Historia de la disciplina de la ciencia política: teorías y conceptos

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El pensamiento social de Émile Durkheim y Pierre BourdieuLos orígenes de la caída de la República de WeimarEl pensamiento social de Max Weber y Vilfredo ParetoEl noción de "concepto" en ciencias socialesHistoria de la disciplina de la ciencia política: teorías y conceptosMarxismo y EstructuralismoFuncionalismo y SistematismoInteraccionismo y ConstructivismoTeorías de la antropología políticaEl debate de las tres íes: intereses, instituciones e ideasLa teoría de la elección racional y el análisis de intereses en la ciencia políticaUn enfoque analítico de las instituciones en la ciencia políticaEl estudio de las ideas y las ideologías en la ciencia políticaTeorías de la guerra en la ciencia políticaLa Guerra: Concepciones y EvolucionesLa razón de EstadoEstado, soberanía, globalización y gobernanza multinivelTeorías de la violencia en la ciencia política‎Welfare State y biopoderAnálisis de los regímenes democráticos y los procesos de democratizaciónSistemas electorales: mecanismos, problemas y consecuenciasEl sistema de gobierno en las democraciasMorfología de las protestacionesLa acción en la teoría políticaIntroducción a la política suizaIntroducción al comportamiento políticoAnálisis de las Políticas Públicas: Definición y ciclo de las políticas públicasAnálisis de las Políticas Públicas: establecimiento y formulación de la agendaAnálisis de Políticas Públicas: Implementación y EvaluaciónIntroducción a la subdisciplina de las relaciones internacionalesIntroducción a la teoría política

La ciencia política, tal y como la conocemos hoy, es una disciplina relativamente joven. Su desarrollo como campo de estudio académico diferenciado se remonta aproximadamente a un siglo atrás. Sin embargo, los fundamentos del pensamiento político pueden encontrarse en obras filosóficas y literarias muy anteriores.

La tradición del pensamiento político occidental hunde sus raíces en la antigua Grecia, con pensadores como Platón y Aristóteles. Sus escritos sobre temas como la justicia, el poder, la autoridad, el papel del Estado, la ciudadanía y la gobernanza sentaron las bases del pensamiento político. Estas ideas fueron desarrolladas y enriquecidas a lo largo de los siglos por pensadores como Maquiavelo, Hobbes, Locke, Rousseau, Montesquieu, Marx y muchos otros. Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando la ciencia política surgió como un campo académico por derecho propio, con sus propias instituciones, revistas académicas y métodos de investigación. Esto coincidió con un movimiento hacia un enfoque más empírico y científico del estudio de la política, caracterizado por el uso de métodos cuantitativos y una especial atención a la sistematización y verificación de las teorías.

Hoy en día, la ciencia política es una disciplina diversa que abarca una gran variedad de subcampos, como la teoría política, la política comparada, las relaciones internacionales, las políticas públicas, la administración pública y las políticas de género, por nombrar sólo algunos. Sin embargo, a pesar de esta diversidad, todos los politólogos comparten un interés común por comprender los fenómenos políticos.

Definir la ciencia política: un reto intelectual[modifier | modifier le wikicode]

Según Harold Lasswell, en su libro de 1936 Politics: Who Gets What, When, How, la ciencia política se define por quién consigue qué, cuándo y cómo.[1] En otras palabras, es la eterna lucha dentro de la sociedad por el control de unos recursos escasos. Estos conflictos, entre individuos y entre grupos sociales, se generan por el deseo de repartir los recursos de una sociedad inevitablemente limitada. Esta perspectiva se centra en los conflictos relacionados con la redistribución de los recursos escasos en una sociedad.

Robert E. Goodin, en "The State of the Discipline, The Discipline of the State" publicado en 2009, ve la política como el uso limitado del poder social, presentado como la esencia de la política.[2] El concepto central aquí es la noción de poder, un tema ampliamente explorado en las ciencias sociales. Según Max Weber, el poder de A sobre B es la capacidad de A para obligar a B a hacer algo que B no habría hecho sin la intervención de A. Esta definición general se refiere a la capacidad de influir en otros individuos, grupos o Estados limitando su comportamiento. Uno de los intereses de esta definición es mostrar que el poder es relacional. Según Goodin, el poder puede adoptar muchas formas, pero siempre es limitado, porque ni siquiera los más poderosos pueden imponer su voluntad a los dominados mediante la coacción. El poder es, por tanto, multidimensional, pero siempre limitado, y la tarea de la ciencia política es dar cuenta de estas relaciones de poder a diferentes niveles.

Goodin también propone otra definición, según la cual la ciencia política es la disciplina del Estado. Aquí, el Estado se entiende como un conjunto de normas, instituciones y relaciones de poder. En cuanto a las normas, la historia del Estado moderno está estrechamente vinculada a la democracia liberal, con normas específicas como la separación de poderes, la competencia política, la participación política individual y la responsabilidad política de los representantes elegidos ante el electorado. El Estado es también un conjunto de instituciones que encarnan diferentes formas de política. El Estado es, por tanto, el lugar privilegiado de las relaciones de poder entre individuos y entre grupos.

Au cours du XXe siècle, la science politique a connu un processus d'autonomisation significatif, se distinguant ainsi de disciplines connexes, en particulier l'histoire. Historiquement, la science politique était largement considérée comme une sous-discipline de l'histoire, puisqu'elle se basait largement sur l'étude de l'histoire des institutions, des idées politiques et des mouvements sociaux. Cependant, au fur et à mesure de l'évolution de la discipline au XXe siècle, la science politique a commencé à développer ses propres approches méthodologiques, ses cadres théoriques et ses domaines d'application. L'un des facteurs clés de cette autonomisation a été le développement de méthodologies quantitatives et l'application de la théorie des jeux, de la théorie de la rationalité et d'autres concepts issus de la psychologie et de l'économie pour analyser le comportement politique. Ces avancées méthodologiques ont permis à la science politique de s'éloigner des méthodes d'étude narrative de l'histoire, pour devenir une discipline plus analytique et orientée vers les données. De plus, la science politique a progressivement élargi son champ d'étude pour inclure une gamme plus large de phénomènes politiques, y compris l'analyse du comportement électoral, l'étude des processus de décision au sein des institutions politiques et la compréhension des dynamiques de pouvoir internationales. Enfin, la création de départements de science politique indépendants dans les universités et la publication de revues spécialisées ont renforcé l'identité de la discipline en tant que domaine distinct de la recherche académique.

James Duesenberry, un reputado economista, destaca las diferentes perspectivas que adoptan la economía y la sociología a la hora de estudiar el comportamiento humano: "la economía sólo habla de cómo los individuos toman decisiones, la sociología sólo habla de cómo no tienen opciones que tomar". [3] En economía, se hace hincapié en la idea de que los individuos son agentes racionales que toman decisiones en función de sus preferencias y de las restricciones que se les imponen, como los ingresos o el tiempo. Esto se basa en el concepto de hombre económico u "homo economicus", un individuo hipotético que siempre busca maximizar su utilidad o bienestar tomando decisiones racionales basadas en la información disponible. La sociología, en cambio, se interesa más por el contexto social y cultural en el que se sitúan los individuos, y cómo estos entornos moldean su comportamiento y sus opciones vitales. En otras palabras, la sociología suele destacar cómo las estructuras sociales limitan o determinan las opciones individuales. Por ejemplo, una persona nacida en una determinada clase social puede tener diferentes oportunidades que otra nacida en otra clase social, lo que puede limitar sus opciones en términos de educación, empleo o incluso estilo de vida. De este modo, Duesenberry ilustra la tensión entre el individualismo metodológico, propio de la economía, y el holismo metodológico, más característico de la sociología. Es importante señalar que se trata de dos enfoques complementarios para comprender el comportamiento humano y las sociedades, y que cada uno de ellos ofrece perspectivas únicas y valiosas.

Lo que dice Duesenberry pone de relieve dos concepciones contrapuestas de lo humano en la sociología y la economía neoclásicas. Por un lado, la sociología tiende a tener una concepción del ser humano "supersocializado", en la que el comportamiento de los individuos viene determinado en gran medida por fuerzas sociales externas. En otras palabras, en este modelo, el individuo está influido en gran medida por la estructura social en la que vive. Esto puede incluir factores como las normas culturales, los roles sociales, las expectativas sociales y las instituciones sociales. Desde esta perspectiva, el individuo tiene un margen limitado para actuar al margen de las expectativas y restricciones sociales. Por otra parte, la economía neoclásica tiende a tener una visión "infrasocializada" del hombre, en la que se considera que el individuo actúa con relativa independencia de las influencias sociales. En este modelo, el individuo es visto principalmente como un agente económico racional que busca maximizar el bienestar personal tomando decisiones racionales basadas en la información disponible. Las interacciones sociales suelen considerarse transacciones económicas, en las que los individuos intercambian bienes y servicios para maximizar su utilidad. Estas dos concepciones opuestas del ser humano ponen de relieve la tensión entre individualismo y colectivismo en el análisis del comportamiento humano. También ponen de relieve la importancia de considerar tanto los factores individuales como los sociales a la hora de comprender el comportamiento humano y las sociedades.

Marx subraya la tensión entre la capacidad de los individuos para forjar su propia historia y las limitaciones impuestas por las condiciones sociales e históricas existentes: "Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente en condiciones elegidas por ellos, sino en condiciones que les vienen dadas directamente y heredadas del pasado. La tradición de todas las generaciones muertas pesa sobre el cerebro de los vivos. E incluso cuando parece ocupada en transformarse a sí misma, a ellos y a las cosas para crear algo totalmente nuevo, es precisamente en estos momentos de crisis revolucionaria cuando evocan temerosamente a los espíritus del pasado, cuando toman prestados de ellos sus nombres, sus consignas, sus trajes para aparecer en el nuevo escenario de la historia con este respetable disfraz y con este lenguaje prestado." [4].

Marx reconnaît que les individus jouent un rôle actif dans la création de leur propre histoire. Cependant, il soutient que ce processus n'est pas arbitraire, mais est fortement influencé par les conditions sociales et historiques données et héritées du passé. La deuxième partie de la citation met en évidence la manière dont les individus se tournent souvent vers le passé pendant les périodes de changement et de révolution. Même lorsqu'ils cherchent à créer quelque chose de nouveau, ils ont souvent recours à des références historiques, empruntant des noms, des mots d'ordre et des costumes du passé. Cela, selon Marx, montre à quel point le passé pèse lourdement sur le présent, même dans les moments de transformation radicale. En somme, Marx voit l'histoire non pas comme un simple produit des actions humaines, mais comme une interaction complexe entre l'agence individuelle et les structures sociales et historiques. Il souligne la manière dont le passé informe et limite les possibilités de changement dans le présent.

La cita de Marx ilustra la compleja interacción entre la agencia individual -es decir, la capacidad de los individuos para actuar de forma autónoma y tomar decisiones- y las estructuras sociales e institucionales en las que se encuentran. Estas estructuras pueden incluir instituciones políticas y económicas, normas culturales, estructuras de clase, limitaciones medioambientales, etc. La tensión que describe Marx es la que existe entre la libertad y la determinación: por un lado, los individuos son libres de tomar decisiones y actuar; por otro, las posibilidades de acción que se les abren están moldeadas y limitadas por estructuras que a menudo escapan a su control y que son, en gran medida, producto de la historia. Por ejemplo, un individuo puede elegir trabajar duro para alcanzar el éxito económico, pero su éxito también dependerá de factores estructurales como la educación disponible y las oportunidades económicas, el entorno social y económico, el contexto político y económico más amplio y otros factores que están determinados en gran medida por la historia y la sociedad en la que vive. Además, estas estructuras no son sólo limitaciones, sino que también configuran la forma en que los individuos perciben e interpretan el mundo, influyendo en sus aspiraciones, motivaciones y concepción de lo que es posible o deseable. Marx nos recuerda que si los individuos hacen historia, lo hacen en condiciones que no son de su propia elección, sino heredadas del pasado.

