La democrazia come giustificazione per gli interventi statunitensi all'estero
La exportación de la democracia es una idea ampliamente asociada a la política exterior estadounidense. Esta noción tiene sus raíces en la ideología del Destino Manifiesto, que se originó en el siglo XIX. En aquella época, el Destino Manifiesto era una creencia muy extendida según la cual Estados Unidos estaba destinado por Dios a expandirse por el continente norteamericano. Se utilizaba para justificar la expansión hacia el oeste, a menudo a expensas de las poblaciones indígenas. En el siglo XX, esta idea evolucionó para incluir la expansión de la democracia y los valores estadounidenses por todo el mundo. Esta visión se convirtió en un elemento central de la política exterior estadounidense, especialmente durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos se posicionó como baluarte contra el comunismo.
La política exterior estadounidense se guía por estas dos ambiciones:
- Defender los intereses de EEUU: Como cualquier nación, EEUU busca proteger sus intereses económicos, políticos y de seguridad en todo el mundo. Esto incluye la protección de sus aliados, el mantenimiento del acceso a mercados y recursos, la prevención de ataques al territorio estadounidense y la promoción de sus valores en el exterior. A veces esto puede implicar acciones controvertidas, como la intervención militar o el apoyo a regímenes no democráticos.
- Contribuir a la construcción de naciones según el modelo estadounidense: Estados Unidos tiene una larga tradición de promoción de sus valores democráticos en todo el mundo. Esto puede verse como una extensión de la ideología del "Destino Manifiesto". Según esta visión, Estados Unidos es visto como un "faro" para el resto del mundo, mostrando el camino hacia la libertad y la democracia. Esto ha dado lugar a esfuerzos para ayudar a construir naciones, a menudo tras conflictos o durante periodos de transición, como en Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial, o en Afganistán e Irak a principios del siglo XXI.
La ambición de ser un modelo para la humanidad es un elemento clave de la política exterior estadounidense, que parte de la idea del "excepcionalismo estadounidense". Según esta creencia, Estados Unidos es un país único con una misión especial en el mundo. Esta noción de ser un "faro" para el resto del mundo hunde sus raíces en la historia estadounidense. Los Padres Fundadores de Estados Unidos concibieron el país como un experimento democrático, basado en principios de libertad, igualdad y justicia que creían que podían servir de modelo a otras naciones. A lo largo de los años, esta idea se ha manifestado de muchas maneras. Durante la Guerra Fría, por ejemplo, la promoción de la democracia y la lucha contra el comunismo se consideraron manifestaciones de esta misión. Además, Estados Unidos ha intentado a menudo promover principios como los derechos humanos, el Estado de Derecho y el libre mercado en todo el mundo.
La política exterior estadounidense se ha guiado durante mucho tiempo por la idea de que la promoción de la democracia y el capitalismo en el extranjero contribuye a la seguridad nacional y la prosperidad económica de Estados Unidos. Este vínculo entre democracia, capitalismo y seguridad tiene varias dimensiones:
- Democracia y seguridad: La teoría de la "paz democrática" sugiere que es menos probable que las democracias entren en guerra entre sí. Por tanto, al promover la democracia, Estados Unidos intenta crear un entorno internacional más pacífico y estable. Esto contribuye a su seguridad al reducir el número potencial de amenazas militares.
- Capitalismo y seguridad: El capitalismo está asociado al crecimiento económico, que puede contribuir a la estabilidad política. Además, los países económicamente prósperos tienen más probabilidades de ser socios comerciales estables y fiables. Al promover el capitalismo, Estados Unidos pretende crear un entorno internacional más predecible y seguro.
- Democracia y capitalismo: A menudo se considera que ambos van de la mano. La democracia proporciona un entorno de derechos humanos y libertades civiles que fomenta la innovación y el espíritu empresarial. El capitalismo, a su vez, puede contribuir a la prosperidad económica, que puede reforzar la estabilidad democrática.
