar acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales. Con el tiempo, la diplomacia económica se ha convertido en parte integrante de la política exterior de cada país. Los Estados crearon ministerios específicos para tratar las cuestiones económicas internacionales y desplegaron redes de diplomáticos especializados en la promoción de los intereses económicos nacionales.
La diplomacia cultural apareció a finales del siglo XIX, principalmente bajo la influencia de los países europeos. Consiste en promover la cultura de un país en el extranjero para reforzar su imagen e influencia en el mundo. Esto puede hacerse mediante la creación de institutos culturales, la organización de eventos culturales, la promoción de la lengua, la difusión de obras de arte, etc. Así pues, la diplomacia cultural puede utilizarse como una herramienta de poder blando para reforzar las relaciones entre países y mejorar su cooperación. La diplomacia cultural se utiliza a menudo como medio para compensar el declive del poder geopolítico de un país. Promueve los valores, la lengua y la cultura de un país en el extranjero, reforzando así su imagen e influencia en el mundo. Francia fue uno de los pioneros en este campo con la creación de la Alianza Francesa en 1883, seguida de otros países que también desarrollaron instituciones y programas de diplomacia cultural.
En muchos países de los siglos XIX y XX se crearon instituciones destinadas a la divulgación cultural. Por ejemplo, además de la Alianza Francesa en Francia, podemos mencionar el British Council en Gran Bretaña, el Instituto Goethe en Alemania, el Instituto Cervantes en España, el Instituto Confucio en China o la Fundación Japón en Japón. El objetivo de estas instituciones es promover la lengua y la cultura de su país en el extranjero, pero también fomentar los intercambios culturales y la colaboración artística entre distintos países. Estas instituciones suelen estar financiadas por los gobiernos, pero gozan de cierta autonomía y trabajan en colaboración con otros agentes culturales de los países extranjeros donde se encuentran.
La ampliación de los campos de intervención de la diplomacia ha llevado a la creación de nuevas instituciones y estructuras para responder a estas nuevas necesidades. La diplomacia económica, la diplomacia cultural, la diplomacia medioambiental y los asuntos sociales y humanitarios tienen cada una su propio campo de acción y requieren competencias específicas. Por ello, los gobiernos han creado organizaciones y agencias especializadas para ocuparse de estos diferentes ámbitos, al tiempo que colaboran con los ministerios de asuntos exteriores para coordinar su acción en el extranjero.
Nacionalismo e imperialismo a finales del siglo XIX
El proceso de nacionalización de las relaciones internacionales ha sido una característica clave de la evolución diplomática desde el siglo XIX. La aparición de los Estados-nación y su afirmación en la escena internacional condujo a un reforzamiento de la soberanía nacional y a una afirmación de la política exterior como instrumento de defensa y promoción de los intereses nacionales. A ello contribuyó también la conquista de los imperios coloniales y la rivalidad entre las grandes potencias por el acceso a los recursos y los mercados de esas regiones. La diplomacia se utilizó, por tanto, para defender los intereses nacionales en la escena internacional y negociar acuerdos para reforzar el poder nacional. La conquista colonial es un ejemplo de la manifestación de la nacionalización en las relaciones internacionales. Los Estados-nación intentan extender su influencia y su territorio conquistando colonias en distintos continentes, lo que puede considerarse una competición entre potencias coloniales por el dominio territorial. Este proceso también condujo a la creación de imperios coloniales y al establecimiento de regímenes coloniales que han configurado las relaciones internacionales durante siglos.
A finales del siglo XIX surgieron nuevos tipos de Estados, los Estados imperio. Éstos se caracterizan por dominar territorios fuera de su propio territorio nacional. Pueden adoptar distintas formas, como los imperios coloniales que se desarrollaron en Europa, Asia y África, o los imperios multinacionales, como el Imperio Austrohúngaro o el Imperio Ruso, que reunían a distintas naciones bajo una misma autoridad. Esta expansión territorial estuvo a menudo vinculada a la búsqueda de poder y riqueza, así como a consideraciones estratégicas y geopolíticas. Existe una estrecha relación entre la afirmación de los Estados-nación y la expansión colonial. Los Estados-nación buscaban extender su influencia y poder sobre territorios externos mediante el establecimiento de colonias. El imperialismo fue una forma de que los Estados-nación reforzaran su posición y se situaran en una jerarquía mundial de potencias. También ha ido acompañado de una ideología de la superioridad cultural y racial de las naciones colonizadoras. El nacionalismo y el imperialismo fueron, pues, las fuerzas motrices de la expansión colonial de finales del siglo XIX.
El nacionalismo es un fenómeno que se dio en todo el mundo, no sólo en Europa. En el contexto del período que nos ocupa, es decir, finales del siglo XIX y principios del XX, se puede observar efectivamente la aparición de movimientos nacionalistas en muchos países asiáticos y africanos. A menudo, estos movimientos fueron desencadenados por la colonización y la dominación política, económica y cultural de las potencias europeas, lo que dio lugar a reivindicaciones de independencia y autodeterminación nacional. Esta dinámica contribuyó a la complejidad de las relaciones internacionales de la época, creando nuevos actores y demandas que debían ser atendidas por las grandes potencias. Hay varias razones por las que las colonias nunca se pacificaron del todo. En primer lugar, como usted ha señalado, el nacionalismo es un fenómeno global que también se manifestó en las colonias. Los movimientos nacionalistas de las colonias empezaron a reclamar la independencia y la autonomía política, económica y cultural, lo que creó conflictos con las potencias coloniales. Posteriormente, las potencias coloniales utilizaron métodos violentos para imponer su dominio, lo que a menudo provocó reacciones violentas de las poblaciones colonizadas. Los métodos de dominio colonial incluían la explotación económica, la represión política y la violencia física. Por último, las potencias coloniales utilizaron a menudo políticas de divide y vencerás para mantener su dominio sobre las colonias. Estas políticas crearon tensiones entre las diferentes comunidades étnicas y religiosas de las colonias, que a menudo desembocaron en violencia.
La aparición de nuevos actores internacionales
Las primeras organizaciones internacionales
Las organizaciones internacionales aparecieron a finales del siglo XIX, con la creación de la Unión Telegráfica Internacional en 1865 y la Unión Postal Universal en 1874. Sin embargo, fue sobre todo después de la Primera Guerra Mundial cuando se intensificó la creación de organizaciones internacionales, con la fundación de la Sociedad de Naciones en 1919 y muchas otras organizaciones especializadas en ámbitos como la sanidad, la educación, el comercio y la seguridad internacional. Desde entonces han surgido muchas otras organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas en 1945, que han desempeñado un importante papel en la cooperación y coordinación entre los países miembros.
A partir de los años 1850-1860, se produjo un proceso acelerado de globalización económica, con la expansión del comercio internacional y el crecimiento del intercambio de capitales. Esto llevó a la necesidad de estandarizar las normas comerciales entre los distintos países. Los Estados empezaron a negociar acuerdos comerciales bilaterales para regular su comercio. Sin embargo, estos acuerdos se limitaban a menudo a sectores o productos específicos y resultaba difícil armonizar las normas entre los distintos países. Por ello, a finales del siglo XIX se pusieron en marcha iniciativas para establecer normas internacionales comunes y regular el comercio a escala mundial. La necesidad de una normalización internacional se hizo patente a finales del siglo XIX a medida que crecía el comercio internacional. Los países empezaron a darse cuenta de que era difícil comerciar con países que no aplicaban las mismas normas, ya fueran aduaneras, fiscales o comerciales. Esto llevó a la creación de las primeras organizaciones internacionales, como la Unión Postal Universal en 1874 y el Convenio Internacional para la Unificación de Ciertas Reglas de Derecho Relativas a los Conocimientos de Embarque en 1924. El objetivo de estas organizaciones era facilitar el comercio entre países estableciendo normas comunes.
Este primer fenómeno de organizaciones internacionales surgió en la década de 1860 con las Uniones Internacionales:
- La Unión Telegráfica Internacional (UIT) se creó en 1865 con el objetivo de facilitar los intercambios telegráficos entre países. Fue el primer organismo internacional creado para regular las telecomunicaciones internacionales. La UTI desempeñó un papel importante en la expansión del uso del telégrafo en todo el mundo, facilitando los intercambios entre las distintas redes telegráficas nacionales y armonizando las tarifas y los procedimientos de facturación. Fue sustituida en 1932 por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).
- La Unión Postal Universal (UPU) es una organización internacional fundada en 1874 en Berna (Suiza) con el objetivo de coordinar los servicios postales entre los países miembros. Su misión es promover el desarrollo de la comunicación postal y facilitar los intercambios postales internacionales estableciendo normas y tarifas internacionales para el envío de correo entre países. En la actualidad, la UPU cuenta con 192 Estados miembros y tiene su sede en Berna.
- La Unión Internacional de Pesas y Medidas (UIPM) se fundó en 1875 con el objetivo de establecer una cooperación internacional en metrología y garantizar la uniformidad de las medidas y pesos utilizados en el comercio internacional. En 1960 estableció el Sistema Internacional de Unidades (SI), que actualmente se utiliza en la mayoría de los países del mundo.
- La Unión Internacional para la Protección de la Propiedad Industrial se fundó en 1883 en París. Más tarde se convirtió en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), con sede en Ginebra (Suiza). La OMPI es un organismo especializado de las Naciones Unidas cuya misión es promover la protección de la propiedad intelectual en todo el mundo proporcionando un marco jurídico para la protección de patentes, marcas, diseños industriales, derechos de autor e indicaciones geográficas.
- La Unión Internacional para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas (UIPLA) se fundó en 1886 en Berna (Suiza). Nació como respuesta a la necesidad de proteger los derechos de propiedad intelectual de artistas y autores a escala internacional. En la actualidad, la UIPLA se conoce como Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y es un organismo especializado de las Naciones Unidas.
- La Unión Internacional de Agricultura se creó en 1905 para promover la cooperación internacional en el campo de la agricultura y la mejora de los métodos agrícolas. Fue sustituida por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en 1945.
- La Oficina Internacional de Salud Pública se creó en 1907. Es una organización internacional encargada de vigilar y promover la salud pública en todo el mundo. Se creó en respuesta a una serie de pandemias mundiales, como la peste y el cólera, que afectaron a muchos países a finales del siglo XIX y principios del XX. La Oficina Internacional de Salud Pública fue sustituida en 1948 por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El objetivo de las uniones internacionales era establecer normas y reglamentos comunes para facilitar el comercio entre los países miembros. Esto ha llevado a la armonización de los sistemas de comunicación, las mediciones, la protección de la propiedad industrial e intelectual, así como la salud y la seguridad alimentaria. Estas uniones han contribuido así al crecimiento del comercio internacional y la cooperación entre naciones.
Las organizaciones internacionales requieren competencias específicas que pueden diferir de las de los diplomáticos tradicionales. Suelen estar formadas por expertos técnicos en campos específicos, como el comercio, la sanidad, el medio ambiente, los derechos humanos, etc. Los diplomáticos trabajan con estas organizaciones en régimen de colaboración. Los diplomáticos trabajan con estos expertos para desarrollar políticas y normas internacionales en su ámbito de especialización. Los problemas que surgieron en el siglo XX, como los conflictos armados, las crisis económicas, los retos medioambientales y de salud pública, exigieron la creación de nuevas organizaciones internacionales con una mayor participación de expertos en su funcionamiento. Una de estas organizaciones fue la Sociedad de Naciones, creada en 1919 tras el final de la Primera Guerra Mundial, con la misión de mantener la paz y la seguridad internacionales. A pesar de sus esfuerzos, la Sociedad de Naciones no logró evitar el estallido de la Segunda Guerra Mundial y fue sustituida por las Naciones Unidas (ONU) en 1945. La ONU se ha convertido en una de las organizaciones internacionales más importantes, con misiones que van desde la paz y la seguridad internacionales hasta la promoción del desarrollo económico y social, la protección de los derechos humanos, la prevención de catástrofes naturales y la gestión de crisis sanitarias. La composición de la ONU también refleja la aparición de nuevos actores internacionales, como los países en desarrollo y las organizaciones de la sociedad civil.
Los expertos desempeñaron un papel cada vez más importante en las negociaciones internacionales durante el siglo XIX. Los Estados se dieron cuenta de la importancia de contar con expertos en campos específicos para negociar con otros Estados y encontrar acuerdos comunes. La armonización de los sistemas de medición es un ejemplo de esta colaboración entre expertos internacionales. El metro se convirtió en una unidad de medida internacional reconocida en 1875 gracias a los esfuerzos de científicos e ingenieros de varios países. Este reconocimiento internacional facilitó el comercio y el intercambio científico entre países.
Las uniones administrativas han desempeñado un papel clave en el desarrollo de la negociación multilateral entre Estados. Al reunirse periódicamente, los Estados han tenido la oportunidad de debatir y negociar normas, reglamentos y políticas públicas comunes, facilitando así la cooperación internacional y promoviendo la armonización de las políticas a escala mundial. Esta experiencia también sirvió de base para la posterior creación de organizaciones internacionales más amplias, como la Sociedad de Naciones y las Naciones Unidas, que reforzaron el papel de la negociación multilateral en las relaciones internacionales.
El establecimiento de un sistema internacional con objetivos universales puede entrar en conflicto con los intereses de algunos Estados nación. Esto puede provocar tensiones y conflictos en las relaciones internacionales. Por ejemplo, la idea de la protección internacional de los derechos humanos puede percibirse como una violación de la soberanía de los Estados que prefieren ceñirse a las normas y valores nacionales. Por eso puede haber resistencia a la aplicación de ciertas normas internacionales, aunque la comunidad internacional las considere universales y legítimas.
Actores no gubernamentales
Según el Derecho internacional público, sólo los Estados y las organizaciones internacionales tienen personalidad jurídica internacional. Los actores no gubernamentales, como particulares, empresas, ONG y movimientos sociales, no tienen personalidad jurídica internacional, aunque pueden participar en los procesos de negociación y consulta como observadores o consultores. Sin embargo, estos actores pueden tener una influencia significativa en la política internacional y en la toma de decisiones. El Derecho internacional no reconoce a los actores no gubernamentales como entidades jurídicas de pleno derecho, pero su papel es cada vez más importante en las relaciones internacionales. Esto puede plantear problemas de regulación y participación en la toma de decisiones internacional. Algunas organizaciones no gubernamentales han conseguido que las organizaciones internacionales las reconozcan y les han concedido estatus consultivo. Esto les permite participar en reuniones y contribuir a los debates, pero su poder de decisión sigue siendo limitado.
Definir las organizaciones no gubernamentales no es sencillo, ya que no existe una definición universal u oficial. Sin embargo, puede decirse que son organizaciones privadas, sin ánimo de lucro, que tienen una misión de servicio público o de interés general, y operan al margen del aparato gubernamental y sin ánimo de lucro. Las ONG pueden operar a distintos niveles, desde la comunidad local hasta el ámbito internacional, y pueden trabajar en temas muy diversos, como la protección del medio ambiente, la promoción de los derechos humanos, la ayuda humanitaria, etc. El estatuto de las organizaciones no gubernamentales es complejo y su definición varía según el contexto y el país. Pueden tener misiones muy diversas e intervenir en ámbitos como la protección del medio ambiente, la defensa de los derechos humanos, la ayuda humanitaria, la salud pública, etc. Algunas organizaciones son muy pequeñas, mientras que otras son grandes. Algunas organizaciones son muy pequeñas, mientras que otras son actores importantes de la sociedad civil. Además, algunas organizaciones mantienen estrechas relaciones con los gobiernos, mientras que otras son completamente independientes. Esto hace difícil definirlas claramente y determinar su lugar en el derecho internacional. Con la aparición de los movimientos pacifistas y la idea de una regulación internacional de los problemas, los actores no gubernamentales empezaron a desempeñar un papel importante en las relaciones internacionales. Sin embargo, su estatuto jurídico no estaba claro en aquel momento, y pasaron varias décadas antes de que se reconociera su papel en el derecho internacional. Hoy en día, las organizaciones no gubernamentales ocupan un lugar importante en la vida internacional y están reconocidas como actores de pleno derecho.
A partir de finales del siglo XIX, entraron en juego nuevos actores en el ámbito de las relaciones internacionales. Se trata de movimientos pacifistas, organizaciones de la sociedad civil e intelectuales interesados en la cuestión de la paz y la regulación de los conflictos internacionales. Estos nuevos actores no suelen ser profesionales de la diplomacia, pero aportan una perspectiva diferente y nuevas propuestas para resolver las disputas entre Estados. La incursión de actores no gubernamentales en las relaciones internacionales ha cambiado profundamente la naturaleza del funcionamiento de las relaciones internacionales. Ha dado lugar a un aumento de la complejidad de los actores y las cuestiones, así como a una multiplicación de los canales de comunicación, negociación y cooperación. Así, ONG, asociaciones, movimientos sociales, empresas transnacionales, particulares, etc. han podido participar en la definición y aplicación de políticas y normas internacionales, a menudo en colaboración con los Estados y las organizaciones internacionales. Esta dinámica también ha favorecido la aparición de cuestiones globales como el medio ambiente, los derechos humanos, la salud, la gobernanza mundial, etc., que han dado lugar a nuevos debates y nuevas formas de cooperación entre los actores implicados.
Las organizaciones no gubernamentales tienen varios campos de acción:
- Organizaciones humanitarias: la Cruz Roja es una de las organizaciones humanitarias más conocidas y antiguas del mundo. Fue fundada por el suizo Henri Dunant en 1863, tras ser testigo del sufrimiento de los soldados heridos en la batalla de Solferino (Italia) en 1859. Dunant reunió voluntarios para ayudar a los heridos de ambos bandos, independientemente de su nacionalidad. Esta experiencia le llevó a proponer la creación de un movimiento internacional que prestara socorro en caso de guerra y estuviera amparado por una convención internacional.
- Pacifismo: El pacifismo es un movimiento que surgió a finales del siglo XIX como respuesta al aumento de las tensiones entre las naciones y las guerras que se produjeron. Existen varias formas de pacifismo, entre ellas el pacifismo legal y el pacifismo parlamentario y político, cuyo objetivo es promover la paz a través de la ley y la diplomacia en lugar de la guerra. También existe el pacifismo religioso, que se basa en la creencia de que la guerra es contraria a las enseñanzas de ciertas religiones, y el pacifismo militante, que aboga por la objeción de conciencia y la acción directa no violenta como medios para luchar contra la guerra.
- El pacifismo legal es una corriente de pensamiento que pretende promover la paz a través del derecho internacional. Los pacifistas jurídicos pretenden teorizar un régimen jurídico de paz y establecer normas para resolver los conflictos internacionales de forma pacífica. Abogan por el arbitraje internacional, la mediación y la negociación para resolver los conflictos entre Estados. En 1899 y 1907 se celebraron en La Haya (Países Bajos) sendas conferencias internacionales de paz que codificaron las normas del derecho internacional humanitario. Estas conferencias fueron seguidas por la creación de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, que es una institución internacional para resolver disputas entre estados a través del arbitraje.
- Pacifismo' de los círculos parlamentarios y políticos: la Unión Interparlamentaria (UIP) se creó efectivamente en 1889. Es la organización intergubernamental internacional más antigua. Se fundó para promover la cooperación y el diálogo entre los parlamentos de distintos países y contribuir a la paz y la cooperación internacionales. La UIP trabaja en particular para promover la democracia y los derechos humanos, la resolución pacífica de conflictos, la cooperación económica y el desarrollo sostenible.
- Pacifismo industrial: El pacifismo industrial es un movimiento que pretende promover la paz abordando las causas económicas y sociales de los conflictos. Surgió a principios del siglo XX y ha tenido cierto éxito en Estados Unidos y Europa. Los pacifistas industriales abogan por una economía basada en la cooperación y no en la competencia, y tratan de promover prácticas comerciales justas y respetuosas con el medio ambiente. También se oponen a la carrera armamentística y a las guerras, a menudo motivadas por intereses económicos. Algunos pacifistas industriales han participado en movimientos sociales como el movimiento por los derechos civiles y el movimiento obrero.
El pacifismo es un movimiento internacional que se desarrolló en Europa, pero también en Norteamérica a finales del siglo XIX. En Estados Unidos, el movimiento pacifista cobró impulso con la guerra hispano-estadounidense de 1898, en la que Estados Unidos se vio envuelto en un conflicto armado fuera de su propio territorio. Los pacifistas estadounidenses crearon organizaciones como la Liga Antibélica en 1898 y la Sociedad de Amigos de la Paz en 1905. Estas organizaciones trabajaron para concienciar sobre los costes humanos y económicos de la guerra, y trataron de promover la diplomacia y la negociación como medios para resolver los conflictos internacionales. El pacifismo es un movimiento internacional que se desarrolló en Europa, pero también en Norteamérica a finales del siglo XIX. En Estados Unidos, el movimiento pacifista cobró impulso con la guerra hispano-estadounidense de 1898, en la que Estados Unidos se vio envuelto en un conflicto armado fuera de su propio territorio. Los pacifistas estadounidenses crearon organizaciones como la Liga Antiimperialista en 1898. La idea europea también fue difundida por el movimiento pacifista angloamericano, que fomentó la creación de la paz en el continente europeo. En París y Ginebra se crearon organizaciones como la Peace and Freedom Society para promover la paz y la cooperación internacionales. Además, algunos defensores del libre comercio, como Frederic Bastiat, también abogaron por la paz en Europa. Bastiat fundó en Francia la Sociedad de Amigos de la Paz para promover la cooperación económica y el entendimiento entre las naciones. Estas organizaciones trabajaron para concienciar a la opinión pública sobre los costes humanos y económicos de la guerra, y trataron de promover la diplomacia y la negociación como medios para resolver los conflictos internacionales.
- Cooperación científica y técnica: Las organizaciones de cooperación científica y técnica suelen ser creadas por mecenas adinerados que desean financiar proyectos de investigación y desarrollo en diversos campos científicos y técnicos, como la medicina, la agricultura, la energía o las tecnologías de la información. Estas organizaciones pretenden fomentar la innovación y el progreso técnico mediante la colaboración internacional y el intercambio de conocimientos y tecnología entre distintos países e instituciones. La Fundación Rockefeller fue creada en 1913 por John D. Rockefeller, un acaudalado industrial estadounidense. La fundación ha apoyado numerosas iniciativas en los campos de la salud pública, la educación, la investigación científica y la agricultura en todo el mundo. Por ejemplo, ha contribuido a la erradicación de la fiebre amarilla en América Latina, a la lucha contra la enfermedad del sueño en África y al desarrollo de la agricultura en Asia. La Fundación Rockefeller es un ejemplo de cómo las organizaciones privadas pueden tener un impacto positivo significativo en la vida de las personas de todo el mundo.
- Organizaciones religiosas: la distinción entre organizaciones religiosas y no gubernamentales puede ser a veces borrosa. Algunas organizaciones religiosas pueden actuar al margen de su misión principal para participar en actividades humanitarias, sociales o medioambientales, por ejemplo. En este caso, puede considerarse que actúan como organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, es importante señalar que las organizaciones religiosas suelen tener un propósito y un enfoque específicos relacionados con su creencia o doctrina, lo que las diferencia de otros tipos de organizaciones no gubernamentales. La YMCA (Young Men's Christian Association) es una organización religiosa protestante sin ánimo de lucro fundada en 1844 en Inglaterra. Aunque su misión principal es promover los valores cristianos, las YMCA también participan en diversas actividades sociales, culturales y educativas destinadas a ayudar a los jóvenes a desarrollarse de forma positiva. Por ejemplo, han desarrollado programas de formación profesional y desarrollo personal, así como actividades deportivas como baloncesto, voleibol y natación. En la actualidad, las YMCA están presentes en más de 119 países y cuentan con más de 64 millones de miembros.
- Organizaciones feministas: Las organizaciones feministas surgieron a finales del siglo XIX, cuando las mujeres empezaron a luchar por sus derechos y a organizarse en comunidades políticas. El Consejo Internacional de Mujeres fue fundado en 1888 por activistas de los derechos de la mujer de distintos países, y desde entonces ha trabajado para promover la igualdad de género y combatir la discriminación y la violencia contra las mujeres en todo el mundo. En la actualidad hay muchas otras organizaciones feministas en todo el mundo que trabajan en temas como la representación política, la salud reproductiva, la igualdad salarial y la lucha contra la violencia de género.