De los orígenes antiguos a las teorías modernas[modifier | modifier le wikicode]

La Escuela de Atenas de Raffaello Sanzio, 1509, que representa de Platón (izquierda) y Aristóteles (derecha).

La antigua Grecia, y en particular el siglo V a.C., suele considerarse la cuna del pensamiento político occidental. Durante este periodo, conocido como la Edad de Oro de Atenas, se desarrollaron y debatieron muchos conceptos políticos fundamentales.

En la antigua Grecia, la política era una preocupación central de la filosofía. Los pensadores de este periodo se concentraron en analizar las ideas y los ideales políticos, explorar las propiedades de los distintos sistemas políticos, cuestionar la esencia de la ciudadanía, el papel y la acción de los gobiernos y la intervención del Estado en los asuntos públicos y la política exterior.

Dos figuras emblemáticas de este periodo son Platón y Aristóteles. Platón, en su obra La República, exploró las cuestiones de la justicia, la igualdad y la mejor forma de gobierno. Su discípulo Aristóteles, en su "Política", examinó las distintas formas de gobierno, la ciudadanía y la naturaleza de la comunidad política. Estos escritos sentaron las bases del pensamiento político occidental y ejercieron una influencia considerable en el desarrollo posterior de la ciencia política.

Platón, el antiguo filósofo griego (427-347 a.C.), suele ser considerado uno de los padres fundadores de la ciencia política. Su famosa obra, "La República", es un texto fundamental no sólo para la filosofía, sino también para el pensamiento político. En "La República", Platón propone una tipología de los diferentes sistemas políticos. En particular, distingue entre monarquía (que denomina "realeza"), aristocracia, timocracia (gobierno basado en el honor), oligarquía, democracia y tiranía. Cada régimen es evaluado según su justicia y eficacia. Además de esta tipología, Platón también ofrece una visión de lo que considera el Estado ideal. Para él, una sociedad justa es aquella en la que cada individuo desempeña la función que mejor le corresponde. Según su famosa teoría de las tres clases, la sociedad debe dividirse en gobernantes (los "guardianes"), auxiliares (los "guerreros") y productores (los artesanos y agricultores). La contribución de Platón a la ciencia política no se limita a la República. En otras obras, como Las Leyes, siguió explorando cuestiones relativas a la organización política y social. Sus ideas han influido profundamente en el pensamiento político occidental y siguen siendo estudiadas y debatidas por los politólogos contemporáneos.

Aristóteles (384-322 a.C.) es otro de los grandes pensadores de la Grecia antigua y una aportación clave a la ciencia política. Su Política es un texto fundamental del pensamiento político, en el que aborda muchas de las cuestiones que siguen siendo centrales en esta disciplina hasta nuestros días. A diferencia de Platón, Aristóteles adopta un enfoque empírico e inductivo para el estudio de los asuntos políticos. En lugar de partir de ideas abstractas y deducir conclusiones a partir de ellas, Aristóteles prefirió observar las sociedades existentes y aprender de ellas. Se sabe que estudió 158 constituciones de ciudades griegas para comprender la naturaleza y las ventajas de los distintos sistemas políticos. En "Política", Aristóteles también propone su propia tipología de regímenes políticos, que divide en seis formas: monarquía, aristocracia, polity (mezcla de aristocracia y democracia), tiranía, oligarquía y democracia. Cada una de estas formas se analiza en función de sus ventajas e inconvenientes, y Aristóteles defiende la polity como la mejor forma de gobierno. Además, Aristóteles es famoso por su concepción de la política como algo fundamentalmente ligado a la cuestión del bienestar humano. Según él, la finalidad de la ciudad (polis) es permitir a sus ciudadanos llevar una vida buena. Esta visión de la política ha tenido una influencia duradera en el pensamiento político occidental.

Durante la época de la Antigua Grecia cristalizaron dos grandes temas que siguen ocupando un lugar central en el ámbito de la ciencia política:

  1. Formas institucionales de la política: Esta pregunta examina los distintos tipos de acuerdos institucionales que estructuran el ámbito político. Entre ellos se incluyen las diferentes formas de gobierno, los sistemas electorales, la división de poderes, la relación entre el gobierno y los ciudadanos, etc. En la antigua Grecia, pensadores políticos como Aristóteles analizaron diversas constituciones de ciudades-estado para comprender sus características y funcionamiento.
  2. Evaluación de las formas institucionales: Este tema está vinculado a la cuestión normativa de cuáles son las mejores formas de gobierno o de organización política. A menudo implica reflexionar sobre valores políticos y éticos como la justicia, la libertad, la igualdad, etc. Por ejemplo, Platón proponía en su República una visión ideal de la ciudad-estado, mientras que Aristóteles defendía la polity (una mezcla de aristocracia y democracia) como la mejor forma de gobierno.

Estos dos temas son recurrentes en los debates e investigaciones de la ciencia política contemporánea, aunque con nuevos matices y diferentes enfoques metodológicos.

La renovación de las ideas durante el Renacimiento[modifier | modifier le wikicode]

El periodo medieval estuvo fuertemente influido por el pensamiento cristiano y la teoría del derecho natural. Esta última supone la existencia de una ley universal, derivada de la trascendencia divina, que dictaría la conducta humana y los principios de justicia. Según este punto de vista, el Estado o la ciudad deberían estructurar sus instituciones y su gobierno de acuerdo con esta ley natural.

Sin embargo, los cambios filosóficos e intelectuales asociados al Renacimiento supusieron una ruptura con esta tradición. A partir de entonces, el pensamiento político comenzó a orientarse hacia una visión más humanista y laica, centrada en el hombre y no en la divinidad. Los pensadores políticos comenzaron a explorar nuevas concepciones del poder, la soberanía y el Estado, marcando una nueva fase en la evolución de la ciencia política.

Maquiavelo (1469 - 1527) es conocido sobre todo por su tratado político El Príncipe, que explora la legitimidad de los regímenes políticos y los gobernantes. A menudo se le considera precursor de la escuela realista, que dio origen a la teoría realista de las relaciones internacionales en el siglo XX. En ruptura con el pensamiento cristiano dominante en la época, que veía la moral como un fin en sí mismo, Maquiavelo también veía la moral como un medio para alcanzar fines políticos. En su opinión, la moral podía utilizarse como instrumento para alcanzar determinados fines políticos. Esta visión instrumentalista de la moral marca una ruptura significativa con las concepciones anteriores, y ha tenido una profunda influencia en el pensamiento político posterior.

Jean Bodin (1529 - 1596) es conocido sobre todo como teórico de la soberanía estatal. En su obra principal, Los seis libros de la República, expuso la naturaleza del Estado, que definió en términos de soberanía. Para Bodin, la soberanía es el atributo fundamental del Estado, que detenta el poder último e independiente sobre su territorio y su población. Este concepto de soberanía ha influido profundamente en la teoría política y constituye la base de nuestra concepción moderna del Estado-nación.

La Ilustración fue un periodo de efervescencia intelectual e importantes contribuciones a la teoría política. Eminentes filósofos y pensadores como Hobbes, Locke, Hume y Smith sentaron las bases de muchas de las nociones fundamentales de la tradición anglosajona de la ciencia política. Thomas Hobbes (1588 - 1679), en su obra "Leviatán", desarrolló una teoría del absolutismo y del contrato social, proponiendo que los individuos aceptasen ceder parte de su libertad a un soberano a cambio de seguridad. John Locke (1632 - 1704), a menudo considerado el padre del liberalismo, desarrolló en sus "Dos tratados de gobierno" una teoría del gobierno basada en el consentimiento de los gobernados, y sentó las bases de la teoría de los derechos naturales. David Hume (1711 - 1776) contribuyó a la teoría política examinando los fundamentos de la sociedad y el gobierno, en particular en sus "Ensayos sobre el comercio". Adam Smith (1723 - 1790) es conocido sobre todo por su obra "La riqueza de las naciones", en la que formuló la teoría de la economía de mercado y el concepto de la "mano invisible". Por último, Alexander Hamilton (1755 - 1804) es uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos y desempeñó un papel clave en la redacción de la Constitución estadounidense y en la definición del sistema de gobierno estadounidense. Estos pensadores aportaron perspectivas diversas y complementarias sobre temas como el papel del Estado, la naturaleza de los derechos individuales, la organización de la economía y la estructura del gobierno, que siguen influyendo en la ciencia política contemporánea.

Charles-Louis de Secondat, Barón de La Brède y de Montesquieu (1689 - 1755), conocido generalmente como Montesquieu, es uno de los filósofos franceses más influyentes en el campo de la ciencia política. En su obra "De l'Esprit des Lois", publicada en 1748, formuló ideas esenciales sobre la estructuración del poder político en una sociedad. Montesquieu propuso una división del poder político en tres ramas distintas: la rama legislativa (que elabora las leyes), la rama ejecutiva (que ejecuta las leyes) y la rama judicial (que interpreta y aplica las leyes). Esta idea, conocida como la teoría de la separación de poderes, ha tenido un impacto considerable en el diseño de las instituciones políticas modernas, particularmente en los sistemas democráticos. Según Montesquieu, la separación de poderes pretende evitar el abuso de poder y garantizar las libertades individuales, estableciendo un sistema de frenos y contrapesos entre los distintos poderes. La teoría de la separación de poderes influyó en la redacción de la Constitución de Estados Unidos y sigue siendo un principio fundamental del derecho constitucional en muchos países.

Finales del siglo XVIII - XIX: Un periodo de transición[modifier | modifier le wikicode]

A finales del siglo XVIII y en el XIX surgieron varios pensadores importantes que influyeron enormemente en la teoría social y la ciencia política. Desarrollaron complejas teorías sobre la estructura de la sociedad, la naturaleza del poder, las relaciones entre individuos y grupos y otros aspectos del funcionamiento de la sociedad.

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El periodo comprendido entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX vio nacer a una serie de pensadores influyentes en el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Estos pensadores desempeñaron un papel importante en el desarrollo de la filosofía política, económica y social. Su obra influyó en diversos campos, como la sociología, la filosofía y la ciencia política.