- Capitalismo, democracia y expansión económica de EE.UU.: Un mundo más democrático y capitalista también tiene más probabilidades de estar abierto al comercio y la inversión internacionales, fomentando así la expansión económica de EE.UU.
¿Han conseguido configurar un mundo plenamente democrático? La respuesta es no, principalmente debido a dos rasgos distintivos de la cultura política estadounidense que han obstaculizado su ambición:
- El paradigma segregacionista: La historia de Estados Unidos está marcada por profundas desigualdades raciales y sociales, incluida la segregación racial, que se han institucionalizado durante muchos años. Estas desigualdades han influido en la forma en que se percibe a Estados Unidos en el extranjero y a veces pueden socavar su credibilidad como promotor de la democracia y los derechos humanos. Además, estas desigualdades pueden influir en la forma en que Estados Unidos interactúa con otros países, por ejemplo fomentando relaciones más estrechas con determinadas naciones en función de criterios raciales o étnicos.
- Deriva autoritaria: La creencia de que Estados Unidos es un "modelo insuperable" puede conducir a veces a actitudes autoritarias en política exterior. Esto puede manifestarse de diversas maneras, por ejemplo mediante la voluntad de imponer sistemas políticos o económicos sin tener suficientemente en cuenta los contextos locales, o mediante el uso de la fuerza militar para lograr objetivos políticos. En ocasiones, este enfoque puede socavar los principios democráticos que Estados Unidos pretende promover.
Aunque Estados Unidos ha tenido cierto éxito en la promoción de la democracia en algunas partes del mundo, su ambición de construir un "mundo de democracias" se ha visto obstaculizada por diversos retos.
El surgimiento de una nación imperial (finales del siglo XIX - década de 1930)
La conquista de un imperio colonial
La conquista del territorio americano puede interpretarse de diferentes maneras, según la perspectiva histórica y el punto de vista. De hecho, tiene elementos tanto de un asunto interno como de una conquista colonial:
- Asunto interno: En cierto sentido, la expansión de Estados Unidos por el continente norteamericano puede considerarse un asunto interno, ya que supuso el establecimiento de gobiernos e instituciones estadounidenses en los territorios recién adquiridos o colonizados. Esto incluía el establecimiento de sistemas jurídicos, gobiernos locales, medios de comunicación y transporte, etc. Además, gran parte de esta expansión fue impulsada por ciudadanos estadounidenses que se desplazaban hacia el oeste en busca de nuevas oportunidades económicas.
- Conquista colonial: Sin embargo, también es posible interpretar la expansión estadounidense como una forma de conquista colonial. Esta perspectiva subraya que la expansión supuso la anexión de tierras que ya estaban habitadas por diversas naciones indígenas. Estos pueblos fueron a menudo desposeídos de sus tierras, desplazados por la fuerza o sometidos a la violencia y las enfermedades. Además, la expansión estadounidense también implicó guerras y negociaciones con otras potencias coloniales, como México y España, para adquirir territorio.
Estas dos perspectivas no se excluyen mutuamente. De hecho, la historia de la expansión americana incluye tanto procesos internos de colonización y expansión como interacciones con otros pueblos y potencias coloniales.
La fecha de 1890 se cita a menudo como un hito en la historia de Estados Unidos porque marca el fin de la "frontera" tal y como se entendía tradicionalmente. La noción de "frontera" era fundamental para la identidad estadounidense, pues simbolizaba la posibilidad de expansión y nuevas oportunidades. En 1890, la Oficina del Censo de Estados Unidos declaró que la frontera, definida como una línea de asentamiento en constante expansión hacia el oeste, ya no existía. Esto significaba que Estados Unidos había llenado efectivamente su continente de costa a costa y que la mayor parte de la tierra había sido colonizada o estaba bajo control estadounidense. Por ello, algunos pueden interpretar esta fecha como la de la unificación del país. Esta unificación territorial no significaba que hubieran desaparecido todas las divisiones internas. Las desigualdades económicas, raciales y sociales siguieron persistiendo, y surgieron nuevas tensiones con la rápida industrialización, inmigración y urbanización de finales del siglo XIX y principios del XX. Además, la soberanía y los derechos de los pueblos indígenas siguieron siendo un tema polémico.