- Organizaciones de intercambio cultural e intelectual: Las organizaciones de intercambio cultural e intelectual han desempeñado un papel importante en la promoción del diálogo intercultural y la cooperación internacional. Los clubes de esperanto, como usted ha mencionado, eran organizaciones que defendían el uso de una lengua universal, el esperanto, para facilitar la comunicación y el intercambio entre personas de diferentes culturas. El Comité Olímpico Internacional (COI) es una organización no gubernamental creada en 1894, con sede en Lausana (Suiza). El COI es responsable de la organización de los Juegos Olímpicos, que son un acontecimiento deportivo y cultural internacional. Los Estados miembros del COI están representados por Comités Olímpicos Nacionales, que a su vez son organizaciones no gubernamentales. Los Juegos Olímpicos son, por tanto, un ejemplo de cooperación internacional entre organizaciones no gubernamentales y Estados. A finales del siglo XX se crearon numerosos congresos científicos, especialmente en los campos de la investigación médica, la física y la química. Estos congresos permiten a científicos de todo el mundo reunirse, intercambiar ideas, presentar sus trabajos y colaborar en proyectos de investigación conjuntos. Suelen estar organizados por asociaciones científicas o instituciones académicas y pueden tener un impacto significativo en el desarrollo de la ciencia y la tecnología en todo el mundo.
Las organizaciones no gubernamentales tienen una gran variedad de estructuras y objetivos, lo que dificulta su caracterización definitiva. Por ejemplo, algunas ONG están financiadas por gobiernos o empresas, lo que plantea dudas sobre su independencia e imparcialidad. Del mismo modo, algunas ONG están muy implicadas en política, mientras que otras se centran principalmente en la ayuda humanitaria. También hay debates sobre el papel y el impacto de las ONG en la sociedad, incluida su eficacia para resolver los problemas que pretenden abordar.
- Límite público/privado: la frontera entre lo público y lo privado puede ser difusa en el caso de las organizaciones no gubernamentales. La Cruz Roja, por ejemplo, es una organización que opera internacionalmente como entidad privada, pero tiene un mandato de los Estados signatarios de la Convención de Ginebra. Por lo tanto, tiene una misión pública en el ámbito humanitario, pero se financia principalmente con donaciones privadas y contribuciones voluntarias. En este sentido, la Cruz Roja es una organización que opera en una zona gris entre lo público y lo privado. Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja suelen estar estrechamente vinculadas a los gobiernos de sus respectivos países, y esto es aún más cierto cuando hay un conflicto o una catástrofe humanitaria importante. En estas situaciones, los gobiernos pueden proporcionar un importante apoyo financiero y asistencia logística a las Sociedades de la Cruz Roja para que puedan llevar a cabo su misión humanitaria. Sin embargo, las Sociedades de la Cruz Roja son organizaciones independientes con su propia estructura y dirección, y deben respetar los principios fundamentales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, como la humanidad, la imparcialidad, la neutralidad, la independencia, el voluntariado, la unidad y la universalidad.
- Trabajo en red: El trabajo en red es una característica importante de las organizaciones no gubernamentales. Las redes permiten a las organizaciones trabajar juntas para alcanzar objetivos comunes, compartir información, recursos y conocimientos, coordinar esfuerzos y desarrollar capacidades. Las redes pueden ser formales o informales, regionales o mundiales, centradas en problemas específicos o en cuestiones más amplias. Pueden incluir organizaciones de la sociedad civil, organizaciones intergubernamentales, gobiernos, empresas, universidades y particulares. El trabajo en red permite a las organizaciones no gubernamentales maximizar su impacto y aumentar su influencia sobre los responsables políticos a escala mundial.
- Organizaciones rivales: Las organizaciones no gubernamentales suelen estar muy comprometidas con causas nobles, pero esto no impide que tengan una historia turbulenta, con conflictos internos y tensiones con otras organizaciones. Estas luchas por el reconocimiento simbólico y la influencia en la esfera pública a veces pueden ocultar los problemas de fondo de las causas que defienden. También pueden tener consecuencias negativas para la eficacia de su trabajo y su capacidad para movilizar recursos. El Consejo Internacional de Mujeres se creó en 1888 como respuesta al descontento de las activistas feministas que, aunque muy numerosas en los movimientos obrero y pacifista, no eran reconocidas como tales dentro de estos movimientos. El Consejo obtuvo reconocimiento y estableció contactos con otras organizaciones. Sin embargo, surgieron tensiones en el seno del movimiento, ya que algunos miembros consideraban que los dirigentes no daban suficiente importancia a las preocupaciones políticas, especialmente a la extensión de los derechos públicos a las mujeres. Como consecuencia, en 1904 el movimiento creó la Alianza Internacional por el Sufragio, y en 1915 se formó la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad. Además, algunos de sus miembros consideraron que las crecientes tensiones internacionales estaban creando tensiones nacionalistas en el seno del movimiento, lo que provocó una nueva escisión.
A finales del siglo XIX surgieron una serie de actores internacionales que contribuyeron a configurar el sistema internacional tal y como lo conocemos hoy. Entre estos actores se encuentran las organizaciones no gubernamentales, los movimientos sociales, las empresas multinacionales, los medios de comunicación internacionales, etc. Estos actores han ido ganando gradualmente en importancia y se han hecho cada vez más importantes. Estos actores han ganado gradualmente en importancia y han empezado a desempeñar un papel importante en las relaciones internacionales, junto a los Estados y las organizaciones intergubernamentales. Esta evolución ha transformado profundamente la naturaleza de las cuestiones internacionales y ha contribuido a la aparición de un sistema internacional cada vez más complejo e interconectado.
Los inicios del regionalismo: la Unión Panamericana
La Unión Panamericana es un ejemplo temprano de regionalismo, que surgió a finales del siglo XIX en América Latina bajo el liderazgo de Estados Unidos. El objetivo de la organización era promover la cooperación y la integración entre los países del continente americano, así como reforzar sus lazos económicos, políticos y culturales. La Unión Panamericana se considera precursora de la Organización de Estados Americanos (OEA), fundada en 1948.
El regionalismo es un movimiento político y cultural que busca reforzar la identidad y la solidaridad entre los países de una misma región, a menudo como reacción a fuerzas externas o al universalismo. A principios del siglo XX, la tensión entre nacionalismo y universalismo dio lugar a la aparición de movimientos regionalistas, que pretendían equilibrar los intereses nacionales con las necesidades de cooperación regional. El regionalismo se ha visto a menudo como una respuesta al nacionalismo, que hace hincapié en la identidad y la soberanía de un país concreto. Sin embargo, el regionalismo también puede considerarse un complemento del nacionalismo, ya que trata de preservar y promover los intereses comunes de los países de una región.
La Unión Panamericana fue un paso importante hacia la creación de instituciones regionales en América Latina, que han contribuido a la estabilidad política y económica de la región. La OEA, sucesora de la Unión Panamericana, sigue desempeñando un papel importante en la promoción de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo económico en las Américas. El regionalismo también ha inspirado la creación de otras organizaciones e iniciativas regionales en todo el mundo, como la Unión Europea, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), el Mercado Común del África Meridional y Oriental (COMESA) y la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO). Estas organizaciones pretenden reforzar la cooperación entre los países miembros y fomentar la integración regional, respetando al mismo tiempo la soberanía y la identidad de cada país.
La primera Conferencia Panamericana se celebró en realidad entre 1889 y 1890 en Washington D.C. La Unión Panamericana se creó formalmente en 1910, tras la ratificación de la Convención de Buenos Aires de 1910 por los países participantes. El principal objetivo de la primera Conferencia Panamericana era establecer un sistema de cooperación y diálogo entre los países de América del Norte, Central y del Sur. Uno de los principales temas tratados en la conferencia fue la promoción de la integración económica y el comercio entre los países de la región. Entre las propuestas debatidas en la conferencia figuraban la adopción de normas comunes para el comercio y el transporte marítimo, el arbitraje para resolver disputas entre países y la creación de una unión aduanera. Aunque no todas estas propuestas se pusieron en práctica inmediatamente, la conferencia sentó las bases para una mayor cooperación e iniciativas de integración económica en las décadas siguientes. La Unión Panamericana, que sucedió a la Conferencia Panamericana, prosiguió los esfuerzos para promover la integración económica y el comercio entre los países de las Américas. La organización ha desempeñado un papel de coordinación y facilitación de las relaciones económicas entre sus miembros, organizando conferencias y reuniones para debatir cuestiones de interés común y promoviendo proyectos de cooperación económica y técnica.
Uno de los objetivos de la Unión Panamericana era resolver los conflictos fronterizos entre los países miembros de forma pacífica y no violenta. Como usted ha mencionado, muchos países latinoamericanos heredaron fronteras poco claras y mal definidas como consecuencia de la desintegración del imperio español. Estas fronteras inciertas provocaron a menudo tensiones y conflictos entre Estados vecinos. La Unión Panamericana ha fomentado la resolución pacífica de disputas fronterizas promoviendo el diálogo, la negociación y el arbitraje entre las partes implicadas. La organización también ha actuado como mediadora proporcionando asesoramiento jurídico y técnico y facilitando las conversaciones entre los países en conflicto. A lo largo de los años, la Unión Panamericana y su sucesora, la Organización de Estados Americanos (OEA), han ayudado a resolver varios conflictos fronterizos en la región. Por ejemplo, la OEA desempeñó un papel clave en la mediación en la disputa entre Belice y Guatemala sobre su frontera común. Promover la resolución pacífica de las disputas fronterizas ha sido esencial para prevenir los conflictos armados y reforzar la estabilidad política y económica de la región. Al fomentar la cooperación y el diálogo entre los países miembros, la Unión Panamericana y la OEA han contribuido a crear un entorno propicio para el desarrollo y la integración regional.
Woodrow Wilson, 28º Presidente de Estados Unidos, asumió el cargo en 1913, tres años después de la creación de la Unión Panamericana. Aunque la Unión Panamericana se fundó antes de su presidencia, Wilson apoyó y fomentó una mayor integración económica y política entre los países de la región. Wilson fue un firme defensor de la cooperación y la diplomacia internacionales como medio para prevenir conflictos y promover la paz. Su enfoque de la política exterior, conocido como "wilsonismo", hacía hincapié en la democracia, la libre determinación de los pueblos y el multilateralismo. Los Catorce Puntos de Wilson, presentados en 1918, eran un conjunto de principios que pretendían servir de base para la paz tras la Primera Guerra Mundial. Aunque estos puntos no estaban directamente relacionados con la Unión Panamericana, reflejan el compromiso de Wilson con la cooperación internacional y la libre determinación de las naciones. Entre los Catorce Puntos, varios eran relevantes para América Latina y los objetivos de la Unión Panamericana. Por ejemplo, el principio de libre navegación de los mares, la reducción de las barreras económicas y la creación de una asociación general de naciones para garantizar la seguridad política y la independencia de los estados. Aunque los Catorce Puntos de Wilson no estaban directamente relacionados con la Unión Panamericana, compartían objetivos similares y reflejaban la visión de Wilson de un mundo más pacífico y cooperativo. Durante la presidencia de Wilson, Estados Unidos siguió apoyando la Unión Panamericana y trató de profundizar en la integración económica y política de la región. Sin embargo, cabe señalar que la política exterior de Wilson en América Latina también fue criticada por su intervencionismo y paternalismo, en particular a través de la Doctrina Monroe, cuyo objetivo era proteger los intereses estadounidenses en la región.[4]
La propuesta de seguridad colectiva de Woodrow Wilson fue, de hecho, un aspecto importante de su visión de la Unión Panamericana y de la cooperación internacional en general. Wilson creía que la paz y la estabilidad podían mantenerse animando a las naciones a trabajar juntas para resolver los conflictos y garantizando la seguridad colectiva. La Unión Panamericana se concibió no sólo para promover la integración económica y política, sino también para abordar otras cuestiones de seguridad, desarrollo y cooperación regional. A lo largo de los años, la organización ha ampliado su alcance para incluir diversas prerrogativas, como la resolución pacífica de conflictos, la promoción de los derechos humanos, la cooperación al desarrollo y la protección del medio ambiente. La idea de la seguridad colectiva también influyó en la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948, sucesora de la Unión Panamericana. La OEA adoptó una Carta que consagraba principios como la no intervención, la resolución pacífica de conflictos, la democracia, los derechos humanos y la solidaridad económica y social. Hoy en día, la OEA sigue desempeñando un papel central en la promoción de la seguridad colectiva y la cooperación regional en las Américas. La organización se esfuerza por prevenir y resolver conflictos, promover la democracia y los derechos humanos y fomentar el desarrollo económico y social de la región. En definitiva, la Unión Panamericana y la OEA ilustran cómo pueden evolucionar las organizaciones regionales para abordar una gama de cuestiones cada vez más amplia e interconectada. Estas organizaciones se vieron influidas por visiones como la de Woodrow Wilson, que creía en la necesidad de la cooperación internacional y la seguridad colectiva para garantizar la paz y la prosperidad.
La Unión Panamericana amplió sus prerrogativas y ámbitos de actuación a principios del siglo XX para abordar una serie de cuestiones regionales, como la salud, la ciencia, el derecho y la defensa. En 1902 se creó la Oficina Sanitaria Panamericana, hoy conocida como Organización Panamericana de la Salud (OPS), para promover la cooperación en materia de salud pública y combatir las epidemias en la región. La OPS ha trabajado para mejorar la vigilancia de las enfermedades, el control de las epidemias y las normas de salud pública en las Américas. El Comité Jurídico Interamericano, creado en 1928, tiene como objetivo promover la cooperación jurídica y la armonización de la legislación entre los países miembros. Esta iniciativa condujo a la creación de la Corte Interamericana de Justicia en 1948, encargada de resolver los conflictos jurídicos entre los Estados miembros y de velar por el respeto de los derechos humanos. También se crearon asociaciones científicas y académicas para fomentar la colaboración y el intercambio de ideas entre académicos e investigadores de las Américas. Estas organizaciones han contribuido a promover la innovación y el desarrollo científico en diversos campos, como la tecnología, el medio ambiente y las ciencias sociales. Por último, la seguridad colectiva se abordó con la creación de la Organización Panamericana de Defensa en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de esta organización era promover la coordinación y la cooperación en materia de defensa entre los países de la región para hacer frente a las amenazas comunes y garantizar la seguridad regional. Esta iniciativa sentó las bases de la cooperación en materia de seguridad en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), creada en 1948. Estos acontecimientos muestran cómo la Unión Panamericana ha evolucionado con el tiempo para abordar una amplia gama de cuestiones y retos regionales. Las iniciativas e instituciones resultantes siguen desempeñando un papel importante en la promoción de la cooperación y la integración regionales en las Américas.
La construcción regionalista, que comenzó a finales del siglo XIX con la Unión Panamericana, tiene similitudes con la Sociedad de Naciones (Liga) y, por extensión, con las Naciones Unidas (ONU). Estas organizaciones comparten principios comunes, como el fomento de la cooperación internacional, la resolución pacífica de conflictos, la protección de los derechos humanos y la promoción del desarrollo económico y social. La Unión Panamericana puede considerarse un modelo a seguir por la ONU, ya que introdujo mecanismos de cooperación regional y multilateral que posteriormente fueron adoptados y desarrollados por la Sociedad de Naciones y la ONU. Sin embargo, hay que señalar que la Unión Panamericana se centró principalmente en cuestiones regionales de las Américas, mientras que la ONU y la Sociedad de Naciones tienen un alcance mundial. También es importante señalar que la Unión Panamericana no era necesariamente una competidora de la Sociedad de Naciones, ya que ambas organizaciones perseguían objetivos similares pero operaban a distintos niveles. La Unión Panamericana se centraba en promover la cooperación y la integración regional en las Américas, mientras que la Sociedad de Naciones tenía la misión de mantener la paz y la seguridad internacionales y promover la cooperación entre las naciones de todo el mundo. Con la creación de las Naciones Unidas en 1945, los principios y mecanismos de la Unión Panamericana y la Sociedad de Naciones se incorporaron al sistema de la ONU. La Organización de Estados Americanos (OEA), que sucedió a la Unión Panamericana en 1948, se convirtió en socio regional de la ONU y colabora estrechamente con el organismo mundial para promover la paz, la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo en las Américas.
Durante el periodo de entreguerras, la Unión Panamericana y la Sociedad de Naciones (Sociedad) cooperaron en algunas cuestiones, pero también mantuvieron cierta distancia debido a las tensiones entre nacionalismo y universalismo. La Unión Panamericana, como organización regional, pretendía promover la cooperación y la integración entre los países de América. La Sociedad de Naciones, por su parte, era de ámbito mundial y pretendía mantener la paz y la seguridad internacionales fomentando la cooperación entre todas las naciones. Aunque ambas organizaciones compartían objetivos comunes, sus enfoques y ámbitos de actuación diferían, reflejando las tensiones entre las aspiraciones nacionalistas y universalistas de la época. Las naciones latinoamericanas, en particular, se debatían a menudo entre el deseo de preservar su soberanía e identidad nacional y la aspiración a participar en un sistema internacional basado en la cooperación y el multilateralismo. Esta tensión provocó a veces fricciones entre la Unión Panamericana y la Sociedad de Naciones, ya que cada una intentaba hacer valer su papel e influencia en la escena internacional. A pesar de estas tensiones, la Unión Panamericana desempeñó un papel crucial en los inicios del regionalismo y sentó las bases de la cooperación e integración regional en las Américas. Los principios y mecanismos desarrollados por la Unión Panamericana influyeron en la creación de otras organizaciones regionales y contribuyeron a configurar el sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, especialmente con la creación de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA).
La Société des Nations : naissance d’un système universel ?
La Société des Nations a été la première organisation internationale à vocation universelle créée après la Première Guerre mondiale, en 1919, dans le but de maintenir la paix et la sécurité internationales en favorisant la coopération entre les États membres. Elle regroupait la plupart des États du monde à l'époque, mais certains pays comme les États-Unis n'ont pas rejoint la SDN, et d'autres comme l'Allemagne et l'Union soviétique ne l'ont rejointe que plus tardivement.
Les origines
L'idée de créer une organisation internationale pour régler les conflits entre États a été portée par des mouvements pacifistes et humanitaires dès la fin du XIXème siècle. Des personnalités telles que l'écrivain Victor Hugo ou encore le philosophe Bertrand Russell ont défendu cette idée dans leurs écrits et discours. les mouvements pacifistes de la fin du XIXème siècle ont contribué à la formation de l'idée d'une régulation internationale des problèmes. Ils ont exprimé une aspiration à la paix et à la coopération internationale en réponse aux ravages des guerres qui ont secoué l'Europe au XIXème siècle. Des personnalités comme le philanthrope britannique Alfred Nobel, le journaliste français Henri Dunant, fondateur de la Croix-Rouge, ou encore le juriste suisse Gustave Moynier ont notamment oeuvré en faveur de cette idée. Leurs réflexions ont contribué à la prise de conscience de la nécessité de mettre en place des institutions internationales visant à régler pacifiquement les différends entre les Etats. Cependant, ce n'est qu'après la Première Guerre mondiale, qui a vu une violence sans précédent et un nombre de morts effroyable, que la création d'une organisation internationale devient une priorité pour de nombreux États. La Société des Nations a ainsi été créée en 1919 dans le but de préserver la paix et la sécurité internationales. L’origine est cette kyrielle de mouvements pacifistes qui naissent et qui formulent les premières façons de structurer l’idée d’une régulation internationale des problèmes, ce qui est une idée neuve.
Dans une période marquée par les nationalismes et les rivalités entre États, l’idée d’une autorité supranationale pour réguler les conflits et garantir la paix était nouvelle et audacieuse. Cela a été l'objet d'intenses débats et de discussions parmi les mouvements pacifistes et les intellectuels de l'époque. Cette idée a finalement été concrétisée par la création de la Société des Nations après la Première Guerre mondiale, bien qu'elle n'ait pas réussi à prévenir la montée des tensions et le déclenchement de la Seconde Guerre mondiale.
Les congrès de La Haye sont considérés comme des événements fondateurs de la diplomatie multilatérale moderne, avec pour objectif de prévenir les conflits armés et de développer des moyens pacifiques de régler les différends entre les États. Le premier congrès de La Haye, en 1899, a abouti à la signature de plusieurs conventions internationales, dont la Convention de La Haye concernant les lois et coutumes de la guerre sur terre. Le deuxième congrès, en 1907, a élargi le champ d'application du droit international humanitaire et a également abouti à la signature de plusieurs conventions, notamment la Convention de La Haye pour la pacification internationale. Ces congrès ont donc posé les bases de la diplomatie multilatérale et ont contribué à la formation de l'idée d'une régulation internationale des conflits. L'idée d'arbitrage a été formalisée lors des congrès pour la paix de La Haye en 1899 et 1907, où les États ont discuté de la possibilité de résoudre les conflits internationaux par des moyens pacifiques plutôt que par la guerre. Cette idée était portée par les mouvements pacifistes et en particulier par les organisations du pacifisme juridique, qui considéraient que les différends entre les États devaient être réglés par des tribunaux internationaux plutôt que par la force armée. L'arbitrage a donc été considéré comme un moyen de prévenir la guerre et de régler les conflits internationaux de manière pacifique.
Le premier congrès de La Haye, en 1899, a été convoqué par le tsar de Russie Nicolas II et réunit 26 États européens et américains. Le but était de discuter de la limitation des armements et de la prévention des guerres. Les délégués adoptèrent plusieurs résolutions, dont la plus importante fut l'adoption de la Convention de La Haye pour le règlement pacifique des conflits internationaux, qui prévoyait l'arbitrage obligatoire pour les différends qui ne pouvaient être réglés par la négociation. Une Cour permanente d'arbitrage, composée de juges choisis par les États membres, fut également créée pour résoudre ces différends. Les résolutions du premier congrès ont été révisées et élargies lors du second congrès de La Haye en 1907.
La Cour d'arbitrage mise en place par le premier Congrès de La Haye en 1899 n'était pas permanente et devait être spécialement créée pour chaque différend. En outre, la compétence de la Cour était subordonnée à la volonté des États, qui devaient accepter de soumettre leur différend à l'arbitrage et de respecter la décision rendue. Enfin, les États devaient désigner eux-mêmes les arbitres qui siégeraient dans chaque affaire.
En 1907, le deuxième congrès de La Haye a permis de renforcer le principe de l'arbitrage en créant une cour permanente d'arbitrage qui siègerait à La Haye. Cette cour serait composée de juges issus des États signataires de la convention de la Haye, et serait chargée de régler les conflits internationaux par l'arbitrage. La cour permanente d'arbitrage était ouverte à tous les États qui acceptaient la convention et était destinée à favoriser la paix et la justice internationales. la création de la Cour permanente d'arbitrage en 1907 à La Haye est un progrès majeur dans la résolution pacifique des différends internationaux. Cependant, malgré l'adoption de cette mesure par la conférence de La Haye, il est vrai que tous les États n'ont pas immédiatement ratifié cette initiative. Cela dit, la Cour permanente d'arbitrage a commencé à fonctionner dès sa création, avec un secrétariat permanent chargé de faciliter la mise en place des arbitres. Elle a contribué à la résolution pacifique de nombreux différends internationaux au cours des décennies qui ont suivi.
Léon Bourgeois, en tant que président du Conseil français, a joué un rôle important dans l'adoption du principe d'arbitrage à la Conférence de La Haye en 1899. Il a défendu l'idée d'un règlement pacifique des différends internationaux par le biais de l'arbitrage et a contribué à la création de la Cour permanente d'arbitrage en 1907. Léon Bourgeois était un homme politique français qui a joué un rôle important dans la promotion de la paix et du droit international à la fin du XIXe et au début du XXe siècle. Il a notamment présidé la délégation française à la Conférence de la paix de La Haye en 1899 et en 1907, où il a promu l'idée d'un tribunal permanent d'arbitrage international. Il a également été l'un des fondateurs de l'Union interparlementaire, une organisation internationale visant à promouvoir la coopération parlementaire et la résolution pacifique des conflits. Bourgeois a été un ardent défenseur de l'arbitrage international et a contribué à faire avancer l'idée de la création d'une organisation internationale pour régler les différends entre les nations, ce qui a finalement conduit à la création de la Société des Nations.
En 1907, malgré la réaffirmation du principe d'arbitrage et la création d'une cour permanente d'arbitrage à La Haye, les tensions entre les puissances européennes commencent à monter, et les décisions prises par la conférence de La Haye sont peu suivies. En effet, les mouvements nationalistes et la montée des rivalités entre les grandes puissances rendent difficile la mise en place d'une régulation internationale effective. Les deux congrès de La Haye ont posé les bases de certaines idées qui seront reprises et développées par la suite par la Société des Nations, comme le principe d'arbitrage pour régler les conflits internationaux ou la création d'une cour permanente d'arbitrage. Ces idées ont été portées par des mouvements pacifistes et des organisations non gouvernementales, mais ont également été adoptées par les grandes puissances lors des conférences de La Haye.