  • Adam Smith (1723-1790): Conocido como el padre de la economía moderna, Smith sentó las bases de la economía de mercado y la división del trabajo. En su libro "La riqueza de las naciones", estableció el principio de la "mano invisible" que guía los mercados libres.
  • David Ricardo (1772-1823): Ricardo fue un influyente economista, conocido sobre todo por su teoría del valor-trabajo y su teoría de la ventaja comparativa, que sigue siendo la base de la mayoría de los argumentos a favor del libre comercio. Su obra más conocida es Principios de economía política y fiscalidad.
  • John Stuart Mill (1806-1873): Mill es uno de los grandes pensadores del liberalismo. Defendió la libertad individual frente a la injerencia del Estado en su obra "Sobre la libertad". También contribuyó a la teoría utilitarista, argumentando que las acciones deben juzgarse según su utilidad o capacidad de producir felicidad.
  • Auguste Comte (1798-1857): Considerado el padre de la sociología, Comte introdujo el concepto de positivismo, que propugna el uso del método científico para comprender y explicar el mundo social.
  • Alexis de Tocqueville (1805-1859): Tocqueville es conocido sobre todo por su análisis de la democracia estadounidense en su libro "La democracia en América". También fue un perspicaz observador de las tendencias sociales y políticas de su época, incluido el auge de la igualdad y el despotismo democrático.
  • Herbert Spencer (1820-1903): Spencer ejerció una gran influencia defendiendo una filosofía social y económica de "laissez-faire" y es conocido por aplicar la teoría de la evolución de Darwin a la sociedad humana, concepto que a menudo se resume con la frase "supervivencia del más apto".
  • Émile Durkheim (1858-1917): Durkheim es otro de los padres fundadores de la sociología. Destacó la importancia de las instituciones sociales e introdujo conceptos como el hecho social, la anomia y la solidaridad social. Su obra sentó las bases de la sociología funcionalista.
  • Karl Marx (1818-1883): Marx es uno de los pensadores más influyentes de la historia moderna. Junto con Friedrich Engels, desarrolló el marxismo, una teoría crítica del capitalismo y la sociedad de clases. Sus obras, entre ellas "El Manifiesto Comunista" y "El Capital", sentaron las bases del socialismo y el comunismo, e influyeron en una gran variedad de disciplinas, como la ciencia política, la sociología y la economía.
  • Max Weber (1864-1920): Weber está considerado uno de los fundadores de la sociología moderna. Su obra abarca una amplia gama de temas, como la burocracia, la autoridad, la religión y el capitalismo. Sus conceptos de "ética de la convicción" y "ética de la responsabilidad" siguen utilizándose ampliamente en el análisis político. Su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" se cita a menudo como un estudio fundamental de la influencia de la religión en el desarrollo económico.
  • Vilfredo Pareto (1848-1923): Economista y sociólogo italiano, Pareto es conocido sobre todo por sus trabajos sobre la distribución de la riqueza y su teoría de las élites. Introdujo en la economía el concepto de "óptimo de Pareto", según el cual un estado es óptimo si no puede mejorarse sin empeorar la situación de un individuo.
  • Gaetano Mosca (1858-1941): También teórico de las élites, Mosca hizo hincapié en la idea de que, en cualquier sociedad, una minoría organizada siempre gobernará sobre una mayoría desorganizada. Su obra más famosa, "La clase política", detalla esta teoría.
  • Robert Michels (1876-1936): Sociólogo italiano de origen alemán, Michels es conocido por su "teoría de la oligarquía de hierro". En su obra "Los partidos políticos", sostiene que toda forma de organización, democrática o no, conduce inevitablemente a la oligarquía, debido a las tendencias burocráticas inherentes a toda organización.

Siglo XIX: Periodo clásico de la teoría social[modifier | modifier le wikicode]

El periodo clásico de la teoría social en el siglo XIX vio surgir una serie de nuevas perspectivas sobre la sociedad y la historia humana. Una de las más influyentes fue el materialismo histórico de Karl Marx y Friedrich Engels, que proponía una visión determinista de la historia basada en la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas productivas. Según Marx y Engels, la historia humana es esencialmente una historia de conflicto de clases, en la que las estructuras económicas determinan en gran medida las estructuras políticas e ideológicas de la sociedad. Desde esta perspectiva, la historia se desarrolla de forma lineal y progresiva, y cada modo de producción (esclavitud, feudalismo, capitalismo) es sustituido por el siguiente como resultado de las contradicciones internas y los conflictos de clase. Esta concepción determinista y progresista de la historia desempeñó un papel clave en la filosofía política de Marx y Engels, que veían el fin del capitalismo y el advenimiento del socialismo y el comunismo como etapas inevitables de la historia humana. Estas ideas han tenido una influencia profunda y duradera en la teoría social y política, aunque sus implicaciones y validez siguen siendo objeto de debate en la actualidad.

Frente a estas visiones deterministas y a menudo muy teóricas de la sociedad, en la segunda mitad del siglo XIX comenzó a surgir un conjunto de trabajos empíricos. Estos trabajos trataban de examinar las realidades sociales de forma más concreta y detallada, basándose en la observación directa y el análisis de datos empíricos. Así surgieron nuevas disciplinas como la sociología, iniciada por figuras como Émile Durkheim en Francia, que subrayó la importancia del estudio sistemático de los hechos sociales. Al mismo tiempo, en Alemania, Max Weber desarrolló un enfoque integral de la sociología, tratando de comprender las acciones individuales y los procesos sociales desde el punto de vista de los propios actores. Estos trabajos empíricos pusieron a menudo en tela de juicio los grandes relatos deterministas de la historia y la sociedad, al mostrar la complejidad y variabilidad de los fenómenos sociales. Han puesto de relieve la importancia de los contextos históricos y culturales específicos, así como la posibilidad de múltiples trayectorias de desarrollo social y político. Esto supuso una importante ruptura con los planteamientos anteriores y sentó las bases de muchas ramas contemporáneas de las ciencias sociales, incluida la ciencia política. También allanó el camino a una serie de nuevas metodologías, desde la etnografía al análisis estadístico, que hoy son herramientas habituales en la investigación social y política.

Como reacción a la tendencia determinista, muchos investigadores empezaron a realizar estudios descriptivos detallados de las instituciones políticas. Fue durante este periodo cuando Woodrow Wilson, que se convertiría en el 28º Presidente de Estados Unidos, escribió "El Estado: elementos de política histórica y práctica". En este libro, Wilson ofreció un estudio en profundidad de las instituciones políticas, construyendo una tipología de regímenes políticos basada en su estructura y prácticas institucionales. Esto refleja un enfoque empírico y comparativo de la ciencia política, que busca comprender los sistemas políticos en función de sus características específicas y su contexto histórico. Este enfoque puede considerarse como un renacimiento moderno de las tipologías clásicas desarrolladas por Platón y Aristóteles, pero con un mayor énfasis en la observación directa y el análisis detallado. Esto supuso una importante contribución al desarrollo de la ciencia política como disciplina autónoma, subrayando el valor del estudio sistemático de las instituciones políticas para comprender el funcionamiento de los sistemas políticos.

Woodrow Wilson no sólo fue el 28º Presidente de Estados Unidos, sino también un eminente académico y politólogo. Antes de dedicarse a la política, Wilson impartió clases en la Universidad de Princeton, donde fue reconocido por su importante labor en ciencia política. Una de las contribuciones más notables de Wilson a la disciplina fue su enfoque institucional del estudio de la política. Abogó por prestar especial atención al análisis de las instituciones políticas como elementos clave de cualquier sistema político. Además, hizo hincapié en la importancia de la política práctica, subrayando la necesidad de que los estudiosos comprendieran cómo funcionan realmente las instituciones políticas en la práctica, no sólo en la teoría. Durante su mandato como Presidente durante la Primera Guerra Mundial, Wilson pudo poner en práctica algunas de sus ideas políticas. Su presidencia estuvo marcada por muchas reformas progresistas, y es conocido sobre todo por su papel en la creación de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial, una institución diseñada para promover la paz y la cooperación internacional.

Tanto Max Weber como Émile Durkheim hicieron importantes contribuciones a la teoría sociológica, abordando temas de modernización, desarrollo económico y social y democratización. Max Weber es más conocido por su concepto de la ética protestante y el espíritu del capitalismo, que sostiene que la racionalización, o el proceso de adoptar formas racionales y eficientes de pensar y comportarse, ha sido un factor clave en el desarrollo del capitalismo moderno. También exploró la burocracia y el concepto de autoridad racional-legal, que constituyen el núcleo de la gobernanza moderna. Émile Durkheim es considerado uno de los fundadores de la sociología moderna. Es famoso por su teoría del hecho social, que sostiene que los fenómenos sociales existen independientemente de los individuos e influyen en su comportamiento. Durkheim también exploró los temas de la modernización y el cambio social, sobre todo a través de su estudio del suicidio y la religión. En resumen, tanto Weber como Durkheim contribuyeron a nuestra comprensión de los procesos de modernización y cambio social, incluido el desarrollo económico y político.

El proceso de modernización, por ejemplo, sigue siendo un tema clave de investigación y debate, sobre todo en relación con cuestiones de desarrollo y democratización. Los investigadores siguen estudiando cómo cambian las sociedades a medida que se hacen más "modernas", cómo afectan estos cambios a la gobernanza y la política, y cuál es la mejor manera de facilitar un desarrollo económico y político positivo. Del mismo modo, el desarrollo social y económico sigue siendo una de las principales preocupaciones de los politólogos. Los investigadores estudian cómo afecta el crecimiento económico a las desigualdades sociales, cómo las políticas gubernamentales pueden apoyar el desarrollo y cómo los cambios sociales, como los relacionados con la migración o el cambio climático, afectan a la política. Por último, la democratización es también un importante campo de estudio de la ciencia política. Los investigadores examinan cómo y por qué surgen, se estabilizan o fracasan las democracias, y qué estrategias pueden apoyar la transición a la democracia y su mantenimiento. Estas cuestiones son especialmente pertinentes en el contexto actual, en el que muchos países de todo el mundo se enfrentan a retos relacionados con la gobernanza democrática.

El enfoque científico de la ciencia política ha evolucionado considerablemente con el paso del tiempo. Se caracteriza por un mayor rigor en el análisis de los fenómenos políticos, una lógica más coherente en los argumentos presentados y un predominio del enfoque inductivo sobre las suposiciones previas sobre la naturaleza humana, como ocurría durante la Edad Media. Este enfoque inductivo se basa en la observación empírica y el análisis de datos para formular hipótesis y teorías. En lugar de partir de teorías preestablecidas sobre la naturaleza humana o la estructura de la sociedad, los investigadores observan el comportamiento y los acontecimientos políticos, recopilan datos y utilizan esta información para elaborar teorías que expliquen los fenómenos observados. Esto no significa que la ciencia política carezca de debates teóricos o filosóficos. Al contrario, estos debates son cruciales para orientar la investigación empírica e interpretar los resultados. Sin embargo, el énfasis en un enfoque empírico e inductivo ha contribuido a reforzar el carácter científico de la disciplina. Además, el uso de métodos cuantitativos, como la estadística y los modelos econométricos, y la creciente accesibilidad de los datos, también han contribuido al avance de la ciencia política como disciplina científica. Estas herramientas permiten a los investigadores poner a prueba sus hipótesis con rigor y aportar pruebas empíricas que respalden sus argumentos.

El uso del método comparativo en la ciencia política comenzó a extenderse durante el siglo XX. Este método permite a los investigadores analizar y comparar sistemas, regímenes, políticas y procesos políticos en diferentes contextos nacionales e internacionales. Sin embargo, durante gran parte de este siglo, el uso de este método aún estaba en pañales y no siempre era sistemático. El enfoque comparativo pretende identificar similitudes y diferencias entre los casos estudiados en un intento de explicar por qué se producen determinados fenómenos políticos. Por ejemplo, puede ayudar a comprender por qué algunos países consiguen establecer una democracia estable y otros no. Con el tiempo, el método comparativo se ha desarrollado y sofisticado. Se ha hecho más sistemático, sobre todo con el desarrollo de técnicas estadísticas que permiten comparar un gran número de casos al mismo tiempo. A pesar de esta evolución, es importante señalar que el método comparativo presenta desafíos. Requiere un conocimiento profundo de los contextos específicos de cada caso estudiado, y puede resultar difícil controlar todas las variables que podrían influir en los resultados. Además, los investigadores deben tener cuidado de no extraer conclusiones demasiado generales a partir de un número limitado de casos.