El concepto de "imperio de la libertad", expresado por Thomas Jefferson, se basa en la idea de que Estados Unidos tiene la misión especial de promover y extender la libertad y la democracia por todo el mundo. Según esta visión, no existe ninguna contradicción inherente entre un régimen republicano basado en principios democráticos y la expansión imperial, siempre que esta expansión tenga como objetivo promover los valores de la libertad y la democracia. En otras palabras, la expansión exterior no se ve como una mera conquista o dominación, sino como un medio para llevar los beneficios de la "síntesis política" estadounidense -una combinación de democracia, libertades civiles, capitalismo y Estado de derecho- al resto del mundo. En la práctica, sin embargo, esta visión ha sido a menudo más compleja y controvertida. Por ejemplo, la expansión estadounidense ha implicado a menudo la dominación y el desplazamiento de pueblos indígenas y otras naciones, lo que ha sido criticado por contradecir los principios de libertad y democracia. Del mismo modo, el esfuerzo por llevar los "beneficios" del modelo político estadounidense a otros países se ha considerado a veces una forma de imperialismo cultural o político.
A finales del siglo XIX se produjo en Estados Unidos un intenso debate sobre la expansión imperial. Aunque el territorio continental de Estados Unidos había sido colonizado en gran medida, el país buscó regiones más lejanas para extender su influencia, sobre todo a través de la guerra hispano-estadounidense de 1898, que se saldó con la adquisición de Puerto Rico, Guam y Filipinas. Este movimiento hacia la expansión ultramarina estuvo motivado por varios factores. Algunos esgrimieron argumentos económicos, alegando que Estados Unidos necesitaba nuevos mercados y fuentes de materias primas para apoyar su rápido crecimiento industrial. Otros esgrimieron argumentos estratégicos, alegando que la posesión de territorios de ultramar era necesaria para la defensa nacional y el estatus de gran potencia. Sin embargo, estos movimientos expansionistas también encontraron una importante oposición. Algunos argumentaron que la colonización de ultramar contradecía los principios fundamentales de la República Americana, como la libertad, la autodeterminación y la igualdad. Otros argumentaban que la búsqueda de un imperio de ultramar podía provocar conflictos militares, tensiones raciales y problemas de gobernabilidad. En general, este debate reflejaba tensiones más amplias sobre la naturaleza de la identidad estadounidense, el papel de Estados Unidos en el mundo y la mejor manera de promover los intereses nacionales. Mientras que algunos veían la expansión imperial como un medio necesario para que Estados Unidos se convirtiera en una gran potencia, otros argumentaban que Estados Unidos podía y debía encontrar otras formas de promover su seguridad y prosperidad.
El movimiento antiimperialista de Estados Unidos planteó muchos argumentos contra la expansión imperial a finales del siglo XIX y principios del XX. Has resumido bien algunos de los principales argumentos, que incluían preocupaciones económicas, políticas y raciales:
- Argumento económico: los antiimperialistas argumentaron que mantener un imperio de ultramar sería costoso en términos de recursos militares y administrativos. También argumentaban que la economía estadounidense, con su fuerte crecimiento industrial, no necesitaba colonias para asegurarse mercados o materias primas, y que en cambio podía prosperar mediante el libre comercio.
- Argumento político: Los antiimperialistas temían que el imperialismo corrompiera los principios democráticos de Estados Unidos. Argumentaban que la dominación sobre otros pueblos sin su consentimiento contradecía los ideales de libertad y autodeterminación que eran fundamentales para la República Americana.