L'historicité de la création de la Société des Nations est essentielle pour comprendre les motivations et les objectifs de cette organisation internationale. La Première Guerre mondiale a été un tournant majeur dans l'histoire de l'humanité, car elle a provoqué des destructions massives et a eu des conséquences politiques, économiques et sociales considérables. Cette guerre a montré que la diplomatie traditionnelle basée sur la rivalité des puissances nationales et l'équilibre des forces n'était plus capable de garantir la paix et la sécurité internationales. C'est dans ce contexte que l'idée d'une organisation internationale chargée de réguler les relations entre les États et de prévenir les conflits a émergé. La Société des Nations a été créée à la fin de la Première Guerre mondiale, en 1919, dans le but de maintenir la paix et la sécurité internationales et de promouvoir la coopération entre les États. Cependant, malgré ses objectifs nobles, la Société des Nations n'a pas réussi à prévenir la Deuxième Guerre mondiale et a été remplacée par l'Organisation des Nations unies après la fin de cette guerre.
La Première guerre mondiale et le Traité de Versailles
la création de la Société des Nations a suscité des débats et des rivalités au moment même du Congrès de la paix de Versailles. D'une part, il y avait des partisans de la création d'une organisation internationale qui pourrait prévenir la guerre et maintenir la paix, comme le président américain Woodrow Wilson. D'autre part, il y avait ceux qui étaient méfiants envers l'idée d'une telle organisation, comme le Premier ministre britannique David Lloyd George et le président français Georges Clemenceau, qui avaient des préoccupations plus immédiates concernant les réparations de guerre et la sécurité nationale. Les États-Unis ont présenté leur propre projet de Société des Nations qui aurait été fondé sur le principe de l'égalité souveraine de tous les États membres. Cependant, les dirigeants européens ont été préoccupés par les implications de cette proposition pour leur propre sécurité nationale et leur position dans le monde. Finalement, la Société des Nations a été créée en 1919, avec 42 membres fondateurs, en tant qu'organisation internationale pour promouvoir la coopération internationale et prévenir les conflits armés, mais elle a rencontré des difficultés à maintenir la paix dans le monde en raison de la montée des tensions et des conflits entre les États membres. Les problèmes que la Société des Nations a rencontrés étaient en partie préexistants à sa création. Par exemple, la question de la définition des frontières nationales a été l'une des questions les plus difficiles à régler à la fin de la Première Guerre mondiale, et elle a continué à être source de tensions internationales pendant de nombreuses années. De même, la question de la souveraineté nationale a été une question complexe qui a suscité des débats passionnés au sein de la Société des Nations, en particulier concernant les relations entre les États membres et l'organisation elle-même. Enfin, la question de la garantie de la sécurité internationale était un autre sujet de préoccupation important, qui a finalement conduit à l'échec de la Société des Nations en tant qu'organisme de maintien de la paix.
Il y avait trois projets concurrents pour la création de la Société des Nations en discussion à la conférence de Versailles :
- Le projet de Wilson était basé sur l'idée d'une organisation universelle qui promouvrait la coopération et le règlement pacifique des différends entre les États membres. Cela devait être accompli grâce à des dispositions claires et des mécanismes de contrôle pour réguler les relations entre les États. Le but était de créer une organisation qui préviendrait les conflits plutôt que de simplement les résoudre. Le projet de Wilson était également basé sur le principe de l'égalité souveraine entre les États membres, qui serait la base de la coopération multilatérale.
- Lord Robert Cecil était un diplomate et homme politique britannique qui a joué un rôle important dans les discussions sur la création de la Société des Nations. Son projet, connu sous le nom de projet de la « Chambre d'Appel », prévoyait la création d'un conseil de grandes puissances européennes qui aurait eu le pouvoir de régler les différends entre États membres de la Société des Nations. Ce conseil aurait été complété par une « chambre d'appel » constituée de représentants des États membres de la Société des Nations, mais qui n'aurait eu qu'un rôle consultatif. Le projet de Cecil était donc davantage centré sur l'Europe et le maintien de l'équilibre des puissances, plutôt que sur la création d'une organisation universelle multilatérale.
- Léon Bourgeois avait une vision ambitieuse pour la création d'une organisation internationale. Il proposait de créer une véritable société des nations dotée d'un gouvernement mondial avec des pouvoirs coercitifs, un tribunal international et une armée internationale. Cette proposition allait plus loin que le projet de Wilson qui ne prévoyait pas un tel niveau d'intégration mondiale. Bourgeois considérait que la guerre était le résultat d'un manque de régulation au niveau international, et qu'une organisation internationale forte était nécessaire pour éviter les conflits armés. Sa vision a influencé la création de la Société des Nations, qui a été créée après la Première Guerre mondiale avec l'objectif de maintenir la paix et la sécurité internationales.
Le projet de Léon Bourgeois n'a pas été soutenu par le gouvernement de Georges Clemenceau, qui était à la tête de la France à l'époque. Clemenceau était davantage attaché à l'idée de renforcer la sécurité de la France par le biais d'alliances avec d'autres puissances européennes plutôt que par la création d'une organisation internationale universelle. Cela explique en partie pourquoi le projet de Bourgeois n'a pas été retenu lors de la conférence de paix de Versailles en 1919. Les Américains et les Britanniques vont fusionner leurs projets pour aboutir à un compromis, qui sera finalement accepté par les autres puissances. Ce compromis repose sur l'idée d'une Société des Nations qui serait une organisation internationale de coopération entre États souverains, basée sur le principe de la sécurité collective. Les États membres de la Société des Nations s'engagent ainsi à résoudre pacifiquement leurs différends et à venir en aide à tout État membre agressé, en utilisant si nécessaire la force armée collective. Les États membres seraient également soumis à des obligations de désarmement, de respect du droit international et de promotion des droits de l'homme. Ce projet a finalement été accepté lors de la conférence de Versailles en 1919, et la Société des Nations a été créée en tant qu'organisation internationale chargée de maintenir la paix et la sécurité internationales. Pour parvenir à un compromis entre les différents projets, il a été nécessaire de prendre en compte certaines demandes de la France. Ainsi, la Société des Nations a été dotée d'une Assemblée générale dans laquelle chaque État membre avait une voix, quelle que soit sa taille ou son importance. De plus, la France a obtenu la création d'un Conseil permanent chargé de maintenir la paix et la sécurité internationales, dont elle espérait qu'il serait doté de pouvoirs importants pour empêcher la répétition des conflits mondiaux. Finalement, malgré certaines concessions, la Société des Nations a été créée en 1920 à la fin de la Première Guerre mondiale, avec pour objectif de préserver la paix et la sécurité internationales. La structure de la Société des Nations reflète les compromis qui ont été faits entre les différents projets en présence lors de la Conférence de Versailles. Ainsi, le pacte de la Société des Nations prévoyait l'idée de sécurité collective, qui était une des principales propositions de Wilson, et qui affirmait que l'agression contre un membre de la Société serait considérée comme une agression contre l'ensemble de la collectivité, entraînant une réaction collective. Cependant, en raison des divergences entre les États membres sur les moyens à mettre en place pour assurer cette sécurité collective, la Société des Nations n'avait ni de force armée ni de pouvoir juridique contraignant pour faire respecter ses décisions. En fin de compte, la Société des Nations était une organisation extrêmement structurée mais qui n'avait pas les moyens de faire respecter la paix et la sécurité internationales de manière efficace.
La création de la Société des Nations à la fin de la Première Guerre mondiale a été le fruit d'un compromis entre les différentes puissances victorieuses. Les idées de Léon Bourgeois, qui plaidait pour une justice internationale et une force armée internationale pour garantir la paix, ont été débattues mais n'ont pas été retenues. Les anglo-saxons ont réussi à imposer leur vision de la SDN, qui reposait davantage sur le dialogue et la coopération entre les États membres plutôt que sur une logique de coercition et de répression. Cependant, malgré ses limites, la SDN a posé les fondations du droit international et a contribué à développer une conscience de la nécessité de réguler les relations entre les nations.
La Société des Nations est la traduction française du terme anglais League of Nations, qui est le nom officiel de l'organisation internationale créée en 1920 à l'issue de la Première Guerre mondiale. Cette différence de terminologie reflète une différence de vision et de perception entre les francophones et les anglophones sur la nature et le fonctionnement de la Société des Nations. Les francophones, représentés en grande partie par le président Wilson, étaient en faveur d'une organisation dotée d'une certaine autorité et d'une structure institutionnelle solide, qui pourrait prévenir les conflits internationaux et promouvoir la coopération entre les États membres. Les anglophones, quant à eux, ont cherché à préserver la souveraineté des États et à éviter toute forme d'ingérence dans leurs affaires internes. Ils ont donc préféré une organisation moins contraignante, qui se concentrerait davantage sur la coordination et la médiation que sur la prise de décision et la régulation.[5]
Les différences de conception entre les francophones et les anglophones ont été un obstacle majeur à l'efficacité de la Société des Nations. La conception anglo-saxonne de la League of Nations était basée sur l'idée de la souveraineté nationale et de la non-ingérence dans les affaires des autres États, tandis que la conception francophone de la Société des Nations prônait une organisation internationale plus structurée avec un véritable pouvoir de régulation et de contrôle des relations internationales. Ces divergences ont souvent conduit à l'inaction de la Société des Nations face aux crises internationales, en particulier dans les années 1930 avec la montée du nazisme en Allemagne et la guerre d'Espagne.
La non-participation des États-Unis dès le départ a grandement affaibli la Société des Nations, car les Américains étaient les principaux promoteurs de cette idée de gouvernement international. Sans leur soutien et leur participation, la crédibilité de l'institution a été grandement réduite. De plus, les États-Unis étant une grande puissance économique et militaire, leur absence a limité les ressources financières et militaires que la Société des Nations pouvait mobiliser pour atteindre ses objectifs. La défection américaine a eu un impact important sur la suite de l'histoire de la Société des Nations. L'absence des États-Unis a non seulement affaibli l'institution, mais a également contribué à sa lente agonie, car les États-Unis étaient le principal promoteur de la SDN et auraient pu jouer un rôle majeur dans la promotion de ses objectifs et de ses idéaux. Le refus américain de ratifier le Traité de Versailles et de participer à la Société des Nations a également sapé la crédibilité de l'institution et a renforcé les forces isolationnistes aux États-Unis. Cette défection a également ouvert la voie à l'expansionnisme de l'Allemagne nazie et à la montée du fascisme en Europe, conduisant finalement à la Seconde Guerre mondiale.
L'histoire de la Société des Nations remonte avant la Première Guerre mondiale, avec des initiatives de paix et de coopération internationales, notamment de la part de personnalités françaises telles que Léon Bourgeois. Cependant, le projet de la Société des Nations tel qu'il a été mis en place à Versailles après la guerre a été le résultat d'un compromis entre les grandes puissances, avec des différences de conceptions et d'intérêts qui ont pesé sur sa mise en œuvre et son efficacité. L'idée d'universalisme est présente dans de nombreuses organisations internationales, y compris dans la Société des Nations et dans l'Organisation des Nations unies. Cependant, cette idée est souvent interprétée différemment selon les pays et les cultures. Par exemple, pour certains pays, l'universalisme signifie la promotion des droits de l'homme et de la démocratie, tandis que pour d'autres, cela peut signifier la promotion de la souveraineté nationale et de la non-ingérence dans les affaires intérieures d'un pays. Ces différences d'interprétation peuvent conduire à des désaccords et des blocages au sein des organisations internationales.
Le fonctionnement de l’organisation
La Société des Nations a été la première tentative de création d'un ordre international structuré et organisé pour résoudre les conflits internationaux et favoriser la paix. Cela a représenté une nouveauté politique radicale à l'époque, marquant une évolution importante dans les relations internationales. Bien que cette tentative ait échoué, elle a jeté les bases pour la création ultérieure de l'Organisation des Nations unies (ONU) en 1945. La Société des Nations a également favorisé le développement de la diplomatie multilatérale et de la coopération internationale, qui sont aujourd'hui des éléments clés de l'ordre international contemporain. La Société des Nations a été la première organisation internationale à établir un cadre juridique et institutionnel pour réglementer les relations entre les États. Elle a introduit l'idée de supranationalité, c'est-à-dire qu'elle a établi un ordre international supérieur à celui des États membres et a créé un système de prise de décision collective. Cela a représenté un changement majeur par rapport au système précédent, qui était principalement basé sur les relations bilatérales entre les États. Bien que la Société des Nations ait connu des limites et des échecs, elle a jeté les bases de la construction d'un ordre international plus stable et coopératif, qui a finalement conduit à la création de l'Organisation des Nations unies après la Seconde Guerre mondiale.
Avec la Société des Nations, on assiste à la naissance d'une organisation internationale qui, pour la première fois, met en place une structure bureaucratique importante et permanente. Cette structure permet à la Société des Nations de fonctionner de manière régulière et de traiter efficacement les affaires internationales. La bureaucratie de la Société des Nations est composée d'un secrétariat, de plusieurs commissions techniques et d'une assemblée générale. Le secrétariat est chargé de la gestion quotidienne de l'organisation, tandis que les commissions techniques se spécialisent dans différents domaines, tels que le désarmement, les réfugiés ou les affaires économiques. L'assemblée générale, quant à elle, rassemble tous les membres de la Société des Nations pour discuter des grandes questions internationales. Cette bureaucratie a permis à la Société des Nations de prendre des décisions éclairées et de gérer efficacement les affaires internationales. Cependant, elle a également été critiquée pour son manque de transparence et pour le fait qu'elle a souvent été dominée par les grandes puissances de l'époque.
La Société des Nations avait un organigramme spécifique qui comprenait plusieurs organes, tels que :
- Assemblée des États : l'Assemblée des États de la Société des Nations fonctionnait selon le principe "un État, une voix", c'est-à-dire que chaque État membre avait le même poids dans les décisions prises par l'Assemblée, quelle que soit sa taille ou son importance dans les relations internationales. Cette règle permettait d'affirmer le principe de l'égalité souveraine des États, tout en donnant à chacun une représentation équitable au sein de l'organisation. Cependant, elle a aussi été critiquée pour sa tendance à privilégier les petits États au détriment des grandes puissances, et pour sa difficulté à prendre des décisions rapides et efficaces en raison du nombre important de membres de l'Assemblée. La règle "un État égal une voix" de l'Assemblée des États de la Société des Nations a permis une certaine égalité entre les États membres, même si les grandes puissances avaient encore un poids important dans les décisions. Cela a également permis aux États plus petits de participer et de faire entendre leur voix dans les discussions internationales. Cette règle a été maintenue dans l'Organisation des Nations unies (ONU), qui a succédé à la Société des Nations en 1945. L'Assemblée des États était un organe de discussion et de délibération, où tous les États membres avaient le même droit de parole et de vote. Cela en faisait un forum important pour la diplomatie multilatérale, où les États pouvaient exprimer leurs points de vue, débattre de questions internationales et chercher des solutions communes à leurs problèmes. Cependant, l'absence de pouvoir coercitif réel a limité l'impact de la Société des Nations sur les relations internationales de l'époque. Il y a une continuité formelle entre la Société des Nations et les Nations-Unies dans la mesure où certaines structures ont été conservées. Toutefois, il y a également des différences significatives. Par exemple, au sein de l'Assemblée générale des Nations-Unies, chaque État membre dispose d'une voix, mais les décisions importantes se prennent à la majorité des deux tiers. De plus, le Conseil de sécurité des Nations-Unies dispose de pouvoirs plus étendus que le Conseil de la Société des Nations, notamment en matière de maintien de la paix et de la sécurité internationales, avec la possibilité de recourir à des mesures coercitives.
- Conseil permanent :e Conseil permanent était l'ancêtre du Conseil de sécurité de l'ONU. Il était composé de cinq membres permanents (la France, le Royaume-Uni, l'Empire allemand, l'Empire du Japon et l'Empire russe), ainsi que de quatre membres non permanents élus pour une durée de trois ans. Le Conseil permanent avait pour mission de maintenir la paix et la sécurité internationales, mais il n'avait pas le pouvoir de prendre des mesures coercitives pour y parvenir. C'est pourquoi le Conseil de sécurité de l'ONU, créé en 1945, a été doté de pouvoirs renforcés pour agir en cas de menace contre la paix, de rupture de la paix ou d'acte d'agression. Le Conseil permanent de la Société des Nations a été remplacé par le Conseil de la Société des Nations en 1922, et que ce dernier était composé de quatre membres permanents (Grande-Bretagne, France, Italie et Japon) et de neuf membres non permanents élus pour trois ans. Ce Conseil avait pour mission de surveiller et de prévenir les conflits internationaux, de formuler des recommandations pour la paix et la sécurité internationales, de résoudre les différends internationaux et de coordonner les actions des États membres. Le Conseil de la Société des Nations était doté de pouvoirs plus étendus que l'Assemblée générale, car il avait le pouvoir de prendre des décisions contraignantes et de prendre des mesures coercitives à l'encontre des États qui ne respectaient pas les décisions du Conseil. Cependant, la mise en œuvre de ces mesures a souvent été difficile, car les membres de la Société des Nations étaient réticents à utiliser la force pour faire respecter les décisions du Conseil. C’est l’unanimité qui est requise pour prendre des décisions. L'unanimité pour prendre des décisions est un problème important dans une organisation internationale. Cela signifie qu'un seul pays peut bloquer une décision, même si elle est soutenue par la majorité des autres membres de l'organisation. C'est une situation qui peut être très frustrante et qui peut entraîner l'inaction de l'organisation sur des questions importantes. C'est pourquoi l'ONU a mis en place un système de vote à la majorité qualifiée pour certaines décisions importantes, notamment au sein du Conseil de sécurité. Cependant, les cinq membres permanents disposent d'un droit de veto qui leur permet de bloquer une décision même si elle est soutenue par la majorité qualifiée. Cette règle est souvent critiquée, car elle peut permettre à un seul pays de bloquer une décision importante, même si elle est soutenue par la majorité des autres membres de l'ONU. Les membres permanents du Conseil de la Société des Nations, y compris la France et la Grande-Bretagne, ont souvent cherché à régler des problèmes géopolitiques en dehors du cadre de la Société des Nations. Cela peut s'expliquer par plusieurs raisons, notamment le manque d'efficacité de l'organisation en matière de maintien de la paix et de sécurité internationales, les intérêts nationaux des États membres et leur volonté de protéger leur souveraineté. Cette tendance s'est accentuée avec l'émergence de régimes autoritaires et agressifs dans les années 1930, comme l'Allemagne nazie et l'Italie fasciste, qui ont remis en cause l'ordre international établi et ont sapé la confiance dans la Société des Nations. L'un des principaux problèmes de la Société des Nations était que les grandes puissances ne lui permettaient pas toujours de jouer pleinement son rôle. Par exemple, les membres permanents du Conseil permanent, qui étaient censés être les principaux gardiens de la paix mondiale, ont souvent mis leur propre intérêt national avant celui de la communauté internationale. De plus, la Société des Nations était limitée par le fait qu'elle n'avait pas de pouvoir militaire ou juridique réel pour faire respecter ses décisions. En fin de compte, les membres de la Société des Nations ne se sont pas toujours conformés aux traités et résolutions adoptés, ce qui a sapé son autorité et son efficacité en tant qu'organisation internationale. Les grandes puissances ont continué à agir en dehors du système international malgré les avancées de la Société des Nations, ce qui a en partie conduit à son échec. Les intérêts nationaux ont souvent été privilégiés sur les intérêts collectifs, ce qui a affaibli la crédibilité et l'efficacité de la Société des Nations. Par ailleurs, certains pays n'ont pas adhéré à la Société des Nations, notamment les États-Unis qui n'ont jamais ratifié le traité de Versailles.
- Secrétariat : le secrétariat de la Société des Nations était l'organe permanent chargé de gérer les affaires courantes et d'assurer la coordination entre les différentes instances de l'organisation. Il était dirigé par un secrétaire général, qui était élu par l'Assemblée des États membres pour un mandat de trois ans renouvelable. Le premier secrétaire général de la Société des Nations était le diplomate français Léon Bourgeois, qui avait été l'un des principaux promoteurs de la création de l'organisation. Le secrétariat était composé de fonctionnaires internationaux de diverses nationalités, qui étaient chargés de fournir des informations, des rapports et des conseils aux organes de la Société des Nations, ainsi que de coordonner les activités des différentes commissions et comités techniques. Le Secrétariat de la Société des Nations a été une véritable innovation administrative. Il était dirigé par un Secrétaire général et constitué d'un personnel permanent de fonctionnaires internationaux qui étaient chargés de mettre en œuvre les décisions prises par les organes de la Société des Nations. Cette organisation a été conçue pour favoriser la coopération internationale et la résolution pacifique des conflits en permettant la communication et la coordination entre les différents États membres. Le personnel du Secrétariat était composé de personnes venant de différents pays, afin de garantir une représentation internationale et une diversité culturelle au sein de l'organisation. Le Secrétariat a ainsi permis de développer de nombreux projets, notamment dans les domaines de la santé publique, de la science et de la technologie, de l'éducation et du développement économique.
Cet organigramme était conçu pour permettre une gouvernance globale de la paix et de la sécurité internationales, et pour favoriser la coopération internationale dans des domaines spécifiques.
L’ébauche d’un système globale
La Société des Nations a été la première organisation internationale à tenter de mettre en place un système global de résolution des problèmes internationaux. Elle avait des compétences dans des domaines variés tels que la sécurité collective, la prévention des conflits, les droits de l'homme, la santé, le travail, les réfugiés, le trafic de drogue et la criminalité internationale. C'était une approche globale qui cherchait à régler les problèmes internationaux de manière systématique et coordonnée, plutôt que de traiter chaque problème individuellement. Cependant, l'efficacité de cette approche globale a été limitée par les contraintes politiques et juridiques imposées par les grandes puissances de l'époque. la Société des Nations a été créée dans le but de préserver la paix internationale et d'empêcher la guerre. Elle devait également faire respecter les traités de paix conclus à la fin de la Première Guerre mondiale, en particulier le traité de Versailles, qui établissait les conditions de la paix avec l'Allemagne. La Société des Nations avait ainsi pour mission de régler les conflits entre les États membres par la négociation et la médiation, plutôt que par la guerre, en promouvant la coopération internationale et en favorisant le désarmement.
La Société des Nations avait pour objectif de promouvoir la coopération internationale dans tous les domaines, y compris la résolution des conflits internationaux, la réduction des armements, la protection des minorités, la promotion des droits de l'homme, la prévention des maladies et la coopération économique. C'était la première organisation internationale à avoir un mandat aussi large et à traiter autant de domaines différents.
Les sections techniques étaient une innovation importante de la Société des Nations. Elles étaient chargées de traiter les questions économiques, sociales, sanitaires, juridiques et culturelles. Cela comprenait la lutte contre les maladies, le désarmement, la gestion des colonies, la protection des minorités, la réglementation du commerce international, la propriété intellectuelle, et bien plus encore. Les sections techniques étaient constituées d'experts de différents pays membres, qui travaillaient ensemble pour trouver des solutions à ces problèmes internationaux. Cette approche technique et pragmatique était une nouvelle manière de gérer les affaires internationales et a eu une influence durable sur le système international. La Société des Nations a mis en place plusieurs sections techniques pour s'occuper de problèmes précis, tels que l’Organisation d’hygiène est l’ancêtre de l’Organisation mondiale de la santé (OMS) qui a été créée en 1948 en tant qu’agence spécialisée des Nations unies. Quant à l’Organisation économique et financière, il s’agit de l’ancêtre de la Conférence des Nations unies sur le commerce et le développement (CNUCED) créée en 1964 pour promouvoir le développement économique des pays en développement. La Société des Nations a donc jeté les bases d’un système global qui sera développé et consolidé par les Nations unies à partir de 1945. l’Organisation d’hygiène est l’ancêtre de l’Organisation mondiale de la santé (OMS) qui a été créée en 1948 en tant qu’agence spécialisée des Nations unies. Quant à l’Organisation économique et financière, il s’agit de l’ancêtre de la Conférence des Nations unies sur le commerce et le développement (CNUCED) créée en 1964 pour promouvoir le développement économique des pays en développement. La Société des Nations a donc jeté les bases d’un système global qui sera développé et consolidé par les Nations unies à partir de 1945.