Gran parte de la ciencia política tradicional se ha centrado en el estudio de las instituciones formales de gobierno, como los parlamentos, los tribunales, las constituciones y las administraciones públicas. Estos estudios han adoptado a menudo un enfoque descriptivo, jurídico y formal, centrándose en la estructura, la función y la organización de estas instituciones. Sin embargo, es importante señalar que el campo de la ciencia política ha evolucionado y se ha ampliado considerablemente en las últimas décadas. Hoy en día, los investigadores en ciencia política no se limitan al estudio de las instituciones formales de gobierno. También se interesan por otros muchos fenómenos políticos, como el comportamiento electoral, los movimientos sociales, la política de la identidad, la gobernanza global, la política comparada, los conflictos internacionales y muchos más. Además, las metodologías utilizadas en la ciencia política también han evolucionado. En lugar de centrarse únicamente en un enfoque descriptivo, muchos politólogos utilizan ahora métodos de investigación más diversos, incluidos los enfoques cuantitativos, cualitativos, de métodos mixtos y de modelización formal. En resumen, aunque el estudio de las instituciones formales de gobierno sigue siendo una parte importante de la ciencia política, el campo se ha ampliado y diversificado considerablemente, reflejando una gama mucho más amplia de temas de interés y metodologías de investigación.

Finales del siglo XIX y principios del XX: una época de cambios[modifier | modifier le wikicode]

Fue a principios del siglo XX cuando la ciencia política se convirtió en una disciplina verdaderamente profesional y autónoma. Varios factores contribuyeron a esta evolución. En primer lugar, la fundación de organizaciones profesionales, como la American Political Science Association (APSA) en 1903, desempeñó un papel crucial. Estas organizaciones contribuyeron a normalizar la práctica de la ciencia política, establecer normas éticas para la investigación y promover la difusión de los trabajos de investigación a través de conferencias y publicaciones. En segundo lugar, el desarrollo de programas de doctorado en ciencia política en las universidades ha contribuido a formar una nueva generación de investigadores profesionales. Estos programas han proporcionado un marco para la formación sistemática en teoría política, métodos de investigación y los distintos subcampos de la disciplina. En tercer lugar, la evolución de la ciencia política se ha visto estimulada por la introducción de nuevos métodos de investigación, en particular los enfoques cuantitativos basados en la estadística. Estos métodos han permitido a los investigadores examinar las cuestiones políticas con un grado de rigor y precisión sin precedentes. Por último, la ciencia política también se ha beneficiado del apoyo de diversas fundaciones y organismos de financiación, que han contribuido a financiar la investigación y a promover el desarrollo de la disciplina. Gracias a estos avances, la ciencia política se ha convertido en una disciplina académica diferenciada, con su propio cuerpo de conocimientos, métodos de investigación y normas profesionales.

La ciencia política como disciplina académica diferenciada arraigó principalmente en Estados Unidos a principios del siglo XX. La creación en 1880 de la primera escuela de doctorado en la Universidad de Columbia, en Nueva York, marcó el inicio de la institucionalización de la ciencia política como campo de estudio autónomo en Estados Unidos. Este paso fue crucial para establecer la ciencia política como un campo de estudio académico diferenciado. En 1903 se fundó la Asociación Americana de Ciencia Política (APSA). La APSA se convirtió en una organización clave para los politólogos, proporcionando una plataforma para el intercambio y la difusión de la investigación, así como un espacio para el desarrollo profesional y la colaboración entre académicos. Estos pasos no sólo diferenciaron a la ciencia política de otras disciplinas, sino que sentaron las bases para el desarrollo ulterior de la disciplina, tanto en términos de investigación teórica como de aplicación práctica. Hoy en día, la ciencia política es un campo dinámico y diverso que aborda una amplia gama de cuestiones relacionadas con el poder, la gobernanza y las relaciones internacionales.

Según el historiador británico Edward Augustus Freeman, "La historia es la política pasada, y la política es la historia presente"[5] Esta cita pone de relieve la estrecha relación entre la ciencia política y la historia. De hecho, la ciencia política puede considerarse una rama de la historia que se centra en el análisis de los sistemas, las instituciones y los procesos políticos, mientras que la historia puede proporcionar un contexto valioso para comprender los orígenes y la evolución de estos sistemas y procesos. Sin embargo, una diferencia clave entre ambas disciplinas radica en su enfoque temporal. Mientras que la historia se centra en el estudio del pasado, la ciencia política se centra principalmente en el presente y el futuro. Examina las tendencias y pautas contemporáneas de la política e intenta hacer predicciones o proporcionar recomendaciones políticas para el futuro. Por eso se suele decir que "la política es historia presente". Sin embargo, aunque ambas disciplinas tienen orientaciones temporales diferentes, están íntimamente ligadas y se refuerzan mutuamente. Un conocimiento profundo de la historia puede enriquecer nuestra comprensión de la política contemporánea, mientras que el estudio de la política contemporánea puede ayudarnos a interpretar y comprender la historia.

El enfoque de la ciencia política difiere del de la historia en cuanto a la generalización. Mientras que la historia se centra en la singularidad de cada acontecimiento y sus circunstancias específicas, la ciencia política pretende establecer teorías y modelos que puedan aplicarse a diversos contextos y momentos. Esto no significa que la ciencia política descuide los detalles específicos o el contexto de un acontecimiento o fenómeno. Al contrario, utiliza estos detalles para identificar tendencias, patrones o factores que puedan explicar diversos fenómenos políticos. Uno de los principales objetivos de la ciencia política es crear teorías que puedan generalizarse, probarse y validarse en diferentes condiciones. Esto permite comprender los mecanismos que subyacen a los fenómenos políticos y predecir cómo pueden evolucionar en el futuro. Por ejemplo, las teorías de la ciencia política pueden ayudarnos a entender por qué algunos países son más democráticos que otros, cómo influyen las instituciones políticas en el comportamiento de ciudadanos y dirigentes o qué factores pueden conducir a la guerra o a la paz entre naciones. De este modo, la ciencia política complementa a la historia proporcionando marcos conceptuales para comprender los procesos políticos a gran escala, al tiempo que se beneficia de los conocimientos históricos para iluminar estos marcos.

Los enfoques formales, jurídicos y descriptivos de la ciencia política tienen ciertas limitaciones:

  • Descripción por encima de explicación: Los enfoques descriptivos ofrecen a menudo una visión detallada de los acontecimientos, instituciones o procesos políticos, pero pueden carecer de explicaciones en profundidad de por qué y cómo se producen estos fenómenos.
  • Dependencia de la ley y las instituciones formales": El análisis legal e institucional es crucial para entender cómo funcionan los sistemas políticos. Sin embargo, pueden descuidar las influencias no institucionales o no legales sobre el comportamiento político, como las normas sociales, las presiones económicas, las dinámicas de poder informales, etc.
  • Débil uso del análisis comparativo: El análisis comparativo es una poderosa herramienta para la investigación en ciencia política porque puede identificar tendencias, patrones y factores que son constantes en diferentes contextos políticos. Sin embargo, en las primeras etapas de la disciplina, este enfoque se utilizaba menos, lo que limitaba la capacidad de generalizar los resultados de la investigación.
  • Falta de enfoques empíricos: Aunque la ciencia política ha recurrido cada vez más a métodos empíricos, éstos no estaban tan extendidos en las primeras etapas de la disciplina. Esto significa que algunas teorías o hipótesis no se han comprobado rigurosamente con datos empíricos, lo que puede limitar su validez y fiabilidad.

Sin embargo, la ciencia política ha evolucionado considerablemente desde sus inicios y ha incorporado nuevas metodologías, como enfoques empíricos más sofisticados, el análisis comparativo sistemático y la atención a los factores no institucionales del comportamiento político.roca empírica. El análisis comparativo permanecía en estado embrionario, aún poco desarrollado.

Según el lema de la época: la ciencia política se centra en el periodo contemporáneo y la historia en el pasado. Este lema ilustra la distinción clásica entre ciencia política e historia. La historia, en general, se ocupa de una comprensión exhaustiva y detallada de los acontecimientos, las personas, las ideas y los contextos del pasado. Trata de describir y explicar el pasado en toda su complejidad y especificidad. Los historiadores suelen centrarse en acontecimientos concretos y contextos específicos, esforzándose por comprender el pasado por sí mismo, en lugar de tratar de extraer generalizaciones o teorías. La ciencia política, por su parte, se ocupa principalmente del estudio del poder y los sistemas políticos en el presente y el futuro. Se centra en conceptos como el Estado, el gobierno, la política, el poder, la ideología, etc. En lugar de centrarse únicamente en el estudio detallado de casos concretos, la ciencia política trata de desarrollar teorías y modelos que puedan aplicarse de forma general a diversos contextos y periodos. Dicho esto, es importante señalar que la ciencia política y la historia no se excluyen mutuamente. Los politólogos pueden extraer valiosas lecciones de la historia para comprender las tendencias y pautas de los fenómenos políticos, mientras que los historiadores pueden utilizar herramientas y conceptos de la ciencia política para analizar el pasado. Ambas disciplinas se complementan y enriquecen mutuamente.

La Escuela de Chicago: hacia un enfoque conductista[modifier | modifier le wikicode]

La Escuela de Chicago es famosa por haber hecho avanzar la sociología al adoptar una metodología empírica y cuantitativa para estudiar el comportamiento humano en el entorno urbano. Fue esta tradición la que inspiró la revolución conductista de la ciencia política en las décadas de 1950 y 1960. La revolución conductista marcó un importante punto de inflexión en la ciencia política. En lugar de centrarse principalmente en las instituciones y las estructuras formales de gobierno, los investigadores empezaron a interesarse más por el estudio del comportamiento individual y los procesos políticos informales. Empezaron a recopilar datos empíricos mediante encuestas, entrevistas y otros métodos de investigación para comprender cómo participan las personas en política, cómo toman decisiones políticas, cómo interactúan con el sistema político, etcétera. Este nuevo enfoque ha enriquecido enormemente nuestra comprensión de la política. También introdujo nuevos métodos y técnicas de investigación en la disciplina, como el análisis estadístico, el uso de modelos formales y teorías de elección racional, y la adopción de marcos comparativos más sistemáticos.

La Escuela de Chicago fue una fuerza importante en la promoción de un nuevo enfoque de la ciencia política. Charles Merriam, que desempeñó un papel clave en la creación de la Escuela de Chicago, sostenía que la ciencia política necesitaba alejarse de su tradicional orientación histórica y jurídica para centrarse más en el análisis empírico del comportamiento político. En su manifiesto de 1929, Merriam abogaba por un enfoque "científico" de la ciencia política centrado en la recopilación y el análisis de datos empíricos. También sostenía que los politólogos debían adoptar un enfoque interdisciplinar, incorporando ideas y métodos de otras disciplinas, como la psicología, la sociología y la economía.

La Escuela de Chicago se hizo famosa por su aplicación de métodos empíricos y cuantitativos al estudio del comportamiento político. Por ejemplo, sus investigadores utilizaron encuestas y sondeos para estudiar las actitudes políticas y el comportamiento electoral, y adoptaron un enfoque comparativo para analizar los sistemas políticos de distintos países. La influencia de la Escuela de Chicago ha sido profunda y duradera. Sentó las bases de la "revolución conductista" que transformó la ciencia política en las décadas de 1950 y 1960. Y aunque el propio enfoque conductista ha sido criticado y modificado desde entonces, muchos de los principios de la Escuela de Chicago siguen influyendo en la forma en que se practica la ciencia política hoy en día.