- Argumento racial: Algunos antiimperialistas expresaron su preocupación por que la anexión de territorios habitados por pueblos no blancos pudiera provocar una "dilución" de la raza blanca. Este argumento estaba arraigado en los prejuicios raciales de la época y reflejaba el temor de algunos estadounidenses blancos a perder su estatus social y político dominante.
El movimiento antiimperialista era diverso e incluía una gran variedad de puntos de vista. Por ejemplo, algunos antiimperialistas estaban motivados por principios morales o religiosos, mientras que otros estaban más preocupados por las implicaciones prácticas del imperialismo. Además, aunque el movimiento antiimperialista logró atraer una atención considerable, no consiguió detener la expansión imperial estadounidense de la época.
Los imperialistas estadounidenses de finales del siglo XIX y principios del XX esgrimieron varios argumentos para justificar la expansión colonial. Estos argumentos eran los siguientes:
- Argumento económico: Los defensores del imperialismo sostenían que la adquisición de colonias serviría de punto de apoyo para el comercio internacional. Estos territorios proporcionarían mercados para los productos estadounidenses, fuentes de materias primas y contribuirían a la prosperidad económica de la nación.
- Estratégico: El imperialismo también se consideraba un medio para obtener ventajas estratégicas. Los puertos coloniales podían servir como bases navales para la Armada estadounidense, en rápida expansión. Además, el control de los territorios de ultramar ayudaría a Estados Unidos a competir con otras potencias imperiales y a proteger sus intereses en el extranjero.
- Argumento racial y civilizatorio: Algunos imperialistas estadounidenses adoptaron la idea de la "carga del hombre blanco", popularizada por el poeta británico Rudyard Kipling. Según esta perspectiva, los pueblos europeos (o, en este caso, estadounidenses) tenían la misión civilizadora de "llevar la carga" de educar, modernizar y cristianizar a los pueblos no occidentales. Esta visión estaba profundamente arraigada en los prejuicios raciales y etnocéntricos de la época y servía para justificar el dominio colonial.
Hacia finales del siglo XIX, Estados Unidos comenzó a extender su influencia más allá de su propio continente, marcando el inicio de su expansión imperial. Algunos ejemplos clave son:
- La anexión de Midway (1867): Las islas Midway, situadas en el Pacífico central, fueron anexionadas por Estados Unidos en 1867. Se utilizaron como estación de reabastecimiento para buques y desempeñaron un papel estratégico para Estados Unidos, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial.
- Samoa: Las islas Samoa son otro ejemplo de la expansión imperial estadounidense. En 1872, Estados Unidos estableció un puesto comercial en la isla de Tutuila. En 1878, firmó un tratado con el Reino Unido y Alemania por el que se establecía un condominio, una forma de gobierno compartido, sobre las islas Samoa. Este condominio duró hasta 1899, cuando la Guerra Civil de Samoa y la Convención Tripartita dieron lugar a una división de las islas, en la que Alemania tomó el control de las islas occidentales (actual Samoa) y Estados Unidos el de las orientales (actual Samoa Americana).
Estos movimientos expansionistas marcaron un punto de inflexión en la política exterior estadounidense, que empezó a adoptar una política más intervencionista y expansionista más allá de sus fronteras continentales. Sin embargo, esta expansión ha generado un considerable debate en Estados Unidos y ha dado forma a muchas discusiones sobre el papel de Estados Unidos en el mundo.