Par ailleurs, deux organisations ne sont pas stricto census rattachées à la Société des Nations qui sont : l'Organisation internationale du travail (OIT) a été créée en 1919 en même temps que la Société des Nations, mais elle avait un fonctionnement autonome. Elle avait pour objectif de promouvoir des conditions de travail justes et humaines à travers le monde. La Cour permanente de justice internationale a été créée en 1920, à la suite de la Conférence de La Haye de 1899, qui avait déjà mis en place une Cour permanente d'arbitrage. La Cour permanente de justice internationale était une institution judiciaire destinée à régler les différends entre les États, conformément aux principes du droit international. Bien qu'elle n'ait pas été rattachée formellement à la Société des Nations, elle a travaillé en collaboration étroite avec celle-ci..
C'est un système global qui a des compétences et un champ d’action extrêmement vaste en théorie. La Société des Nations avait pour mission de régler les conflits internationaux, de maintenir la paix et la sécurité internationales, de promouvoir la coopération internationale, de lutter contre les maladies, la pauvreté et le chômage, et de garantir le respect des traités et des droits de l'homme. En théorie, elle était censée être une organisation universelle capable de s'occuper de tous les problèmes internationaux. La Société des Nations a reconnu le rôle important des organisations non gouvernementales dans les affaires internationales, et a encouragé leur participation à ses travaux. Elle a également créé un comité consultatif pour les organisations internationales non gouvernementales en 1921, qui a été remplacé en 1946 par le Comité de liaison avec les organisations internationales non gouvernementales. Ces organisations ont participé aux travaux de la Société des Nations sur diverses questions, notamment la protection des minorités, le désarmement et la coopération économique internationale. La Société des Nations a joué un rôle pionnier dans l'intégration de la société civile et des organisations non gouvernementales (ONG) dans les processus de gouvernance mondiale. Elle a ouvert ses portes à des groupes de la société civile, tels que des associations professionnelles, des syndicats, des organisations humanitaires et des groupes de défense des droits de l'homme, leur permettant de s'exprimer et de participer aux travaux de la Société des Nations. Cette approche a été poursuivie et renforcée par les Nations Unies, qui ont créé des mécanismes de participation de la société civile, tels que des ONG accréditées auprès des Nations Unies et des forums consultatifs officiels.
La création de la Société des Nations est une tentative de mettre en place un système global pour régler les conflits internationaux et coopérer sur des enjeux mondiaux. Toutefois, comme vous l'avez mentionné, cette création s'est faite dans l'improvisation et la Société des Nations a connu de nombreux défauts et limites dans son fonctionnement. Les grandes puissances ont souvent fait obstacle à son action, les décisions requérant l'unanimité et le manque de moyens d'exécution ont également affaibli son efficacité. Malgré ces difficultés, la Société des Nations a jeté les bases d'un système international qui sera repris et amélioré avec la création de l'Organisation des Nations unies en 1945.
L’action politique
La principale mission politique de la Société des Nations était d'assurer le respect des traités de paix et de régler les conflits internationaux, notamment par l'arbitrage obligatoire et la sécurité collective. Mais les grandes puissances ont souvent ignoré ou contourné les décisions de la Société des Nations et ont préféré régler leurs affaires de manière bilatérale ou informelle. De plus, la SDN n'avait pas de véritable pouvoir coercitif pour faire appliquer ses décisions, ce qui limitait considérablement son efficacité.
L’application des traités de paix
L’application des traités de paix était l’une des principales missions de la Société des Nations. Elle avait pour but de régler les conflits internationaux par des moyens pacifiques, en utilisant notamment l’arbitrage, la médiation ou la conciliation. En cas d’échec, elle pouvait recourir à des sanctions économiques ou diplomatiques contre l’État agresseur. Cependant, cette mission a été souvent contrecarrée par l’attitude des grandes puissances qui ont préféré régler leurs affaires en dehors du cadre de la Société des Nations. Ainsi, la crise de Manchourie en 1931, l’annexion de l’Éthiopie par l’Italie en 1935 ou encore les accords de Munich en 1938 ont mis en évidence les limites de l’action de la Société des Nations dans le maintien de la paix et de la sécurité internationales.
L’administration de la Sarre
La région de la Sarre a été placée sous administration française après la Première Guerre mondiale, dans le cadre des dispositions du Traité de Versailles. La Sarre a été placée sous administration de la Société des Nations, avec la France comme puissance mandataire, suite au traité de Versailles en 1919. Le but était de régler la question du charbon et de l'industrie lourde dans la région, en permettant à la France de bénéficier d'une partie de la production de charbon de la Sarre pour compenser les dommages subis pendant la Première Guerre mondiale. La Société des Nations avait alors un rôle d'arbitrage et de supervision de la gestion de la Sarre, afin de garantir les droits des habitants et de prévenir toute action hostile de la part de l'Allemagne. Cette situation a duré jusqu'en 1935, lorsque la Sarre a été réintégrée à l'Allemagne à la suite d'un référendum organisé sous l'égide de la Société des Nations.
L'administration de la Sarre par la Société des Nations a connu quelques difficultés, notamment en raison de la résistance de la population locale qui se sentait lésée dans ses droits et qui réclamait le retour de la Sarre à l'Allemagne. De plus, la France avait des intérêts économiques importants dans la région et cherchait à les protéger en imposant des restrictions à l'industrie charbonnière de la Sarre, ce qui suscitait des tensions avec l'Allemagne. Malgré ces difficultés, l'administration internationale de la Sarre a globalement été efficace et a permis d'éviter un conflit armé entre la France et l'Allemagne dans cette région.
Le corridor de Dantzig
La question de Dantzig est en effet l'un des règlements territoriaux les plus controversés du traité de Versailles. Située sur la mer Baltique, la ville de Dantzig (Gdańsk en polonais) avait une population majoritairement allemande mais était revendiquée par la Pologne qui souhaitait avoir un accès direct à la mer. Le traité de Versailles a donc créé un État libre de Dantzig, placé sous la protection de la Société des Nations et dont le port était placé sous administration polonaise. Cette situation a créé de nombreux conflits entre la Pologne et l'Allemagne dans les années qui ont suivi la fin de la Première Guerre mondiale. La ville libre de Dantzig (Gdańsk en polonais) avait une population majoritairement allemande, mais avait été placée sous le contrôle de la Société des Nations en tant que ville libre en 1919, avec l'accord de la Pologne. Cependant, la Pologne revendiquait la ville comme faisant partie de son territoire, ce qui a créé des tensions avec l'Allemagne. En 1939, l'Allemagne nazie annexa la ville, ce qui contribua à déclencher la Seconde Guerre mondiale.
La ville de Dantzig est devenue une ville libre sous administration de la Société des Nations en 1920, ce qui signifie qu'elle ne faisait partie ni de l'Allemagne ni de la Pologne. Cependant, cette situation a été très instable et a contribué aux tensions entre l'Allemagne et la Pologne avant le déclenchement de la Seconde Guerre mondiale. Dans le cadre du règlement de Dantzig, une zone franche est créée pour permettre à la Pologne d'avoir un accès libre à la mer. Cette zone est gérée conjointement par la Pologne et la Société des Nations, avec un conseil directeur composé de représentants des deux parties. Le corridor de Dantzig, qui donnait à la Pologne un accès à la mer Baltique en traversant le territoire allemand, a été une solution temporaire qui n'a pas réglé de manière satisfaisante les problèmes territoriaux de l'après-guerre. Cette décision a contribué à la tension entre l'Allemagne et la Pologne et a été l'une des causes de l'escalade vers la Seconde Guerre mondiale.
Règlement des conflits frontaliers
La Société des Nations a également été impliquée dans le règlement des conflits frontaliers entre différents pays, en particulier en Europe. L'Organisation a mis en place plusieurs procédures de règlement des différends, notamment la médiation, la conciliation et l'arbitrage. Ces procédures ont été mises en œuvre dans plusieurs cas de conflits frontaliers entre les pays européens, notamment entre la Hongrie et la Tchécoslovaquie en 1938, entre l'Allemagne et la Pologne en 1920, et entre l'Allemagne et la Tchécoslovaquie en 1923. Cependant, dans la pratique, la plupart des conflits frontaliers ont été résolus en dehors de la Société des Nations, car les grandes puissances ont souvent imposé leurs propres solutions, comme dans le cas de l'annexion de l'Autriche par l'Allemagne en 1938.
Iles Åland : 1919 – 1921
Les îles Åland sont un archipel situé en mer Baltique, entre la Suède et la Finlande. En 1917, après la révolution russe, la Finlande a déclaré son indépendance. Cependant, la population suédophone des îles Åland a exprimé son désir de rester sous la souveraineté de la Suède.
Cette question a été résolue par la Société des Nations entre 1919 et 1921. Les îles Åland étaient un territoire finlandais majoritairement peuplé de Suédois. La Finlande, nouvellement indépendante, avait pris le contrôle des îles après la révolution russe de 1917. Les Suédois des îles ont cependant demandé à plusieurs reprises leur rattachement à la Suède, ce qui a provoqué des tensions avec la Finlande.
En 1920, la Société des Nations a été saisie de la question et a proposé une solution de compromis : les îles Åland resteraient sous souveraineté finlandaise, mais la Finlande devrait garantir les droits linguistiques et culturels des Suédois de l'archipel, ainsi que leur autonomie locale. La commission a finalement proposé que les îles Åland soient placées sous la souveraineté finlandaise, mais avec des garanties pour les droits des Suédophones, notamment en matière de langue, d'éducation et d'autonomie locale. La Finlande et la Suède ont accepté cette solution, qui a été officialisée par la signature du traité de Paris en 1921 grâce à la médiation de la Société des Nations.
La question des îles Åland a été résolue pacifiquement grâce à la médiation de la Société des Nations. Cette résolution pacifique a été perçue comme un succès de l'organisation et a encouragé les efforts pour résoudre d'autres conflits internationaux par des moyens pacifiques.
Albanie, Grèce, Serbie
La reconnaissance de l'Albanie par ses voisins était un sujet de tension majeur dans la région, ce qui a conduit à des incursions et des conflits frontaliers. De plus, la Société des Nations avait des difficultés à faire respecter ses décisions en raison du manque de soutien des grandes puissances et de la faiblesse de ses moyens d'action. Les efforts pour résoudre les conflits en Albanie ont finalement échoué, aboutissant à l'invasion de l'Albanie par l'Italie fasciste en 1939.
En réalité, la décision de la Société des Nations concernant les frontières de l'Albanie a été prise en 1921, mais elle a été contestée par la Grèce et la Yougoslavie qui ont envahi le pays en 1923. La Société des Nations a alors créé une commission de contrôle qui a permis le retrait des troupes étrangères et la mise en place d'un gouvernement albanais fort. Cependant, l'Albanie a continué de rencontrer des problèmes de frontières avec ses voisins et a souvent eu recours à la Société des Nations pour résoudre ces différends.
La procédure a été longue et difficile, mais la Société des Nations a finalement réussi à faire reconnaître les frontières de l'Albanie par la Serbie et la Grèce. Cela montre que, malgré les difficultés, la Société des Nations était capable de trouver des solutions pacifiques aux conflits territoriaux entre ses membres.
Corfou
Cette île grecque a été le théâtre d'incidents frontaliers entre la Grèce et l'Albanie en 1923, ce qui a entraîné une intervention de la Société des Nations. Une commission d'enquête a été envoyée sur place pour évaluer la situation et recommander des mesures de règlement.
La crise est survenue en 1923 lorsque l'amiral italien Enrico Tellini et ses collaborateurs ont été assassinés à la frontière gréco-albanaise. Les autorités italiennes ont accusé la Grèce d'être responsable de l'attaque et ont exigé des réparations, y compris une enquête indépendante menée par la Société des Nations. En réponse, l'Italie a occupé militairement l'île de Corfou, qui faisait partie du territoire grec, et a bloqué le port de Patras. Après l'assassinat du général italien Tellini et de plusieurs membres de sa commission en août 1923, l'Italie a accusé la Grèce de ne pas avoir suffisamment protégé ses ressortissants et a occupé l'île de Corfou en réponse. La Société des Nations a finalement réussi à régler le conflit en obtenant des excuses et des indemnités de la part de la Grèce pour l'assassinat de Tellini et le paiement de dommages de guerre à l'Italie pour l'occupation de Corfou.
La commission a proposé que les frontières soient clarifiées et que des mesures soient prises pour empêcher les incidents futurs. Les recommandations ont été acceptées par les deux parties et la situation s'est calmée.
Conflit du Chaco
Le conflit du Chaco est un conflit armé qui a eu lieu entre 1932 et 1935 entre la Bolivie et le Paraguay pour le contrôle de la région du Chaco, une zone frontalière riche en pétrole et en gaz naturel. Les deux pays revendiquaient cette région depuis de nombreuses années, mais les tentatives de négociation pour régler le différend avaient échoué. En 1932, la Bolivie a lancé une attaque surprise contre les forces paraguayennes dans le Chaco, pensant que cela serait une victoire rapide et facile. Cependant, les troupes paraguayennes ont résisté avec succès, et la guerre a rapidement évolué en une impasse sanglante et coûteuse. La Société des Nations a tenté de résoudre le conflit par la diplomatie, mais les efforts ont échoué. La guerre s'est finalement terminée en 1935 par un traité de paix qui a donné la majeure partie du Chaco au Paraguay. Le conflit a fait des dizaines de milliers de morts et a eu des conséquences économiques et politiques importantes pour les deux pays impliqués. Cela a également mis en lumière les limites de la diplomatie internationale pour prévenir les conflits et la nécessité d'une action plus forte de la part de la communauté internationale pour résoudre les différends territoriaux.
La région du Chaco est une zone située à la frontière entre la Bolivie et le Paraguay, qui a été l'objet d'un conflit territorial entre les deux pays dans les années 1930. Cette zone était riche en pétrole et en gaz naturel, ce qui a suscité l'intérêt des deux pays pour son contrôle. Cependant, les frontières entre les deux pays étaient floues et disputées depuis des décennies, ce qui a conduit à des tensions et des conflits armés. Le Paraguay considérait également cette région comme faisant partie de son territoire. En 1928, des affrontements armés ont éclaté entre les deux pays pour le contrôle de la région, entraînant une guerre qui a duré jusqu'en 1935 et qui a été l'un des conflits les plus meurtriers de l'histoire de l'Amérique latine. Les intérêts économiques, notamment les réserves de pétrole et de gaz, ont joué un rôle important dans le déclenchement et la prolongation de ce conflit. Finalement, un traité a été signé en 1938, attribuant la majeure partie du Chaco au Paraguay.
La Société des Nations n’arrive pas à intervenir, car les États-Unis freinent le processus. les États-Unis ne sont pas membres de la Société des Nations et ne participent pas aux discussions sur le conflit du Chaco. De plus, les intérêts économiques américains dans la région, notamment avec la Standard Oil Company, peuvent expliquer leur réticence à s'impliquer. La médiation proposée par les États-Unis est rejetée par les deux parties, qui préfèrent régler le conflit par la force. Finalement, c'est un traité de paix signé en 1938 qui met fin au conflit du Chaco. les États-Unis n'ont pas ratifié le traité de Versailles et ne sont donc pas membres de la Société des Nations. De ce fait, ils n'ont pas participé activement aux décisions de l'organisation et ont souvent agi de manière indépendante dans les affaires internationales. Dans le cas du conflit du Chaco, les États-Unis ont en effet freiné les efforts de médiation de la Société des Nations. Une commission a été envoyée sur place mais n'a pas réussi à trouver de solution, le conflit se terminant finalement par un traité de paix signé en 1935. Le compromis signé en 1935 et ratifié en 1937 accorde une partie de la région à la Bolivie et une autre au Paraguay. Après la guerre, les deux pays ont accepté une médiation des États-Unis pour négocier un traité de paix. la fin du conflit a été suivie par une occupation de la zone par une commission de surveillance mise en place par la Société des Nations et composée de représentants de l'Argentine, du Brésil, du Chili, du Pérou et de l'Uruguay.
La résolution pacifique des conflits frontaliers a été un élément important de l'action de la Société des Nations. Elle a réussi à résoudre plusieurs conflits frontaliers entre les États membres, ce qui a contribué à maintenir la paix en Europe et dans le monde. Cela a également permis d'établir des frontières claires et de renforcer la souveraineté des États. Cependant, certains conflits ont été plus difficiles à résoudre que d'autres, et la Société des Nations n'a pas toujours réussi à empêcher des conflits majeurs de se déclencher.
Les mandats de la Société des Nations
Les mandats de la Société des Nations étaient des territoires qui étaient placés sous la tutelle des puissances coloniales victorieuses de la Première Guerre mondiale, en tant que mandataires de la Société des Nations. Ces territoires étaient principalement situés en Afrique et au Moyen-Orient, et leur administration avait pour but de préparer ces territoires à l'indépendance et à l'autonomie. Les mandats ont été créés pour les anciennes colonies allemandes et ottomanes, ainsi que pour les anciennes colonies allemandes de la région du Pacifique. Les mandats ont été abolis après la Seconde Guerre mondiale et les territoires concernés ont obtenu leur indépendance
Pendant la Première Guerre mondiale, les puissances alliées ont réussi à vaincre les empires centraux, ce qui leur a permis de s'emparer des colonies allemandes en Afrique. Les Britanniques ont notamment pris possession des colonies allemandes du Togoland, du Tanganyika (actuelle Tanzanie), du Cameroun et de la Namibie. Ces colonies ont ensuite été placées sous mandat de la Société des Nations, conformément au principe de la gestion des territoires coloniaux.l'Empire allemand a perdu ses colonies après sa défaite lors de la Première Guerre mondiale. Le Traité de Versailles de 1919 a entériné la cession de ces colonies à la Société des Nations, qui a alors créé des mandats pour les administrer. Ces mandats ont été attribués à des puissances coloniales comme la France et le Royaume-Uni. Le Royaume-Uni s'est ainsi vu confier des mandats pour administrer des territoires comme l'Irak, la Palestine, la Transjordanie et le Tanganika (actuelle Tanzanie). La France a quant à elle reçu des mandats pour la Syrie et le Liban, ainsi que pour des territoires en Afrique, tels que le Cameroun et le Togo. La Belgique, le Rwanda-Urundi (actuels Rwanda et Burundi). Les mandats avaient pour but de préparer les territoires concernés à une future indépendance, en améliorant les infrastructures, en modernisant l'administration et en développant l'économie locale. Cependant, les puissances mandataires ont souvent exploité les ressources des territoires qu'elles administraient sans réellement se préoccuper du bien-être des populations locales. Les mandats ont donc été critiqués pour leur manque d'égalité et d'autodétermination.
le système de mandats de la Société des Nations était ambigu. D'une part, il était présenté comme un système de tutelle destiné à aider les pays mandataires à se développer jusqu'à ce qu'ils puissent accéder à l'indépendance, mais d'autre part, il était clair que les puissances mandataires avaient des intérêts économiques et politiques à protéger dans ces territoires. Cette ambiguïté a conduit à des abus et à des tensions entre les puissances mandataires et les populations locales, qui ont parfois mené à des révoltes et à des conflits. Les mandats étaient censés être une expérience d'administration internationale des territoires coloniaux démembrés des empires centraux, mais ce système était ambigu et critiqué. En effet, d'un côté, la Société des Nations n'a pas remis en cause le système colonial en place, et les mandats étaient gérés par les grandes puissances coloniales de l'époque, telles que la France et la Grande-Bretagne. D'un autre côté, la Société des Nations était censée surveiller et contrôler l'administration des mandats pour éviter les abus, ce qui soulève des questions sur sa capacité réelle à agir en tant qu'organe de régulation et de contrôle. En outre, les puissances mandataires ont souvent utilisé les ressources des territoires mandataires pour leurs propres intérêts économiques et politiques, ce qui a suscité des critiques quant à la légitimité et l'efficacité du système des mandats.
La gestion des mandats est une tentative de concilier deux objectifs contradictoires: la reconnaissance des droits des peuples à disposer d'eux-mêmes et la préservation des intérêts des grandes puissances coloniales. La Société des Nations espérait ainsi progressivement mettre fin au système colonial en encourageant les colonies à devenir des États indépendants, tout en maintenant une certaine forme de contrôle sur les territoires en question. Mais dans la pratique, les grandes puissances mandataires ont souvent cherché à exploiter les colonies à leur avantage, plutôt que de les aider à se développer. les mandats ne remettent pas en cause l'ordre colonial en place, mais ils représentent une première étape vers une surveillance internationale des colonies. Cependant, cette surveillance reste limitée puisque les mandats sont gérés par des grandes puissances et la Société des Nations ne dispose pas d'un réel pouvoir pour imposer des changements. En somme, les mandats sont une tentative de concilier l'ordre colonial en place avec l'idée d'une régulation internationale, mais cette tentative reste ambigüe et incomplète.
1 - Mandat français en Syrie
2 - Mandat français au Liban
3 - Mandat britannique en Palestine
4 - Mandat britannique en Transjordanie
5 - Mandat britannique en Irak
6 - Mandat britannique au Togo
7 - Mandat français au Togo
8 - Mandat britannique au Cameroun
9 - Mandat français au Cameroun
10 - Mandat belge au Ruanda-Urundi
11 - Mandat britannique au Tanganyika
12 - Mandat sud-africain au Sud-Ouest africain
Selon le paragraphe 3 de l'article 22 du pacte de la Société des Nations, le caractère du mandat devait différer suivant le degré de développement du peuple, la situation géographique du territoire, ses conditions économiques et toutes autres circonstances analogues. Cela impliquait que chaque mandat avait des caractéristiques particulières en fonction de sa géographie, de son peuple et de son niveau de développement économique. Les mandats peuvent être classés en trois catégories :
- Mandat A : les mandats de type A concernaient les anciens territoires de l'Empire ottoman et étaient confiés à la France et au Royaume-Uni. Les mandats français incluaient la Syrie et le Liban, tandis que les mandats britanniques incluaient l'Irak et la Palestine (qui comprenait alors la Jordanie). Les mandats étaient censés être gérés dans l'intérêt des populations locales et aider à leur développement économique et politique.
- Mandat B : les mandats de type B concernaient les colonies africaines qui avaient été occupées par les puissances de l'Axe pendant la Première Guerre mondiale. Ces mandats étaient confiés à des puissances alliées telles que le Royaume-Uni, la France, la Belgique et le Portugal. Les mandats de type B étaient censés être gérés de manière à améliorer les conditions économiques et sociales des populations locales.
- Mandat C : les mandats de type C concernaient les anciennes colonies allemandes dans le Pacifique, qui étaient également confiées à des puissances alliées. Les mandats de type C étaient censés être gérés de manière à promouvoir le bien-être des populations locales et à favoriser leur développement économique et social. Les mandats de classe C étaient prévus pour les territoires peu peuplés et éloignés des centres de civilisation, tels que le Sud-Ouest africain et certaines îles du Pacifique austral, qui ne pouvaient être mieux administrés que sous les lois du pays mandataire comme une partie intégrante de son territoire. Les mandats de classe C comprenaient notamment le territoire de Nouvelle-Guinée administré par l'Australie, Nauru administré par l'Empire britannique, les Samoa occidentales administrées par la Nouvelle-Zélande et le Sud-Ouest africain administré par l'Afrique du Sud. Les territoires étaient considérés comme partie intégrante du pays mandataire, qui les administrait avec ses propres lois.
Cette hiérarchie des mandats est liée à la perception de la "civilisation" des peuples qui y vivent. Les mandats A sont considérés comme des pays plus avancés, les mandats B moins avancés et les mandats C encore moins. Cette hiérarchisation reflète une certaine vision ethnocentrique et paternaliste des pays colonisateurs qui considéraient que les peuples colonisés devaient être "civilisés" et "éduqués" avant de pouvoir accéder à l'indépendance. Les mandats étaient gérés par les puissances coloniales, ce qui signifie que la gestion de ces territoires était encore basée sur le système colonial. Cependant, la surveillance internationale exercée par la Société des Nations a contribué à améliorer la situation dans certaines régions et à limiter les abus de la part des puissances coloniales. Le système des mandats peut donc être considéré comme un compromis entre la reconnaissance de l'ordre colonial existant et l'idée d'une gestion plus équitable des territoires coloniaux.