Harold Lasswell, Leonard White y Quincy Wright fueron figuras clave de la Escuela de Chicago, contribuyendo cada uno de ellos de forma significativa al desarrollo conductista de la ciencia política. Harold Lasswell, conocido por sus trabajos sobre modelos de comunicación, analizó el papel de los medios de comunicación y la propaganda en la sociedad, desarrollando en particular el modelo "Quién dice qué, a quién, a través de qué canal, con qué efecto". Esta contribución ha tenido un impacto significativo en los estudios de comunicación y política. Leonard White, pionero en el estudio de la administración pública, contribuyó a transformar este campo en una disciplina académica por derecho propio, y su obra histórica sobre la administración pública en Estados Unidos sigue siendo una referencia esencial. Por último, Quincy Wright, especialista en relaciones internacionales, produjo obras como "A Study of War", en la que intentaba comprender científicamente las causas de la guerra y las condiciones para la paz. Esta obra influyó en la forma de estudiar las relaciones internacionales, subrayando la importancia del análisis empírico y comparativo. Juntos, estos eruditos dieron forma a la ciencia política, centrándose especialmente en el estudio empírico y conductual de los procesos políticos.

La Escuela de Chicago se interesó especialmente por el estudio del comportamiento político. Desde esta perspectiva, destacaron dos áreas de estudio en particular: el comportamiento electoral y la movilización social en política. El estudio del comportamiento electoral trata de comprender los factores que influyen en la forma en que los individuos votan en las elecciones. Esta investigación examina una amplia gama de factores, incluidas las actitudes políticas, las afiliaciones a partidos, las preferencias políticas, la influencia de los medios de comunicación, así como factores sociodemográficos como la edad, el sexo, la raza, la clase social y la educación. El estudio de la movilización social en política se centra en los procesos por los que individuos y grupos se comprometen en la acción política. Esta investigación explora las motivaciones de los individuos para participar en política, las tácticas y estrategias utilizadas por los grupos para movilizar a sus miembros y apoyar sus causas, y las estructuras sociales e institucionales que facilitan u obstaculizan la movilización política. Estas dos áreas de estudio han permitido comprender mejor el comportamiento político de individuos y grupos, y han contribuido a configurar la ciencia política tal y como la conocemos hoy.

En 1939, Harold Lasswell publicó conjuntamente un estudio titulado "World Revolutionary Propaganda: A Chicago Study", que examinaba el impacto de la Gran Depresión de 1929 en la capacidad de movilización política de los desempleados de la ciudad de Chicago.[6] La Gran Depresión, que comenzó con el crack bursátil de 1929, tuvo un impacto económico devastador en Estados Unidos y en otros países, provocando un desempleo masivo y dificultades financieras para muchas personas. El estudio de Lasswell pretendía comprender cómo afectaban estas difíciles circunstancias económicas a la capacidad de los desempleados para participar en la actividad política. El estudio utilizó un enfoque innovador para su época, combinando métodos cuantitativos y cualitativos para comprender el comportamiento político. También contribuyó a establecer la Escuela de Chicago como un centro importante para el estudio del comportamiento político, y ayudó a sentar las bases de la revolución conductista en la ciencia política que siguió.

La Escuela de Chicago marcó un importante punto de inflexión en la historia de la ciencia política al introducir un enfoque más empírico y riguroso en el estudio del comportamiento político. En lugar de centrarse únicamente en las instituciones políticas o en los grandes acontecimientos históricos, este enfoque hizo hincapié en la importancia de las actitudes y los comportamientos individuales en el proceso político. Al utilizar métodos de investigación más sofisticados y rigurosos, como encuestas y análisis estadísticos, la Escuela de Chicago fue capaz de producir conocimientos más precisos y matizados sobre el comportamiento político. Esto ha mejorado la comprensión de una serie de fenómenos políticos, desde la movilización política de los desempleados durante la Gran Depresión hasta la dinámica del voto en las elecciones modernas. De este modo, la Escuela de Chicago desempeñó un papel clave en la profesionalización y potenciación de la ciencia política como disciplina académica, demostrando que es posible un auténtico avance en el conocimiento político a través de un estudio empírico riguroso.

El periodo postconductual (1950-1960): nuevos retos y orientaciones[modifier | modifier le wikicode]

La revolución conductista de los años cincuenta y sesenta supuso un cambio significativo en la forma de estudiar y entender la ciencia política. Esta revolución se caracterizó por una mayor atención al comportamiento de los individuos y los grupos en el contexto político, en lugar de a las estructuras e instituciones formales. Los politólogos empezaron a utilizar métodos empíricos para estudiar cómo los individuos perciben, interpretan y responden a los estímulos políticos. Esto incluía encuestas de opinión, análisis del contenido de los medios de comunicación y estudios del comportamiento electoral, entre otros. Una de las consecuencias de esta revolución fue el desarrollo de la teoría de la elección racional, que asume que los individuos actúan para maximizar su propio beneficio. Esta teoría se ha convertido en una herramienta fundamental para analizar el comportamiento político. En este periodo también surgieron nuevos enfoques de la política comparada y las relaciones internacionales, que también se beneficiaron del uso de métodos empíricos y cuantitativos para estudiar el comportamiento político.

La revolución conductista marcó una importante transformación en el estudio de la ciencia política. Se caracterizó por dos ideas principales:

  • Ampliación del alcance de la ciencia política: Los defensores de esta revolución cuestionaron la visión tradicional que limitaba la ciencia política al estudio de las instituciones formales de gobierno. Intentaron ir más allá de esta limitación integrando el estudio de los procedimientos informales y el comportamiento político de individuos y grupos, como los partidos políticos. Estos procedimientos informales pueden incluir procesos de formulación de nuevas políticas públicas, que a menudo implican consultas con grupos de interés organizados, como sindicatos y otras asociaciones de la sociedad civil. Estos procesos, aunque no estén institucionalizados, desempeñan un papel clave en la política y pueden calificarse de instituciones informales.
  • El deseo de hacer más científica la ciencia política: Los partidarios de la revolución conductista cuestionaron el enfoque empírico, que no se basa en la teoría. Abogaban por un razonamiento teórico riguroso y sistemático que pudiera ponerse a prueba mediante estudios empíricos. Este enfoque condujo al establecimiento y comprobación de hipótesis teóricas, utilizando métodos cuantitativos y cualitativos.

La revolución conductista tuvo un gran impacto en la ciencia política, ampliando su campo de estudio e insistiendo en un enfoque más riguroso y científico.

El periodo de posguerra fue testigo de una importante expansión y diversificación de la investigación en ciencia política. Las relaciones internacionales, por ejemplo, se convirtieron en una importante subdisciplina, centrada en los fenómenos de la guerra, la paz y la cooperación a escala mundial. Al mismo tiempo, la política comparada ha surgido como un campo de estudio esencial, que ofrece una perspectiva comparada de los sistemas e instituciones políticas de todo el mundo. También ha aumentado la atención prestada a las instituciones políticas específicas de Estados Unidos, lo que permite un análisis más profundo de ese sistema concreto. Han surgido nuevas subdisciplinas, ampliando aún más el espectro de la ciencia política. Los estudios de seguridad, por ejemplo, empezaron a centrarse en los retos y estrategias de seguridad nacional e internacional. Además, las relaciones económicas internacionales se han identificado como un área de estudio crucial, que tiende puentes entre la política y la economía a escala mundial. Por último, el estudio del comportamiento político adquirió una importancia creciente, centrándose en la comprensión de las acciones y comportamientos de individuos y grupos en el contexto político. En resumen, este periodo de posguerra marcó un punto de inflexión en la ciencia política, profundizando en su carácter multidisciplinar y ampliando su alcance para comprender las complejidades de la política.

La Universidad de Michigan desempeñó un papel fundamental en la promoción del enfoque conductista de la ciencia política en el periodo de posguerra. Su departamento de ciencia política hizo hincapié en los estudios empíricos y fomentó una cultura científica en el estudio de la política. En particular, el Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Michigan fue pionero en la investigación sobre el comportamiento político. El centro es famoso por lanzar el American National Election Studies (ANES), un estudio longitudinal que ha recogido datos sobre el comportamiento electoral, las opiniones políticas y las actitudes de los ciudadanos estadounidenses desde 1948. Este estudio ha proporcionado datos inestimables para comprender cómo y por qué los individuos participan en la vida política. El énfasis de la Universidad de Michigan en el estudio empírico del comportamiento político ha contribuido a que el campo de la ciencia política vaya más allá del análisis puramente institucional y jurídico para incluir una comprensión más profunda de cómo se comportan los actores individuales y los grupos en el contexto político.

Dos publicaciones importantes de este periodo, que simbolizan plenamente esta revolución del comportamiento, son "Political Man: The Social Bases of Politics" de Seymour Martin Lipset, publicado en 1960[7], y "The Civic Culture: Political Attitudes and Democracy in Five Nations", de Gabriel Almond y Sidney Verba, publicado en 1963.[8] Estos dos libros fueron muy influyentes y marcaron el período de la revolución conductista en la ciencia política. El libro de Seymour Martin Lipset "Political Man: The Social Bases of Politics" se publicó en 1960 y se ha convertido en un clásico en el campo de la sociología política. Lipset utiliza un enfoque empírico para examinar las condiciones sociales y económicas que contribuyen a la estabilidad democrática. En concreto, se fija en factores como el nivel de desarrollo económico, el sistema educativo, la religión, el estatus social y otros factores sociales para comprender las pautas de comportamiento político. "The Civic Culture: Political Attitudes and Democracy in Five Nations" fue publicado en 1963 por Gabriel Almond y Sidney Verba. El libro presenta un análisis comparativo de las culturas políticas de cinco países (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia y México) y propone el concepto de "cultura cívica" para explicar la estabilidad democrática. Almond y Verba sostienen que la cultura política de un país, reflejada en las actitudes y creencias de los ciudadanos hacia el sistema político, desempeña un papel crucial en el funcionamiento y la estabilidad de la democracia. Ambos libros reflejan el énfasis de la revolución conductista en el estudio de las actitudes, creencias y comportamientos de las personas para comprender la política.

La revolución conductista marcó un importante punto de inflexión en la disciplina de la ciencia política al subrayar la importancia de las teorías en el análisis y la comprensión de los fenómenos políticos. Esta reorientación hacia un enfoque más teórico ha permitido introducir nuevos conceptos y herramientas analíticas, enriqueciendo así el campo de la disciplina. Uno de los principales impactos de esta revolución ha sido el fortalecimiento de los argumentos teóricos en el análisis político. En lugar de basarse únicamente en observaciones y suposiciones descriptivas, los investigadores empezaron a formular hipótesis y teorías más sólidas para explicar el comportamiento político. Esto ha dado lugar a debates más matizados y a una comprensión más profunda de los procesos políticos. Además, la revolución conductista también introdujo una mayor sofisticación en la teoría política. Con la adopción de un enfoque más científico, los investigadores han podido desarrollar modelos teóricos más complejos y precisos para explicar una amplia variedad de comportamientos y fenómenos políticos. Por último, y quizá lo más importante, la revolución conductista promovió una consideración más rigurosa del método científico en el estudio de la política. Esto significa que los investigadores han empezado a adoptar métodos de investigación más rigurosos y sistemáticos, incluido el uso de estadísticas y otras herramientas cuantitativas. Esto ha conducido a una mayor fiabilidad y validez de los resultados de la investigación, aumentando así la credibilidad de la disciplina de la ciencia política en su conjunto.