La Evolución del Imperio
Hawai: La anexión del archipiélago
Hawai, situado en el Pacífico central, tuvo un camino singular hacia la condición de estado estadounidense. En el siglo XIX, Hawai empezó a atraer la atención de Estados Unidos por su situación estratégica y sus recursos, en particular sus plantaciones de azúcar. Poco a poco, los colonos estadounidenses establecieron allí una importante presencia económica y política. En 1893, la reina Liliuokalani de Hawai fue derrocada en un golpe de estado organizado por ciudadanos estadounidenses y europeos residentes en Hawai, con el apoyo de fuerzas militares estadounidenses. Se estableció así un gobierno provisional que solicitó la anexión a Estados Unidos. La anexión de Hawai se logró formalmente en 1898, en parte debido a la guerra hispano-estadounidense y al deseo de EE UU de asegurar Hawai como estación de abastecimiento y base naval. Hawai se convirtió en territorio estadounidense en 1900. Finalmente, tras muchos años como territorio, Hawai se convirtió en el 50º estado de Estados Unidos en 1959. Fue el resultado de un proceso largo y a menudo controvertido, en el que se debatieron cuestiones como la identidad étnica y cultural, el estatus político y la gobernanza.
Puerto Rico: de la conquista a la incorporación
La relación entre Puerto Rico y Estados Unidos tiene una historia compleja y a menudo controvertida. Puerto Rico fue adquirido por Estados Unidos en 1898 tras la guerra hispano-estadounidense, y su estatus político ha evolucionado a lo largo de los años:
- Ley Foraker (1900): Esta ley estableció un gobierno civil para Puerto Rico y definió la isla como "territorio no incorporado" de Estados Unidos. Esto significa que, aunque forma parte de Estados Unidos, Puerto Rico no es parte integrante del mismo, y ciertas disposiciones constitucionales no se aplican automáticamente.
- Ley Jones (1917): Esta ley concedió la ciudadanía estadounidense a todos los puertorriqueños, pero sin derecho a voto en las elecciones presidenciales, a menos que residieran en uno de los estados. El Congreso estadounidense también controla los asuntos de la isla.
- Estatus de Estado Libre Asociado (1952): En 1952, Puerto Rico adoptó una constitución local y fue designado oficialmente "Estado Libre Asociado". Esto le dio mayor autonomía interna, pero los asuntos exteriores y la defensa siguen bajo el control del gobierno federal de EE UU.
- Referendos sobre la estadidad (2012, 2017): Se han celebrado varios referendos en Puerto Rico para decidir su futuro estatus. En 2012 y 2017, la mayoría de los votantes aprobó convertirse en el 51º estado de Estados Unidos. Sin embargo, estos referendos estuvieron marcados por la baja participación y la controversia sobre su redacción. Además, no son vinculantes para el Congreso de Estados Unidos, que tiene la autoridad final para decidir sobre el estatus de Puerto Rico.
En la actualidad, el estatus de Puerto Rico sigue siendo una cuestión política importante tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos. Las opciones van desde la plena independencia, la estadidad, el mantenimiento del estatus actual o una forma mejorada de Estado Libre Asociado. Sin embargo, aún no ha surgido un consenso claro sobre el mejor camino a seguir.
Cuba: De la guerra a la ocupación
La Enmienda Platt fue una disposición legislativa propuesta por el senador estadounidense Orville Platt en 1901. Se incluyó en la Ley de Asignaciones del Ejército de 1901 y estableció los términos de la relación entre Estados Unidos y Cuba tras la Guerra Hispano-Norteamericana. La Enmienda Platt establecía que Cuba no podía firmar un tratado con una potencia extranjera que comprometiera su independencia, y que Cuba debía permitir que Estados Unidos interviniera en los asuntos de la isla para preservar su independencia y mantener un gobierno adecuado para la protección de la vida, la propiedad y la libertad personal. Además, pedía que Cuba vendiera o arrendara tierras a Estados Unidos para estaciones navales y depósitos de carbón. Como resultado de la Enmienda Platt, Estados Unidos obtuvo un arrendamiento perpetuo de la bahía de Guantánamo, donde estableció una base naval que todavía existe. La Enmienda Platt fue derogada en 1934 como parte del Tratado de Relaciones con Cuba. Sin embargo, la base naval de Guantánamo siguió bajo control estadounidense. La presencia estadounidense en Guantánamo se convirtió en una fuente de tensiones entre Estados Unidos y Cuba, especialmente tras la revolución cubana de 1959.