Le système des mandats a été mis en place par la Société des Nations (SDN) après la Première Guerre mondiale et a confié à des puissances mandataires des territoires sous leur administration temporaire en vue de les aider à se développer et à accéder à l'indépendance. La Grande-Bretagne et la France ont reçu la majorité des mandats, mais d'autres pays comme la Belgique, l'Afrique du Sud, l'Australie et la Nouvelle-Zélande ont également été mandataires de certains territoires. Les grandes puissances mandataires ont assumé la responsabilité de gérer les territoires sous leur administration, tandis que la Société des Nations a créé une Commission des mandats pour superviser leur administration et s'assurer que les droits des populations indigènes étaient protégés. La Commission des mandats de la Société des Nations était chargée de surveiller l'administration des territoires placés sous mandat et de conseiller les puissances mandataires dans leur gestion. Elle était dirigée par un président, William Rappard, et était composée de représentants des États membres de la Société des Nations. Elle produisait des rapports annuels qui évaluaient la situation dans les territoires sous mandat et formulait des recommandations pour améliorer leur gestion. Toutefois, la Commission des mandats n'avait pas de pouvoir de décision contraignant et dépendait de la bonne volonté des puissances mandataires pour appliquer ses recommandations. Cependant, malgré ses efforts, la Commission a souvent été critiquée pour son manque d'autorité et d'efficacité dans la protection des populations indigènes. Elle doit surveiller la gestion des grandes puissances par la production de rapports annuels et de recommandations.
La commission des mandats avait pour rôle de surveiller la gestion des mandats par les grandes puissances mandataires et de produire des rapports annuels et des recommandations. Bien que la commission n'ait pas eu de pouvoir coercitif pour faire respecter ses recommandations, elle était un moyen de surveillance et de contrôle international sur la gestion des territoires sous mandat. Le but était d'assurer que les mandataires prenaient soin de leurs territoires et de leurs populations indigènes conformément aux dispositions du pacte de la Société des Nations.
La gestion des mandats par les grandes puissances a été très controversée. Dans certains cas, les mandataires ont utilisé les ressources des territoires mandatés pour leur propre bénéfice, sans tenir compte des besoins et des intérêts des populations locales. De plus, les pouvoirs en place ont souvent été maintenus en dépit des mouvements nationalistes locaux, ce qui a souvent conduit à des conflits et des répressions violentes. Les mandats ont donc été critiqués pour leur manque d'autonomie et leur maintien des structures coloniales, ce qui a entravé le développement politique, économique et social des territoires concernés.
La gestion des mandats issus de l'Empire ottoman a été marquée par de nombreux conflits et tensions. La Palestine est un exemple notable de cette situation. La Déclaration Balfour de 1917 a promis aux Juifs un "foyer national" en Palestine, suscitant ainsi l'opposition des Arabes palestiniens et alimentant les tensions entre les communautés. La situation s'est aggravée après la fin de la Seconde Guerre mondiale et la création de l'État d'Israël en 1948, qui a conduit à l'exode de centaines de milliers de Palestiniens et à une série de guerres entre Israël et ses voisins arabes. La France a été mandatée pour administrer les territoires de la Syrie et du Liban à la suite de la Première Guerre mondiale. Elle a rencontré des difficultés à mettre en place une administration efficace et à résoudre les tensions entre les différentes communautés religieuses et ethniques de la région. En Syrie, la France a également dû faire face à une rébellion nationaliste menée par le mouvement alaouite et soutenue par d'autres groupes, ce qui a conduit à la fin de la présence française en Syrie en 1946. Au Liban, la France a contribué à la mise en place d'un système politique basé sur le confessionnalisme, qui a conduit à des tensions intercommunautaires et à une guerre civile qui a éclaté en 1975. La période des mandats a été marquée par une contestation croissante de l'ordre colonial, tant de la part des populations locales que de la part des mouvements nationalistes et des forces politiques progressistes internationales. Les mandats ont souvent été considérés comme une forme subtile de colonialisme et les populations locales ont cherché à s'organiser pour revendiquer leur indépendance et leur autonomie politique. Des mouvements nationalistes se sont formés dans plusieurs pays, avec des leaders comme Gandhi en Inde ou Ho Chi Minh au Vietnam, qui ont mené des campagnes de résistance contre l'occupant étranger. Ces mouvements ont souvent été réprimés violemment, avec des conséquences dramatiques pour les populations locales.
Les territoires mandataires dépendent à la fois des grandes puissances (qui les administrent) et de la Société des Nations (qui surveille leur gestion). Le système des mandats avait été mis en place dans l'idée de garantir une transition vers l'indépendance pour les peuples colonisés, mais dans la pratique, il a été critiqué pour avoir maintenu la domination coloniale et pour ne pas avoir suffisamment respecté les droits des populations indigènes. La Société des Nations a été un forum important pour la contestation de l'ordre colonial et de la domination des grandes puissances sur les mandats. Des pays membres de la Société des Nations ont soulevé des questions et des critiques concernant la gestion des mandats, notamment en ce qui concerne les droits des populations indigènes et les politiques économiques et sociales. Des commissions d'enquête ont été créées pour enquêter sur les abus et violations des droits de l'homme, et des recommandations ont été émises pour améliorer la gestion des mandats. Cependant, la Société des Nations n'avait pas de pouvoir coercitif pour faire respecter ces recommandations, et les grandes puissances ont souvent ignoré les critiques et les demandes de réforme.
L'existence de la Commission des mandats et la publication de ses rapports ont contribué à une évolution de l'approche de la colonisation. Les débats au sein de la Société des Nations ont permis de mettre en lumière les problèmes liés à la gestion des territoires colonisés et ont favorisé une réflexion sur les droits des peuples colonisés. Les recommandations de la commission ont également amené certaines puissances mandataires à améliorer la gestion des territoires placés sous leur responsabilité. Cependant, ces avancées sont restées limitées et que la plupart des mandats ont continué à être gérés de manière autoritaire et paternaliste.
La protection des minorités
La fin de la Première Guerre mondiale a entraîné l'effondrement de plusieurs empires multinationaux en Europe et au Moyen-Orient, notamment l'Empire austro-hongrois, l'Empire russe et l'Empire ottoman. Cela a entraîné une refonte des frontières et la création de nouveaux États-nations, comme la Tchécoslovaquie, la Yougoslavie et la Pologne en Europe, et la Syrie, le Liban, l'Irak et la Jordanie au Moyen-Orient. Cette redéfinition des frontières n'a pas toujours été pacifique et a souvent été le résultat de conflits, de guerres et de négociations difficiles entre les puissances victorieuses de la Première Guerre mondiale. Les changements de frontières à la suite de la Première Guerre mondiale ont créé de nombreuses minorités. Par exemple, l'Autriche-Hongrie était un empire multinational qui abritait de nombreux groupes ethniques différents. Lorsque l'empire s'est effondré, de nouveaux États ont été créés, tels que la Tchécoslovaquie et la Yougoslavie, mais ils ont également entraîné la création de minorités ethniques qui ont été laissées dans des États où elles n'étaient pas majoritaires. Les traités de paix ont également créé des situations où des minorités se sont retrouvées sous le contrôle de puissances qui n'étaient pas nécessairement désireuses de les protéger. La dislocation des empires multinationaux a entraîné la création de minorités nationales et ethniques dans de nombreux pays d'Europe. Par exemple, la Tchécoslovaquie a été créée en 1918 à partir des territoires de l'Empire austro-hongrois et a inclus des populations tchèques, slovaques, allemandes, hongroises et polonaises. Les minorités hongroises en Tchécoslovaquie ont souvent été discriminées et leur situation s'est aggravée après l'annexion de la Tchécoslovaquie par l'Allemagne nazie en 1938. De même, en Bulgarie, il y avait des minorités turques et slovènes, en Albanie des minorités grecques et en Roumanie des minorités hongroises, allemandes et juives. Cette situation a souvent conduit à des tensions et à des conflits entre les différents groupes ethniques.
La création de nouvelles frontières à la suite de la fin de la Première Guerre mondiale a entraîné la création de nombreuses minorités ethniques. Cela a été particulièrement le cas en Europe centrale et orientale, où de nombreux empires multinationaux se sont effondrés, tels que l'Empire austro-hongrois et l'Empire russe. Ainsi, de nombreuses minorités ont été créées dans des pays nouvellement créés, telles que les minorités hongroises en Tchécoslovaquie, les minorités allemandes en Pologne et en Tchécoslovaquie, les minorités polonaises en Allemagne et en Union soviétique, etc. Ces minorités ont souvent été confrontées à des difficultés pour s'intégrer dans leur nouveau pays et ont souvent été victimes de discriminations et de persécutions.
La fin de la Première Guerre mondiale a entraîné un grand nombre de mouvements de population en Europe, avec des millions de réfugiés et d'apatrides. Les nouveaux États créés à partir de l'éclatement des empires centraux ont été confrontés à des défis considérables pour intégrer ces populations et pour gérer les tensions entre les différentes communautés ethniques et religieuses. Par exemple, en Tchécoslovaquie, les Sudètes (peuplée en majorité d'Allemands) ont commencé à demander plus d'autonomie et une plus grande représentation politique, ce qui a conduit à des tensions avec le gouvernement tchécoslovaque. En Yougoslavie, les tensions entre les différentes communautés ethniques (Serbes, Croates, Slovènes, etc.) ont contribué à l'instabilité politique et à l'effondrement du pays dans les années 1990.
La Seconde Guerre mondiale a accentué les problèmes de minorités et de mouvements de population en Europe. Les politiques d'expulsion, de déportation et de génocide menées par les régimes nazis et soviétiques ont entraîné la mort de millions de personnes et ont conduit à des mouvements massifs de population à travers le continent. Les accords de Yalta en 1945 ont acté le transfert de populations entre l'Allemagne et la Pologne, ce qui a conduit à l'expulsion de millions d'Allemands de Pologne, de Tchécoslovaquie et d'autres régions de l'Europe centrale et orientale. De même, la déportation de populations tatares de Crimée par les Soviétiques et l'expulsion des Turcs de Grèce ont entraîné des déplacements massifs de population dans la région. Ces événements ont laissé des traces profondes et durables dans l'histoire de l'Europe et ont influencé les relations entre les pays de la région jusqu'à nos jours.
La création de nouveaux États après la Première Guerre mondiale a permis de réduire le nombre d'apatrides, mais elle a également créé de nouvelles minorités et tensions ethniques. Les camps de réfugiés ont été créés pour accueillir les personnes déplacées et apatrides, mais beaucoup de ces camps sont devenus des lieux de vie permanents pour des millions de personnes pendant des décennies. Après la Seconde Guerre mondiale, la création de l'Organisation des Nations unies et du Haut Commissariat des Nations unies pour les réfugiés a permis d'améliorer la situation des réfugiés et des personnes déplacées. Les camps de réfugiés sont devenus des lieux de transit plutôt que de vie permanents, mais ils sont toujours utilisés de nos jours pour accueillir les personnes déplacées par les conflits et les crises humanitaires.
Le XXème siècle a vu l'apparition de nombreux apatrides en raison des bouleversements politiques, des conflits et des changements de frontières qui ont eu lieu. Les apatrides sont des personnes qui ne sont pas considérées comme citoyennes d'un État, sans nationalité ou sans document d'identité reconnu. Ils sont souvent privés de droits fondamentaux, tels que l'accès à l'éducation, aux soins de santé et au travail, et peuvent être soumis à la détention et à la discrimination. Les apatrides peuvent également être victimes de déplacements forcés, de la violence et de l'exploitation. C'est un problème humanitaire qui persiste encore aujourd'hui.
La question des minorités était cruciale dans l'Europe de l'après-Première Guerre mondiale. Les États membres de la Société des Nations se sont engagés à protéger les minorités dans le cadre du traité de Versailles et de la création de nouveaux États en Europe centrale et orientale. Les minorités ethniques étaient souvent concentrées dans des régions géographiques spécifiques et étaient souvent victimes de discriminations ou de persécutions de la part des majorités nationales. La Société des Nations a donc créé une série de mécanismes pour protéger les minorités, y compris des commissions internationales pour surveiller les droits des minorités et des tribunaux pour résoudre les différends entre les minorités et les gouvernements. Cependant, l'efficacité de ces mécanismes était souvent limitée en raison de l'opposition des gouvernements nationaux ou du manque de ressources et de pouvoir de la Société des Nations pour les faire respecter.
La Société des Nations a élaboré des clauses de protection des minorités qui devaient être incluses dans les traités de paix conclus après la Première Guerre mondiale. Ces clauses ont été incluses dans les traités de Versailles, de Saint-Germain-en-Laye et de Trianon, qui ont redessiné les frontières de l'Europe de l'Est et ont créé de nouveaux États. Les Traités sur les minorités furent une tentative importante de protéger les minorités en Europe après la Première Guerre mondiale. Ils ont été inclus dans les traités de paix signés à la Conférence de paix de Paris en 1919, qui ont mis fin à la Première Guerre mondiale et ont créé la Société des Nations. Ces traités ont été signés par les nouvelles nations émergentes et les anciennes puissances impériales, qui ont accepté de protéger les minorités dans leurs territoires. Les traités énonçaient des droits spécifiques pour les minorités nationales et linguistiques, comme l'éducation et l'usage de leur langue maternelle, la protection contre la discrimination, l'égalité devant la loi, la liberté de religion et de culture, et la représentation politique dans les institutions gouvernementales.
Pour gérer la question des minorités, la Société des Nations a mis en place un système de pétitions. Les membres de minorités pouvaient adresser une pétition directement à la Société des Nations pour signaler toute violation de leurs droits. La Société des Nations a ensuite enquêté sur la situation et, si nécessaire, a agi pour faire respecter les droits de la minorité concernée.
Ce système a connu quelques succès dans la protection des minorités, mais il avait ses limites. Tout d'abord, les États pouvaient ne pas coopérer avec les enquêtes de la Société des Nations. De plus, certains États membres de la Société des Nations ont vu les pétitions comme une ingérence dans leurs affaires intérieures, ce qui a souvent entraîné des tensions diplomatiques. Enfin, la protection des minorités dépendait également de la volonté politique des États membres de la Société des Nations, qui n'étaient pas toujours enclins à agir en faveur des minorités. Durant les années 1920, le système des pétitions de la Société des Nations a permis de régler de nombreux conflits de minorités. Les États membres se sont engagés à respecter les traités relatifs aux minorités qu'ils ont signés, et les minorités ont utilisé les pétitions pour alerter la Société des Nations des violations de leurs droits. La Société des Nations a ainsi envoyé des enquêteurs sur le terrain pour examiner les plaintes et les États ont été contraints de prendre des mesures pour remédier à la situation. Ce système a donc permis de réduire les tensions entre les différentes communautés et de prévenir les conflits. Cependant, ce système a montré ses limites dans les années 1930, avec la montée des régimes autoritaires et la remise en cause des traités relatifs aux minorités. La Société des Nations a également été affaiblie par le refus de certains États membres de coopérer, ce qui a rendu la résolution des conflits plus difficile. La mise en place d'un système de veille et de contrôle par la Société des Nations a permis d'éviter un certain nombre de tensions entre les États et les minorités au cours des années 1920. Les pétitions des minorités étaient examinées par la Société des Nations qui pouvait alors émettre des recommandations ou des résolutions à l'attention des États concernés. En outre, des missions d'enquête pouvaient être envoyées sur place pour évaluer la situation et formuler des recommandations. Ce système a donc permis de mettre en place un dialogue entre les États et les minorités, et d'éviter que les tensions ne dégénèrent en conflits ouverts. Cependant, ce système n'était pas parfait et a parfois été critiqué pour son manque d'efficacité.
La question kurde est l'un des exemples les plus marquants de la difficulté de gérer les minorités dans l'entre-deux-guerres. Les Kurdes étaient répartis entre plusieurs États, principalement la Turquie, l'Irak, l'Iran et la Syrie, et souffraient de discrimination et de persécution dans chacun de ces États. Les Kurdes avaient lutté pour obtenir leur propre État, mais leurs revendications avaient été rejetées par les puissances coloniales et les États nouvellement créés après la Première Guerre mondiale.
Dans les années 1930, les Kurdes en Turquie ont mené une insurrection contre le gouvernement turc pour obtenir plus d'autonomie et de droits. Cette insurrection a été violemment réprimée par les forces turques, faisant des milliers de morts et de déplacés. La Société des Nations a été appelée à intervenir, mais elle n'a pas réussi à trouver une solution viable. le traité de Sèvres avait prévu la création d'un État kurde indépendant, mais celui-ci n'a jamais été mis en place en raison des pressions exercées par la Turquie. En 1923, le traité de Lausanne a remplacé celui de Sèvres, mettant fin à la guerre entre la Turquie et les Alliés. Ce nouveau traité a entériné la perte des territoires ottomans en Europe et en Asie au profit des puissances victorieuses, mais il n'a pas créé d'État kurde indépendant. Les Kurdes se sont retrouvés divisés entre la Turquie, l'Irak, la Syrie et l'Iran, sans jamais avoir obtenu l'indépendance qu'ils revendiquent depuis longtemps. Les Kurdes sont devenus une minorité répartie entre la Turquie, la Syrie, l'Irak et l'Iran suite à la révision du traité de Sèvres au traité de Lausanne en 1923. Le Kurdistan prévu dans le traité de Sèvres n'a pas été créé et les Kurdes se sont retrouvés sous la souveraineté de différents États qui n'ont pas toujours respecté leurs droits. Depuis lors, les Kurdes ont mené des luttes pour l'autodétermination et la reconnaissance de leurs droits, parfois au prix de conflits violents avec les États dans lesquels ils vivent. Cette situation a conduit à des mouvements de contestation et des conflits armés, notamment avec le PKK en Turquie. La question kurde est toujours d'actualité aujourd'hui, avec des mouvements séparatistes et des violences dans plusieurs pays où les Kurdes sont présents. Les tensions autour de la question kurde sont toujours d'actualité dans la région, avec des revendications d'autonomie ou d'indépendance de la part des Kurdes en Turquie, en Irak, en Iran et en Syrie. Malgré quelques avancées dans la reconnaissance des droits des Kurdes dans certains pays, leur situation reste souvent précaire et sujette à des conflits avec les autorités centrales.
Dans les années 1920, la Société des Nations parvient à contenir les tensions liées aux minorités en Europe. Les Traités de paix de Paris de 1919-1920 avaient reconnu le principe des minorités nationales et linguistiques, et la Société des Nations avait été créée pour surveiller leur traitement. Les États membres s'engagèrent à respecter les droits des minorités et à garantir leur protection. La Société des Nations a mis en place un système de pétitions qui a permis aux minorités de signaler les violations de leurs droits aux autorités internationales, ce qui a contribué à prévenir les conflits. Cependant, la Grande Dépression économique des années 1930 et l'échec de la Société des Nations à empêcher l'Allemagne nazie de réarmement ont affaibli l'influence de cette organisation et ont favorisé la montée des régimes autoritaires en Europe. Les tensions entre les minorités ont alors repris de plus belle, conduisant à des conflits violents qui ont finalement débouché sur la Seconde Guerre mondiale. Les Sudètes étaient une région de Tchécoslovaquie habitée majoritairement par des germanophones et revendiquée par l'Allemagne nazie. Hitler s'est servi de cette situation pour exiger l'annexion des Sudètes par l'Allemagne, ce qui a mené à la crise de Munich en 1938 et finalement à l'annexion de la région par l'Allemagne. De même, le corridor de Dantzig était une bande de territoire qui reliait la Pologne à la mer Baltique et qui était revendiquée par l'Allemagne. Ces revendications territoriales ont été utilisées comme prétexte pour justifier les ambitions expansionnistes de l'Allemagne nazie et finalement déclencher la Seconde Guerre mondiale.
La question des minorités a été l'une des causes de la montée des tensions menant à la Seconde Guerre mondiale. Malgré les efforts de la Société des Nations pour gérer les tensions et protéger les droits des minorités, certains États ont continué à agir de manière discriminatoire envers certaines minorités, ce qui a exacerbé les tensions et a conduit à la guerre.
La politique de sécurité collective
La politique de sécurité collective est basée sur l'idée que tous les États membres de la Société des Nations doivent travailler ensemble pour maintenir la paix et la sécurité internationales. Cela signifie que si un État membre attaque ou menace un autre État membre, tous les autres États membres doivent intervenir pour défendre la victime de l'agression. C'était un changement important par rapport à la politique traditionnelle de la balance des puissances, où les États cherchaient à maintenir un équilibre de puissance pour éviter la guerre. Avec la politique de sécurité collective, l'idée était d'empêcher les conflits armés avant même qu'ils n'aient lieu, en assurant que l'ensemble des États membres soient solidaires les uns envers les autres. Cependant, la politique de sécurité collective a connu des limites importantes. Certains États membres n'étaient pas disposés à s'engager à utiliser la force militaire pour protéger d'autres États membres. De plus, la Société des Nations manquait de moyens de coercition suffisants pour faire respecter ses décisions. Ces limites ont rendu difficile pour la Société des Nations de prévenir la montée du fascisme et de l'agression en Europe dans les années 1930. . C’est un système interdépendant. La politique de sécurité collective repose sur l'idée que les États membres de la Société des Nations sont interdépendants et qu'une agression contre un État membre est une agression contre l'ensemble des États membres. Cela signifie que les États membres ont l'obligation de coopérer pour assurer la sécurité de tous les États membres et pour maintenir la paix et la sécurité internationales.
Les articles 8 et 16 du pacte de la Société des Nations sont les bases juridiques et intellectuelles sur lesquelles repose la politique de sécurité collective de la Société des Nations. L'article 8 du Pacte de la Société des Nations préconise la réduction des armements nationaux au minimum compatible avec la sécurité nationale et les obligations internationales, afin de maintenir la paix. Le Conseil de la Société des Nations devait préparer les plans de cette réduction, qui seraient examinés et décidés par les gouvernements membres. Après leur adoption, la limite des armements ne pouvait être dépassée sans le consentement du Conseil. Cet article visait donc à freiner la course aux armements entre les États membres, considérée comme l'une des principales causes des guerres. L'article 16 va plus loin en affirmant que si une agression est commise contre un État membre de la Société des Nations, tous les autres États membres sont tenus de prendre des mesures pour mettre fin à l'agression. Cela peut inclure des sanctions économiques ou même une intervention militaire. En théorie, cette politique de sécurité collective aurait dû dissuader les États de recourir à la force pour régler leurs différends et maintenir la paix internationale. Cependant, en pratique, elle s'est avérée difficile à appliquer en raison de la réticence des États membres à engager des ressources et des vies pour résoudre les conflits des autres États membres.
L'un des objectifs principaux de la Société des Nations était de mettre en place une politique de sécurité collective. Cette politique visait à faire en sorte que tous les États membres travaillent ensemble pour maintenir la paix et la sécurité internationales, en se soutenant mutuellement face à toute agression d'un État membre. Pour atteindre cet objectif, la Société des Nations a mis en place divers mécanismes, tels que des conventions internationales, des conférences de désarmement et des sanctions économiques contre les États agresseurs. La Conférence de désarmement est mise en place par la Société des Nations en 1932. Elle a pour objectif de réduire les armements de tous les États membres dans le but de maintenir la paix internationale. Cependant, elle ne parvient pas à aboutir à un accord satisfaisant pour tous les pays, et elle échoue en 1934. Cette situation a contribué à la montée des tensions internationales dans les années qui ont suivi.
La Société des Nations a encouragé la signature de différents pactes internationaux entre les États membres, qu'elle garantissait pour renforcer la stabilité et la paix internationales. Par exemple, le Pacte de Paris (ou Pacte Briand-Kellogg) de 1928 visait à renoncer à la guerre comme moyen de résoudre les différends internationaux. La Société des Nations a également favorisé la signature de traités de paix entre les pays qui avaient été en conflit, tels que le traité de Locarno de 1925, qui a établi des garanties de sécurité entre la France, l'Allemagne et la Belgique.
Le pacte de Locarno est un accord important signé le 1er décembre 1925 à Locarno, en Suisse, entre l'Allemagne, la Belgique, la France, l'Italie, le Royaume-Uni et la Tchécoslovaquie, sous l'égide de la Société des Nations. Cet accord prévoyait notamment la reconnaissance des frontières occidentales de l'Allemagne, fixées par le traité de Versailles, ainsi que la garantie mutuelle de la France et de l'Allemagne de leurs frontières communes avec la Belgique et le Luxembourg. Ce pacte est considéré comme un symbole de la paix et de la stabilité en Europe durant les années 1920, mais son impact sera limité dans les années qui suivent. le Pacte de Locarno est un événement majeur dans la mise en place de la sécurité collective. Il a permis de stabiliser les frontières occidentales de l'Allemagne et orientales de la France, tout en renforçant la sécurité de l'Europe de l'Ouest. En effet, l'Allemagne, la Belgique, la France, la Grande-Bretagne et l'Italie ont signé des accords de garantie mutuelle dans le cadre du pacte de Locarno, qui a également permis à l'Allemagne d'adhérer à la Société des Nations en 1926. Ce pacte a également été critiqué pour ne pas avoir réglé la question des frontières orientales de l'Allemagne, ce qui a pu laisser un ressentiment en Allemagne.