La tercera revolución científica (1989 - actualidad): La nueva cara de la ciencia política[modifier | modifier le wikicode]

La tercera revolución científica de la ciencia política, que comenzó en los años setenta, ha tenido un gran impacto en la forma en que se lleva a cabo la investigación política hoy en día. Esta revolución introdujo métodos de investigación más rigurosos y sistemáticos, incluido el uso de estadísticas y modelos matemáticos para contrastar hipótesis y medir el impacto de los distintos factores en los fenómenos políticos. También animó a los investigadores a adoptar un enfoque más empírico, basado en la observación y la experiencia más que en la pura teoría. La tercera revolución científica también supuso una ampliación de los campos de estudio de la ciencia política. Los investigadores empezaron a explorar nuevas áreas como el comportamiento electoral, la política comparada, la política de la identidad o la política medioambiental, entre otras. Estas nuevas áreas de estudio han ampliado enormemente nuestra comprensión del funcionamiento de la política y del papel de los factores políticos en la sociedad. Esta revolución también ha introducido una mayor diversidad en la investigación politológica. Los investigadores empezaron a estudiar una gama más amplia de contextos políticos y a tener en cuenta perspectivas más diversas. Además, esta revolución también ha fomentado una mayor colaboración interdisciplinar, en la que los investigadores en ciencias políticas trabajan con expertos de otras disciplinas para resolver problemas políticos complejos.

La Teoría de la Elección Racional (RCT) es un enfoque importante e influyente en la ciencia política que se inspira principalmente en la teoría económica. Esta teoría parte del supuesto de que los individuos son actores racionales que toman decisiones en función de sus intereses personales, buscando maximizar su utilidad, es decir, el beneficio o placer que obtienen de una determinada acción. Según la CRM, los individuos sopesan los costes y beneficios de las distintas opciones antes de tomar una decisión. Esta evaluación de costes y beneficios puede tener en cuenta muchos factores diferentes, como las consecuencias materiales, el tiempo, el esfuerzo, los riesgos y las recompensas emocionales y sociales. La CRM se utiliza a menudo como "metateoría" en la investigación politológica. Esto significa que proporciona un marco general para comprender cómo y por qué los individuos toman determinadas decisiones políticas. Por ejemplo, puede utilizarse para analizar cuestiones como el comportamiento electoral (¿por qué la gente vota como vota?), la formación de coaliciones (¿por qué algunos partidos políticos se alían con otros?) o la toma de decisiones en política exterior (¿por qué los países deciden declarar la guerra o firmar tratados de paz?).

La tercera revolución científica de la ciencia política hizo hincapié en el uso de un razonamiento lógico riguroso y de métodos formales. En este contexto, la teoría de la elección racional (ECA) es un ejemplo importante de este enfoque. La ECA, y otros enfoques similares, suelen comenzar estableciendo una serie de supuestos o hipótesis básicos. Se supone que estos supuestos representan ciertos aspectos fundamentales del comportamiento humano o del sistema político. Por ejemplo, la MCR suele postular que los individuos son actores racionales que tratan de maximizar su utilidad. A partir de estos supuestos básicos, los investigadores deducen lógicamente una serie de proposiciones o hipótesis. Por ejemplo, si suponemos que los individuos son racionales y buscan maximizar su utilidad, podríamos deducir que es más probable que voten si creen que su voto influirá en el resultado de las elecciones. Estas proposiciones o hipótesis se comprueban empíricamente, a menudo con datos cuantitativos. Por ejemplo, un investigador puede recopilar datos sobre el comportamiento electoral y utilizar técnicas estadísticas para probar la hipótesis de que es más probable que los individuos voten si creen que su voto tiene un impacto. Este enfoque tiene la ventaja de proporcionar predicciones claras y comprobables, y ha contribuido a mejorar el rigor y la precisión de la investigación en ciencias políticas. Sin embargo, como ya se ha mencionado, también ha sido criticado por sus suposiciones simplistas sobre el comportamiento humano.

La teoría de juegos, una rama de las matemáticas que estudia situaciones de toma de decisiones en las que interactúan varios jugadores, se incorporó a la ciencia política como parte de la tercera revolución científica. Proporciona un marco formal para analizar situaciones en las que el resultado para un individuo depende no sólo de sus propias decisiones, sino también de las de los demás. Suele utilizarse en contextos políticos para modelizar situaciones de conflicto y cooperación, como negociaciones, elecciones, formación de coaliciones y toma de decisiones en política exterior. La teoría de juegos se presta bien a la teoría de la elección racional, ya que parte del supuesto de que los actores son racionales y tratan de maximizar su utilidad. Sin embargo, va más allá de la simple maximización de la utilidad individual para considerar cómo las elecciones de otros jugadores pueden influir en los resultados. El análisis estadístico se ha convertido en un método de investigación habitual en la ciencia política desde la tercera revolución científica. Los investigadores utilizan métodos estadísticos para analizar grandes conjuntos de datos y probar hipótesis sobre las relaciones entre distintas variables. El análisis estadístico puede ayudar a identificar tendencias, establecer correlaciones, predecir resultados futuros y comprobar la eficacia de distintas políticas. Al utilizar estas herramientas -la teoría de juegos y el análisis estadístico-, la ciencia política ha ganado en rigor, precisión y capacidad para probar y validar sus teorías. Sin embargo, como siempre, estos métodos tienen sus límites y desafíos, y los investigadores siguen debatiendo sobre la mejor manera de utilizarlos en la práctica.

La tercera revolución científica de la ciencia política ha tenido un gran impacto en todas las facetas de la disciplina, incluidos los métodos de investigación cualitativa. En respuesta al rigor y la precisión que aportan los métodos cuantitativos, los investigadores que utilizan métodos cualitativos han tratado de reforzar sus propios enfoques. Por ejemplo, han trabajado para desarrollar marcos más sistemáticos de recogida y análisis de datos cualitativos, y para mejorar la transparencia y reproducibilidad de sus investigaciones. También han intentado incorporar elementos de rigor estadístico a su trabajo, por ejemplo utilizando métodos de codificación para analizar sistemáticamente textos o entrevistas. Además, los investigadores cualitativos también han destacado las ventajas únicas de sus métodos. Por ejemplo, señalan que la investigación cualitativa puede proporcionar una comprensión más profunda y matizada de los fenómenos políticos, al centrarse en el contexto, la interpretación y el significado. También defienden el papel de la investigación cualitativa en la generación de nuevas teorías y en el estudio de fenómenos difíciles de medir o cuantificar. De este modo, la presión de los métodos cuantitativos y de la teoría de la elección racional ha conducido efectivamente a un fortalecimiento de la investigación cualitativa en ciencia política. Esto ha contribuido a un equilibrio más saludable entre los métodos cualitativos y cuantitativos en la disciplina, y ha fomentado un enfoque más integrador que valora la contribución de cada método a la comprensión de la política.

La influencia de la tercera revolución científica ha tenido una amplia repercusión en todos los ámbitos de la ciencia política, incluida la investigación cualitativa. En respuesta a estos cambios se han escrito varios libros importantes que ilustran cómo los investigadores han tratado de reforzar el rigor y la sistematicidad de la investigación cualitativa. Por ejemplo, "Designing Social Inquiry: Scientific Inference in Qualitative Research", de King, Keohane y Verba, de 1994, es un libro clave que propone un enfoque de la investigación cualitativa basado en principios de rigor científico similares a los de la investigación cuantitativa.[9] Brady y Collier recogieron el testigo en 2004 con "Rethinking Social Inquiry: Diverse Tools, Shared Standards", en el que defienden la complementariedad entre métodos cuantitativos y cualitativos para profundizar en la comprensión de los fenómenos sociales. También presentaron diversas herramientas y técnicas para mejorar la calidad de la investigación cualitativa.[10] Siguiendo en la misma línea, George y Bennett publicaron en 2005 "Case Studies and Theory Development", un libro que ofrece estrategias para utilizar estudios de casos con el fin de desarrollar y probar teorías en ciencias políticas.[11] Finalmente, en 2007 Gerring se sumó a este corpus de trabajo con "Case Study Research: Principles and Practices", que ofrece una guía exhaustiva de la investigación basada en el estudio de casos.[12] Estos trabajos muestran cómo la investigación cualitativa en ciencia política ha respondido y evolucionado ante la tercera revolución científica. Destacan la importancia de un enfoque riguroso y sistemático de la investigación cualitativa, al tiempo que reconocen los puntos fuertes únicos de este método.

Para concluir esta revisión general, podemos simplificar algunos de estos importantes paradigmas en una sola idea. De hecho, cada enfoque puede resumirse con un dicho que capta bien las aportaciones del conductismo y de la teoría de la elección racional:

  • El conductismo, o conductismo, se ocupa de las acciones y el comportamiento de los individuos y no simplemente de la estructura institucional. Siguiendo el principio de "no te fijes sólo en las normas formales, fíjate en lo que la gente hace realmente", el conductismo hace hincapié en la observación y el estudio de las acciones reales de individuos y grupos, teniendo en cuenta tanto las normas formales como las informales que guían estas acciones. Ha desempeñado un papel fundamental en la evolución del análisis político hacia una comprensión más profunda del comportamiento individual y de grupo.
  • La teoría de la elección racional, por su parte, se basa en el principio de que "los individuos están motivados por el poder y el interés". Sostiene que los individuos toman decisiones basadas en sus intereses personales y tratan de maximizar su utilidad. Siguiendo esta línea de pensamiento, la teoría de la elección racional ha permitido formalizar el análisis de las acciones políticas y predecir comportamientos basándose en el postulado de la racionalidad.

Estos dos paradigmas han contribuido significativamente a la ciencia política y siguen conformando nuestra comprensión del comportamiento político. Sin embargo, también es importante señalar que cada paradigma tiene sus limitaciones y que una comprensión completa de los fenómenos políticos requiere a menudo una combinación de diferentes enfoques y métodos. Además del conductismo y la teoría de la elección racional, otras dos grandes escuelas de pensamiento en ciencia política son el sistemismo y el estructuralismo-funcionalismo. El sistemismo se basa en el principio de que "todo está conectado, la retroalimentación es esencial". Esta filosofía hace hincapié en la interdependencia de todos los elementos de un sistema político. Subraya la importancia de las retroalimentaciones que, al crear resultados, se retroalimentan con las nuevas exigencias que se plantean al sistema político, influyendo así en su dinámica y evolución. Por otro lado, el estructuralismo-funcionalismo se guía por la idea de que "la forma se adapta a la función". Esta perspectiva postula que las funciones de las instituciones políticas determinan sus formas. Es un marco útil para comprender cómo se desarrollan y cambian las instituciones políticas en respuesta a las necesidades y demandas de la sociedad.

Por último, el institucionalismo es otra importante escuela de pensamiento en ciencia política, que opera sobre el principio de que "las instituciones importan". De hecho, toda una rama de esta escuela, conocida como institucionalismo histórico, se ha desarrollado en torno a esta idea. El institucionalismo histórico se centra en la importancia de las instituciones a la hora de determinar los resultados políticos, haciendo hincapié en su papel como reglas del juego que configuran el comportamiento político, y en cómo evolucionan y cambian con el tiempo.

La narrativa que acabamos de recorrer corresponde a lo que Almond ha definido como la "perspectiva progresista-ecléctica" de la historia de la ciencia política.[13] Esta perspectiva, que puede considerarse la corriente principal de la ciencia política, reconoce el valor de muchos enfoques diferentes en la disciplina. Destaca el progreso científico logrado mediante la integración de elementos de diferentes escuelas de pensamiento, como el conductismo, la teoría de la elección racional, el sistemismo, el estructuralismo-funcionalismo y el institucionalismo. Según esta perspectiva, cada enfoque aporta herramientas y perspectivas únicas que, en conjunto, contribuyen a una comprensión más completa de los fenómenos políticos.

Esta "perspectiva progresista-ecléctica" no es aceptada universalmente, pero sí por quienes se adhieren a su definición de conocimiento y objetividad, que se basa en la separación de hechos y valores, y en la adhesión a estándares de evidencia empírica.

La idea de "progresismo" hace referencia a un compromiso con la idea de progreso científico, manifestado tanto por una acumulación cuantitativa de conocimientos -en términos de volumen de conocimientos acumulados a lo largo del tiempo- como por una mejora cualitativa del rigor y la precisión de esos conocimientos.

El aspecto "ecléctico" de la perspectiva describe un enfoque no jerárquico e integrador del pluralismo. Esto significa que ningún enfoque o escuela de pensamiento se considera superior a los demás. Todas las perspectivas y metodologías son bienvenidas y pueden contribuir a la suma total de conocimientos en esta visión dominante de la ciencia política. Como resultado, enfoques como la teoría de la elección racional y el institucionalismo pueden producir trabajos que encajen bien en esta perspectiva progresista-electiva.

Estos resúmenes representan la evolución de la disciplina describiendo las diferentes revoluciones y clasificaciones. También ilustran el desarrollo de los métodos a lo largo del tiempo:

Historias alternativas de la disciplina[modifier | modifier le wikicode]

Aunque la "perspectiva progresista-ecléctica" goza de amplia aceptación, es importante señalar que existen otras escuelas de pensamiento que ofrecen historias alternativas de la ciencia política. Estas perspectivas pueden diferir en cuestiones clave, como la importancia relativa de los distintos enfoques o la evolución de la disciplina a lo largo del tiempo. También pueden centrarse en distintos aspectos de la ciencia política, o interpretar de forma diferente los mismos acontecimientos o tendencias. Estas historias alternativas contribuyen a la riqueza y diversidad de la ciencia política como disciplina.

Movimientos de protesta: anticiencia y postciencia[modifier | modifier le wikicode]

Existen corrientes de pensamiento en ciencia política que rechazan la idea de que la disciplina sea intrínsecamente científica y progresista. Algunas corrientes posmodernistas y posestructuralistas, por ejemplo, cuestionan la idea de que la ciencia política pueda ser una empresa puramente objetiva o neutral. Sugieren que todo conocimiento está arraigado en contextos culturales, sociales e históricos específicos, y que la llamada "objetividad" a menudo puede enmascarar formas de poder y dominación. Otras corrientes, como el feminismo o la teoría crítica, también pueden rechazar la idea de un progreso lineal en la ciencia política. Podrían señalar que los avances en el conocimiento no siempre benefician a todos por igual, y que ciertas voces o perspectivas pueden quedar marginadas en el proceso. Estas corrientes ofrecen una importante crítica a la ortodoxia dominante en ciencia política, y han contribuido a estimular importantes debates y reflexiones sobre la naturaleza del conocimiento y la investigación en ciencia política.

Anticiencia: una crítica del cientificismo[modifier | modifier le wikicode]

La posición "anticientífica" de la ciencia política suele asociarse a pensadores como Claude Lévi-Strauss. Esta perspectiva critica la división de Weber entre hechos y valores y cuestiona la idea de que podamos objetivar la realidad social. También rechaza el conductismo y, más en general, el positivismo, que pretende estudiar los fenómenos políticos de forma causal y empírica.

Para quienes adoptan una perspectiva anticientífica, la introducción de métodos científicos en la ciencia política no sólo es ilusoria, sino que puede perjudicar nuestra comprensión de la dinámica social. Sugieren que el énfasis en el rigor empírico y la objetividad puede oscurecer las complejidades y matices de la vida social y política, y reducir estos fenómenos a elementos triviales o simplistas.

Es importante señalar que, aunque esta postura es crítica con los métodos científicos tradicionales, no está necesariamente en contra de todas las formas de investigación o análisis. Al contrario, muchos de los que adoptan una postura anticientífica apoyan formas alternativas de investigación, que hacen hincapié en la interpretación, el contexto y el significado.

Claude Lévi-Strauss defiende un enfoque de las ciencias sociales que es a la vez humanista y comprometido. Este enfoque contempla una colaboración íntima y apasionada con los grandes filósofos y filosofías para debatir y comprender el significado de las ideas centrales de la ciencia política. Para Lévi-Strauss, las ciencias sociales deben aspirar a interpretar los fenómenos sociales en lugar de limitarse a explicarlos de forma mecánica o causal.

En su opinión, el método científico, cuando se aplica a las ciencias sociales, puede crear una ilusión de precisión y objetividad que enmascare la complejidad y subjetividad de los fenómenos sociales. En su lugar, apoya un enfoque que valore el contexto, el significado y la perspectiva humana. Esta visión rechaza la idea de que la ciencia política deba seguir necesariamente el modelo de las ciencias naturales, y propone una visión alternativa de lo que podría ser una ciencia social genuinamente humanista y comprometida.

Postciencia: hacia una nueva comprensión de la realidad[modifier | modifier le wikicode]

La postura de la "posciencia" suele asociarse a ciertas corrientes del pensamiento constructivista y posmodernista. Se sitúa en una perspectiva posconductista y pospositivista.

Una de las figuras emblemáticas de esta corriente es el filósofo Jacques Derrida, que introdujo la idea de "deconstrucción". Este enfoque crítico y analítico cuestiona las estructuras de pensamiento y las categorías conceptuales tradicionalmente aceptadas. Para Derrida, la deconstrucción pretende revelar los trasfondos, supuestos y contradicciones, a menudo pasados por alto, que subyacen a nuestros discursos y comprensiones habituales.

En el contexto de la ciencia política, un enfoque postcientífico podría cuestionar los supuestos y métodos de la investigación convencional. Podría sugerir, por ejemplo, que las categorías y conceptos tradicionales de la ciencia política son culturalmente específicos e históricamente contingentes, más que universales u objetivos. También podría cuestionar la idea de que la investigación política puede llevarse a cabo de forma neutral u objetiva, haciendo hincapié en que los investigadores siempre se sitúan en contextos políticos, culturales e históricos específicos.

La postura postcientífica, al igual que la postura anticientífica, rechaza la dicotomía clásica entre juicios de hecho y juicios de valor. Este enfoque adopta una postura crítica, afirmando que cualquier análisis o interpretación está inevitablemente teñido por los valores y presupuestos de la persona que lo realiza. Los partidarios de esta corriente de pensamiento piden que se ponga fin al positivismo, es decir, a la idea de que las afirmaciones deben apoyarse en pruebas empíricas para ser consideradas válidas. Cuestionan la idea de que la verificación empírica deba ser el único criterio de validez en las ciencias humanas. En lugar de tratar de establecer verdades objetivas incuestionables, los defensores de este enfoque tratan de revelar las distintas perspectivas y posibles interpretaciones de un fenómeno. Sostienen que la investigación en ciencias humanas debe tener necesariamente en cuenta el contexto social, cultural e histórico, así como los valores y presupuestos del investigador. Esta postura invita a seguir reflexionando sobre cómo se produce y utiliza el conocimiento en la ciencia política.

Cada perspectiva teórica está inextricablemente ligada a opciones fundamentales que estructuran la forma en que aprehendemos y estudiamos el mundo. Estas opciones se refieren a la ontología, la epistemología y la metodología:

  • La ontología se refiere a nuestra comprensión de la naturaleza del mundo social y político, de lo que "es". Abarca un conjunto de suposiciones y afirmaciones que un enfoque teórico específico hace sobre la naturaleza de la realidad social. Incluye cuestiones sobre lo que realmente existe y sobre la entidad o unidad básica que constituye lo político o el objeto de análisis de la ciencia política.
  • La epistemología se refiere a lo que podemos saber sobre el mundo social y político. Explora los límites y las posibilidades de nuestro conocimiento, planteando preguntas sobre la naturaleza y la validez del conocimiento que podemos adquirir.
  • Por último, la metodología se refiere a los procedimientos que utilizamos para adquirir estos conocimientos. Determina las herramientas, técnicas y enfoques que utilizamos en nuestra investigación, y orienta la forma en que recogemos, analizamos e interpretamos nuestros datos.

En resumen, estas tres dimensiones están íntimamente ligadas y conforman la forma en que concebimos y llevamos a cabo nuestra investigación en ciencia política. Cada enfoque teórico toma distintas decisiones en estos tres ámbitos, dando lugar a una diversidad de enfoques y perspectivas en la ciencia política.

En lo que respecta a la naturaleza de la realidad, o a lo que "es", existe una importante distinción entre los postmodernistas y la corriente progresista-ecléctica dominante. La corriente progresista-ecléctica generalmente adopta una ontología objetiva. Esto significa que consideran que la realidad existe independientemente de nuestras percepciones o interpretaciones. Sostienen que podemos observar y estudiar esta realidad mediante una investigación empírica rigurosa, y que existe fuera de nuestras construcciones mentales o sociales. Los posmodernos, en cambio, suelen adoptar una ontología más subjetiva o constructivista. Sostienen que la realidad se construye socialmente y está moldeada por nuestras percepciones, interpretaciones y discursos. Para ellos, la realidad no existe independientemente de nuestras concepciones o nuestro lenguaje y, por tanto, no puede estudiarse de forma objetiva o independiente. Esto conduce a un enfoque muy diferente de la investigación, que hace hincapié en la interpretación, la crítica y la deconstrucción de los discursos sociales y políticos.

Para los posmodernos, la realidad y su representación están íntimamente ligadas. En su opinión, nuestra comprensión del mundo está intrínsecamente determinada por la forma en que lo representamos, ya sea a través del lenguaje, la cultura, el arte u otras formas de discurso social. Sostienen que estas representaciones no son simples reflejos pasivos de la realidad, sino que desempeñan un papel activo en la construcción de nuestra realidad. Para los posmodernos, no existe una distinción clara entre la realidad objetiva y nuestra representación subjetiva de ella. Por el contrario, nuestra comprensión de la realidad se construye y reconstruye constantemente a través de nuestras interacciones sociales y discursos culturales. Por lo tanto, se interesan por cómo las representaciones y los discursos conforman nuestra comprensión del mundo político, y cómo estas construcciones pueden ser deconstruidas y criticadas.

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Este cuadro resume la posición ontológica, epistemológica y metodológica característica de la escuela posmoderna.

En cuanto a la epistemología, la perspectiva posmoderna hace hincapié en la incertidumbre y el escepticismo. En lugar de tratar de establecer verdades absolutas o hechos indiscutibles, los posmodernos sostienen que nuestro conocimiento siempre está condicionado por nuestra perspectiva y nuestros marcos de referencia culturales y sociales. Por tanto, cuestionan la idea de que podamos alcanzar un conocimiento objetivo o universal. Esto significa que, para los posmodernos, el conocimiento nunca es "fijo" o "definitivo". Por el contrario, nuestra comprensión del mundo evoluciona constantemente, a medida que interactuamos con los demás y participamos en nuevos discursos y prácticas culturales. Esta perspectiva cuestiona la idea de que el conocimiento pueda definirse únicamente mediante pruebas empíricas o ensayos científicos, y sostiene que nuestra comprensión de la realidad siempre está moldeada por nuestro contexto social y cultural.