Le pacte Briand-Kellogg, également connu sous le nom de Pacte de Paris, a été signé en 1928 entre la France et les États-Unis, ainsi que par de nombreux autres États par la suite, pour renoncer à la guerre en tant que moyen de résoudre les conflits internationaux. Le pacte affirmait que les États signataires s'engageaient à régler pacifiquement tous les différends internationaux et à ne jamais recourir à la guerre. Bien que le pacte ait été largement considéré comme un geste symbolique plutôt que comme une mesure concrète de désarmement, il a néanmoins marqué une étape importante dans les efforts internationaux pour éviter la guerre. Le Pacte Briand-Kellogg est considéré comme un des symboles de l'idéal pacifiste de l'entre-deux-guerres. Il a été signé par plusieurs pays, dont la France, les États-Unis, le Royaume-Uni, l'Allemagne, l'Italie, le Japon, etc. Le pacte affirmait que la guerre ne devrait plus être utilisée comme moyen de résoudre les conflits internationaux et que les signataires devaient régler leurs différends pacifiquement. Malgré l'enthousiasme initial, le pacte n'a pas réussi à empêcher la montée des tensions internationales dans les années 1930 et la Seconde Guerre mondiale a éclaté en 1939. Le pacte Briand-Kellogg avait pour but de condamner la guerre comme moyen de résolution des conflits et comme instrument d'une politique nationale. Les signataires s'engageaient à recourir à des moyens pacifiques pour régler leurs différends et à ne pas recourir à la guerre, sauf en cas de légitime défense.
Le projet de fédération des peuples européens proposé par Aristide Briand en 1929 visait à créer une union européenne basée sur le principe de la sécurité collective. Briand cherchait à créer une fédération des nations européennes afin de prévenir toute future guerre sur le continent. Le projet a été accueilli favorablement par certains pays européens, mais a également rencontré des oppositions de la part d'autres pays comme la Grande-Bretagne, qui craignait de perdre sa souveraineté. Finalement, le projet n'a pas abouti. Il a néanmoins jeté les bases de la coopération européenne qui allait se développer après la Seconde Guerre mondiale.
Dans les années 1930, la montée des régimes totalitaires et l'expansionnisme de l'Allemagne nazie ont conduit à la fragilisation puis à l'effondrement de la Société des Nations et de ses initiatives. Le réarmement allemand, le remilitarisation de la Rhénanie et l'annexion de l'Autriche en 1938 ont montré la faiblesse de la politique de désarmement et de sécurité collective mise en place par la Société des Nations. En fin de compte, la Seconde Guerre mondiale a éclaté et a rendu obsolète le rôle de la Société des Nations dans le maintien de la paix et de la sécurité internationales.
Plusieurs facteurs ont contribué à l'incapacité de la Société des Nations à maintenir la paix et la sécurité internationales :
- Le vote à l'unanimité était l'une des règles fondamentales de la Société des Nations et cela a souvent entraîné des blocages dans la prise de décisions. Les membres de la SDN avaient des intérêts et des priorités différentes, et certains pays avaient des ambitions territoriales qui ne pouvaient être satisfaites que par la force. De plus, certains membres de la Société des Nations, tels que les États-Unis, n'ont jamais adhéré à l'organisation, affaiblissant ainsi sa crédibilité et son autorité.
- Absence de dispositif coercitif : c'est une autre des faiblesses de la Société des Nations. Les sanctions économiques ou politiques décidées par la Société des Nations ne pouvaient pas être imposées aux pays concernés sans leur consentement. Ainsi, dans les années 1930, l'Italie a pu continuer son invasion de l'Éthiopie malgré les sanctions décidées par la Société des Nations, et le Japon a pu se retirer de l'organisation en 1933 sans subir de conséquences. Cette absence de dispositif coercitif a limité l'efficacité de la Société des Nations dans le maintien de la paix et de la sécurité internationales.
- Universalisme incomplet : l’'universalisme de la Société des Nations était incomplet. Les États-Unis, bien qu'ayant participé aux discussions lors de la création de la SDN, n'ont jamais adhéré à l'organisation, principalement en raison de l'opposition du Sénat américain à la ratification du traité de Versailles qui incluait la charte de la SDN. De plus, l'exclusion des pays vaincus de la Première Guerre mondiale (Allemagne, Autriche-Hongrie, Bulgarie, Empire ottoman) a été un choix politique qui a eu pour conséquence de limiter l'universalité de l'organisation. L'Union Soviétique a rejoint la Société des Nations en 1934, cependant elle s'est retirée en 1939 à la suite de l'invasion de la Finlande, qui a conduit à une condamnation internationale de son action. Cette exclusion a montré les limites de la participation de l'URSS à la Société des Nations, ainsi que les limites de l'efficacité de l'organisation en tant que forum de diplomatie multilatérale. Plusieurs pays d'Amérique latine ont adhéré à la Société des Nations dans les années 1920, notamment l'Argentine, le Brésil, le Chili, le Mexique et le Pérou. Cependant, au cours des années 1930, certains de ces pays ont commencé à se retirer de l'organisation en raison de leur mécontentement face à l'incapacité de la Société des Nations à résoudre les conflits internationaux. L'Argentine et le Brésil ont tous deux quitté la Société des Nations au cours des années 1930. L'Argentine a quitté l'organisation en 1933 en signe de protestation contre la politique de la Société des Nations à l'égard du Paraguay lors de la guerre du Chaco. Le Brésil a quitté en 1935 pour des raisons similaires, en protestation contre la position de la Société des Nations lors de la guerre civile espagnole. L'universalisme incomplet de la Société des Nations est un facteur qui a considérablement affecté sa légitimité. En effet, la non-adhésion de certains pays majeurs, comme les États-Unis, l'Union soviétique, l'Allemagne nazie et le Japon, a considérablement limité la portée et l'influence de la Société des Nations. De plus, l'exclusion des vaincus de la Première Guerre mondiale, comme l'Allemagne, a également contribué à l'affaiblissement de l'organisation. Tout cela a renforcé le sentiment de certaines nations que la Société des Nations était un instrument au service des puissances occidentales, ce qui a sapé sa crédibilité et son autorité.
- une autre raison pour laquelle la Société des Nations a échoué à maintenir la paix dans les années 1930 est la mésentente entre les grandes puissances qui en étaient membres. Les États-Unis ont refusé d'adhérer à la Société des Nations, réduisant ainsi son influence internationale, tandis que les grandes puissances européennes (Royaume-Uni, France, Italie, Allemagne) avaient souvent des intérêts divergents. Par exemple, en 1935, l'Allemagne a commencé à réarmer et à remilitariser la Rhénanie en violation du traité de Versailles. La France a proposé des sanctions économiques contre l'Allemagne, mais le Royaume-Uni s'est opposé à cette proposition, craignant que cela ne conduise à une nouvelle guerre. Cela a conduit à une impasse à la Société des Nations et a montré que les grandes puissances étaient plus préoccupées par leurs propres intérêts que par la paix internationale. la France et la Grande-Bretagne avaient des visions différentes sur les objectifs de la Société des Nations et sur la façon de la faire fonctionner. La France voulait une sécurité collective forte pour contrer l'Allemagne et se protéger de toute agression future, tandis que la Grande-Bretagne préférait une sécurité collective plus faible et une coopération économique pour éviter une nouvelle guerre. De plus, la France a souvent été critiquée pour son intransigeance dans les négociations et sa volonté de maintenir la sécurité à tout prix, même au détriment de l'efficacité de la Société des Nations. La Grande-Bretagne a souvent été considérée comme hésitante et peu impliquée dans les affaires internationales. Cette mésentente entre les deux grandes puissances a conduit à une faiblesse de la Société des Nations et a rendu difficile la prise de décisions efficaces. La France est très attachée à l'idée de sécurité collective, car elle veut éviter à tout prix une nouvelle guerre avec l'Allemagne. Pour cela, elle considère que la mise en place d'une organisation internationale capable de garantir la sécurité des États est la solution la plus efficace. C'est pourquoi elle soutient le traité de Léon Bourgeois, qui propose la création d'une société d'arbitrage international, puis la Société des Nations. La Grande-Bretagne est davantage préoccupée par la défense de son empire et de ses intérêts mondiaux que par les affaires européennes. Elle se méfie également de la sécurité collective, craignant qu'elle ne la lie à des engagements coûteux et risqués. En outre, la Grande-Bretagne a une politique de conciliation envers l'Allemagne, estimant qu'une Allemagne faible et pacifiée est préférable à une Allemagne forte et revancharde. Ces différences de point de vue entre la France et la Grande-Bretagne ont conduit à des tensions et à des désaccords au sein de la Société des Nations. La Grande-Bretagne craignait que la France, forte de sa position dominante en Europe, ne cherche à imposer ses vues et son hégémonie sur les autres pays européens. Elle a donc préféré encourager le redressement économique de l'Allemagne, en lui accordant notamment des prêts et en favorisant ses échanges commerciaux, dans l'espoir de rétablir un équilibre de puissance en Europe. Cette politique a été mise en œuvre notamment par l'accord de Locarno en 1925, qui a permis la reconnaissance mutuelle des frontières occidentales de l'Allemagne et de la France, et par le plan Dawes en 1924, qui a organisé le paiement des réparations de guerre par l'Allemagne. Cette divergence de vision entre la France et la Grande-Bretagne est l'une des principales raisons de la difficulté à faire fonctionner efficacement la Société des Nations. Les deux pays ont des intérêts différents en Europe et dans le monde, et ont donc du mal à s'entendre sur les décisions à prendre au sein de la Société des Nations. En outre, la Grande-Bretagne est davantage préoccupée par ses intérêts économiques et commerciaux dans le monde, ce qui la rend moins disposée à s'engager dans des conflits qui ne la concernent pas directement. Cela a eu pour conséquence que la France s'est souvent retrouvée isolée dans ses initiatives pour renforcer la sécurité collective. La mésentente entre les grandes puissances est un facteur clé dans l'échec de la Société des Nations.
L’action des sections techniques
Les sections techniques de la Société des Nations étaient chargées des activités non politiques. Elles étaient organisées autour de thèmes tels que la santé, l'éducation, la culture, les transports, la communication, etc. Le but était de favoriser la coopération internationale dans ces domaines en encourageant les échanges d'informations et de bonnes pratiques entre les pays membres. Les sections techniques ont été considérées comme une réussite de la Société des Nations car elles ont permis des avancées concrètes dans de nombreux domaines. Les sections techniques avaient pour but de traiter de questions techniques et pratiques telles que la santé, l'éducation, le commerce, les transports, la culture, les sciences, l'agriculture, la communication, etc. Elles étaient chargées de promouvoir la coopération internationale et d'encourager les échanges entre les nations dans ces domaines. L'idée était de créer un système mondial de régulation et de coordination pour l'ensemble de ces activités, afin de favoriser le développement économique et social et de prévenir les conflits. La Société des Nations avait pour ambition de créer un système international qui réglemente non seulement les affaires politiques, mais également les questions économiques, sociales, culturelles, sanitaires, etc. C'est dans cette optique qu'elle a créé les sections techniques et les commissions spécialisées qui étaient chargées de traiter ces différentes questions. Cela montre que la Société des Nations avait une vision ambitieuse pour l'organisation de la coopération internationale, qui dépasse largement le simple cadre de la sécurité et de la paix.
Domaine économique
La notion de régulation économique à l'échelle internationale est apparue après la Première Guerre mondiale, avec la création de la Société des Nations. Les dirigeants de l'époque ont compris que la guerre était souvent le résultat de tensions économiques et de rivalités commerciales entre les nations, et ont donc cherché à réguler ces échanges pour éviter de nouvelles catastrophes. La Société des Nations a ainsi créé plusieurs organisations spécialisées dans le domaine économique, comme l'Organisation internationale du travail (OIT) en 1919 et l'Union postale universelle (UPU) en 1920. Elle a également encouragé la coopération internationale en matière de commerce et d'investissement, avec la mise en place de traités bilatéraux et multilatéraux.
A l'époque de la création de la Société des Nations, le libéralisme économique était largement accepté comme la norme, et la plupart des pays fonctionnaient selon ce schéma de pensée. La notion de régulation économique était donc une idée relativement nouvelle. L'idée d'une régulation de l'économie internationale était largement absente du débat politique avant la Première Guerre mondiale. En outre, la mondialisation des échanges économiques et financiers était encore limitée, ce qui limitait l'impact des régulations économiques au niveau international. Enfin, la notion de souveraineté nationale était encore très importante, ce qui limitait la capacité de la Société des Nations à intervenir dans les affaires économiques des États membres. L’idée d’une régulation de l’économie internationale est en dehors du radar intellectuel des hommes politiques.
La Première Guerre mondiale a montré les limites du libéralisme économique et la nécessité d'une régulation économique internationale. Les échanges commerciaux entre les pays ont été perturbés, les marchés ont été déstabilisés, les prix ont augmenté, les monnaies se sont dépréciées, etc. Ces problèmes ont incité les hommes politiques à s'interroger sur la nécessité d'une régulation économique internationale pour éviter de nouvelles crises. C'est ainsi que l'idée de la régulation économique internationale a émergé à la fin de la Première Guerre mondiale, même si elle n'était pas encore bien définie.
La Société des Nations a été le premier forum international à aborder la question de la régulation économique internationale. Elle a créé plusieurs commissions et organisations chargées de travailler sur des questions économiques, telles que l'Organisation internationale du travail, ou encore l'Office international des réfugiés. La Société des Nations a également organisé des conférences économiques internationales pour discuter de questions telles que la réduction des barrières tarifaires, la coordination des politiques monétaires, ou encore le règlement des dettes inter-étatiques. Ces efforts ont conduit à l'adoption de plusieurs conventions internationales, comme la Convention de Genève sur les transports internationaux de marchandises par route, ou encore la Convention internationale pour l'unification de certaines règles en matière de connaissement. Bien que la Société des Nations n'ait pas réussi à mettre en place une régulation économique internationale complète, elle a jeté les bases du système économique international qui allait émerger après la Seconde Guerre mondiale, avec la création du Fonds monétaire international, de la Banque mondiale, et du GATT (qui allait devenir l'Organisation mondiale du commerce).
La dislocation de l'Empire austro-hongrois a entraîné de nombreux problèmes économiques et financiers dans les pays nouvellement créés. En effet, l'ancien empire était un marché commun qui permettait une libre circulation des biens et des personnes, mais avec son démantèlement, les nouvelles frontières ont entravé les échanges commerciaux et ont rendu la situation économique fragile. De plus, l'Empire austro-hongrois avait une monnaie commune, la couronne, qui était utilisée dans l'ensemble du territoire et qui avait une valeur relativement stable. Après sa dislocation, chaque nouveau pays a créé sa propre monnaie, entraînant une inflation importante et une dévaluation de la monnaie. La reconstruction du système bancaire et financier a donc été une priorité pour les nouveaux pays créés à la suite de la dislocation de l'Empire austro-hongrois. Cette reconstruction a été encouragée par la Société des Nations qui a mis en place des commissions pour aider les pays à régler les problèmes économiques et financiers causés par le démantèlement de l'empire.
La dislocation de l'Autriche-Hongrie a laissé les nouveaux États issus de la région sans une infrastructure financière et économique solide. l'Autriche et la Hongrie étaient des pays importants dans l'économie européenne avant la Première Guerre mondiale. Leur démantèlement a donc créé des perturbations dans l'économie européenne. Par exemple, la suppression de la zone douanière austro-hongroise a créé des barrières commerciales entre les nouveaux États indépendants, ce qui a limité les échanges et perturbé les économies nationales. De plus, la plupart de ces nouveaux États étaient confrontés à des problèmes économiques majeurs, tels que l'inflation et le chômage, qui ont compliqué la reconstruction de leur économie. La Société des Nations a donc joué un rôle important dans la coordination des efforts pour stabiliser ces économies et favoriser leur développement. C'est dans ce contexte que la Société des Nations a mis en place des commissions d'experts pour aider ces États à reconstruire leur système bancaire et financier. Ces commissions ont travaillé à la restructuration des banques centrales, à l'établissement de nouvelles monnaies et de nouvelles politiques économiques. Elles ont également travaillé à la mise en place d'accords commerciaux entre les nouveaux États. Ces efforts ont permis de stabiliser les économies des nouveaux États, bien que certains aient connu des difficultés économiques à long terme. La Société des Nations a ainsi joué un rôle important dans la reconstruction économique de la région de l'Europe centrale et orientale. Notamment, l’Autriche et la Hongrie étaient des pays centraux dans le système économique européen qui pourrait remettre en cause l’ensemble de l’économie européenne.
La Société des Nations a joué un rôle important dans la garantie des emprunts internationaux pour aider les États à se reconstruire après la Première Guerre mondiale. Cette aide financière était destinée à permettre aux États de rétablir leur économie, de rembourser leurs dettes et de financer leurs projets de développement. Cette politique de garantie des emprunts a également suscité des critiques, notamment sur son efficacité et sur le fait que cela a conduit à une augmentation de la dette des États bénéficiaires. La Grèce a accueilli un grand nombre de réfugiés fuyant la Turquie, à la suite de la guerre gréco-turque de 1919-1922. La Société des Nations a été impliquée dans l'aide humanitaire aux réfugiés en Grèce, en particulier en fournissant de la nourriture, de l'eau, des abris et des soins médicaux. La Société des Nations a également aidé la Grèce à obtenir des prêts internationaux pour financer les coûts liés à la réinstallation des réfugiés.
La Société des Nations a signé de nombreuses conventions internationales dans les années 1920 pour réguler et encourager les échanges commerciaux entre les États membres. Ces traités ont été négociés dans le cadre de la Section économique et financière de la Société des Nations et visaient à faciliter les échanges, à harmoniser les législations nationales et à protéger les investissements internationaux. Parmi ces traités, on peut citer la Convention sur la liberté du transit est l'un des traités internationaux signés par la Société des Nations. Cette convention avait pour but de faciliter le commerce international en éliminant les restrictions à la libre circulation des marchandises à travers les frontières nationales. Elle a été signée par de nombreux pays et est devenue l'un des fondements du système économique international d'après-guerre. La Convention a été enregistrée dans le recueil des traités de la Société des Nations le 8 octobre 1921, confirmant ainsi sa valeur juridique et son importance internationale. Ces conventions ont pour but d'harmoniser les règles économiques internationales et de faciliter les échanges commerciaux en simplifiant les formalités douanières. Elles couvrent différents domaines, tels que les transports, les douanes, la propriété intellectuelle, la protection de la santé publique, etc. Les traités signés par la Société des Nations ont ainsi permis de mettre en place un cadre réglementaire international pour régir les échanges commerciaux entre les États membres.
La Société des Nations a joué un rôle important dans l'harmonisation des règles économiques internationales et l'organisation d'arbitrages. Elle a également aidé les États à obtenir des emprunts auprès de grandes banques internationales, garanti des emprunts, signé des traités bilatéraux et mis en place des commissions pour aider les pays nouvellement créés à reconstruire leur système bancaire et financier. Tout cela visait à réorganiser l'économie mondiale après la Première Guerre mondiale et à éviter les conflits économiques entre les nations. L'ONU a repris certains des mécanismes mis en place par la Société des Nations, notamment en matière de régulation économique et de règlement pacifique des conflits. Par exemple, l'Organisation des Nations unies pour l'alimentation et l'agriculture (FAO), créée en 1945, a succédé à l'Institut international d'agriculture (IIA) créé en 1905 sous l'égide de la Société des Nations. De même, la Cour internationale de Justice (CIJ), qui a pour mission de régler les différends juridiques entre États, a remplacé la Cour permanente de justice internationale (CPJI), créée en 1920 par la Société des Nations.
Conférences économiques internationales
Dans les années vont avoir lieu quatre grandes conférences internationales. Ces conférences ont été importantes pour la régulation économique internationale de l'entre-deux-guerres :
La Conférence financière de Bruxelles de 1920 a été convoquée par la Société des Nations dans le but de trouver des solutions pour la reconstruction de l'économie européenne après la Première Guerre mondiale. Elle s'est tenue du 24 septembre au 8 octobre 1920 à Bruxelles, en Belgique, et a réuni des représentants de 34 pays. Les discussions ont porté sur la stabilisation des monnaies, la résolution des problèmes liés aux dettes de guerre, l'harmonisation des politiques économiques et commerciales, et la création d'une Banque internationale pour la reconstruction et le développement. La Conférence de Bruxelles était en quelque sorte l'équivalent de la conférence de Bretton Woods de 1944, mieux connue, qui a défini le cadre de l'ordre économique mondial après la Seconde Guerre mondiale. Des mémorandums ont été préparés à l'intention des délégués par cinq éminents économistes : Gijsbert Bruins (Pays-Bas), Gustav Cassel (Suède), Charles Gide (France), Maffeo Panetaleoni (Italie) et Arthur Pigou (Angleterre).
Lors de la conférence financière de Bruxelles de 1920, les délégués ont convenu de l'importance de l'équilibre budgétaire et ont également pris la décision de revenir à l'étalon-or pour les monnaies nationales. Cela signifiait que les pays devaient rétablir la convertibilité de leur monnaie en or à un taux fixe. Cette décision a été considérée comme un élément clé pour rétablir la stabilité financière et économique après la Première Guerre mondiale. Cependant, certains économistes ont critiqué cette décision, car elle limitait la capacité des gouvernements à ajuster la valeur de leur monnaie pour soutenir leur économie. La conférence de Bruxelles a souligné l'importance de la stabilité des taux de change et de la lutte contre l'inflation pour restaurer la confiance dans les monnaies nationales et pour favoriser la reprise économique. Les délégués ont également convenu de la nécessité de coopération internationale pour éviter des fluctuations monétaires excessives.
La Conférence de Gênes, qui s'est tenue du 10 avril au 19 mai 1922 en Italie, a réuni des représentants de 30 pays pour discuter de la reconstruction économique de l'Europe centrale et orientale et pour améliorer les relations entre la Russie soviétique et les régimes capitalistes européens. La conférence a créé quatre commissions pour étudier les moyens de mobiliser des capitaux étrangers pour la "restauration de la Russie", mais les négociations ont échoué en raison de l'insistance de la France et de la Belgique sur le remboursement intégral des prêts d'avant-guerre et la restitution intégrale des biens étrangers confisqués en Russie soviétique.
La conférence économique de Genève de 1927, organisée par la Société des Nations, a été la première tentative d'organisation des relations économiques internationales en Europe. Elle a été organisée en réponse à deux échecs précédents, la guerre économique et l'approche bilatérale des problèmes économiques. Les responsables économiques français ont constaté que leur approche tripartite avec la Belgique et l'Allemagne risquait de se terminer défavorablement pour leur pays, et ont donc décidé d'élargir le dialogue franco-allemand aux Belges. L'évolution financière de la Belgique vers les puissances anglo-saxonnes et la tentative de la ville de Londres de prendre en charge la réorganisation financière du continent ont également justifié cette initiative. Le gouvernement français, dirigé par L. Loucheur, a pris cette initiative à la suite de l'assemblée de la SDN à Genève en septembre 1925. La vision de Loucheur pour une ligue économique des nations européennes était en effet très ambitieuse. Elle prévoyait une coordination des politiques économiques et commerciales des États membres, ainsi que la création d'un marché commun européen. Toutefois, cette idée n'a pas abouti à l'époque en raison de la Grande Dépression qui a suivi en 1929, ainsi que des tensions politiques et économiques croissantes entre les nations européennes dans les années 1930. Néanmoins, l'idée d'une intégration économique européenne a continué de se développer et a finalement abouti à la création de l'Union européenne après la Seconde Guerre mondiale.
La Conférence économique de Londres de 1933 a été organisée pour tenter de trouver des solutions à la crise économique mondiale qui avait débuté en 1929. Les pays participants avaient pour objectif de parvenir à un accord pour stimuler le commerce international et éviter des politiques économiques protectionnistes qui pourraient aggraver la situation. La conférence a également cherché à stabiliser les taux de change, ce qui était essentiel pour restaurer la confiance dans les marchés financiers internationaux. Malheureusement, la conférence n'a pas réussi à atteindre tous ses objectifs et n'a pas abouti à un accord international contraignant.