Según la perspectiva posmoderna, todo conocimiento es intrínsecamente subjetivo y depende del punto de vista individual de cada investigador u observador. Esta subjetividad conduce necesariamente a una diversidad de interpretaciones y comprensiones del mundo social y político. Además, el posmodernismo hace hincapié en la importancia de deconstruir los discursos dominantes. El objetivo no es simplemente aceptar estos discursos como verdades establecidas, sino examinarlos críticamente y cuestionar sus supuestos subyacentes y sus efectos de poder. En particular, los posmodernos tratan de hacer oír las voces disonantes o marginadas que suelen ser excluidas o desatendidas por los discursos dominantes. Sostienen que estas voces tienen el mismo valor y legitimidad en el análisis político y deben integrarse en la conversación académica. En resumen, el posmodernismo promueve un enfoque crítico de la ciencia política que valora la diversidad de perspectivas y se compromete activamente a desafiar y cuestionar los discursos establecidos y las estructuras de poder.

Opositores al eclecticismo: neomarxistas y teóricos de la elección racional[modifier | modifier le wikicode]

Algunas corrientes de la ciencia política rechazan el eclecticismo, es decir, el pluralismo en la elección de teorías y métodos. Estas corrientes, a menudo más dogmáticas, creen que uno o varios enfoques teóricos o metodológicos son superiores a los demás y deben predominar en la disciplina. Por ejemplo, algunos defensores de la teoría de la elección racional sostienen que este enfoque, que utiliza modelos económicos para explicar el comportamiento político, es el más preciso y útil para entender la política. Critican el eclecticismo por su falta de rigor y coherencia teórica. Del mismo modo, algunos investigadores cualitativos critican el eclecticismo por su énfasis en los métodos cuantitativos y su abandono de los métodos cualitativos. Argumentan que el análisis cualitativo, centrado en la interpretación y el contexto, ofrece una comprensión más profunda y matizada de la política que la que permiten los métodos cuantitativos. Así pues, aunque el eclecticismo es una característica clave de la perspectiva progresista-ecléctica, dista mucho de ser universalmente aceptado en la ciencia política. Algunas escuelas de pensamiento prefieren un enfoque más unificado y específico de cada disciplina.

Neo-marxistas: Una perspectiva radicalmente diferente[modifier | modifier le wikicode]

Los neomarxistas son una corriente de la ciencia política que se inspira en las ideas de Karl Marx, pero trata de modernizarlas y adaptarlas al mundo contemporáneo. Su objetivo es utilizar los conceptos y teorías marxistas para comprender y criticar la política contemporánea.

Según los neomarxistas, la verdad de las ciencias sociales fue descubierta y elaborada por Karl Marx en el siglo XIX. Creen que Marx descubrió las leyes fundamentales del capitalismo y de la lucha de clases, que siguen siendo relevantes para entender la política actual. Sin embargo, los neomarxistas no son marxistas ortodoxos. No se limitan a repetir las ideas de Marx, sino que tratan de desarrollarlas y ampliarlas. Por ejemplo, escritores neomarxistas como Nico Poulantzas y Robert Cox han tratado de incorporar ideas de la sociología, la teoría política y los estudios internacionales a su análisis marxista. Así, sin dejar de ser fieles al compromiso de Marx con un análisis crítico del capitalismo, los neomarxistas tratan de desarrollar una interpretación más rica y matizada de la política que tenga en cuenta los cambios en la estructura del capitalismo y la naturaleza de la lucha de clases desde la época de Marx.

Los neomarxistas se adhieren a la idea de que las leyes societales desveladas por Marx representan una visión integrada de los procesos históricos, económicos, sociales y políticos, y del comportamiento humano dentro de estas estructuras. Creen que estos elementos forman un todo indivisible y que la historia sigue una trayectoria evolutiva unidireccional. Esta visión se basa en la convicción de que las estructuras económicas, en particular el sistema capitalista, determinan en gran medida la dinámica social y política. Además, presupone que el curso de la historia está determinado en gran medida por los conflictos de clase y las fuerzas materiales, que empujan a la sociedad en una dirección determinada. En este sentido, la interpretación neomarxista de la política y la historia es a la vez holística y prospectiva: considera que todos los aspectos de la sociedad están interconectados y avanzan juntos hacia un determinado destino histórico, a menudo concebido como el advenimiento de una sociedad postcapitalista más igualitaria.

La perspectiva neomarxista es determinista en el sentido de que se hace eco de la concepción marxista de un antagonismo de clases inherente al modo de producción capitalista. Según esta perspectiva, esta tensión de clase está destinada a conducir al colapso del sistema de clases y a desencadenar una revolución comunista. En consecuencia, se rechaza el eclecticismo, ya que la ideología neomarxista sugiere que es difícil, si no imposible, incorporar nuevas ideas o perspectivas que no encajen en este marco teórico predeterminado. En otras palabras, este enfoque deja poco margen para la innovación o la aportación de nuevas ideas que no se ajusten a los principios marxistas fundamentales.

Al centrarse principalmente en el conflicto de clases y las fuerzas económicas, la perspectiva neomarxista puede pasar por alto otros factores explicativos importantes en la ciencia política. Por ejemplo, puede no tener suficientemente en cuenta el papel de las instituciones políticas, que pueden estructurar el comportamiento político independientemente de las fuerzas económicas. Además, puede restar importancia a factores identitarios como la etnicidad y el nacionalismo, que pueden influir profundamente en la política incluso en ausencia de claros conflictos de clase. Por último, esta perspectiva también puede pasar por alto el papel del sistema internacional, centrándose en cambio en la dinámica interna de los países. Esto puede limitar su capacidad para explicar la política exterior y las relaciones internacionales.

Las teorías neomarxistas pueden tener dificultades para explicar fenómenos como el apoyo del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) a los créditos de guerra en 1914. Según la teoría de Marx, la clase obrera internacional debería unirse contra el sistema capitalista en lugar de dividirse en líneas nacionales. Sin embargo, en este ejemplo histórico, vemos que el SPD, que representaba a la clase obrera en Alemania, optó por apoyar el esfuerzo bélico de su propio país en lugar de oponerse a la guerra en nombre de la solidaridad internacional de la clase obrera. Esto pone de manifiesto algunas de las limitaciones de las teorías neomarxistas. Puede haber muchos factores, como el nacionalismo, que lleven a los trabajadores a actuar de forma contraria a las predicciones de la teoría de Marx. Esto sugiere que una comprensión completa de la política requiere examinar una amplia gama de factores y fuerzas, no sólo el conflicto de clases y la dinámica económica.

Teóricos de la elección racional: un enfoque centrado en el individuo[modifier | modifier le wikicode]

Los teóricos de la elección racional son un grupo importante en el campo de la ciencia política, y tienen sus orígenes y métodos en la economía. La teoría de la elección racional se basa en la idea de que los individuos siempre actúan para maximizar su propio beneficio o utilidad. En el contexto político, esto significa que los actores políticos -ya sean votantes, legisladores, partidos políticos, etc.- toman decisiones en función de sus propios intereses. - En el contexto político, esto significa que los actores políticos -ya sean votantes, legisladores, partidos políticos, etc.- toman decisiones basándose en sus intereses personales y en cómo perciben que las distintas opciones podrían ayudarles a alcanzar sus objetivos. Este enfoque se utiliza a menudo para modelar el comportamiento político y explicar una amplia gama de fenómenos políticos, desde el voto hasta la formación de coaliciones de gobierno. Los teóricos de la elección racional suelen utilizar sofisticadas herramientas matemáticas y estadísticas, como la teoría de juegos, para desarrollar y probar sus modelos.

Los pioneros de la teoría de la elección racional en el campo de la ciencia política, como Kenneth Arrow, Anthony Downs y Mancur Olson, fueron de los primeros en aplicar métodos y modelos económicos al análisis de los fenómenos políticos después de la Segunda Guerra Mundial. Kenneth Arrow, economista de renombre, desarrolló el famoso "teorema de la imposibilidad", que demuestra las limitaciones inherentes a cualquier procedimiento de votación colectiva. Anthony Downs, en su influyente libro "An Economic Theory of Democracy", estableció un marco para entender el comportamiento de los votantes y los partidos políticos como guiado por el interés propio. Por su parte, Mancur Olson, en "The Logic of Collective Action", analizó por qué y cuándo las personas deciden participar en acciones colectivas, como sindicatos o movimientos sociales. Estos investigadores sentaron las bases de la aplicación de la teoría de la elección racional a la ciencia política, y sus trabajos siguen influyendo en la disciplina hasta nuestros días.

El enfoque de la teoría de la elección racional pretende desarrollar una teoría unificada de la ciencia política. Procede por deducción a partir de axiomas o postulados derivados de la economía. Entre estos postulados fundamentales, se considera que el individuo es un homo economicus: un ser racional motivado principalmente por el interés propio. Este individuo calcula constantemente costes y beneficios para maximizar su satisfacción. Estos postulados dan lugar a hipótesis que luego se someten a pruebas empíricas para verificar su validez. Así pues, la teoría de la elección racional ofrece un marco teórico estricto y coherente para explicar y predecir el comportamiento humano en la esfera política.

La teoría de la elección racional también es conocida por su parsimonia, ya que pretende explicar la política con un número mínimo de axiomas y postulados. Tiene una ambición universal, ya que pretende explicar todos los fenómenos políticos. Además, sostiene que las teorías específicas que genera para campos concretos pueden integrarse en una teoría más global de la política. En otras palabras, aspira a crear un marco teórico completo y abarcador, capaz de cubrir todos los fenómenos políticos a través de principios simples y universales.

Desde esta perspectiva, podemos ver que la teoría de la elección racional rechaza el pluralismo (o eclecticismo) en favor de una estructura jerárquica, insistiendo en la preeminencia de su modelo. En otras palabras, los teóricos de la elección racional tienden a ver su enfoque como superior, afirmando que puede proporcionar una explicación unificada y universal de los fenómenos políticos. Desde esta perspectiva contradicen el principio del eclecticismo, que valora la coexistencia e interacción de diferentes teorías y enfoques. Además, la teoría de la elección racional se presenta como una gran ruptura con el pasado, considerando todo lo que la precedió como precientífico. En otras palabras, propone una visión que cuestiona los enfoques anteriores, calificándolos de menos rigurosos o menos sistemáticos en su metodología y, por tanto, menos "científicos" en comparación.

Anexos[modifier | modifier le wikicode]

Referencias[modifier | modifier le wikicode]

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  3. Duesenberry, 1960, p. 233
  4. Karl Marx (trad. R. Cartelle y G. Badia), ed. sociales, coll. Classiques du marxisme, 1972, cap. Les origines du coup d'état du 2 Décembre, p. 161
  5. Herbert Baxter Adams (1883). The Johns Hopkins University Studies in Historical and Political Science . p. 12.
  6. Lasswell, Harold Dwight, y Dorothy Blumenstock. World Revolutionary Propaganda: A Chicago Study. New York: Knopf, 1939.
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  13. Almond, Gabriel A. "Political Science: The History of the Discipline." A new handbook of political science 75-82 (1996): 50.