La conférence de Londres de 1933 avait pour but principal de réduire les barrières douanières entre les pays dans le but de relancer le commerce international. En effet, la crise économique de 1929 avait entrainé une vague de protectionnisme commercial, avec notamment l'augmentation des droits de douane et l'adoption de mesures visant à restreindre les importations de produits étrangers. Vette politique protectionniste a eu des effets négatifs sur l'économie mondiale, en réduisant les échanges commerciaux et en aggravant la crise économique. C'est pourquoi, à partir de la fin des années 1920, des voix se sont élevées en faveur d'une libéralisation du commerce international, avec la suppression des barrières douanières et l'adoption de politiques visant à favoriser la croissance économique mondiale. A cette époque, le système monétaire international n'était pas régulé et les taux de change entre les différentes monnaies fluctuaient librement en fonction des marchés et des politiques monétaires des différents pays. Cette instabilité des taux de change créait des difficultés pour les échanges internationaux, rendait difficile la planification économique et était susceptible de déclencher des crises financières internationales. Les experts de l'époque ont donc cherché à trouver des solutions pour réguler le système monétaire international et éviter les fluctuations excessives des taux de change. La conférence de Londres de 1933 a donc été un moment important dans ce processus, en réunissant les représentants de nombreux pays pour discuter de mesures visant à réduire les barrières douanières et à promouvoir le commerce international. Cependant, les discussions ont été difficiles et ont finalement échoué, reflétant les tensions économiques et politiques de l'époque.
La conférence de Londres de 1933 visait à stabiliser les changes et éviter les dévaluations compétitives, mais elle a échoué en grande partie en raison du refus des États-Unis de s'engager. Le président Roosevelt était en effet préoccupé par la crise économique intérieure aux États-Unis et avait mis en place le New Deal pour la surmonter. Il était donc peu enclin à s'engager dans un accord international de stabilisation des changes qui risquait de limiter sa marge de manœuvre politique et économique. Ce refus a été largement considéré comme un facteur majeur de l'effondrement du système monétaire international de l'entre-deux-guerres et a contribué à l'aggravation de la crise économique mondiale. L'échec de la conférence de Londres en 1933 a été un tournant majeur dans l'histoire économique internationale. Le protectionnisme commercial a continué de se développer et les accords commerciaux ont été de plus en plus limités. Les gouvernements ont adopté des politiques économiques nationales et le commerce international a diminué. Cette situation a contribué à l'aggravation de la crise économique mondiale et a peut-être contribué à la montée des tensions géopolitiques et des conflits qui ont finalement conduit à la Seconde Guerre mondiale. C'est pourquoi après la guerre, les pays ont reconnu l'importance de la coopération économique internationale pour éviter une telle catastrophe à l'avenir. Cela a conduit à la création de l'Organisation des Nations unies et du système économique international basé sur les accords de Bretton Woods en 1944.
Les conférences économiques internationales d'aujourd'hui, telles que les réunions du G7 ou du G20, sont des versions modernisées de ces conférences économiques historiques. Ces conférences réunissent des représentants de différents pays pour discuter de questions économiques et financières mondiales, souvent avec des experts techniques pour aider à élaborer des politiques. Les discussions peuvent porter sur des sujets tels que la réglementation financière, la dette souveraine, les politiques fiscales, les échanges commerciaux et les réformes monétaires.
Après la Première Guerre mondiale, l'économie mondiale était en crise et les gouvernements se sont tournés vers des conférences économiques pour tenter de résoudre ces problèmes. Les conférences de l'entre-deux-guerres ont porté sur un large éventail de questions économiques, notamment la réparation de guerre, le commerce international, les taux de change et la stabilité monétaire, la dette internationale, la réglementation bancaire et la réduction des barrières commerciales. Ces conférences ont été organisées dans l'espoir de stimuler la croissance économique et d'éviter une nouvelle crise économique.
L'idée de condamner le nationalisme économique et de promouvoir le libre-échange a pris de l'ampleur à la suite de ces conférences internationales. Les économistes et les dirigeants politiques ont commencé à réaliser que les politiques économiques protectionnistes adoptées par de nombreux pays étaient en train d'aggraver la crise économique mondiale. Ils ont compris que pour relancer l'économie mondiale, il était nécessaire de promouvoir le commerce international et d'abattre les barrières douanières. Cette idée a été formalisée dans l'Accord général sur les tarifs douaniers et le commerce (GATT), qui a été signé en 1947 par la plupart des pays industrialisés. Le GATT visait à réduire les obstacles au commerce international et à encourager la libéralisation économique. Il a ensuite été remplacé par l'Organisation mondiale du commerce (OMC) en 1995.
Politique sanitaire
La Société des Nations a créé une Organisation d'Hygiène en 1923 qui avait pour mission de prévenir les épidémies et les maladies et de promouvoir la santé à l'échelle internationale. Cette organisation a notamment travaillé sur des programmes de vaccination, des campagnes de prévention contre la tuberculose, la syphilis et la fièvre jaune, ainsi que sur la surveillance des épidémies de grippe. Elle a également coopéré avec d'autres organisations internationales telles que l'Organisation internationale du travail (OIT) pour promouvoir la santé au travail. L'action de l'Organisation d'Hygiène de la Société des Nations a posé les bases de la coopération internationale en matière de santé qui se poursuit aujourd'hui avec l'Organisation mondiale de la santé (OMS).
La Première Guerre mondiale a eu un impact majeur sur la santé publique et la propagation des maladies. Les conditions de vie des soldats sur le front, la mobilisation de millions de personnes, le manque de nourriture et d'eau potable, ainsi que l'utilisation de nouvelles armes telles que les gaz de combat, ont contribué à la propagation de maladies telles que la grippe espagnole, la typhoïde et la tuberculose. Après la guerre, la reconstruction des infrastructures de santé a été une priorité, et la Société des Nations a joué un rôle important en créant l'Organisation d'Hygiène de la Société des Nations pour coordonner les efforts internationaux de lutte contre les maladies et d'amélioration de la santé publique. Les épidémies qui ont éclaté en Europe de l'Est et en Asie après la guerre ont également montré la nécessité d'une action internationale pour lutter contre les maladies à l'échelle mondiale.
Ludwig Rajchman, né en Pologne en 1881, a mené de nombreuses actions pendant l'entre-deux-guerres pour améliorer la santé publique et lutter contre les épidémies à l'échelle mondiale. Il a joué un rôle important dans la création de programmes de santé publique dans les pays en développement et dans la lutte contre les épidémies de maladies infectieuses telles que le choléra et la tuberculose. Il a travaillé pour l'Organisation de la santé de la Société des Nations, qui a été créée en 1923 pour lutter contre les maladies infectieuses et améliorer la santé publique dans le monde entier. En tant que directeur de l'Organisation d'Hygiène, Rajchman a travaillé sur des programmes de vaccination, de contrôle des épidémies et de formation de personnel médical dans les pays en développement.
Ludwik Rajchman a mené une série d'actions pour promouvoir la santé à l'échelle internationale. En tant que premier directeur de l'Organisation d'Hygiène de la Société des Nations, il a contribué à la création de nombreux programmes pour lutter contre les maladies infectieuses, améliorer les soins de santé et promouvoir l'hygiène publique. Parmi ses réalisations notables, on peut citer la mise en place de campagnes de vaccination, la promotion de l'allaitement maternel et la lutte contre la malnutrition infantile, ainsi que la création de nombreux centres de santé dans les régions défavorisées. Les programmes et initiatives lancés par Rajchman ont jeté les bases de l'Organisation mondiale de la santé (OMS) qui a été créée en 1948, après la Seconde Guerre mondiale.
- Conférence de Varsovie en 1922 sur les épidémies : la Conférence de Varsovie en 1922 sur les épidémies a été un moment clé pour l'émergence d'une coopération internationale en matière de santé publique. Cette conférence a réuni des experts de différents pays pour discuter de la prévention et de la lutte contre les épidémies, et a abouti à l'adoption d'une convention sanitaire internationale. Cette convention visait à prévenir la propagation des maladies infectieuses en établissant des normes pour la notification des cas de maladies, la mise en quarantaine des personnes atteintes, et la désinfection des navires et des marchandises. Bien que cette convention n'ait pas été universellement adoptée, elle a posé les bases d'une coopération internationale dans le domaine de la santé publique.
- Statistiques sanitaires : Ces données sont cruciales pour identifier les tendances et les problèmes de santé publique, établir des priorités en matière de santé et élaborer des politiques adaptées. La collecte et la compilation de ces statistiques sont aujourd'hui encore essentielles pour surveiller et prévenir les maladies dans le monde. Le renseignement épidémiologique était l'ancêtre de la veille sanitaire et consistait à collecter des données sanitaires dans différents pays pour les compiler dans des annuaires et des bulletins d'hygiène. Ces statistiques permettaient d'avoir une vision globale de l'état de santé des populations et de mettre en place des politiques de prévention et de lutte contre les maladies à l'échelle internationale.
- Standardisation internationale des vaccins : la standardisation internationale des vaccins est un élément clé dans la prévention des épidémies et est devenue une priorité internationale dès le début du XXe siècle. En 1935, une conférence organisée par la Section d'Hygiène de la Société des Nations a permis de définir un premier standard international pour la préparation des vaccins. Ce standard a été adopté par plusieurs pays et a marqué une étape importante dans la standardisation des vaccins à l'échelle internationale. Cette standardisation a permis d'assurer l'efficacité et la sécurité des vaccins, ainsi que de faciliter leur distribution à travers le monde.
- Campagnes sanitaires : les campagnes sanitaires menées dans les années 1920 et 1930 étaient un modèle pour les actions actuelles de lutte contre les maladies. Ces campagnes ont permis de prévenir et de lutter contre des maladies telles que le paludisme, la tuberculose, la lèpre, le trachome, etc. Elles ont également contribué à la sensibilisation des populations sur les bonnes pratiques d'hygiène et sur l'importance de la vaccination.
- Voyages d’études de fonctionnaires sanitaires : la Société des Nations a coordonné des voyages d'études de fonctionnaires sanitaires dans différents pays. Cela a permis aux pays membres de partager leurs expériences et leurs bonnes pratiques dans le domaine de la santé publique, ainsi que de former des experts dans ce domaine. Ces voyages d'études ont contribué à la diffusion des connaissances et des techniques de prévention et de lutte contre les maladies, et ont favorisé la coopération internationale dans le domaine de la santé publique. Avec l'émergence de la notion de santé publique après la Première Guerre mondiale, de nombreux pays ont créé des administrations dédiées à la gestion de la santé publique à l'échelle nationale. La Société des Nations a alors cherché à coordonner les actions de ces administrations pour promouvoir des politiques de santé publique à l'échelle internationale et éviter la propagation des maladies à travers les frontières.
Action humanitaire
La Société des Nations (SDN) a été créée après la Première Guerre mondiale pour promouvoir la coopération internationale et la paix dans le monde. L'une de ses missions était de mener des actions humanitaires pour aider les populations affectées par les conflits et les crises humanitaires. Pendant les années 1920 et 1930, la SDN a mené plusieurs actions humanitaires, notamment dans les Balkans, en Turquie, en Syrie, en Irak et en Chine. Elle a notamment aidé à la reconstruction des infrastructures, à la fourniture de nourriture et de médicaments, et à la protection des réfugiés et des minorités. La capacité de la SDN à mener des actions humanitaires a été limitée par plusieurs facteurs, notamment la résistance des Etats membres à la coordination des efforts humanitaires, le manque de financement et de personnel, et la montée des tensions internationales avant la Seconde Guerre mondiale. Malgré ces obstacles, la SDN a jeté les bases de l'action humanitaire moderne en établissant les principes de l'aide humanitaire, tels que l'impartialité, la neutralité et le respect de la dignité humaine, qui continuent d'être respectés par les organisations humanitaires actuelles.
La création du haut-commissariat aux réfugiés en 1921
Les années 1920-1930 ont marqué le début de l'histoire moderne de la protection des réfugiés, et qu'elles ont jeté les bases du régime universel de protection des réfugiés que nous connaissons aujourd'hui. Après la Première Guerre mondiale, de nombreux États ont fait face à des mouvements de réfugiés massifs, en particulier en Europe de l'Est. Pour répondre à cette crise, la Société des Nations a créé le Haut-Commissariat pour les Réfugiés, dirigé par Fridtjof Nansen, qui a travaillé pour aider les réfugiés russes à retrouver un foyer et à se réinstaller dans d'autres pays.
La création du Haut-Commissariat pour les réfugiés en 1921 a marqué un tournant important dans la gestion de la question des réfugiés à l'échelle internationale. Cette structure spécialisée de la Société des Nations avait pour but de coordonner l'aide aux réfugiés, de rechercher des solutions durables à leur situation et de faciliter leur rapatriement. Le Haut-Commissariat a travaillé en étroite collaboration avec les gouvernements des pays hôtes, les organisations non gouvernementales et les autres organismes de secours pour aider les réfugiés à retrouver un foyer. En outre, il a commencé à établir une classification des réfugiés par nationalité et à appliquer une approche empirique pour résoudre les problèmes auxquels ils étaient confrontés. Cette nouvelle diplomatie humanitaire en temps de paix a progressivement élargi ses compétences au fil du temps, notamment en reconnaissant la protection internationale pour les réfugiés et en travaillant à la création d'un cadre juridique international pour leur protection. Le Haut-Commissariat a également contribué à la création d'une approche plus holistique de la gestion des crises de réfugiés, en cherchant des solutions à long terme pour les réfugiés, notamment leur réinstallation dans des pays tiers. La création du Haut-Commissariat pour les réfugiés en 1921 a été une étape clé dans l'histoire de la protection des réfugiés à l'échelle internationale, et a jeté les bases du régime universel de protection des réfugiés que nous connaissons aujourd'hui.
Fridtjof Nansen, un explorateur, scientifique et diplomate norvégien, a été nommé premier Haut-Commissaire aux Réfugiés de la Société des Nations en 1921. Il a été chargé de résoudre la crise des réfugiés provoquée par la Première Guerre mondiale et la Révolution russe. Nansen a travaillé sans relâche pour aider les réfugiés, en organisant le rapatriement de plus de 400 000 prisonniers de guerre de la Première Guerre mondiale et de plus de 1,5 million de réfugiés grecs et turcs après la guerre gréco-turque de 1922. Il a également mis en place le "passeport Nansen", un document de voyage international qui a permis à des centaines de milliers de réfugiés apatrides de se déplacer librement dans le monde. Le travail de Nansen en faveur des réfugiés a été reconnu par le Prix Nobel de la paix en 1922, et il est devenu une figure emblématique de l'action humanitaire et de la diplomatie internationale. Aujourd'hui, le HCR, en tant qu'agence des Nations unies, poursuit la mission de Nansen de protéger et d'aider les réfugiés et les personnes déplacées dans le monde entier.
Fridtjof Nansen, en tant que premier Haut-Commissaire pour les réfugiés de la Société des Nations, a joué un rôle important dans la création de la première conférence internationale sur les réfugiés en 1922. Cette conférence, qui a eu lieu à Genève, a rassemblé les représentants de 32 gouvernements pour discuter de la question des réfugiés, notamment des réfugiés de la Première Guerre mondiale. Au cours des années 1920, les conférences internationales sont devenues un moyen important de résoudre les problèmes internationaux et de renforcer la coopération internationale. Les conférences ont abordé une série de questions, notamment le désarmement, la protection des minorités et la réduction des barrières commerciales. Les conférences internationales ont également conduit à la création de plusieurs organisations internationales, telles que la Société des Nations, qui ont joué un rôle clé dans la gestion des affaires internationales dans les années qui ont suivi la Première Guerre mondiale.
Le passeport Nansen a été créé pour aider les personnes apatrides ou sans nationalité à obtenir une identité juridique et un document de voyage reconnu internationalement. De nombreux réfugiés étaient dans une situation où ils n'avaient pas de nationalité ou étaient considérés comme apatrides, ce qui les empêchait de voyager ou de bénéficier d'une protection juridique. Le passeport Nansen a été créé en 1922 par la Conférence de Genève sur les réfugiés, qui a établi l'Office international Nansen pour les réfugiés (OINR), sous l'égide de la Société des Nations. Le passeport Nansen était un certificat d'identité et de voyage destiné aux réfugiés apatrides ou sans nationalité, et a été nommé d'après le célèbre explorateur norvégien et premier Haut-Commissaire pour les réfugiés de la SDN, Fridtjof Nansen, qui a proposé sa création. Le passeport Nansen a été adopté comme un moyen pratique de faciliter la réinstallation des réfugiés et de leur fournir une identification et un document de voyage reconnus internationalement. Il a été reconnu par plus de 50 États, et a été largement utilisé jusqu'à la fin de la Seconde Guerre mondiale. Le passeport Nansen était considéré comme une innovation importante dans la protection des réfugiés, car il a fourni aux personnes apatrides une identité juridique et un statut de protection, et a contribué à promouvoir leur réinstallation et leur intégration dans les communautés d'accueil. Le passeport Nansen a été reconnu par de nombreux États, ce qui a permis aux réfugiés de circuler en toute sécurité à travers les frontières internationales. En outre, il a contribué à donner une reconnaissance légale et une identité aux personnes apatrides, qui étaient souvent considérées comme sans défense et sans protection juridique.
La Convention de Genève relative au statut des réfugiés a été adoptée par la Conférence internationale pour la protection des réfugiés qui s'est tenue à Genève en 1933. Cette convention a été conçue pour garantir une protection internationale aux réfugiés qui étaient alors en augmentation en Europe, en particulier suite à l'arrivée au pouvoir des nazis en Allemagne. Cette convention a marqué un tournant important dans la protection des réfugiés, en imposant des obligations concrètes aux États parties en matière d'assistance et de protection des réfugiés. Cela a également conduit à la création de comités pour les réfugiés, qui ont travaillé à la mise en œuvre des mesures prévues par la convention. La Convention relative au statut international des réfugiés du 28 octobre 1933 aborde divers sujets tels que la délivrance des "certificats Nansen", le refoulement, les questions juridiques, les conditions de travail, les accidents du travail, l'assistance et les secours, l'éducation, le régime fiscal et l'exemption de réciprocité. Elle prévoit également la mise en place de comités pour les réfugiés. La convention de 1933 est considérée comme un précurseur de la convention de 1951 relative au statut des réfugiés, qui est la pierre angulaire du droit international moderne des réfugiés. Elle aborde une série de questions liées à la protection et à l'assistance des réfugiés, notamment des mesures administratives telles que la délivrance de "certificats Nansen", des questions juridiques, les conditions de travail, la protection sociale et les secours, l'éducation, le régime fiscal et l'exemption de réciprocité. Elle prévoit également la création de comités chargés de répondre aux besoins des réfugiés. Dans l'ensemble, la convention de 1933 a jeté les bases de l'élaboration d'un cadre juridique plus complet pour protéger les réfugiés et a créé un précédent important pour les futurs accords internationaux sur les droits des réfugiés.
Organisations non gouvernementales
La Société des Nations a travaillé avec de nombreux acteurs non gouvernementaux dans différents domaines, notamment dans celui de la protection des réfugiés. Les frontières entre ces acteurs sont assez poreuses et il existe une coopération importante dans de nombreux domaines entre l'organisation intergouvernementale et diverses organisations non gouvernementales.
La Zemgor (abréviation de « Comité panrusse pour l'aide aux victimes de la guerre et de la révolution ») était une organisation créée en 1915 pour aider les Russes déplacés à l'étranger. Le premier président du Zemgor était en effet le prince Georgy Lvov. Cette organisation a continué à aider les réfugiés russes après la guerre et a collaboré avec la Société des Nations et le Haut Commissariat aux réfugiés pour les aider à se réinstaller et à s'intégrer dans les sociétés locales. Après la Révolution russe de 1917, elle a pris en charge les réfugiés russes fuyant les persécutions politiques. La Zemgor a travaillé en étroite collaboration avec la Société des Nations et le Haut Commissariat aux réfugiés pour trouver des solutions durables pour les réfugiés russes. Elle a notamment contribué à leur réinstallation dans des pays tiers et à leur intégration dans les sociétés locales. Le Zemgor a été dissous par les bolcheviks en 1919. Après sa dissolution en Russie, certains anciens fonctionnaires émigrés ont décidé de relancer l'organisation sous le même nom abrégé, Zemgor. En 1921, elle a été officiellement enregistrée à Paris en tant qu'organisation d'aide aux émigrés russes. Ses noms officiels étaient "Российский Земско-городской комитет помощи российским гражданам за границей" en russe et "Comité des Zemstvos et Municipalités Russes de Secours des Citoyens russes à l'étranger" en français. Le prince Georgy Lvov a été le premier président de l'organisation parisienne, suivi par A.I. Konovalov et A.D. Avksentiev. Au début des années 1920, Zemgor est devenue la principale organisation d'aide sociale aux émigrés russes, mais elle a ensuite été oubliée.
Coopération intellectuelle
En 1922, la SDN a créé une Commission internationale de coopération intellectuelle (CICI) pour encourager la collaboration et l'échange d'idées entre les intellectuels de différents pays. La CICI a travaillé sur des projets tels que la traduction de livres, l'organisation de conférences et la création de centres de recherche internationaux. En 1926, la SDN a également créé l'Institut international de coopération intellectuelle (IICI) pour promouvoir la compréhension internationale et la coopération dans les domaines de l'éducation, des sciences, de la culture et de la communication. L'IICI a soutenu des projets tels que la publication de revues scientifiques, l'organisation de colloques et la création de programmes d'échanges culturels.
L'objectif principal de la Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) créée en 1922 par la Société des Nations était de promouvoir la compréhension mutuelle entre les peuples, en encourageant la coopération intellectuelle et culturelle. La CICI visait à faciliter la circulation des idées, des informations et des œuvres culturelles entre les différentes nations, et à promouvoir le dialogue et la coopération entre les intellectuels de différents pays. La CICI cherchait également à contribuer à la prévention des conflits et à la construction de la paix en encourageant la coopération intellectuelle internationale. À cet égard, la Commission avait comme objectif de promouvoir le "désarmement moral", c'est-à-dire la réduction des tensions et des préjugés entre les nations en favorisant une compréhension mutuelle plus profonde et en encourageant le dialogue et la coopération. La création de la Commission internationale de coopération intellectuelle (CICI) en 1922 par la Société des Nations était motivée en grande partie par la volonté d'éviter une nouvelle guerre en favorisant la compréhension mutuelle entre les peuples. Après la Première Guerre mondiale, les dirigeants politiques et intellectuels de l'époque étaient conscients des conséquences dévastatrices de la guerre et cherchaient à promouvoir la coopération et la compréhension internationales pour éviter une nouvelle catastrophe. L'idée de la CICI était de promouvoir la compréhension mutuelle entre les peuples en favorisant la circulation libre des idées et des œuvres culturelles. En encourageant le dialogue et la coopération intellectuelle internationale, la CICI cherchait à atténuer les tensions entre les nations et à réduire les risques de conflit. Pour ce faire, la CICI avait pour but d'extirper les idées nationalistes et guerrières qui avaient conduit à la Première Guerre mondiale et de promouvoir une vision plus pacifique et coopérative de l'avenir.
L'une des missions de la Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) était de promouvoir une meilleure compréhension entre les peuples en éliminant les stéréotypes et les préjugés dans l'enseignement et la culture. Dans ce but, la CICI a créé plusieurs commissions, notamment la Commission de Révision des Manuels Scolaires. Cette commission avait pour ambition de réviser les manuels scolaires dans tous les pays membres de la Société des Nations afin d'éliminer les clichés stéréotypés et les représentations biaisées des différents pays et cultures. L'objectif était de promouvoir une compréhension plus objective et nuancée des autres pays et cultures, afin de réduire les préjugés et les tensions entre les nations. La Commission de Révision des Manuels Scolaires a ainsi travaillé à la révision des programmes d'enseignement dans les différents pays membres de la Société des Nations, en encourageant une approche plus objective et respectueuse des autres cultures. En éliminant les représentations stéréotypées et les préjugés dans les manuels scolaires, la commission visait à favoriser une compréhension mutuelle plus approfondie entre les peuples, et ainsi contribuer à la prévention des conflits et à la construction de la paix internationale.
Certaines recommandations de la Commission de Révision des Manuels Scolaires de la Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) n'ont pas été suivies par tous les pays membres de la Société des Nations. Malgré les efforts déployés par la commission pour éliminer les clichés et les stéréotypes dans l'enseignement, certains pays ont refusé de mettre en œuvre les réformes proposées. Il y avait plusieurs raisons à cela. D'une part, les gouvernements nationaux ont parfois considéré que les recommandations de la commission allaient à l'encontre de leurs intérêts nationaux ou de leurs conceptions idéologiques. Ils ont donc choisi de maintenir les manuels scolaires existants, même s'ils contenaient des stéréotypes et des préjugés. D'autre part, les éditeurs de manuels scolaires ont également été réticents à apporter des changements à leurs publications, en raison des coûts et des difficultés logistiques associés à la révision et à la réimpression de grands volumes de manuels. Malgré ces obstacles, la Commission de Révision des Manuels Scolaires a continué à travailler pour promouvoir une compréhension plus objective et nuancée des autres cultures, et à encourager les gouvernements et les éditeurs à éliminer les stéréotypes et les préjugés dans l'enseignement. Bien que ses recommandations n'aient pas toujours été suivies, la commission a néanmoins contribué à la prise de conscience de l'importance de l'éducation pour la paix et la compréhension internationales.
La Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) a également mis en place un programme d'édition des classiques de la littérature mondiale dans le but de promouvoir une compréhension plus profonde et plus respectueuse des autres cultures. Ce programme avait pour ambition de sélectionner un certain nombre d'œuvres phares de la littérature mondiale qui étaient considérées comme universelles, et de les traduire dans différentes langues pour les rendre accessibles à un public plus large. L'objectif était de faire prendre conscience aux peuples qu'ils partageaient un patrimoine commun et de favoriser une meilleure compréhension des autres cultures. Parmi les œuvres sélectionnées, on peut citer des classiques de la littérature tels que les romans de Tolstoï, Dostoïevski, Balzac, Goethe ou Shakespeare, ainsi que des textes philosophiques ou scientifiques importants. Ce programme d'édition des classiques de la littérature mondiale a été considéré comme une réussite par la CICI, car il a permis de promouvoir une compréhension plus profonde et plus respectueuse des autres cultures, en faisant découvrir aux lecteurs des œuvres qui étaient souvent peu connues en dehors de leur pays d'origine. Il a également contribué à l'émergence d'une culture mondiale partagée, en permettant aux peuples de découvrir les trésors littéraires des autres cultures et en favorisant l'émergence d'une sensibilité universelle.
Dans le cadre de la coopération intellectuelle, les bibliothécaires ont également été encouragés à intensifier les échanges de livres et d'informations entre les différentes bibliothèques du monde entier. Pour cela, la Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) a organisé de nombreux congrès et réunions internationales de bibliothécaires, afin de discuter des moyens de faciliter les échanges et de favoriser la diffusion des connaissances. Ces congrès ont permis aux bibliothécaires de différents pays de se rencontrer, d'échanger des idées et de discuter des meilleures pratiques en matière de gestion et de diffusion des collections de bibliothèques. Ils ont également abouti à la création de nombreuses organisations internationales de bibliothèques, telles que l'Union Internationale des Bibliothèques et des Institutions Documentaires (Ifla), qui ont continué à promouvoir la coopération et les échanges entre les bibliothèques du monde entier. En favorisant l'accès à l'information et à la connaissance, cette intensification des échanges de livres a également contribué à promouvoir une meilleure compréhension et une plus grande tolérance entre les peuples, en permettant aux lecteurs de découvrir de nouvelles cultures et de nouvelles perspectives.
La Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) a également encouragé l'étude scientifique des relations internationales, dans le but de mieux comprendre les causes des conflits et de promouvoir la paix. Pour cela, elle a organisé de nombreux colloques et réunions internationales d'experts, de politologues, de sociologues et de philosophes, afin de discuter des moyens de prévenir les conflits et de favoriser la coopération internationale. Ces colloques ont permis de mettre en lumière les origines des guerres et des conflits, en analysant les causes économiques, politiques, culturelles et psychologiques qui peuvent conduire à des tensions entre les peuples. a création de la Conférence Permanente des Hautes Études Internationales en 1928 s'inscrit dans la continuité des efforts de la Commission Internationale de Coopération Intellectuelle (CICI) pour promouvoir l'étude scientifique des relations internationales et éviter les conflits entre les nations. La Conférence Permanente des Hautes Études Internationales avait pour objectif de réunir des experts de différents pays pour approfondir l'étude des questions internationales majeures, telles que les relations économiques, politiques, sociales et culturelles entre les pays. Ces experts, issus des universités, des instituts de recherche et des administrations publiques, étaient invités à échanger des informations et à partager leur expertise sur des sujets d'intérêt commun, dans le but de favoriser la coopération internationale et de prévenir les conflits. Les travaux de la Conférence Permanente des Hautes Études Internationales ont ainsi contribué à approfondir les connaissances sur les relations internationales, en favorisant l'émergence d'une expertise internationale sur des sujets majeurs, tels que la sécurité internationale, les relations commerciales et la coopération culturelle. En encourageant la réflexion et le débat sur ces sujets, la Conférence Permanente des Hautes Études Internationales a contribué à renforcer la coopération et la compréhension entre les peuples, en favorisant une culture de la paix et de la coopération internationale.
Les différentes conceptions des relations internationales peuvent parfois entraîner des oppositions, voire des conflits entre les pays. Au sein de la Conférence Permanente des Hautes Études Internationales, par exemple, les experts issus de différents pays avaient des conceptions différentes sur les relations internationales, sur la place des États et des organisations internationales, sur les droits et les devoirs des États, sur la sécurité internationale, etc. Ces divergences de vue ont pu entraîner des débats houleux et des tensions entre les participants, et ont parfois conduit à des blocages dans les discussions. Par ailleurs, certains pays ont parfois cherché à utiliser l'expertise internationale à leur avantage, en cherchant à influencer les travaux de la Conférence dans le sens de leurs intérêts nationaux. Ces tensions et ces divergences de vue reflètent les réalités complexes des relations internationales, où les intérêts nationaux et les conceptions politiques divergent souvent. Cependant, malgré ces difficultés, la coopération intellectuelle a continué de jouer un rôle important dans la promotion de la compréhension et de la coopération internationales, en contribuant à enrichir les débats et à approfondir les connaissances sur les relations internationales.
La Conférence Permanente des Hautes Études Internationales a finalement échoué dans sa tentative de prévenir les conflits internationaux. La conquête italienne de l'Éthiopie en 1935-1936 a été un tournant dans l'histoire des relations internationales, car elle a montré que les accords internationaux et les instances de coopération intellectuelle ne suffisaient pas à empêcher les pays de recourir à la force pour résoudre leurs différends. La conquête de l'Éthiopie a en effet été condamnée par la Société des Nations, qui avait été créée en 1919 pour préserver la paix et la sécurité internationales. Cependant, les sanctions économiques imposées à l'Italie par la SDN n'ont pas été suffisamment efficaces pour dissuader le gouvernement italien de poursuivre sa politique expansionniste en Afrique. L'échec de la Conférence Permanente des Hautes Études Internationales a montré que la coopération intellectuelle, si importante soit-elle, ne pouvait pas à elle seule prévenir les conflits internationaux. Il fallait également des institutions internationales fortes, capables d'imposer des sanctions efficaces aux États agresseurs et de maintenir la paix et la sécurité internationales.
Malgré l'échec de la Conférence Permanente des Hautes Études Internationales et les limites de la coopération intellectuelle dans la prévention des conflits internationaux, les initiatives prises dans ce cadre ont laissé des traces durables. Par exemple, la création de l'Institut International de Coopération Intellectuelle en 1926 a contribué à la mise en place d'un réseau international de bibliothèques et d'archives, qui a permis de faciliter la circulation des idées et des connaissances entre les différents pays. De même, la Commission pour la Révision des Manuels Scolaires a jeté les bases d'une réflexion sur la manière dont l'éducation peut contribuer à la compréhension mutuelle entre les peuples. En outre, la coopération intellectuelle a permis de développer des expertises et des compétences dans des domaines tels que les relations internationales, le droit international, la sociologie, l'anthropologie, etc., qui ont continué à nourrir les débats et les réflexions sur les relations entre les États et les sociétés. Bien que la montée des nationalismes et des tensions ait mis à mal certaines des initiatives de la coopération intellectuelle, celles-ci ont néanmoins contribué à jeter les bases d'une réflexion sur les enjeux internationaux et sur les moyens de prévenir les conflits internationaux, qui ont continué à influencer les débats et les politiques internationales tout au long du XXe siècle.
Politique sociale
La Société des Nations, qui a existé de 1920 à 1946, avait pour objectif principal de maintenir la paix et la sécurité internationales après la Première Guerre mondiale. Cependant, elle s'est également intéressée aux questions sociales et économiques, notamment en créant l'Organisation internationale du Travail (OIT) en 1919.
L'OIT avait pour mission de promouvoir les droits des travailleurs, d'améliorer les conditions de travail et de favoriser l'emploi dans le monde entier. Son organe exécutif était le Bureau international du Travail (BIT), qui avait pour fonction de superviser les activités de l'OIT et de coordonner les efforts des gouvernements et des employeurs pour améliorer les conditions de travail. L'OIT a élaboré des normes internationales du travail, qui ont été adoptées par les États membres de la Société des Nations et qui sont encore en vigueur aujourd'hui. Ces normes portent sur des questions telles que les salaires, les heures de travail, la sécurité et la santé au travail, l'égalité des sexes, l'abolition du travail des enfants et du travail forcé, entre autres. L'OIT et le BIT ont donc joué un rôle important dans la promotion de politiques sociales et économiques justes et équitables au niveau mondial, et ont continué à le faire depuis la création des Nations unies en 1945. La création de l’Organisation internationale du Travail en 1919 est une réponse à la révolution russe. C’est l’idée que la paix internationale entre les peuples ne se fera pas sans la paix sociale entre les classes sociales des différents pays. Finalement, la révolution russe a semblé montrer aux dirigeants occidentaux qu’il y avait un énorme mécontentement de la classe ouvrière vis-à-vis de ces conditions sociales d’existences et de travail.
Une des raisons pour lesquelles l'Organisation internationale du Travail (OIT) a été créée en 1919 était d'améliorer les conditions de vie et de travail des travailleurs à travers le monde. À cette époque, les conditions de travail étaient souvent dangereuses, les salaires étaient bas et les travailleurs n'avaient généralement pas de protections sociales, ce qui les exposait à de nombreux risques. L'OIT a ainsi développé des normes internationales du travail qui ont été adoptées par les États membres de la Société des Nations et qui ont contribué à améliorer les conditions de travail et de vie des travailleurs à travers le monde. Ces normes ont également permis d'éviter des conflits sociaux et des révolutions comme celle de la Révolution russe de 1917.
La création de l'Organisation internationale du Travail (OIT) et l'adoption de normes internationales du travail étaient en partie une réponse réformiste à la Révolution russe de 1917 et à la menace qu'elle représentait pour l'ordre social et politique existant. L'OIT et les normes internationales du travail ont également été créées pour répondre aux problèmes sociaux et économiques qui existaient avant même la Révolution russe. Le mouvement ouvrier et les syndicats avaient déjà commencé à revendiquer des améliorations des conditions de travail et de vie des travailleurs bien avant la Révolution russe. L'OIT a donc été créée dans un contexte de changement social et économique à l'échelle mondiale, qui impliquait des conflits et des revendications de la part des travailleurs, et pas seulement en réponse à la Révolution russe. L'objectif principal de l'OIT était de promouvoir la justice sociale et de garantir que les travailleurs du monde entier bénéficient de conditions de travail décentes et de droits sociaux et économiques.
L'idée que la paix sociale et internationale est absolument indivisible est en effet au cœur du projet de l'Organisation internationale du Travail (OIT). L'OIT a été créée à l'origine en 1919 dans le cadre de la Société des Nations (SDN), une organisation intergouvernementale créée après la Première Guerre mondiale pour promouvoir la paix et la coopération internationales. L'une des raisons pour lesquelles l'OIT a été créée était de contribuer à la réalisation de cet objectif en améliorant les conditions de vie et de travail des travailleurs à travers le monde, ce qui, selon les fondateurs de l'OIT, contribuerait à prévenir les conflits sociaux et à promouvoir la paix internationale. L'OIT a donc été conçue dès l'origine comme une organisation destinée à promouvoir à la fois la justice sociale et la paix internationale. Les normes internationales du travail élaborées par l'OIT visent à garantir que les travailleurs bénéficient de conditions de travail décentes et de droits sociaux et économiques, ce qui, selon l'OIT, contribue à prévenir les conflits sociaux et à favoriser la stabilité politique et la paix internationale.
Dès sa création en 1919, l'Organisation internationale du Travail (OIT) s'est fixé pour objectif de créer un système de normes internationales du travail, qui couvrirait un large éventail de questions liées aux conditions de vie et de travail des travailleurs. Sous la direction d'Albert Thomas, premier directeur de l'OIT, l'organisation a commencé à élaborer une série de conventions internationales du travail qui fixaient des normes minimales pour la protection des travailleurs. Les conventions de l'OIT portaient sur un large éventail de questions, notamment la durée du travail, les salaires, la sécurité et la santé au travail, la protection des travailleurs contre le chômage, la protection des travailleurs migrants, le travail des enfants et des femmes, et bien d'autres. Ces conventions ont été signées par les gouvernements des pays membres de l'OIT et ont été conçues pour être ratifiées et mises en œuvre au niveau national. Les gouvernements étaient tenus de soumettre des rapports périodiques sur la mise en œuvre de ces conventions, et l'OIT fournissait une assistance technique pour aider les pays à se conformer aux normes internationales du travail. L'objectif de la politique sociale de l'OIT était de promouvoir la justice sociale en créant un système de normes internationales du travail qui garantirait aux travailleurs des conditions de vie et de travail décentes et qui contribuerait à prévenir les conflits sociaux et à promouvoir la paix internationale.
La première convention internationale du travail adoptée par l'Organisation internationale du Travail (OIT) en 1919 est la Convention sur la durée du travail (Industries) N°1, qui fixe la durée légale de travail à 8 heures par jour et à 48 heures par semaine. Cette convention établit également des normes minimales pour les heures supplémentaires, les jours de repos et les congés payés. Cette convention marque un tournant dans l'histoire des conditions de travail, car elle a établi pour la première fois une norme internationale pour la durée du travail, qui a ensuite été adoptée par de nombreux pays à travers le monde. Avant cela, les travailleurs étaient souvent soumis à des journées de travail de 10 à 12 heures, voire plus, sans jours de repos ni congés payés. La convention sur la durée du travail a été suivie par de nombreuses autres conventions internationales du travail, qui ont établi des normes minimales pour d'autres aspects des conditions de travail, tels que les salaires, la sécurité et la santé au travail, les droits des travailleurs migrants, le travail des enfants et des femmes, et bien d'autres.
Dans les années qui ont suivi la création de l'OIT, cette organisation a continué à travailler pour améliorer les conditions de travail et de vie des travailleurs à travers le monde en faisant signer de nombreuses conventions internationales par les États membres. Parmi ces conventions, on peut citer la Convention sur le repos hebdomadaire (Industries) N°14, adoptée en 1921, qui établit le droit à un jour de repos hebdomadaire pour tous les travailleurs, ainsi que la Convention sur la protection de la maternité (N°3) de 1919, qui reconnaît le droit des femmes à des congés de maternité et à une protection spéciale pendant la grossesse. D'autres conventions ont établi des normes minimales pour la sécurité et la santé au travail, telles que la Convention sur les maladies professionnelles (N°42) de 1934, qui oblige les employeurs à prendre des mesures pour protéger les travailleurs contre les risques professionnels, et la Convention sur la sécurité et la santé des travailleurs (N°155) de 1981, qui établit des normes internationales pour la prévention des accidents du travail et des maladies professionnelles. En outre, l'OIT a travaillé à la création de corps d'inspection du travail dans les pays membres, chargés de surveiller et d'assurer la mise en œuvre des normes internationales du travail. Cela a été réalisé en partie grâce à la Convention sur l'inspection du travail (N°81) de 1947, qui encourage les États membres à établir des systèmes efficaces d'inspection du travail.
L'OIT met en place une législation internationale sous la forme de conventions internationales du travail, qui sont des accords entre les États membres de l'OIT pour établir des normes minimales en matière de travail. Ces conventions sont ratifiées par les États membres qui s'engagent ainsi à les mettre en application dans leur législation nationale. Cependant, tous les États membres ne ratifient pas toutes les conventions, et ceux qui les ratifient peuvent le faire à des moments différents et avec des calendriers de mise en œuvre différents. En outre, la mise en application de ces conventions peut être plus ou moins effective en fonction de la volonté politique des gouvernements, de la capacité des institutions nationales à appliquer les normes internationales, ainsi que des pressions économiques et sociales qui pèsent sur les entreprises et les travailleurs. Néanmoins, la ratification de ces conventions internationales est un signal fort de l'engagement des États membres en faveur de l'amélioration des conditions de travail et de vie des travailleurs, et elles ont souvent un impact positif sur les pratiques nationales en matière de travail et sur les droits des travailleurs. De plus, l'OIT suit régulièrement la mise en œuvre de ces conventions et peut aider les États membres à surmonter les obstacles à leur application, en fournissant des conseils techniques et en favorisant le dialogue social entre les partenaires sociaux. La création de normes minimales du travail à l'échelle internationale à travers les conventions de l'OIT constitue un embryon d'harmonisation des législations nationales. En effet, ces conventions visent à établir des normes communes pour tous les États membres de l'OIT, afin de garantir des conditions de travail décentes et équitables pour tous les travailleurs, indépendamment de leur pays d'origine ou de leur lieu de travail. Ces normes ne sont pas uniformes pour tous les pays, mais sont adaptées aux spécificités de chaque État membre et tiennent compte de leur niveau de développement économique, social et institutionnel. Par conséquent, les conventions de l'OIT ne visent pas à uniformiser les législations nationales, mais plutôt à établir des normes minimales qui sont compatibles avec les réalités et les besoins de chaque pays. L'objectif est ainsi de promouvoir une convergence progressive des législations nationales vers des normes communes de travail décent, tout en respectant la diversité culturelle et économique des États membres.
La création de normes internationales du travail par l'OIT permet aux pays de se référer à des standards communs et de se fixer des objectifs en matière de politique sociale. Les États membres peuvent ainsi s'inspirer des conventions internationales de l'OIT pour élaborer leur propre législation et mettre en place des politiques nationales en faveur de l'amélioration des conditions de travail et de vie des travailleurs. En outre, les normes internationales du travail de l'OIT peuvent servir de référence pour les partenaires sociaux, tels que les employeurs et les syndicats, dans leurs négociations collectives et leurs revendications. Les normes internationales peuvent également être utilisées comme critères d'évaluation pour les audits sociaux et les certifications, contribuant ainsi à renforcer la responsabilité sociale des entreprises et la transparence des chaînes d'approvisionnement. Les normes internationales du travail de l'OIT sont un outil important pour promouvoir une convergence progressive des politiques sociales et des législations nationales vers des normes communes de travail décent, tout en respectant la diversité culturelle et économique des États membres.
La construction de normes internationales du travail ne suit pas toujours la construction de normes nationales, mais les précède souvent. En effet, l'OIT est souvent la première instance à élaborer des normes internationales du travail dans des domaines qui ne sont pas encore réglementés par les législations nationales. Dans ce sens, les normes internationales du travail peuvent servir de modèle et d'inspiration pour les États membres qui souhaitent élaborer leur propre législation nationale en la matière. Les normes internationales peuvent également être utilisées pour renforcer et améliorer les législations nationales existantes, en fixant des standards communs qui contribuent à harmoniser les pratiques et les politiques sociales à l'échelle internationale. Les normes internationales du travail de l'OIT sont des recommandations et des conventions qui ne sont pas obligatoires pour les États membres. Les États peuvent choisir de ratifier ou non ces conventions, et les mettre en œuvre à leur propre rythme et en fonction de leurs priorités nationales.
Dans les rapports entre national et international, on peut considérer que l'international est souvent une extension du national. Cependant, dans le cas des normes internationales du travail élaborées par l'OIT, la réalité est un peu plus complexe. En effet, les normes internationales du travail sont souvent le fruit d'une réflexion collective menée par les États membres de l'OIT, les employeurs et les travailleurs, en vue de résoudre des problèmes communs liés aux conditions de travail et à la protection sociale. Ainsi, ces normes peuvent être considérées comme une réponse collective à des enjeux transnationaux qui dépassent les frontières nationales. Il est vrai que ces normes peuvent également être influencées par les pratiques et les législations nationales existantes, notamment dans les pays qui ont une longue tradition de protection sociale et de dialogue social. Dans ce sens, les normes internationales peuvent être perçues comme un moyen d'exporter des bonnes pratiques nationales et d'encourager une harmonisation des politiques sociales à l'échelle internationale.
L'Organisation internationale du travail (OIT) existe toujours aujourd'hui et est la plus ancienne organisation internationale dans sa forme originelle. Elle a été créée en 1919 lors de la signature du traité de Versailles, et a été intégrée à l'Organisation des Nations Unies (ONU) en 1946. L'OIT est une agence spécialisée de l'ONU qui a pour mission de promouvoir le travail décent et les droits fondamentaux au travail à travers le monde. Elle rassemble des représentants des gouvernements, des employeurs et des travailleurs pour élaborer des normes internationales du travail, fournir des conseils techniques et des formations, ainsi que pour mener des activités de recherche et de coopération pour promouvoir le travail décent. L'OIT est également responsable de la supervision du respect des normes internationales du travail, qui sont ratifiées par les États membres. Elle peut mener des enquêtes sur les violations de ces normes et fournir une assistance technique aux États pour leur mise en œuvre.
L'OIT a acquis une forte légitimité internationale dans le domaine du travail, notamment en matière de collecte et de diffusion de données statistiques sur le marché du travail et les conditions de travail à travers le monde. Le Bureau international du travail (BIT), l'organe exécutif de l'OIT, est responsable de la collecte et de l'analyse de ces données statistiques. Les statistiques produites par le BIT sont largement utilisées par les gouvernements, les organisations internationales, les entreprises et les chercheurs pour comprendre les tendances et les défis en matière d'emploi et de travail à l'échelle mondiale. Les données statistiques de l'OIT couvrent une gamme de sujets tels que l'emploi, le chômage, les salaires, les conditions de travail, la protection sociale, la formation professionnelle, la migration de la main-d'œuvre et les relations industrielles. Ces données sont collectées auprès des gouvernements, des entreprises, des syndicats et d'autres sources pour assurer la fiabilité et la comparabilité des données à travers les pays. En fin de compte, les statistiques de l'OIT sont un outil clé pour comprendre les défis et les opportunités du marché du travail à travers le monde et pour aider à informer les politiques et les pratiques qui visent à améliorer la qualité de vie et les conditions de travail des travailleurs.
Malgré les défis et les limites, la Société des Nations a réussi à mettre en place de nombreux projets et interventions à partir des années 1920. Outre la politique sociale de l'Organisation internationale du Travail, la Société des Nations a également été à l'origine de la création de la Commission internationale de coopération intellectuelle en 1922, qui visait à promouvoir la coopération culturelle entre les pays membres. Par ailleurs, la Société des Nations a également été active dans le domaine de la santé publique, en établissant des normes et des pratiques internationales pour la lutte contre les épidémies et en créant l'Organisation d'hygiène de la Société des Nations (qui a plus tard été intégrée dans l'Organisation mondiale de la santé). Enfin, la Société des Nations a également mené des efforts pour résoudre les conflits internationaux, notamment en travaillant à la réduction des armements et à la promotion de la diplomatie préventive. Bien que ces initiatives n'aient pas toujours été couronnées de succès, elles ont posé les bases pour la création de l'Organisation des Nations unies après la Seconde Guerre mondiale.
Anexos
- “The League of Nations.” International Organization, vol. 1, no. 1, 1947, pp. 141–142. JSTOR, https://www.jstor.org/stable/2703534.
- Goodrich, Leland M. “From League of Nations to United Nations.” International Organization, vol. 1, no. 1, 1947, pp. 3–21. JSTOR, https://www.jstor.org/stable/2703515.
- Foreign Policy,. (2015). Forget Sykes-Picot. It’s the Treaty of Sèvres That Explains the Modern Middle East.. Retrieved 11 August 2015, from https://foreignpolicy.com/2015/08/10/sykes-picot-treaty-of-sevres-modern-turkey-middle-east-borders-turkey/
Referencias
- ↑ Page personnelle de Ludovic Tournès sur le site de l'Université de Genève
- ↑ Publications de Ludovic Tournès | Cairn.info
- ↑ CV de Ludovic Tournès sur le site de l'Université de la Sorbonne
- ↑ THRONTVEIT, T. (2011). La fábula de los catorce puntos: Woodrow Wilson y la autodeterminación nacional. Diplomatic History, 35(3), 445-481. https://doi.org/10.1111/j.1467-7709.2011.00959.x
- ↑ Schmitt, Carl, Marie-Louise Steinhauser, and Julien Freund. La Notion De Politique ; Théorie Du Partisan. Paris: Flammarion, 2009. Chapitre VI - Le monde n'est pas une unité politique, il est un pluriversum politique p.98
